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Si molesto me voy
Y yo que pensaba que eras la Maga cuando, en realidad, eres una Bruja.
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Mira que es difícil, pero si tú quieres, creo que todavía podría irme más lejos. Aunque siempre me pondré en contacto contigo, para preguntarte si esta distancia es suficiente. y para irte contando todo lo que me pasa por estas tierras
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Esta mañana me he levantado cabreado conmigo mismo.
Como no me aguanto, te he mandado un sms diciéndote que esta noche no salgo . Poco después me has llamado, preguntándome porqué y te he contestado que porque hace mucho frío y porque esta lloviendo, a pesar de que todo lo importante de mi vida (nacer, conocerte) me ha pasado cuando estaba lloviendo.

No me apetece verte más. Quiero volverme ya a la Fortaleza sin despedirme en persona de tí. Me he cansado de alimentarme de migajas. Me habría gustado pasar estos días el máximo tiempo posible a tu lado. Quería un banquete romano de tu presencia, y sólo he tenido unos pequeños canapés que se ofrecen a los invitados y que no me han quitado el hambre. Así que me he decidido por el ayuno: me quedaré esta noche en casa con mis padres.

Eres el cigarrillo que nunca puedo dejar del todo por muchas leyes antitabaco que dicte el Gobierno. Amarte perjudica seriamente mi salud mental. A tu lado me convierto en una pregunta sin respuesta y se desmorona el castillo de naipes de mi vida, aunque me digas que estoy mucho más guapo y que parezco mucho más seguro de mí mismo.

También me ha llamado un amigo de la Fortaleza contándome la fiesta que tienen organizada para esta noche. Y yo mientras a mil kilometros de distancia. No se puede vivir en dos sitios a la vez y mi mente está más allá, que aquí.

Voy a mandar un sms a K. Ya no me interesa, pero si me contesta me subirá la autoestima, que la arrastro como un hijo de cinco años arrastra el bajo de los pantalones de su padre cuando se los pone para imitarle.
 
Se me ha roto una de mis pulseras.
Precisamente ha sido áquella que compramos durante las fiestas del Pueblo de la Sierra en el que estuvimos este verano.

Me ha jodido porque era un recuerdo de los únicos días de este verano, en los que el barco a la deriva de nuestra relación no naufragó. No, como cuando días después estuvimos en Londres y comprendimos que lo mejor era dejar de intentar ser pareja e intentar ser únicamente amigos, aunque nuestro concepto de amigos dinamite el tradicional.

Todos los que pasan por este blog tienen nombre, aunque sea una inicial, todos menos tú, porque no me atrevo a pronunciarlo ya que entonces te conjuraría y aparecerías delante de todos, que para eso eres una bruja en un mundo de muggles.

No quiero que utilices tu magia para reparar la pulsera, porque sería como remendar los recuerdos y el pasado ni puede ni debe cambiarse. Me quedo con esas noches en que utilizabas la escoba para venir volando desde la habitación donde dormías con tu hermana hasta la mía y también con aquellos días en los que estábamos rodeado de gente y te comportabas como si yo no existiera.

Amiga en público, amante en secreto. Nunca fuiste mía, nunca lo serás. Después de tantos años he aprendido a amarte en secreto, escribiendo este blog que no puedes leer ni siquiera con tu bola de cristal.

Mañana por la noche iré a buscarte a tu casa. Será la última noche que pasemos juntos, antes de que me vuelva a la Fortaleza. Vamos a estar rodeados de conocidos, así que no espero nada, aunque todavía lo quiera todo, y me conforme con tan poquito.
 
Como multiplicar las visitas
Todos decimos que no hace falta que nos lea nadie, que escribimos para desahogarnos, para edulcorar un poco nuestras vidas. Ya. Yo también, pero aun así esta mañana he buscado en el google la dirección de mi blog.

He puesto:

1º.- Si molesto me voy. (El título) Aparece el primero.

2º.- Y yo que pensaba que eras la Maga cuando, en realidad, eres una Bruja (El subtítulo). También aparece.

Ya estoy contento. Parafraseando a Andy Warhol, ya no necesito ni un minuto más de gloria, puesto que mi blog aparece en el google.

Como estamos en Navidad, y mientras duré el simulacro de paz y amor fraternal, tenemos que llevarnos bien y ayudarnos los unos a los otros, os daré unos cuantos consejos de marketing aplicado a los blogs con el uso de una herramienta como el google, para que os lean más.

Todos sabemos como funcionan los buscadores. Buscan páginas a través de una serie de palabras. Hace unos años las páginas más visitadas eras las páginas que contenían recetas de cocina, mientras que ahora las más visitadas son las de pornografía.

Así que si quereis aumentar los númeritos de vuestro contador, sólo teneis que añadir la palabra sexo varias veces. Por ejemplo, podrías poner SEXO SEXO SEXO, con mayúsculas y en negrita, para que cuando aparezcan en el buscador llamen más la atención. No olvideis que palabras son las luces de neón de las ciudades dormidas. Además, podríais poner la palabra GRATIS, que junto con sexo, ya sería la leche para que aumenten vuestras visitas.

Si en lugar de un blog visitado, deseais tener una plaza pública, deberías añadir otras palabras que se manejan en el terreno de la pornografía como por ejemplo, MUJERES DESNUDAS, CULOS, TETAS, COÑOS, VOYEUR, TEENS, MADURITAS.

También se puede dar la circunstancia de que lo que deseais es un blog selecto, con clase, en el que se reserva el derecho de admisión, o la esquina de un parque en la que actúa un mimo que se mueve cuando le das una moneda. Os puede gustar por ejemplo, como a mí, Julio Cortázar y estareis deseando conocer a gente que también lo lea para compartir opiniones. Entonces lo mejor sería poner palabras como CRONOPIOS, FAMAS, ESPERANZAS, RAYUELA, EL LIBRO DE MANUEL, EL PERSEGUIDOR, etc. O a lo mejor buscais visisitantes a quienes les interesen LOS CHAMPIÑONES, LOS PECES DE COLORES, LA ARQUEOLEOGÍA, COMO DEJAR DE FUMAR, LA RELIGIÓN EN EL TIBET, LA DECADENCIA DE OCCIDENTE, LA GUERRA DE IRAK, LA MARIHUANA, PASIÓN DE GAVILANES, EL GRAN HERMANO, CUANTO CUESTA UN KILO DE NARANJAS EN LOS MESES EN QUE NO ESTÁ DE OFERTA, COMO COMPRENDER A LAS MUJERES, QUE FUE ANTES LA GALLINA O EL HUEVO. Pues nada que cada cual añada sus palabra mágicas y a esperar sentado a que se abra la cueva de Ali Baba de la popularidad, sin olvidar que si os gusta la multiculturalidad sólo teneis que añadir palabras en varios idiomas (LOVE, BICO, PETONETS, AGUR, AMOUR, LIEBE, PERESTROIKA, MZUNGU, SUKRAM), incluso en lenguas inventadas como el élfico o el idioma de Tlön.

Tal vez penseis que se puede encontrar pareja a través del blog. Bastará con poner BUSCO NOVIA, PRINCIPE AZUL, MATRIMONIO, y seguramente acudirá la mujer de vuestra vida que pensando en tí buscó sus deseos en el google.

Si aplicais en vuestros blogs estos consejos y el contador echa humo, no me lo agradezcais a mí, sino al rey Google. Larga vida al Google.

Y ahora quién no peque y no busque la dirección de su blog en el google, que tire la primera piedra.
 
Nunca serás mía
Nunca serás mía

Aunque cada mañana amanecieras desnuda a mi lado,
seguirías siendo tú,
la suma de interrogantes
con dos decimales
que intento descifrar
buceando en tu mirada,
excavando en tus palabras,
recorriendo tu cuerpo, lengua, cuello, espalda, pulmones, muslos, literatura, sangre de espadas, un océano de manos, un grito en la noche, una catedral donde se coronaron emperadores, un sendero de trompetas, unas escaleras que nunca acaban, un palacio sin dueño.


Tan cerca, tan lejana y ajena.

Nunca serán míos
tu nombre abierto
de eco sin fondo,
el alfanje otomano de tus caderas,
la marejada de tus pechos como olas que vienen,
tu risa, tus palabras, el aire mustio de tus cajones, el perfume de tus sueños, la canción que compones con tu sombra, la infancia de tus recuerdos, el naufragio húmedo de tus dedos, el espejo donde quiero reflejarme de nuevo intentando responderme, encontrando en ti las preguntas.

Eres mi derrota,
los cristales rotos
que piso cuando no te tengo cerca
y me siento descalzo y ciego,
peregrino del recuerdo
y del sonido metálico del tiempo,
el viaje aritmético
hacia el infinito suave
de tu piel de peces gigantes,
mocasines indios y muñecos de trapo,
que me reconoce
cuando mi dedo por fin
encuentra tu dedo
y recuerda las palabras y los días
y los días llenos de palabras y de días
y de novelas que vivimos para no leer,
de lenguajes inventados
y de sueños confusos
que tan sólo necesitan de los ojos cerrados

Te beso, te siento, te toco, te muerdo
pero nunca serás mía

Siempre serás tú,
tan sólo y sobre todo tú,
la canción que compongo
con las notas de tu silencio,
ignorando que los demás
también existen
y que no desaparecen
cuando estamos uno frente al otro,
arrancándonos la máscara y las pestañas
e inventándonos a cada momento,
ahuyentando el fantasma del vacío,
de la huida hacia delante,
hacia la ciudad donde soñaba conocerte,
una tarde de maletas
y trenes de invierno,
en la que florecen
en todas las alcobas
los racimos, los labios,
la sal, los huesos,
y el eco de los tambores
que anuncian la batalla
de los estandartes
que buscan ser el otro.

Nunca serás mía.
No te pido tanto.
Me basta con que me abras la puerta y me dejes mirar.
 
¿Desde mi casa?
Escribo desde mi antiguo cuarto de la casa de mis padres, donde he estado viviendo los anteriores quince años, antes de volar del nido rumbo a la Fortaleza.

He aprovechado estos días para comprar discos, películas y libros, puesto que allí no hay forma de encontrar nada decente. Ahora mismo tengo puesto el último de System of a down.

Es extraño volver al lugar donde nacieron todos los sueños que ahora intento cumplir y de donde intentaba escapar. Tengo la cabeza bastante liada pero mirar por la ventana y ver como expulsan vaho las luces de la ciudad por la noche, mientras fumo un cigarrillo, me está ayudando a reflexionar. Vuelvo a los orígenes, al centro desde el que diviso la realidad, al punto de apoyo con el que moveré el mundo.

Aunque no te veo desde el sábado, esta tarde me has telefoneado para decirme que no podías quedar. Nos echamos continuamente de menos y cuando podemos vernos, nos evitamos. Echemos la culpa a la ciudad, a los compromisos de las fiestas, al champán, a la muerte de la novela o a los patos del río, pero no podemos estar juntos ni separados.

Sé que te gusta D. Lo sospechaba cuando me hablabas de él por teléfono, pero lo confirmé el sábado, cuando me preguntante dónde íbamos y elegí justamente el bar, donde estaba con sus amigos tomando unas copas de champán (el perro azar). Cuando me lo presentante, me cayó bien. No es un gilipollas, que es lo más importante hoy en día. Si me permites opinar, creo que te conviene. Por lo que me comentas, parece que tiene resueltos ya todo los conflictos de su vida (no como yo).

Te quiero y te amaré siempre, aunque sea a mi manera, que es la única manera de amarte. No quiero desordenarte la vida ni contagiarte el caos de mi vida. Sé que estos días tienes que repartir el tiempo entre los dos y yo ya escribo los renglones de mi vida en otro lugar. Así que si molesto me voy, pero, por favor, contrólate.

El sábado cuando por la noche nos despedimos, si no aparto los labios, acabamos besándonos en la calle a varios grados bajo cero. Por una vez, fui yo la cabeza (todavía hoy no me lo creo) y tú el instinto.

- Aunque esté un poco mareada, sé lo que hago- me dijiste con unas cuantas copas encima.
- Ya
- Es que es Navidad.

Echemos la culpa a la ciudad, a los compromisos de las fiestas, al champán, a la muerte de la novela o a los patos del río, pero no podemos estar juntos ni separados.
 
Crónicas de una hipoteca
Después de algo más de un año en la Fortaleza, viviendo de alquiler, en casa ajena, con muebles ajenos, con olores ajenos, y tirando el dinero, me voy a comprar un pisín.

Nunca he tenido mentalidad de propietario (he vivido casi toda mi vida de alquiler con mis padres), pero me temo que me estoy aburguesamendo a pasos agigantados, olvidando mis orígenes de barrio obrero. Además pagar la letra de la hipoteca me sale más barato que pagar el alquiler. Los precios de los pisos en la Fortaleza son bastante bajos en comparación con la Península y con los alquileres.

Estos días he entrado en un nuevo mundo, en otra dimensión, repleta de hadas madrinas, esfinges, vampiros y amas de llaves.

El hada madrina:
La chica de la inmobiliaria, que aparte de su físico espectacular, me está guiando por sendas desconocidas para mí. Me la voy a pedir de Reyes. (Majestades Orientales: ya no quiero el barco pirata de playmobil).

Esfinges: Mis amigos. Les pido opinión y me contestan con otra pregunta: ¿bueno pero a tí te gusta, no?.

Vampiros: Se esconden en las grutas del tesoro. Llegas a ellos por los mapas que meten en los buzones o los conjuros que pronuncian en la televisión. Hablan un idioma muy extraño (euribor, tae, subrrogación, hipoteca) y utilizan muchos números.

El ama de llaves de la gruta del tesoro donde tenía hasta hoy domiciliada la nómina.

Me gusta vestir de forma muy informal, incluso cuando me arreglo, siempre llevo detalles indies que por aquí no se ven demasiado. Suelo ir en vaqueros, con zapatillas, colores más bien oscuros (me encanta el negro), camisetas, pulseras en la muñeca, a veces barba de varios días y el emepetres colgado del cuello. Vamos que me gusta ir arregladamente desaliñado porque me encanta mi imagen y nunca se deduciría de ella en la Fortaleza donde trabajo. En la península soy uno más. Además, como soy moreno y tengo los ojos oscuros, no es raro que me confundan con musulmán.

Llego a la gruta del tesoro donde tenía la nónima domiciliada y me siento junto al ama de llaves del cofre del tesoro y le digo que necesito una cantidad de dinero para comprarme una choza en el bosque. Me pregunta cuanto tengo ahorrado y cuando se lo digo, coge la calculadora, teclea unas palabras mágicas y me dice que lo siente pero que tengo que esperar a tener más ahorrado, porque no pueden darme esa cantidad de dinero, seguramente porque por mi imagen, pensarían que se estaban arriesgando. Ignoraba sin duda que, como los sueldos en la fortaleza son tan altos y los precios de los pisos tan bajos, la cantidad de dinero que solicitaba, era tan sólo dos años y medio de trabajo y que si no tengo más ahorrado es porque me lo he fundido en viajes, y disfrutando de la vida, que para eso está.

Así que fui a otra gruta del tesoro, donde me trataron como una persona y me abrieron el cofre. Aunque creo que dejaron señales de un mordisco en mi bolsillo.

Volviendo al tema de siempe. Esta mañana estaba borrando la lista de llamadas y encontré un número que no conocía. Viendo el día y la hora (sábado por la noche a las cinco de la mañana) comprendí que era el de K. No pude reprimirme y le mandé un sms. A los dos minutos, me llamó por teléfono y estuvimos charlando un buen rato. Quizá cuando salgamos al recreo, volvamos a jugar juntos.

Me he comprado el último disco de Depeche Mode (Playing the angel) y lo estoy escuchando ahora mismo.

Bueno, besos y abrazos a tod@s, gracias por intentar animarme y felices fiestas para tod@s. Me vuelvo mañana a mi ciudad de origen. Ya tengo la tarjeta de embarque y todo. A estas horas estaré atravesando Madrid en metro.
 
Hoy no estoy para nadie
Hoy ha sido mi último día de trabajo (estoy de vacaciones hasta el día tres de enero) y como todo el mundo anda de celebración y despedida, me han llamado para ir por ahi a tomar una copa. Pero, por raro que parezca, para los que me conozcan, he dicho que no.

Me apetece estar solo.

Me apetece escuchar Radiohead, la canción de Everything in its right place.

Me apetece esconderme en mi bunker de sueños y retales.

Me apetece estar triste.

Me apetece viajar con la memoria.



Me apetece tomarme un café con leche muy caliente.

Me apetece colgar el cartel de cerrado por ausencia.

Me apetece hablar sólo con las manos.

Me apetece guardar la sonrisa en el cajón, junto a los calcetines.

Me apetece pensar en tí y en K.

Me apetece no sentir.

Me apetece que sea mañana.
 
El arte de dar celos
El sábado, sobre las ocho de la tarde, estaba hablando contigo por teléfono, contándome mis planes para esa noche (quedar con las locas de mis amigas, para cenar y despedirnos porque todos nos volvemos a nuestro lugar de origen esta semana), cuando de pronto sentí que el móvil vibraba. Cuando colgué ví que tenia un sms de K.

Otra vez K.

- Te recojo a las once?

- No puedo, he quedado a cenar - le contesto sin decir con quién ni dónde ni invitarla.

Espero su sms y sólo tengo silencio por respuesta. Seguro que la falta de información le ha sentado mal, pero por un día que se quede en casa, no le va a pasar nada, pienso.

Salgo, completamente orensensualizado: vaqueros, abrigo de cuero de tres cuartos y camisa y nos vamos a cenar un solomillo a la pimienta en su punto (rojo, rojo, rojo).

Cuando terminanos, nos vamos a tomar una copa. Como la Fortaleza es tan pequeña, allí estaba K, con un amigo suyo de toda la vida, P (sigo con las iniciales. no sé si luego me acordaré de quién es quién).

- Hola Oren- me dice K, mirando a mis amigas, para ver si con alguna corría peligro.

- Hola K- le digo, mirando a P. y desechando, por mi parte, el peligro.

K. se pone a bailar como una loca, como el alma de la fiesta que es, agarrándome para contagiarme, pero, como me había pillado de sorpresa y no me esperaba que estuviera allí, me quedo quieto, serio, rígido como una estatua egipcia, alegando que estoy cansado del día anterior y sin hacerla ni caso.

Cuando se cansa de bailar, se me acerca y me dice que se va con P. a otro pub. Quedo con ella allí y nada más salir por la puerta, le digo a mis amigas que nos vamos a otro dferente.

Al poco de llegar al nuevo pub, allí aparece K. con P, diciendo que había mucha gente en el otro y que no se podía entrar.

- K. ha venido aquí a buscarte- me dice una de mis amigas - Tú sigue sin hacerla mucho caso y ya verás como la tienes a tus pies.

Sigo las instrucciones de mis amigas y hago como si K. no existiera. Pienso en fútbol, en filosofía analítica, en la deshumanización del arte, en cualquier cosa ajena a ella. P. se me acerca y me pide que no me porte mal con K. , así que cuando mis amigas dicen que se van, yo me quedo con K. y con su amigo P.

Entonces se acerca un tío, que no sé quién es, pero con el que K. se pone a bailar y a agarrarlo y a reirle sus gracias. Y yo me muero, me muero de celos, y comprendo que estoy enamorado de ella, aunque intento disimular, hablando con su amigo P. e intentando no mirarla.

- Conmigo no baila así, pienso viéndola con el tipo aquel, que además no le pegaba, que iba a lo que iba., como todos, que para eso es un hombre. ¿Es que no te das cuenta, K?

P., me dice que lo mejor es que nos vayamos de allí y les dejemos solos. Se despide de K. diciéndole que cuando acabe de hacer el gilipollas la esperamos en otro pub. Yo me voy sin decirle ni adiós.

Eran las tres y media de la mañana. A las cuatro y media, ya estaba pensando que era un capullo y que K. era historia. Así le digo a P. que nos vayamos ya a casa, que K. ya volverá sola o acompañada, pero que no le hacemos falta.

A las cinco y ya dándo vueltas en la cama, me llama K. y me pregunta dónde estamos, que nos había estado buscando. Le digo que ya estoy en la cama y que me imagino que P. también. Al menos yo le dejé, camino de su casa.

A la mañana siguiente borré el teléfono de K. del móvil, porque comprendí que había perdido la guerra de los celos.

Paso de K, a la mierda, que la den. Aunque me pasé todo el día esperando que K. me llamara o me mandara un sms.

Esta mañana la he visto en el trabajo y he hablado de temas triviales con ella.

- No veas lo que me has hecho sufrir K. y ya eres historia y no me convienes y paso de tí y te voy a hablar lo justo para llevar una relación cordial de compañeros de trabajo- he pensado- pero que guapa eres y que loco estoy por tí y a ver si me invento una excusa para pedirte el teléfono otra vez.
 
Orensexualidad
Antes de nada, gracias a todos por dejar comentarios en mis posts.

Mañana, parafrasenado una canción de Franz Ferdinand (Do you want to) Oren va a salir a y va a intentar que alguien le ame y va a intentar que sea K. (qué se va a hacer si a uno le gusta leer a Kafka) la afortunada.

Y es que mañana, aparte de empezar el fin de semana, Oren se va a comer con sus compañeras de trabajo. La excusa: que llega la Navidad. Y va a intentar ponerse irresistiblemente guapo (sé que es imposible, pero no es realista y pide lo imposible).

Y todo porque fue precisamente K., una de sus compañeras de trabajo, quien le rechazó.

- Lo siento, Oren, pero no. No sos vos, sino yo (lo dijo en español, no en argentino, pero me gusta parafrasear títulos de películas).

Y mañana va a intentar ponerselo muy difícil, intentando desplegar su orensexualidad. Intentará sentarse en la otra esquina de la mesa, con quien más odia (la jefa), a quien intentará reir todas sus gracias (aunque no tiene ninguna) e intentará tontear con la camarera (ójala no sea dificil de ver).

Aunque lo más seguro es que ocurra lo siguiente:

- Oren, siéntate a mi lado- le dirá K. con esa voz tan dulce que tiene.

Y Oren se sentará a su lado, mirándola de reojo y pensando, pero que guapas eres, K.

- K. te dejo que traigas tu pijama a mi casa- le dirá intentando recuperar su orensexualidad.

- Para qué- le contestará K.- si yo sólo duermo con una gotas de Chanel.

Y Oren se volverá solo a casa, con su orensexualidad intacta, preguntándose porque cuando se enamora es incapaz de ser orensexual.
 
Odio que apagues el móvil
Acabo de leer un post:

http://blogs.ya.com/lejos-de-ti/c_10.htm#comment_1

Y me he acordado de que odio cuando apagas el móvil.

Sí, ya sé que a veces se te acaba la batería o que estás en sitios donde no hay cobertura y por ahora, no venden móviles a pilas, que yo sepa. Pero, yo creo, que a veces me engañas. Estoy seguro que a veces lo apagas y es porque no quieres hablar conmigo.

Odio a la gente que apaga el móvil.

No entiendo que la gente apague el móvil por la noches. Sí, ya sé que es para dormir, pero coño, ya se duerme todos (algunos casi todos, porque nos gusta salir de fiesta o terminar un libro) los días. En cambio, no se tiene siempre el privilegio de poder hablar conmigo por teléfono.

Odio la vocecita que dice que el teléfono marcado no se encuentra disponible o se encuentra fuera de cobertura, con las diferentes variantes, según la compañia.

Tenían que hacer un ley contra los que apagan el móvil y dejarnos a los fumadores en paz, porque cuando se apaga el móvil se está violando un derecho constitucional, como es mi derecho de libertad de expresión. Dificilmente puedo expresar mis ideas, si no puedo hablar contigo por el móvil.

Sí, ya sé que te puedo mandar un sms. De hecho te lo mando, cuando tienes apagado el móvil. Pero un sms es acto de placer solitario, es como masturbarse en una esquina. Disfrutas mucho cuando lo estás haciendo, pero cuando terminas te quedas igual, mirando hacia los lados para ver si alguien te ha visto hacerlo. Bueno, te quedas peor. Imaginate, te mando un sms y vuelvo a marcar tu número. Pero, todavía lo tienes apagado, así que todavía no lo has leído. Y yo me pregunto ¿qué haces a las cuatro y media de la mañana de un martes con el teléfono apagado? ¿Me estoy acordando de tí y tú te limitas a dormir? ¿Es que tú nunca pones el despertador para levantarte y ver si te han mandado un sms de madrugada? ¿Es que no sabes lo imprevisible que soy? Luego, me dices que no los hombres no tenemos detallles ni damos sorpresas. ¡Cómo te voy a sorprender si tienes el móvil apagado!

Odio echarte de menos y que tengas apagado el móvil y me digas que has leído mi sms al día siguiente. No sabes que un sms es como un bonsai, es una joya verbal en miniatura, orfebrería de la palabra enjaulada en doscientos cincuenta caracteres, auténticas joyas de museo que caducan a los minutos de nacer y que ya no tienen sentido cuando se leen al día siguiente.

Reconozco que cuando hablas conmigo por el móvil y me preguntas qué hago siempre te contesto que nada, que cuando me preguntas qué tal te digo que bien y que cuando me preguntas qué has hecho hoy te digo que lo de siempre, pero es que primero, uno es un hombre y tenemos la desgracia de no saber hablar por teléfono y segundo, me paso tanto tiempo intentando ponerme en contacto contigo que cuando por fin lo consigo, ya no me apetece hablar contigo (para qué, si ya lo hice hace un mes) sino dormir (no sé si sabes, guapa, que los hombres necesitamos dormir, roncar y soñar con la Naomi Campbell), eso sí con el móvil encendido (y el volumen quitado evidentemente, que ya no son horas) por si se te ocurre llamarme, porque cuando una mujer te llama no veas como se nos sube la autoestima a los hombres.
 
¿Tengo que pedir perdón por ser hombre?
Supongo que en parte, nos lo tenemos merecido. Después de tantos siglos de falocracia, en los que lo más importante era el tamaño del pene o el peso específicio de los testículos, ahora son las mujeres las que se están vengando de nosotros.

Que quede claro una cosa: yo no soy machista (creo y practico la igualdad absoluta de hombres y mujeres) y este post sólo es un acto de legítima defensa. Estoy leyendo otros blogs y sólo encuentro comentarios de mujeres (en clave de humor, por supuesto) en contra de los hombres.

Si es guerra lo que quereis, me voy a parapetear detrás del portátil, cubriendo la cabeza con un gorro de dormir (no tengo casco, uno fue en su día objetor de conciencia), y voy a teclear unas cuantas líneas a modo de manifiesto.

A TODOS LOS HOMBRES DEL MUNDO:

1º.- ¿Por qué tenemos que pedir perdón porque la casa se ensucie sola, si uno se pasa todo el día en los bares o de viaje y seguro que son unos duendes malignos los culpables, que lo revuelven todo?

2º.- ¿Por qué tenemos que pedir perdón porque se nos caduquen los alimentos en el frigorífico, si los responsables son los dueños de los supermercados que se olvidan de que tenemos otras cosas en la cabeza en que pensar, como el partido de fútbol o el culo de la vecina del tercero y tenemos mucha tecnología sí, para que no se robe y mucho merchandaisin pero porque no ponen una alarma que suene el mismo día en que caduca el producto o nos avisan con un sms?

(INCISO: Madre mía, la semana pasada tiré un cochinillo que tenía preparado para cuando convenciera a alguna incauta a que viniera a cenar a mi casa, pero como no pude convencer a ninguna .. Como olía el jodido marrano cuando lo encontré en ese laberinto que llaman nevera, aunque, por otra parte, es lógico que oliera tanto por su naturaleza y porque estaba muerto, en fin).

3º.- ¿Por qué tenemos que pedir perdón porque nos guste mirar el culo de la vecina del tercero? ¿Acaso no vamos a los museos a ver obras de arte? ¿Por qué no vamos a mirar obras de arte si uno es muy moderno y le gusta más lo comtemporáneo?

4º.- ¿Por qué tenemos que pedir perdón porque nos guste el fútbol, cuando, en realidad el fútbol canaliza nuestros instintos y favorece la paz? Seguro que si en tiempos de Napoleón, de Julio Cesar o de Alejandro Magno hubiera futbol, se habrían dedicado a desarrollar tácticas como el achique de espacios o a escribir ensayos sobre el fuera de juego.

5º.- ¿Por qué tenemos que pedir perdón porque pensemos todo el día en lo mismo, aunque no siempre con la misma? Para que luego digas que no tenemos vida interior.

6º.- ¿Por qué tenemos que pedir perdón porque se me olvide tu cumpleaños si te veo tan guapa todos los días que es como si para mí no envejecieras?

7º.- ¿Por qué tenemos que pedir perdón por no entender cómo funciona una lavadora? ¿Acaso la lavadora me entiende a mí?

8º.- ¿Por qué tenemos que pedir perdón porque nos guste estar tanto con los colegas en los bares cuando lo que estamos haciendo entre todos es fomentar el desarrollo económico de un sector clave en la economía española como es la pequeña hostelería?

9º.- ¿ Por qué tenemos que pedir perdón por no acordarme de todo lo que me dices cuando la culpa la tiene esa mirada que tienes (bueno y ese canalillo, y ese culito, esto, ¿qué estaba diciendo?, ah, sí) me hace perder la conciencia?

10º.- ¿Por qué tenemos que pedir perdón por contestar siempre con monosílabos cuando lo que hacemos es ecologismo del idioma, no sea que de tanto usarlas se acaben las palabras?

¿POR QUÉ TENEMOS QUE PEDIR PERDÓN POR SER HOMBRES SI LA CULPA NO ES NUESTRA? BASTANTE DESGRACIA TENEMOS YA.
 
En busca de la etiqueta perdida
Hoy en día vivimos en el mundo de las etiquetas. Todos tenemos una porque los medios de comunicación intentan catalogar a las personas, uniformarlas, dándoles un nombre que acabe con la individualidad. Yo, que vivo en una duda continúa, no sé cual es mi etiqueta, así que he decidido describirme para que me digas a que grupo pertenezco.

Soy de la cosecha del setenta y cuatro, así que se puede decir que prácticamente soy otro hijo de la democracia española. Me he criado dentro del estado del bienestar, cuya base es el consumismo. Pero hasta hace poco no podía permitirme todos los caprichos que ahora tengo.

Mis padres son de la clase obrera, de esos que a duras penas y con mucho sacrificio llegan a fin de mes. Gracias al esfuerzo y a la austeridad, estudié una carrera universitaria, que me ha permitido tener el trabajo que ahora tengo y el nivel de vida que ahora llevo.

Vivo muy lejos del mundo que me educó y aunque hay días que lo echo de menos, no sé si quiero volver. Me encanta leer (Cortázar, Sábato, Borges), la música (Radiohead, The Doors, Led Zeppelin) y el cine (Novecento, Lawrence de Arabia, Underground), pero mi pasión es viajar. Me he pasado media vida soñando con los lugares donde iba a marcharme y ahora intento hacer realidad mis sueños.

Me encanta gustar a las mujeres, aunque al final siempre acabo rodeado de amigas, que me consideran el hombre más majo del mundo y que piensan que la mujer que me atrape será la más afortunada del mundo, pero ninguna se atreve a ser la privilegiada.

No tengo novia, pero sí te tengo a ti, aunque ahora estemos a mil kilómetros de distancia, y no seamos otra cosa que los más muy mejores amigos, y a veces se nos vaya la pinza e intentemos ser una pareja, y entonces todo empieza a ir mal: se estropean los electrodomésticos, las horas tienen cincuenta y tres minutos y los niños no tienen juguetes de regalo en los Reyes. Por eso y para que el mundo funcione bien, me he ido todo lo lejos que he podido.

Tampoco quiero novia, sino compartir muchos minutos con una mujer, que respete mi independencia (odio que me encierren porque entonces dejo de ser yo), que tenga la suficiente empatía, como para poder entenderme (reconozco que es muy difícil) y que comprenda que puede venir cuando quiera a mi casa y quedarse incluso a dormir, pero que no se le ocurra dejar el pijama ni el cepillo de dientes. A cambio le ofrezco mi alegre locura y cien gramos de pistachos.

Mi hábitat son las ciudades y mi hora preferida la noche, que es cuando despliego toda la frivolidad de la que soy capaz, para ocultar mi alma sensible, como una película fotográfica sin revelar. Me gusta salir y decir tonterías en los bares. Bajo una apariencia bohemia y despreocupada se esconde un criptoizquierdista cultureta, que es capaz de relacionar los pechos de una señorita con el principio de incertidumbre y que no se priva de ningún capricho, aunque cuando le entra la mala conciencia se haga socio de otra oenegé.

De momento es todo, y ahora dime ¿cuál es mi etiqueta?
 
Historias de la Frontera (II)
Cuando se pasa la frontera andando, sólo tienes como medio de transporte los que encuentres en el país vecino. Lo más normal es acercarte a la estación de taxis colectivos. Curiosamente todos son modelo Mercedes. Se piensa que el Mercedes es el mejor coche, y no sólo porque no es americano. Algunos los heredan de generación en generación.

En los taxis colectivos lo normal es que vayan seis personas, aparte del conductor. Cuatro atrás y dos en el asiento de adelante. Son taxis ecológicos. Cuanto más gente vaya menos gasolina se gasta y menos se contamina. Los taxis se han remodelado (eufemismo) para que se pueda ir más cómodo (eufemismo). En todos, se han eliminado los agarraderos de la puerta (se han sustituido por una cuerda o por un trozo de tela) y las manivelas de las ventanillas, que están siempre abiertas delante (si no el calor, sería insoportable) y cerradas detrás. Si quieres abrir la ventanilla de detrás, tienes que pedir la manivela al conductor. Siempre y cuando te entienda, porque lo normal es que te sonría, y te diga que sí, sin haberse enterado de nada.

Los viajeros se van bajando por el camino, según vayan llegando a su destino. Si se queda alguna plaza libre, siempre puede montarse alguien nuevo, con sus paquetes. Vamos, que el taxi colectivo no es un universo cerrado.

Si no tienes inconveniente en compartir taxi y te andas un poco listo, te van a cobrar la misma tarifa que a los autóctonos. El truco consiste en montarte en el taxi, y esperar a que se llene. Te fijas en lo que pagan los demás y le das el dinero al conductor sin abrir la boca. Lo mejor es llevar dinero suelto y en moneda local.

También lo puedes contratar para tí sólo o para dos o más personas. Entonces pagas tarifa de aromi. Si el taxi es mixto el conductor recauda unos dos euros, pero si sólo van europeos tienes que pagar cinco por el mismo trayecto o te vas andando. Da igual en el idioma en que se lo digas. Hay gente que critica este comportamiento. Yo lo entiendo, aunque me fastidia sentirme estafado. Al fin y al cabo para mí, cinco euros no es nada, y en cambio para ellos es una auténtica fortuna.

Continuará
 
Historias de la frontera (I)
No hay nada más excitante que pasar una frontera a pie. No tiene nada que ver con coger un avión y aparecer en Londres o en París.

Según te vas acercando vas viendo más y más ciudadanos del país vecino (eufemismo para denominar a los marroquíes). Vas sintiendo poco a poco los cambios. Primero la algarabía, las discusiones en tamazight (eufemismo para denominar al cherja que es el idioma del Rif) o en dariya, en su estado puro. Luego la basura y los plásticos, por el suelo , la bandera roja con la estrella verde, los ininteligibles carteles en árabe, los portadores con un montón de paquetes, hombres y mujeres deslomados por el peso del comercio atípico (eufemismo para denominar el contrabando) y de la inseguridad de su vida, las preguntas de si les llevas algo al otro lado.
Apenas me fijo en ellos, aunque los oigo.

- La (No en dariya y tamazight) - les digo.

La alambrada está en unos pasos y sabes que, como eres un aromi (lo contrario de moro), la policía española no te va a pedir los papeles para abandonar la Fortaleza. Pisas la tierra de nadie de la que se apoderado el país vecino esquivando una cola de coches que avanza poco a poco y ves más basura y suciedad por el suelo. Hasta el olor es distinto. Huele a agua retenida, a pobreza. Un montón de personas, están junto a la puerta de entrada a la Fortaleza, a la espera de sí ocurre algún follón y la Policía se entretiene para colarse en la Fortaleza. Los mehanís (Fuerzas Auxiliares marroquíes) se llevan a una mujer a empujones.

- Serf, serf- te susurra alguién por si quieres cambiar euros en dirhams.

Cuando te acercas a la aduana para sellar el pasaporte, se te acercan jóvenes que hablan español, ofreciéndote un bolígrafo bic y el impreso que tienes que rellenar, redactado en árabe, francés e inglés, y para que te sellen el pasaporte, a cambio de un euro, siempre que no seas residente en la Fortaleza y no salgas de la provincia vecina.





-La- vuelvo a decir.

- Har el favó, rubio (aunque yo no lo sea). Así no tienes que esperar cola.

- No.

Después de esperar la cola, generalmente algún mehani te para.

- Paspor- te dice.

Lo enseñas y ya puedes , por fin cruzar al otro lado, donde las calles no tienen nombre y ni siquieran muchas están asfaltadas y donde te esperan los taxis colectivos, pero eso es otra historia.


 
¿Estoy perdiendo el tiempo?
Me dado cuenta de que estoy perdiendo el tiempo con una chica que no es mi tipo.

Todos los que nos conocen dan por supuesto que somos pareja.

Incluso se dividen en dos grupos: los que piensan que pegamos y los que piensan que no pegamos ni con cola.

Pasamos mucho tiempo juntos y salimos todos los fines de semana. Se sorprenden cuando les decimos que no somos pareja. A mí se me nota(ba) mucho que me gusta(ba). Tanto que hace una semana tuve que decírselo. Cuando que el destino de la moneda casi decide que me marche, si me jodía marcharme era por ella.

Te echo mucho de menos y me apetece estar con alguien, ahora que por fin he comprendido que no nos conviene pasar demasiado tiempo uno al lado del otro y que nuestra relación se basa en la amistad, en viajar juntos y en esculpirnos el cuerpo con las manos, la lengua y el deseo. Me siento solo en la Fortaleza, y quizá esa fuera la razón de que me fijara en ella. Aunque yo pensaba que fue ella quien estaba intentando seducirme.

Además me parece tan guapa (aunque la belleza es muy subjetiva y tú tal vez me dirías que no lo es tanto) tan cariñosa, tan dulce y tan infantil como sólo lo puedo ser yo. Me encanta observarla de lado, cuando sé que no me está mirando, cuando está hablando con alguien y piensa que la ignoro. A su lado emerge esa criatura ñoña y cursi que las hostias de la vida me obligaron a ocultar y balbuceo.

Pero sé que no me conviene (intentaría encerrarme en una jaula de vida como es debido) o que no le convengo (me escaparía continuamente de esa jaula), o que lo que necesita es salir de la Fortaleza y escaparse conmigo de la jaula en la que vive para recorrer el mundo.

Sus amigos, pensando que estábamos saliendo, me piden que la trate bien, que no le haga daño, que es de lo mejor que hay por aquí, y seguramente tengan razón. Pero no saben que ella ya me dijo que no. Ignoran que sus sms preguntándome por si voy a salir para pedir hora en la peluquería, que lleve prendas que enseñen los hombros porque yo le dije que me parecían muy sensuales, que me pregunte continuamente por ti, que me diga que le encanta mi acento de fuera, que les diga a sus amigas cuando me las presenta que ni se las ocurra intentar ligar conmigo o que se sonroje cuando le digo que está muy guapa, que todo eso no significa nada. Tal vez tenga dudas porque piense que si sale conmigo cambio la órbita de su planeta (el bohemio y la chica bien) o tal vez piensa que lo único que quiero es llevármela a la cama. De lo único de lo que estoy seguro es de que aunque pase tanto tiempo conmigo no me conoce nada.

Un día de éstos voy a publicar los requisitos de mi mujer ideal.

Ella no cumple casi ninguno. Tú los cumplías todos. Y sin embargo...
 
Sobre monos y Hambre.
Dicen que el Hambre se refugiaba en los bosques.

Dicen que en los bosques ya no quedan monos, porque el Hambre, harto de rebuscar en los basureros, se los había comido.

Dicen que el Hambre, que no entiende de fronteras, frabricaba pacientemente rudimentarias escaleras para intentar su asalto a la fortaleza.

Dicen que unos colegas y yo, salimos de la fortaleza y fuimos en busca del Hambre.

Dicen que vimos el basurero donde rebuscaba el Hambre.



Dicen que encontramos restos de lo que algún día pudo ser un campamento de donde se escondía el Hambre.

Dicen que vimos al ejército patrullando en los bosques para que no volviera el Hambre.

Dicen que un habitante de los bosques, que al hablar mezclaba el inglés, el alemán, el tamazight y el español y que nos invitó a tomar un té, nos contó que el Hambre cazaba a los monos con lanzas.

Dicen que vimos a los monos pero que no vimos al Hambre.



Dicen que como hay monos, ya no hay Hambre.

Pero yo veo al Hambre en la fortaleza, llamando por telefóno a su casa, limpiando coches a cambio de un euro,o en las puertas de los supermercados ayudando a llevar la compra a casa, y no sé porqué, pero me siento culpable.
 
Soy un desgraciao
Si es que soy un desgraciao.

Estaba intentando dejar un comentario en esta página:

http://blogs.ya.com/1extranyoenmiventana

y mi falta de pericia en ésto de los blogs o mi afán de protagonismo, me ha multiplicado por tres. Como si el mundo no tuviera suficiente con un único Oren. Te vuelvo a pedir perdón, Extraña. Ante todo educación, que uno se ha pasado media vida estudiando (y la otra en Babia, dicen las malas lenguas. Babia, hermoso país por cierto. A ver pregunta de trivial: ¿la capital de Babia?)

Pero eso de que soy un desgraciao, lo dice hasta mi madre y es que soy un desgracio desde el día en que nací.

La culpa la tiene el señor Oren padre, que fue a inscribir el nacimiento de su primogénito al Registro Civil.

- Buenos días- saludó.

Ante todo educación, que mi padre no tendrá tantos estudios como yo (y creo que tampoco ha estado en Babia porque le da miedo el avión), pero educado sí es.

- Buenos días. A ver. ¿Cómo se llama?

- Oren- dijo mi padre, pensando que le preguntaba a él y le estaba tratando de usted, como todo progenitor se merece.

El funcionario anotó el nombre en el libro de inscripciones de nacimientos.

- ¿Y usted cómo se llama?

- Pérdoneme (de nuevo la educación), pero ya le he dicho que me llamo Oren.

- ¿Oren como su hijo?

- No, mi hijo se llama Zaratustra.

- ¡Cómo que Zaratustra! ¡Usted me ha dicho Oren y con Oren se va a quedar!

- Pero, perdóneme de nuevo (si es que da gusto lo educado que es), si sólo tiene que borrarlo. Con una goma de bolígrafo...

- ¡Nada, ya no se puede hacer nada! ¡Para rectificar un libro de inscripciones hay que llevar a cabo un procedimiento muy engorroso! ¡Tiene que permitirlo el Encargado, informar favorablemente el MInisterio Fiscal! ¡Muy complicado! Así que con Oren se queda el niño.

Y con Oren se quedó el niño.

Mi madre desde entonces, cuando se cabreaba conmigo porque me comían el bocadillo en el recreo o porque me dejaba un zapato o el abrigo en Babia, siempre me decía que era igual de desgraciao que mi padre y que por eso tenía el mismo nombre. Si es que lo del nombre es más importante de lo que parece.

Mis padres han intentado poner a uno de sus vástagos Zaratustra, pero sólo les han nacido cinco hijas, y claro, ¿cúal es el femenino de Zaratustra? ¿Zaratustragirl? ¿Zaratustriz? ¿Zaratustreta?.

Y claro, cómo para preguntarselo al funcionario del Registro Civil.