frustraciones sentimentales de un treintañero
Heterosexual de treintaytantos desearía comprender a sus amigas
Algo sobre mi...
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Apellidos, Nombre: Duda Eterna, Iluso

Edad: taypocos

Dirección: Calle Melancolía, 7

Profesión: Urbanita

Sexo: cada mucho

Aficiones: oir, ver, leer, y también, hablar, hacer, escribir

Tengo pendiente: acabar la carrera, reinventar a Helena, ir a Viena, a África, a NY,..., tocar unos pechos operados (creo), tener una hija,... darle una alegría a mi madre: tener novia.

Y si sabes quién soy... no me lo digas NUNCA

Mis pensamientos:

No existe el amor, sino las pruebas de amor, y la prueba de amor a aquel que amamos es dejarlo vivir libremente.

Mientras que el corazón tiene deseos, la imaginación conserva ilusiones.

 

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blog sin malos humos

Se permite fumar,
pero no tener
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EL JEFE Y LA SUEGRA LOS INVENTÓ EL DIABLO

Ayer era un día especial. Después de un par de semanas, tenía que volverme a pasar por la empresa de Irene. Habíamos quedado a media mañana, así que me dio tiempo de sobras para hacer una visita previa que me serviría para mantenerme distraído un buen rato. Todo y así, acabé demasiado pronto. Me sobraba tiempo y eso era lo único que no quería que me sobrase. Así que, a pesar del frío, decidí ir caminando.

Según cruzaba calles iba pensando o más bien, hablando conmigo mismo

- Soy un profesional, soy un profesional, tenemos que conseguir que ese contrato opere al máximo.

"¿me dará dos besos al verme?"

- No, no. El contrato está asegurado, hemos de aplicar más operativa, este tío nos va a traer más negocio

"tengo que conseguir su número del móvil, cómo sea"

- No, no, no. Soy un profesional. Ella es lo de menos, al que hay que atacar es a su jefe.

"el cine, sí, es un buen sistema, nunca falla, la invitaré al cine"

- No, no, no, no. Nos está haciendo esto y lo otro, pero podría hacernos más. Este contrato me va a dar ventajas y pocos problemas

"mierda, no sé que hay en la cartelera... ¿Elektra? ufff ¿Closer? no soporto a la Roberts..."

- No, no, no, no, no. Soy un profesional. 5 minutos, sólo necesito 5 minutos y luego voy a Fulanito SA, que también me interesa mucho.

"¿cine? ¿eso es todo lo que se te ocurre? un buen restaurante, eso es, a machacar la Visa"

y en esos pensamientos llegué. Me abrió la puerta Irene y... ¿se retira para atrás?

- Hola - me dice - perdona, creo que estoy incubando una gripe o algo así. Me duele mucho la cabeza y creo que tengo fiebre.

Maldito Murphy. En mala hora tu madre te dio a luz. Pero no vas a poder conmigo. Tú no, no puedes conmigo... pero su jefe sí. Después de "arreglar" sus problemas (y de paso, los míos profesionales) me hace un regalo de la empresa (detallazo que pocos clientes tienen) y me dice, riendo "es un regalo de Irene, yo no te daría nada" Qué cachondo, muy gracioso

"mierda, se me nota, se me nota"

Bueno, no me voy a ir sin despedirme de Irene, claro. Ahora sí, quiero mis dos besos y... joder, "jefe no se nos quede mirando que quiero hablar con ella... a solas"

- ¡Ep! ¡qué hacéis! - bramó el susodicho - Irene que luego me llama tu padre y me pregunta si eres buena chica. ¡Qué es esto de darle dos besos! jajajajaja. Anda, chato, vete ya, vete ya.

Y me echó. Con una sonrisa en su cara, pero me echó casi literalmente. Así, como suena. Hizo su negocio, mi empresa hizo el suyo, pero yo no hice el mío y, entre bromita y bromita, no me dejo casi ni acercarme a su empleada. Pero me llevé mis dos besos y quizás sus virus.

Una vez en la calle me di cuenta que estaba otra vez ante el frío y ante otra noche solo. Y entre mis manos, una caja que no sabía qué contenía pero que pesaba un par de kilos bien buenos. Al llegar a casa, la abro y... bombones, montones de bombones, para dar y tomar... si alguna vez quedo con ella, ya sé qué no llevar.

Aunque le arranques los pétalos, no quitarás su belleza a la flor. (Rabindranath Tagore)
 
TODAVIA HOY DUELE

A veces pienso que tengo una especie de bloqueo mental que me impide tan siquiera empezar una relación. Iba a decir que me impide tan siquiera pensar, pero tan sólo me engañaría a mí mismo, pues si estoy escribiendo esto es que por lo menos pienso en ello. Quizás es sólo un consuelo, pero lo hecho polvo que me dejó la primera chica con la que salí, más o menos en serio, me sirve para explicar todo el resto.

Si estuviera delante de un psicólogo supongo que me diría que lo explicase, así que no nos vamos a quedar con las ganas.

Se llamaba Cristina. Fue en 1993, ya ha llovido. No era yo precisamente un treintañero por aquel entonces. No recuerdo muy bien quién me la presentó, pero sí recuerdo que no me costó mucho acercarme a ella e invitarla a salir. Ha sido la única chica rubia con la que he salido, por aquel entonces me fijaba en el físico mucho más que ahora. Aunque lo que más me gustaba de ella eran aquellos ojos verdes, preciosos. Debe ser complejo de Edipo, mi madre los tiene verdes.

Dicen que lo bueno, si breve, dos veces bueno, pero si hablamos de amor creo que esto no puede aplicarse. No duró mucho, poco más de tres meses, pero para mí fue muy intenso. Siempre pensé que no estaba enamorado de ella, que lo que sucedía es que era mi primer amor y por eso lo vivía tan intensamente. Y puestos a confesar, confesaré que ella fue mi primera experiencia sexual completa.

Por todo ello una y otra vez me repetía a mí mismo que no estaba enamorado, pero no podía estar sin saber de ella. Parafraseando una canción que no me gusta, eso no podía ser amor, tan sólo obsesión. Hablábamos mucho, muchísimo, a veces, hasta demasiado, si ello es posible. Así fue como me enteré que ella acababa de salir de una relación un tanto tormentosa. Me reconoció que había estado muy enamorada y que de vez en cuando todavía pensaba en él, pero que aquello era imposible: él era el calor y ella el frío. Bonita manera de decir que él era un juerguista y que ella quería estabilidad.

Claro está, pasó lo que tenía que pasar. El chico le pidió otra oportunidad a ella y me dejó. Ni lo dudó. No se lo pensó dos veces. Me llamó y me dijo que lo sentía, pero seguía enamorada de él. No sé por qué, pero la comprendía. Siempre he pensado que, si de verdad quieres a alguien, y ese alguien te pide que le dejes vivir lejos de ti, debes respetar esa decisión. Así que la llamé al cabo de unos días, le dije que lo comprendía pero que quería seguir siendo su amigo. Interiormente tenía la vaga esperanza de que el chico la volviera a dejar y ella cayera, irremediablemente y de forma definitiva en mis brazos. Pero no fue así, me pidió que no nos viéramos más, ni como amigos ni como nada. Y así lo hice.

Una de dos: o todavía hoy sigue con él o perdió mi número de teléfono.

Fue entonces cuando me propuse no salir con nadie que acabara de cortar con alguien. No lo he cumplido, pues tuve que especificar ese punto “nadie que hubiera cortado con nadie en los últimos 6 meses” ¿Mucho o poco? No lo sé, pero es más o menos el tiempo que tardé en salir con otra, que para más INRI, también se llamaba Cristina.

Pero esa es otra historia.

En los principios amorosos los desengaños prestos suelen ser remedios calificados. (Miguel de Cervantes Saavedra)
 
NO FUE UNA BUENA IDEA

Hogar, dulce hogar. No hay mejor expresión cuando se llega a casa y no hay otra cosa en la cabeza que "dejádme todos tranquilo"

No fue una buena idea, vaya si no lo fue. Pero tan sólo a personas con una mentalidad como la mía se le puede ocurrir hacer lo que he hecho yo esta tarde y esperar que salga bien. Desde luego que no valoré las consecuencias que mi acción podría acarrear, porque de haberlo sabido, hubiera optado por cualquiera de las ochocientas respuestas alternativas que tenía para cada caso.

Esta tarde he ido a una convención que ha organizado mi empresa. He ido en mi coche, con Rosa. Otro día hablaré de Rosa, pues tiene su propia historia. Quedamos que a la salida nos encontraríamos y la dejaría en casa.

En la convención me encontré con Lídia. Otro día hablaré de Lídia, es una muy buena amiga que en su día me dió calabazas, pero esa es otra historia. Estaba buscando a Sara, a la cual conozco desde que entré en la empresa, allá por 1991. Las dos se iban luego a cenar y me pidieron que les acercara en mi coche al restaurante.

Saliendo de la sala, me encontré con María. Hacía semanas que no la veía, a pesar de las ganas que tenía de verla. Pero esa es otra historia, para otro artículo, y muy largo. "Qué raro, no veo el casco de la moto" pensé "¿te acerco a algún sitio?" le dije. De todas, era a ella a la que más deseaba llevar. "Si no te es molestia..." me dijo, aunque creo que pensó "ya que llevas a tres, lleva a cuatro". Es extraño, no suele "aceptar" a la primera.

Qué inocente yo, pensar que podía llevar sin más a cuatro amigas en mi coche, pero... ¡¡ jamás metáis cuatro chicas en un mismo coche !!, a menos que sean familiares o muy amigas. Se supone que las cuatro son amigas mías y punto, nada más. Ni siquiera puedo catalogar a ninguna como ex-algo. Son ex-nada. Me dio por reir, porque los comentarios entrelazados que se iban tirando no tuvieron desperdicio. "Que si yo tengo prisa, pero claro..." "que si llevamos mucho peso detrás..."

Traerá cola, ya veréis como traerá cola y me lo dirán cada una por separado. Y yo, yo no las entiendo, no entiendo a las mujeres. He ahí mi problema, que intento entenderlas y no lo conseguiré nunca.

Las mujeres han sido hechas para ser amadas, no para ser comprendidas. (Oscar Wilde)

 
OTRO TIPO DE AMISTAD

Ayer estuve hablando con Sylvia, hacía mucho que no charlábamos y parece que le apetecía saber de mi. Desde que se echó novio casi ni coincidimos en el messenger. Se le nota feliz, muy feliz. Me alegro, muchísimo, por ella, se lo merece.

Según Sylvia, el amor no la ha tratado muy bien, pero yo creo que, en el fondo, sí. La "conocí" por internet. Miento, no he llegado a conocerla nunca, en persona, tan sólo hemos hablado mucho, pero mucho mucho. Hubo temporadas que a diario varias veces. Nunca me he planteado conocerla en persona, al menos no seriosamente, pero creo que ella sí, pues en alguna ocasión me dijo que me iba a dar su número de móvil. De vez en cuando viene a mi ciudad (vive a más de 100 km de distancia) y quería invitarme a un café por todo lo que la había apoyado.

En aquella época ella estaba muy mal, sentimentalmente hablando. Medio estaba con un chico el cual, para mí, se aprovechaba de ella. Sabía que Sylvia haría cualquier cosa por él, estaba tremendamente enamorada, y eso es lo peor que puede pasar cuando el amor no es correspondido y la persona no tiene reparos en jugar con los sentimientos de los demás.

Coincidió que yo estaba como Dinio, confundido. Ahora que lo pienso, siempre estoy confundido. El caso es que sin saber muy bien cómo ni por qué, nos vimos los dos contándonos nuestras penas. Y eso une más que las alegrías. Charlábamos de todo, pero siempre acabábamos hablando de sentimientos. Llegó un momento en que, para consolarnos, decíamos que éramos cibernovios. Eso fue al poco de empezar a vernos por la web-cam.

Hasta que se echó novio, pero de carne y hueso. Por lo poco que sé de él, un chico majísimo y que muy poco tiene que ver con el anterior. Les va muy bien y hasta están haciendo planes para irse a vivir juntos.

Por lo que a mí respecta, lo que ha sucedido es que ahora no se conecta casi nunca y, egoístamente hablando, eso me fastidia. Cuando lo hace, las conversaciones son de cinco minutos y una vez al mes, si llega. Siempre he pensado que este tipo de amistades internautas pueden seguir manteniéndose, tengas pareja o no y estés como estés sentimentalmente. Pero esa es mi forma de pensar, y la del resto del mundo, va a ser otra.

A veces me asalta la duda "¿esperaba Sylvia algo más de mí?" Quizás no supe leer sus palabras. Quizás no las leí con los ojos apropiados.

Un barco no debería navegar con una sola ancla, ni la vida con una sola esperanza. (Epicteto de Frigia)


 
SINCERO CON UNO MISMO

Hacía tiempo que no oía un comentario así a mi madre "todos tienen pareja menos mi hijo, que no hay manera" Pensaba que la pobrecilla ya lo tenía superado, pero veo que voy a tener que pagarle una terapia de psicólogo. O mejor, quizás un hipnotizador sea capaz de extraer de su cabeza que el camino trazado por la mayoría de los que la rodean no tiene por qué ser el camino trazado para su hijo pequeño.

A decir la verdad, me empeño en rodearme de gente felizmente casada o en camino de serlo, y me niego a mí mismo ese beneficio. Dicho así suena a que me opongo a cualquier tipo de relación que se dirija al altar, pero no es eso, es todavía más grave. Me empeño en ni tan siquiera iniciar nada de nada.

Dicen mis amigas, que por eso son amigas, que no tengo pareja porque no me da la gana. Ja! y qué más! cómo si a mi edad las tías cayeran de los árboles como la fruta madura. Mal símil, hablar de cosas maduras cuando se ha superado los 30 tacos.

Lo que más me fastidia es cuando alguna de ellas me dice que si se lo hubiera pedido, hubiera salido conmigo. Eso, especialmente, me lo dice Isabel. Claro que me lo dice cuando está a punto de irse a vivir con la perfección personificada en hombre: guapo, inteligente (menciones de honor en la carrera), profesional, sensible, independiente, no-celoso... Por suerte o por desgracia, esa no es mi aspiración. Me quedo con mis imperfecciones.

Externamente me opongo a cualquier tipo de relación de pareja pero, internamente, una especie de demonio no deja de repetirme una y otra vez que lo he de intentar, que me sentiré más a gusto conmigo mismo y que así no dedicaré las tardes de los domingos a escribir chorradas.

Quizás debería intentar algo con Irene. No debería por muchos motivos, especialmente porque tengo una relación profesional con ella, pero lo sucedido en mi última visita a su empresa hizo que, por lo menos, mi Corazón me diga

- Por favor, HSolo, inténtalo. Ella ha hecho un gesto bastante significativo, dale una oportunidad.

Y mi Cerebro replica:

- Ni se te ocurra. Trabaja para una empresa clienta de la tuya. Es una relación profesional. Atente a las consecuencias tuyas y para ella. Además, no te engañes, acabará como todas, sin funcionar.

Esta vez, hasta mi Miembro habló claro y conciso:

- Chato, hace muchísimo que no te das una alegría, y la chica no está nada mal.

No, no, no, no. Poneos de acuerdo los tres, y ordenaré a mis pies que se dirijan a ella, a mi boca que escupa vuestras opiniones y a mis manos que ejecuten caricias. Tiene que haber unanimidad en la decisión que toméis.

Pero no me quito de la cabeza su "gesto". Nos habíamos visto dos o tres veces antes, profesionalmente, siempre profesionalmente. Pero esta vez, sin saber porqué, hablamos de nosotros, ambos vivimos solos y eso parece que une en una conversación. Pero lo más importante vino en la despedida: me dio dos besos. Jamás doy besos. Jamás. Y mucho menos, jamás doy besos a clientas. Fue ella la que me estiró de la mano, se acercó y me dio dos besos. Pim, pam. Uno y dos. Y salí de allí, viendo como ella, de piel blanca, estaba roja de vergüenza, y yo con una sonrisa, con perdón, gilipollas, como si tuviera 13 años.

Lo sé, esta semana me buscaré una excusa para volver por allí. A ver qué pasa.

Todos los problemas tienen la misma raíz: el miedo, que desaparece gracias al amor; pero el amor nos da miedo. (Anónimo)