18 jota
Bajaba de la Sierra un hombre, anciano ya. Exiliado en Méjico, había vuelto al pueblo para recorrer aquellos sitios que tenía guardados en su memoria. De la sierra tenía las trincheras y las batallas de nuestra Guerra Civil. Mantuve una larga charla con él, de la que quiero rememorar, por la fecha que es hoy, el cómo se vivió en un pueblo el Golpe de Estado que al final se convirtió en la mencionada Guerra.
Estaban él y unos cuantos, escuchando la radio desde la que recibían mensajes de tranquilidad, de que no pasaba nada, que estaba todo controlado, etc.. Cuando les llegó la advertencia de que venían del pueblo de al lado con escopetas. Corrieron a coger las suyas, cada uno en su casa, y por supuesto, al igual que los “invasores”, escopetas de caza y como munición cartuchos para la codorniz (los más flojos, perdigón pequeño, vamos… incapaces de atravesar la ropa a según que distancia), los únicos que tenían por ser el tiempo de su caza, a caso también, alguno para conejos.
Salieron en grupo hacia las afueras donde les vieron acercarse, seis, por la carretera sin asfalto, andando bajo un sol que doraba los campos de trigo. Al verse, pararon. Se creo el silencio. Con un grito de nervios, sudor y rabia en el cuello, les gritó “¡Ande vais fascistas!” y disparó un cartuchazo al aire. Otra vez el silencio. Se miraron entre ellos, hablaron y se dieron media vuelta regresando a su pueblo. De vez en cuando miraban para comprobar que se habían quedado en su sitio (paralizados diría yo) hasta que unos y otros dejaron de verse. Mientras, las chicharras no dejaban de cantar, quizá también algún cuervo, añado yo. En esa escena se creó la frontera, que mantuvo los dos frentes de la guerra. Y que todavía perduran.
Perduran por que en otros lugares, con armas que matan a animales semejantes y hermanos, no se intimidaron, asesinaron a los que se opusieron al golpe, a los que defendían la legalidad, a los que todavía no se les ha hecho un justo reconocimiento. Salvo la naturaleza, que todas las primaveras hace brotar amapolas en las cunetas y los campos donde fueron y permanecen enterrados
Informe de Amnistía Internacional se titula "España: poner fin al silencio y a la injusticia"
Estaban él y unos cuantos, escuchando la radio desde la que recibían mensajes de tranquilidad, de que no pasaba nada, que estaba todo controlado, etc.. Cuando les llegó la advertencia de que venían del pueblo de al lado con escopetas. Corrieron a coger las suyas, cada uno en su casa, y por supuesto, al igual que los “invasores”, escopetas de caza y como munición cartuchos para la codorniz (los más flojos, perdigón pequeño, vamos… incapaces de atravesar la ropa a según que distancia), los únicos que tenían por ser el tiempo de su caza, a caso también, alguno para conejos.
Salieron en grupo hacia las afueras donde les vieron acercarse, seis, por la carretera sin asfalto, andando bajo un sol que doraba los campos de trigo. Al verse, pararon. Se creo el silencio. Con un grito de nervios, sudor y rabia en el cuello, les gritó “¡Ande vais fascistas!” y disparó un cartuchazo al aire. Otra vez el silencio. Se miraron entre ellos, hablaron y se dieron media vuelta regresando a su pueblo. De vez en cuando miraban para comprobar que se habían quedado en su sitio (paralizados diría yo) hasta que unos y otros dejaron de verse. Mientras, las chicharras no dejaban de cantar, quizá también algún cuervo, añado yo. En esa escena se creó la frontera, que mantuvo los dos frentes de la guerra. Y que todavía perduran.
Perduran por que en otros lugares, con armas que matan a animales semejantes y hermanos, no se intimidaron, asesinaron a los que se opusieron al golpe, a los que defendían la legalidad, a los que todavía no se les ha hecho un justo reconocimiento. Salvo la naturaleza, que todas las primaveras hace brotar amapolas en las cunetas y los campos donde fueron y permanecen enterrados
Informe de Amnistía Internacional se titula "España: poner fin al silencio y a la injusticia"
Comentario:
Cuando el Silencio es voluntario, callado y tranquilo, dichoso para el que lo haya elegido; pero, ay de aquel Silencio que clama por ser escuchado con llanto de amapolas!!! Reconocimiento para aquéllos y que nunca vuelva a ocurrir otro 18J ni parecido. Bicos.