Ommmmmmmm
Esta mañana salí cabreado del trabajo porque después de varias cambios de personal, de turnos, de bajas y de carambolas desafortunadas, me tocaría ir a trabajar el sábado de Semana Santa, con lo que peligrarían mis planes de ir a Marrakech por esas fechas.
He intentado no darle vueltas, aplicando teorías budistas de andar por casa: el sufrimiento existe porque existe el deseo. Si dejas de desear, dejas de sufrir. Pero me cuesta tanto dejar desearlo. Cada mañana me acerco al trabajo pensando en ese viaje, en que queda un día menos para desestresarme y salir de esta jaula de catorce kilómetros cuadrados. Antes, cuando no trabajaba, no tenía ni un duro para viajar y me limitaba a soñar, ahora que puedo permitírmelo, no tengo tiempo y continúo soñando.
Por suerte una compañera, ya se ha ofrecido a cambiarme el día, con lo que eso significa para ella: renunciar a un puente muy goloso, por un insignificante día de trabajo. Muchas gracias.
Pero aún así he continuado cabreado y más aún cuando he ido a la tienda donde he encargado el dormitorio y me han dicho que todavía no han llamado a la fábrica, dándome excusas que me sé de memoria porque yo también trabajo cara al público y utilizo las mismas, cuando te das cuenta que tienes tanto jaleo que se te ha olvidado hacerlo.
Me gustaría ya vivir en mi casa nueva el día uno de abril (cautivo y desarmado el ejercito rojo...) y está es la situación actual de mi cruzada:
Tengo las llaves de una casa vacía.
Mis únicas posesiones en ella son: una fregona, un cubo de la fregona, una escoba, un recogedor, productos de limpieza, una linterna, pilas para la linterna, velas para cuando se me acaben las pilas, unas cuantas bolsas de basura, dos puffs morunos rellenos de papel de periódico, mucha luz durante las horas diurnas, vistas a los tejados de la Fortaleza y la posibilidad de oir al muecín de la mezquita cercana cinco veces al día.
La tele y el sofá ni los tengo ni los he encargado pero me dan igual.
La cocina quizá me la monten en un par de semanas.
El dormitorio van a intentar hacerlo antes de que termine el mes de marzo. (Tú no te preocupes que sabiendo que te corre prisa, estaremos pendientes).
El Notario aún no me ha dado la copia de las escrituras por lo que:
a) No puedo pedir la cédula de habitabilidad.
b) Sin cédula de habitabilidad no puedo darme de alta en la luz, agua, conexión a internet.
c) Sin luz, ni agua, ni conexión a internet, o continúo viviendo donde vivo, pagando el alquiler y la hipoteca a la vez o me baño y lavo la ropa en la playa, planchándola después con las manos o sentándome sobre ella, me alimento de bocadillos, latas de conserva y ascetismo y escribo en el blog para arrancarte una sonrisa desde un caber a euro y medio la hora.
Menos mal que me he encontrado esta tarde a las gallegas y he estado tomando un café con ellas y buscando motivos para continuar viviendo en la Fortaleza, pese a los pequeños inconvenientes diarios.
He intentado no darle vueltas, aplicando teorías budistas de andar por casa: el sufrimiento existe porque existe el deseo. Si dejas de desear, dejas de sufrir. Pero me cuesta tanto dejar desearlo. Cada mañana me acerco al trabajo pensando en ese viaje, en que queda un día menos para desestresarme y salir de esta jaula de catorce kilómetros cuadrados. Antes, cuando no trabajaba, no tenía ni un duro para viajar y me limitaba a soñar, ahora que puedo permitírmelo, no tengo tiempo y continúo soñando.
Por suerte una compañera, ya se ha ofrecido a cambiarme el día, con lo que eso significa para ella: renunciar a un puente muy goloso, por un insignificante día de trabajo. Muchas gracias.
Pero aún así he continuado cabreado y más aún cuando he ido a la tienda donde he encargado el dormitorio y me han dicho que todavía no han llamado a la fábrica, dándome excusas que me sé de memoria porque yo también trabajo cara al público y utilizo las mismas, cuando te das cuenta que tienes tanto jaleo que se te ha olvidado hacerlo.
Me gustaría ya vivir en mi casa nueva el día uno de abril (cautivo y desarmado el ejercito rojo...) y está es la situación actual de mi cruzada:
Tengo las llaves de una casa vacía.
Mis únicas posesiones en ella son: una fregona, un cubo de la fregona, una escoba, un recogedor, productos de limpieza, una linterna, pilas para la linterna, velas para cuando se me acaben las pilas, unas cuantas bolsas de basura, dos puffs morunos rellenos de papel de periódico, mucha luz durante las horas diurnas, vistas a los tejados de la Fortaleza y la posibilidad de oir al muecín de la mezquita cercana cinco veces al día.
La tele y el sofá ni los tengo ni los he encargado pero me dan igual.
La cocina quizá me la monten en un par de semanas.
El dormitorio van a intentar hacerlo antes de que termine el mes de marzo. (Tú no te preocupes que sabiendo que te corre prisa, estaremos pendientes).
El Notario aún no me ha dado la copia de las escrituras por lo que:
a) No puedo pedir la cédula de habitabilidad.
b) Sin cédula de habitabilidad no puedo darme de alta en la luz, agua, conexión a internet.
c) Sin luz, ni agua, ni conexión a internet, o continúo viviendo donde vivo, pagando el alquiler y la hipoteca a la vez o me baño y lavo la ropa en la playa, planchándola después con las manos o sentándome sobre ella, me alimento de bocadillos, latas de conserva y ascetismo y escribo en el blog para arrancarte una sonrisa desde un caber a euro y medio la hora.
Menos mal que me he encontrado esta tarde a las gallegas y he estado tomando un café con ellas y buscando motivos para continuar viviendo en la Fortaleza, pese a los pequeños inconvenientes diarios.
Estudia
Esta tarde he estado viendo Te doy mis ojos de Icíar Bollaín y me acordado de cuando fuimos a Toledo, sobre todo de cuando estuvimos viendo El entierro del Conde Orgaz del Greco mientras un guía lo explicaba en inglés.
Me ha hecho pensar la película, no sólo por el tema de los malos tratos físicos, sino por los malos tratos psicológicos que te anulan como persona y que te obligan a renunciar a tus sueños.
Ya desde antes de venir a la Fortaleza, sólo tenía sueños y mi vida estaba orientada a cumplirlos. Yo no sé que haría sin sueños. Nunca podría estar con nadie que me cercenara con la hoz de la rutina mis alas de angel caído, ni compartir el pan de los buenos días mojados de aburrimiento. Sólo tenemos una vida para despediciarla estornudando por culpa de los ácaros que visten de entresemana.
Mi situación personal no era la misma que la de la película. Era de mí de quien debía huir y sólo huyendo de mí, me he encontrado. Sólo huyendo de tí, te encontrarás a tí misma. Y para huir, ya sabes donde está tu estación de trenes: estudia.
Me ha hecho pensar la película, no sólo por el tema de los malos tratos físicos, sino por los malos tratos psicológicos que te anulan como persona y que te obligan a renunciar a tus sueños.
Ya desde antes de venir a la Fortaleza, sólo tenía sueños y mi vida estaba orientada a cumplirlos. Yo no sé que haría sin sueños. Nunca podría estar con nadie que me cercenara con la hoz de la rutina mis alas de angel caído, ni compartir el pan de los buenos días mojados de aburrimiento. Sólo tenemos una vida para despediciarla estornudando por culpa de los ácaros que visten de entresemana.
Mi situación personal no era la misma que la de la película. Era de mí de quien debía huir y sólo huyendo de mí, me he encontrado. Sólo huyendo de tí, te encontrarás a tí misma. Y para huir, ya sabes donde está tu estación de trenes: estudia.
Capítulo prescindible
Conversación entre dos hombres en un bar de copas.
- ¿Te han dado ya la casa, Oren?
- Sí, me la dieron el jueves de la semana pasada.
- ¿Ya la has inaugurado?
- No, todavía no, pero tengo pensado hacer una fiesta con mis amigos en la terraza, con unos pinchitos morunos, viendo anochecer.
- No, Oren, no me refiero a esa clase de inauguración.
- ¿Entonces?
- Aquí, hay una tradición. Cuando un hombre se compra un picadero, se inaugura con unas moritas.
- Ah, claro.
- ¿Cuántas habitaciones tiene tu casa?
- Bueno, sólo una.
- Una pena. Lo mejor es tener muchas habitaciones. Pero mientras tengas sofá.
Se lo comenté a mi cómplice de la Fortaleza.
- Eso, Oren, es que te quieren captar. ¿Conoces a W, X y Z? Pues se van todos de putas y después lo van contando por ahí. Seguro que necesitan una base de operaciones y por eso te lo han propuesto. O eso, o es que tienes cara de necesitado. Jaja. De todos modos, ten cuidado. No te fies de él. Podría proponerte otras cosas que sé que tampoco te van.
- ¿Te han dado ya la casa, Oren?
- Sí, me la dieron el jueves de la semana pasada.
- ¿Ya la has inaugurado?
- No, todavía no, pero tengo pensado hacer una fiesta con mis amigos en la terraza, con unos pinchitos morunos, viendo anochecer.
- No, Oren, no me refiero a esa clase de inauguración.
- ¿Entonces?
- Aquí, hay una tradición. Cuando un hombre se compra un picadero, se inaugura con unas moritas.
- Ah, claro.
- ¿Cuántas habitaciones tiene tu casa?
- Bueno, sólo una.
- Una pena. Lo mejor es tener muchas habitaciones. Pero mientras tengas sofá.
Se lo comenté a mi cómplice de la Fortaleza.
- Eso, Oren, es que te quieren captar. ¿Conoces a W, X y Z? Pues se van todos de putas y después lo van contando por ahí. Seguro que necesitan una base de operaciones y por eso te lo han propuesto. O eso, o es que tienes cara de necesitado. Jaja. De todos modos, ten cuidado. No te fies de él. Podría proponerte otras cosas que sé que tampoco te van.
La religión de mis vecinos
Los cinco mandamientos del Islam, que significa sumisión, son los siguientes:
1º.- Shahada. -Es el precepto básico. No hay más Dios que Alá y Mahoma es su profeta (La ila illah Alah; Muhamad rasal Allah). Si se repite tres veces en voz alta esta frase, delante de dos testigos, te conviertes directamente al Islam.
2º.- Salat.- Todos los musulmanes han de rezar cinco veces al día mirando hacia la Meca. Quien llama a la oración se llama muecín y siempre empieza su llamada repitiendo cinco veces la misma frase. Allah akbar (Alá es grande). Después continúa diciendo dos veces: soy testigo de que no hay más Dios que Alá, soy testigo de que Mahoma es su profeta, apresuraos a orar, apresuraos al éxito, Alá es grande" y termina con La ila illah Alah (no hay más Dios que Alá).
3º.- Zakat.- Los musulmanes que tengan un cierto nivel económico deben pagar un impuesto anual destinado a los pobres. Así purifican su riquerza.
4º.- Sawm.- Todos los musulmanes tiene la obligación de no comer, ni beber, ni fumar, ni tener relaciones sexuales desde el amanecer hasta la noche durante el mes lunar del Ramadán, al final del cual se celebra la Pascua Chica, que durante unos tres días en los que se desquitan de las privaciones del mes lunar anterior.
5º.- Hach.- Al menos una vez en la vida, los musulmanes tienen la obligación de ir a la Meca, donde está la Kaaba, un edificio de forma cúbica que construyó Adán y donde se guardaban los ídolos que Mahoma expulsó tras la conquista de la Meca.
1º.- Shahada. -Es el precepto básico. No hay más Dios que Alá y Mahoma es su profeta (La ila illah Alah; Muhamad rasal Allah). Si se repite tres veces en voz alta esta frase, delante de dos testigos, te conviertes directamente al Islam.
2º.- Salat.- Todos los musulmanes han de rezar cinco veces al día mirando hacia la Meca. Quien llama a la oración se llama muecín y siempre empieza su llamada repitiendo cinco veces la misma frase. Allah akbar (Alá es grande). Después continúa diciendo dos veces: soy testigo de que no hay más Dios que Alá, soy testigo de que Mahoma es su profeta, apresuraos a orar, apresuraos al éxito, Alá es grande" y termina con La ila illah Alah (no hay más Dios que Alá).
3º.- Zakat.- Los musulmanes que tengan un cierto nivel económico deben pagar un impuesto anual destinado a los pobres. Así purifican su riquerza.
4º.- Sawm.- Todos los musulmanes tiene la obligación de no comer, ni beber, ni fumar, ni tener relaciones sexuales desde el amanecer hasta la noche durante el mes lunar del Ramadán, al final del cual se celebra la Pascua Chica, que durante unos tres días en los que se desquitan de las privaciones del mes lunar anterior.
5º.- Hach.- Al menos una vez en la vida, los musulmanes tienen la obligación de ir a la Meca, donde está la Kaaba, un edificio de forma cúbica que construyó Adán y donde se guardaban los ídolos que Mahoma expulsó tras la conquista de la Meca.
Sigo vivo
Sigo vivo, pero paro muy poco en casa, porque estoy muy liado intentando amueblar la nueva casa.
Cuando tenga un poco de tiempo os cuento.
Mañana empieza de nuevo el fin de semana.
Gracias a todos por leerme y en especial a tí.
Cuando tenga un poco de tiempo os cuento.
Mañana empieza de nuevo el fin de semana.
Gracias a todos por leerme y en especial a tí.
Esta noche me apetecía hablar contigo
Llevo todo el día pensando en sí llamarte al móvil o no, retrasando el momento hasta la noche para dejarte estudiar, mientras ojeaba las fotos que nos hicimos juntos el año pasado, porque sé que estás muy concentrada y sé que de ello dependen la mayoría de tus sueños.
Después de cenar apresuradamente, he marcado tu número y me ha salido esa voz odiosa de que el teléfono marcado no se encuentra disponible y me he sentido solo y se ha derrumbado el suelo y me he caido al piso de abajo (ahora veo a los vecinos) por culpa del insoportable peso de la distancia. Aunque esta semana hemos hablado por teléfono casi todos los días y la última vez fue ayer, esta noche me apetecía hablar contigo.
Creo que te sientes engañada y que piensas que no soy sincero contigo, porque ayer te dije que, aunque me llamara tú ya sabes quién no iba a quedar con ella. Al principio le dije que no, que no tenía intención de salir y que me iba a quedar leyendo en casa, pero como soy un poco imbécil, pensé que no podía dejarla tirada y que, si precisamente había acudido a mí, era porque no tenía a nadie más. Ella había planeado el fin de semana para ser feliz (soy consciente de que sin que yo entrara en sus planes) y se le fue todo al carajo.
Aunque anoche volvimos a salir juntos, no siento nada por ella. No corro tras ella nada más llamarme. No me maneja.
Sólo una mujer ha sido capaz de hechizarme, de que entrara en trance y aprendiera a balbucear el quechua. Si ella me lo hubiera pedido habría roto mi sombra en pedazos con mis manos y los dejaría que se los llevara el viento o que se ahogaran en el mar.
No quiero volver a enamorame, no quiero ser dependiente, no quiero sufrir más porque me falte el pinchazo hipodérmico del amor.
A las seis y media de la mañana subí a la terraza desnuda de mi nueva casa y escuché la llamada casi silenciosa del muecín. Cuando bajé todavía era de noche, pero sabía que pronto volvería a amanecer.
Después de cenar apresuradamente, he marcado tu número y me ha salido esa voz odiosa de que el teléfono marcado no se encuentra disponible y me he sentido solo y se ha derrumbado el suelo y me he caido al piso de abajo (ahora veo a los vecinos) por culpa del insoportable peso de la distancia. Aunque esta semana hemos hablado por teléfono casi todos los días y la última vez fue ayer, esta noche me apetecía hablar contigo.
Creo que te sientes engañada y que piensas que no soy sincero contigo, porque ayer te dije que, aunque me llamara tú ya sabes quién no iba a quedar con ella. Al principio le dije que no, que no tenía intención de salir y que me iba a quedar leyendo en casa, pero como soy un poco imbécil, pensé que no podía dejarla tirada y que, si precisamente había acudido a mí, era porque no tenía a nadie más. Ella había planeado el fin de semana para ser feliz (soy consciente de que sin que yo entrara en sus planes) y se le fue todo al carajo.
Aunque anoche volvimos a salir juntos, no siento nada por ella. No corro tras ella nada más llamarme. No me maneja.
Sólo una mujer ha sido capaz de hechizarme, de que entrara en trance y aprendiera a balbucear el quechua. Si ella me lo hubiera pedido habría roto mi sombra en pedazos con mis manos y los dejaría que se los llevara el viento o que se ahogaran en el mar.
No quiero volver a enamorame, no quiero ser dependiente, no quiero sufrir más porque me falte el pinchazo hipodérmico del amor.
A las seis y media de la mañana subí a la terraza desnuda de mi nueva casa y escuché la llamada casi silenciosa del muecín. Cuando bajé todavía era de noche, pero sabía que pronto volvería a amanecer.
Yo tenía una casa en África
No sé cuánto tiempo me quedaré viviendo en la Fortaleza, pero estoy seguro que alguna vez, citando el principio de Memorias de África, diré a tus nietos que yo tenía una casa en África.
El jueves por fin me dieron las llaves y ésto es lo que se ve desde mis ventanas.


El jueves por fin me dieron las llaves y ésto es lo que se ve desde mis ventanas.


La librería
En una callejuela oculta de la Fortaleza se esconde una librería de viejo, cuyo propietario es un musulmán políglota, miope y sentimental, de edad avanzada que siempre confunde mi nombre cuando me saluda, aunque recuerda mi rostro, porque yo nunca le regateo lo que me pide.
La tienda está completamente anegada de pilares de libros (la luz ni siquiera puede entrar por las ventanas) ordenados por el azar del tiempo y tan diferentes de los anaqueles de la biblioteca de Borges como si fuera la imagen distorsionada de un espejo mágico, pero también en varios idiomas (abundan sobre todo el español y el árabe) que parece que sostienen el techo y que tienes que esquivar con destreza porque al mínimo roce se tambalean y puedes provocar un alud de letras impresas, que luego es muy dificil recoger porque parece que están vivas y desean escapar de su celda de papel, escribiendo libros imposibles que intentan descifrar el sentido de la vida. No suele tener muchos compradores, y sin embargo, sigue acumulando libros y libros.
El librero siempre está jodido de frío: suele llevar casi todo el año un gabán y tiene una estufa de gas encendida a todas horas que por educación apaga cuando entra un cliente. Rebuscando entre los montones de libros puedes encontrar el libro de filosofía que estudiaste en COU, la cartilla Álvarez con la que aprendieron a leer tus padres en el colegio, los evangelios apócrifos, el Corán o diccionarios de español-rifeño anteriores a la Guerra Civil.
Cuando le preguntas cuánto vale un libro se lo acerca a su nariz y lo huele. Al principio pensé que se lo acercaba tanto porque no podía ver el precio garabateado en la primera página, pero después de comprobarlo varias veces comprendí que no había ningún precio y que, efectivamente, lo olía. No sé que criterios rigen su olfato, si huele la humedad del papel, el polvo, el olor de la tinta, o el perfume de sus personajes, pero su nariz le suele oler de más.
A pesar de que apenas hay sitio entre los cimientos de libros, el librero enseña con paciencia idiomas (generalmente inglés, francés o alemán) a adultos que tienen pensado emigrar a cualquier país de Europa para buscarse la vida.
Si no fuera porque ya tengo pensado donar todos mis libros a una biblioteca pública del tercer mundo, en cuanto me vaya de la Fortaleza, le regalaría todos mis libros, salvo los que me hayas regalado tú.
La tienda está completamente anegada de pilares de libros (la luz ni siquiera puede entrar por las ventanas) ordenados por el azar del tiempo y tan diferentes de los anaqueles de la biblioteca de Borges como si fuera la imagen distorsionada de un espejo mágico, pero también en varios idiomas (abundan sobre todo el español y el árabe) que parece que sostienen el techo y que tienes que esquivar con destreza porque al mínimo roce se tambalean y puedes provocar un alud de letras impresas, que luego es muy dificil recoger porque parece que están vivas y desean escapar de su celda de papel, escribiendo libros imposibles que intentan descifrar el sentido de la vida. No suele tener muchos compradores, y sin embargo, sigue acumulando libros y libros.
El librero siempre está jodido de frío: suele llevar casi todo el año un gabán y tiene una estufa de gas encendida a todas horas que por educación apaga cuando entra un cliente. Rebuscando entre los montones de libros puedes encontrar el libro de filosofía que estudiaste en COU, la cartilla Álvarez con la que aprendieron a leer tus padres en el colegio, los evangelios apócrifos, el Corán o diccionarios de español-rifeño anteriores a la Guerra Civil.
Cuando le preguntas cuánto vale un libro se lo acerca a su nariz y lo huele. Al principio pensé que se lo acercaba tanto porque no podía ver el precio garabateado en la primera página, pero después de comprobarlo varias veces comprendí que no había ningún precio y que, efectivamente, lo olía. No sé que criterios rigen su olfato, si huele la humedad del papel, el polvo, el olor de la tinta, o el perfume de sus personajes, pero su nariz le suele oler de más.
A pesar de que apenas hay sitio entre los cimientos de libros, el librero enseña con paciencia idiomas (generalmente inglés, francés o alemán) a adultos que tienen pensado emigrar a cualquier país de Europa para buscarse la vida.
Si no fuera porque ya tengo pensado donar todos mis libros a una biblioteca pública del tercer mundo, en cuanto me vaya de la Fortaleza, le regalaría todos mis libros, salvo los que me hayas regalado tú.
Historias de la frontera (III)
Ayer estaba lloviznando, por lo que cuando cruzamos la frontera con el coche apenas había gente cruzándola andando.
En principio íbamos a Zelouane (a unos treinta kilómetros de la Fortaleza), por donde había pasado alguna vez, pero donde nunca había estado antes, pero cuando ya estábamos a mitad de camino, nos dimos cuenta que el coche estaba ya en la reserva. ¡A mi amiga se le había olvidado echar gasolina! Decidimos dejar el coche en Nador y dar una vuelta por una ciudad que ya conocemos de sobra.
Nador no tiene nada que ver, salvo un cuartel de regulares español, completamente en ruinas. Es una ciudad que ha crecido desordenamente desde la independencia de Marruecos, gracias a la cercanía de la Fortaleza (está a unos catorce kilómetros), y cuyo puerto compite con el nuestro. Desde la alambrada del dique sur se ven los ferrys marroquíes que van hasta Málaga y Almería. En algunas calles todavía hay restos de las vías del tren de las minas de minerales del Rif que explotábamos los españoles durante el Protectorado.
Si dejas el coche cerca de unos galerías comerciales que imitan a un zoco y que los fortalecienses llaman el Corte Inglé, tienes que pagar a unos guardias privados que con gorra de plato, chaleco reflectante y un palo en la mano, te piden cinco dirhams (unos cincuenta céntimos) por cuidártelo, pero si lo dejas en una calle más del interior, como hicimos ayer, te ahorras ese pequeño impuesto. En Marruecos me llama la atención la manera que tiene todo el mundo de inventarse un trabajo para ganarse la vida.
Fuimos a comer a un restaurante local donde éramos los únicos aromis y donde por ciento noventa dirhams (unos diecinueve euros) comimos harira (una sopa muy especiada que sirven en un tazón con la que se rompe el ayuno del Ramadán), ensalada y una fritura de pescado (salmonetes, calamares, gambas, pescadilla y otros cuyo no nombre no quiero acordarme), dos coca-colas (no venden generalmente alcohol y la globalización ha llegado a todos los rincones) y dos tés con shiva (una planta aromática local que le da un gusto un poco más amargo que la hierbabuena) que nos sirvieron en vaso alto, parecido al de tubo pero más ancho. Afortunadamente a Marruecos no ha llegado la ley antitabaco y después de comer pude disfrutar de un cigarrito para bajar todo lo había devorado.
Después estuvimos dando una vuelta por el paseo marítimo de Nador, donde en una patera se daba una vuelta a quien quisiera por la Mar Chica. Llama la atención lo vivas que están las calles, a diferencia de en la Fortaleza, donde, como ha he dicho más de una vez, apenas va nadie andando. Se ve de todo: desde hombres y mujeres con chilaba y pañuelo, hasta jóvenes con empetrés escuchando música raï y mujeres occidentalizadas hablando por el móvil con falda rozando las rodillas y botas largas de tacón. En uno de las avenidas principales (Avenida de Mohemed V), las terrazas estaban llenas de hombres tomando té y mirando en pantallas de plasma enomres un partido de fútbol de la liga española en nuestro idioma.
Cuando ya estaba anocheciendo empezaron a llamar a la oración (Allahu akbar) desde la mezquita Central, cuyo minarete de techo triangular de color verde es tan alto que se ve desde varios kilómetros de distancia. Por las puertas se veía a decenas de hombres, arrodillados en el suelo, con los pies descalzos. Nunca he entrado en una mezquita en plena ceremonía, pero no penséis que no tengo curiosidad.
Después de tomarnos ún café, fuimos a por el coche y nos volvimos para la Fortaleza, rezando para que no se parara antes de encontrar una gasolinera. Después de preguntar en varias, tuvimos que echarle al coche (pobre catalizador) gasolina super normal porque no tenía sin plomo. El problema es que, como ya era de noche y había vuelto a llover, no vimos a nadie vendiendo garrafas de gasolina de la Fortaleza que seguro que, aparte de estar mejor abastecidos y tener sin plomo, son más baratas.
La frontera por la que habíamos salido por la mañana, estaba saturada de coches. Dedicimos cruzar por la otra, la de Farkhana. En el camino, ya tenía cobertura de nuevo en el móvil y vi tu llamada perdida. Mientras a mi derecha veía las luces del perímetro fronterizo, te mandé un sms diciéndote que luego te llamaba.
Como has podido leer no hice nada de especial, pero escapar durante unas horas de la jaula en que, por momentos, me siento en la Fortaleza, me hace sonreir de nuevo.
PD. El sábado por la noche no salí. Mandé un sms a quien tenía que mandárselo y me quedé en casa leyendo.
En principio íbamos a Zelouane (a unos treinta kilómetros de la Fortaleza), por donde había pasado alguna vez, pero donde nunca había estado antes, pero cuando ya estábamos a mitad de camino, nos dimos cuenta que el coche estaba ya en la reserva. ¡A mi amiga se le había olvidado echar gasolina! Decidimos dejar el coche en Nador y dar una vuelta por una ciudad que ya conocemos de sobra.
Nador no tiene nada que ver, salvo un cuartel de regulares español, completamente en ruinas. Es una ciudad que ha crecido desordenamente desde la independencia de Marruecos, gracias a la cercanía de la Fortaleza (está a unos catorce kilómetros), y cuyo puerto compite con el nuestro. Desde la alambrada del dique sur se ven los ferrys marroquíes que van hasta Málaga y Almería. En algunas calles todavía hay restos de las vías del tren de las minas de minerales del Rif que explotábamos los españoles durante el Protectorado.
Si dejas el coche cerca de unos galerías comerciales que imitan a un zoco y que los fortalecienses llaman el Corte Inglé, tienes que pagar a unos guardias privados que con gorra de plato, chaleco reflectante y un palo en la mano, te piden cinco dirhams (unos cincuenta céntimos) por cuidártelo, pero si lo dejas en una calle más del interior, como hicimos ayer, te ahorras ese pequeño impuesto. En Marruecos me llama la atención la manera que tiene todo el mundo de inventarse un trabajo para ganarse la vida.
Fuimos a comer a un restaurante local donde éramos los únicos aromis y donde por ciento noventa dirhams (unos diecinueve euros) comimos harira (una sopa muy especiada que sirven en un tazón con la que se rompe el ayuno del Ramadán), ensalada y una fritura de pescado (salmonetes, calamares, gambas, pescadilla y otros cuyo no nombre no quiero acordarme), dos coca-colas (no venden generalmente alcohol y la globalización ha llegado a todos los rincones) y dos tés con shiva (una planta aromática local que le da un gusto un poco más amargo que la hierbabuena) que nos sirvieron en vaso alto, parecido al de tubo pero más ancho. Afortunadamente a Marruecos no ha llegado la ley antitabaco y después de comer pude disfrutar de un cigarrito para bajar todo lo había devorado.
Después estuvimos dando una vuelta por el paseo marítimo de Nador, donde en una patera se daba una vuelta a quien quisiera por la Mar Chica. Llama la atención lo vivas que están las calles, a diferencia de en la Fortaleza, donde, como ha he dicho más de una vez, apenas va nadie andando. Se ve de todo: desde hombres y mujeres con chilaba y pañuelo, hasta jóvenes con empetrés escuchando música raï y mujeres occidentalizadas hablando por el móvil con falda rozando las rodillas y botas largas de tacón. En uno de las avenidas principales (Avenida de Mohemed V), las terrazas estaban llenas de hombres tomando té y mirando en pantallas de plasma enomres un partido de fútbol de la liga española en nuestro idioma.
Cuando ya estaba anocheciendo empezaron a llamar a la oración (Allahu akbar) desde la mezquita Central, cuyo minarete de techo triangular de color verde es tan alto que se ve desde varios kilómetros de distancia. Por las puertas se veía a decenas de hombres, arrodillados en el suelo, con los pies descalzos. Nunca he entrado en una mezquita en plena ceremonía, pero no penséis que no tengo curiosidad.
Después de tomarnos ún café, fuimos a por el coche y nos volvimos para la Fortaleza, rezando para que no se parara antes de encontrar una gasolinera. Después de preguntar en varias, tuvimos que echarle al coche (pobre catalizador) gasolina super normal porque no tenía sin plomo. El problema es que, como ya era de noche y había vuelto a llover, no vimos a nadie vendiendo garrafas de gasolina de la Fortaleza que seguro que, aparte de estar mejor abastecidos y tener sin plomo, son más baratas.
La frontera por la que habíamos salido por la mañana, estaba saturada de coches. Dedicimos cruzar por la otra, la de Farkhana. En el camino, ya tenía cobertura de nuevo en el móvil y vi tu llamada perdida. Mientras a mi derecha veía las luces del perímetro fronterizo, te mandé un sms diciéndote que luego te llamaba.
Como has podido leer no hice nada de especial, pero escapar durante unas horas de la jaula en que, por momentos, me siento en la Fortaleza, me hace sonreir de nuevo.
PD. El sábado por la noche no salí. Mandé un sms a quien tenía que mandárselo y me quedé en casa leyendo.
¿?
La amiga antes conocida como una letra acaba de despertarme.
No han sido sus ronquidos ni me ha golpeado con el brazo al girarse, sino porque me ha LLAMADO (nada de sms) con el móvil.
- Oren ¿vamos a salir esta noche?
¿?
Flashback:
Anoche, poco después de escribir el último comentario, me llamó un amigo para salir. Era la primera vez en mucho tiempo que salía únicamente con tíos. No recordaba lo deprimente que era salir en ese plan. Cazadores de la noche, príapos posmodernos, acodados en la barra, con una copa de la mano, buscando posible apareamiento.
Searching target....
Localizada rubia con escote similar a un precipio donde suicidarse.
Iniciando fase de acercamiento.
Five, four, three, two, one.
- Hola, me llamo...
Ni puto caso.
Abort mission.
Cambio de pub.
No me gusta salir así. La noche es para disfrutar y para relajarse, no para romperse el tarro buscando sonrisas de payaso dibujadas con barra de labios. Además mi cola desplegada de pavo real no puede resumirse en un telegrama de presentación nocturno.
Me encanta salir con amigas. Sales a divertirte sin buscar nada (salvo el agujero en la cartera por donde se te escapa el dinero), aunque los ojos se te vayan igualmente y algunas se los guarden en los bolsillos traseros de sus vaqueros y acabes bailando con desconocidas que te olvidan en cuanto se quitan el rimel de los ojos.
Por eso he dicho a la amiga antes conocida como una letra que sí, que esta noche quedo con ella, aunque también llamaré a mis otras amigas y a uno de los amigos con los que quedé anoche, a pesar de que soy consciente que la amiga antes conocida como una letra, me llama porque el tío con el que está tonteando no vive en la Fortaleza y necesita un brazo donde agarrarse los sábados por la noche que no está presente.
Pero esta noche me voy a cuidar un poco, porque mañana seguramente tenga que madrugar para ir a Marruecos.
PD.- Os dejo el enlace a una foto del paseo marítimo de Nador que he encontrado por la red. Eso que parece un barco es una cafetería desde donde hice la foto que aparece en el margen, mientras tomaba un té con hierbabuena.
No han sido sus ronquidos ni me ha golpeado con el brazo al girarse, sino porque me ha LLAMADO (nada de sms) con el móvil.
- Oren ¿vamos a salir esta noche?
¿?
Flashback:
Anoche, poco después de escribir el último comentario, me llamó un amigo para salir. Era la primera vez en mucho tiempo que salía únicamente con tíos. No recordaba lo deprimente que era salir en ese plan. Cazadores de la noche, príapos posmodernos, acodados en la barra, con una copa de la mano, buscando posible apareamiento.
Searching target....
Localizada rubia con escote similar a un precipio donde suicidarse.
Iniciando fase de acercamiento.
Five, four, three, two, one.
- Hola, me llamo...
Ni puto caso.
Abort mission.
Cambio de pub.
No me gusta salir así. La noche es para disfrutar y para relajarse, no para romperse el tarro buscando sonrisas de payaso dibujadas con barra de labios. Además mi cola desplegada de pavo real no puede resumirse en un telegrama de presentación nocturno.
Me encanta salir con amigas. Sales a divertirte sin buscar nada (salvo el agujero en la cartera por donde se te escapa el dinero), aunque los ojos se te vayan igualmente y algunas se los guarden en los bolsillos traseros de sus vaqueros y acabes bailando con desconocidas que te olvidan en cuanto se quitan el rimel de los ojos.
Por eso he dicho a la amiga antes conocida como una letra que sí, que esta noche quedo con ella, aunque también llamaré a mis otras amigas y a uno de los amigos con los que quedé anoche, a pesar de que soy consciente que la amiga antes conocida como una letra, me llama porque el tío con el que está tonteando no vive en la Fortaleza y necesita un brazo donde agarrarse los sábados por la noche que no está presente.
Pero esta noche me voy a cuidar un poco, porque mañana seguramente tenga que madrugar para ir a Marruecos.
PD.- Os dejo el enlace a una foto del paseo marítimo de Nador que he encontrado por la red. Eso que parece un barco es una cafetería desde donde hice la foto que aparece en el margen, mientras tomaba un té con hierbabuena.
Me lees!!!!
Ahora que sé, desde que anoche hablaste conmigo por teléfono, que desde mi ciudad de origen me lees con tu bola de cristal, me animo más a escribir este diario de ausencias. La verdad es que no esperaba que lo hicieras, a pesar de que te dí la dirección hace tiempo.
Hoy a las dos y media he salido de trabajar y he quedado con mis amigas de la Fortaleza (sabes de sobra quienes son) y acabo de llegar ahora, un poco contaminado de alegría. Como casi siempre era el único hombre rodeado de cuatro mujeres. Mi cómplice aquí (ya sabes que su nombre empieza por M.) se ha ido un poco antes y me ha dicho que el domingo me llama para hacer una excursión por Marruecos.
Llevaré la cámara para hacer unas fotos y las colgaré en esta página, si merecen la pena, para que veas lo que mis ojos ven. Aunque lo más seguro es que acabemos en Nador (personalmente preferiría atravesar el Cabo de Tres Forcas), que ya lo conoces de sobra, a pesar de que me recrimenes que apenas te lo desnudara.
Hoy he estado bailando, gracias a todo lo que aprendí a tu lado, con una mujer que ha dejado su perfume en mis manos. No tiene ningún mérito porque yo soy de los pocos que bailan por aquí. Mal, eso sí, pero que bailan. Mi cómplice aquí, me dice que no ligo más porque no quiero. La verdad es que, en realidad no sé si quiero ligar. Quiero que me quieran sin tener que querer a cambio, porque querer sin que te quieran duele mucho.
La de Graná me ha dicho esta tarde que cuando se casé con su novio y tenga niños, me los dejará a mí para que los cuide, pero siempre que sea por la tarde, porque está segura que yo los trataré bien y porque me ve más niño que a sus hijos que aún no han nacido. Eso sí, por la noche nada de nada. Que me ve capaz de llevarles de copas al Mc Cloud.
Me mola eso de que entiendas cada una de las iniciales que pongo y que sepas en cada momento de quien estoy hablando, porque mi vida para tí no tiene secretos. Sé que haga lo que haga, nunca podré perderte, porque nunca te he tenido. Espero que estés estudiando y que todo te vaya bien.
Suavemente, te besa, mientras escucha a los Smashing Pumpkins.
Hoy a las dos y media he salido de trabajar y he quedado con mis amigas de la Fortaleza (sabes de sobra quienes son) y acabo de llegar ahora, un poco contaminado de alegría. Como casi siempre era el único hombre rodeado de cuatro mujeres. Mi cómplice aquí (ya sabes que su nombre empieza por M.) se ha ido un poco antes y me ha dicho que el domingo me llama para hacer una excursión por Marruecos.
Llevaré la cámara para hacer unas fotos y las colgaré en esta página, si merecen la pena, para que veas lo que mis ojos ven. Aunque lo más seguro es que acabemos en Nador (personalmente preferiría atravesar el Cabo de Tres Forcas), que ya lo conoces de sobra, a pesar de que me recrimenes que apenas te lo desnudara.
Hoy he estado bailando, gracias a todo lo que aprendí a tu lado, con una mujer que ha dejado su perfume en mis manos. No tiene ningún mérito porque yo soy de los pocos que bailan por aquí. Mal, eso sí, pero que bailan. Mi cómplice aquí, me dice que no ligo más porque no quiero. La verdad es que, en realidad no sé si quiero ligar. Quiero que me quieran sin tener que querer a cambio, porque querer sin que te quieran duele mucho.
La de Graná me ha dicho esta tarde que cuando se casé con su novio y tenga niños, me los dejará a mí para que los cuide, pero siempre que sea por la tarde, porque está segura que yo los trataré bien y porque me ve más niño que a sus hijos que aún no han nacido. Eso sí, por la noche nada de nada. Que me ve capaz de llevarles de copas al Mc Cloud.
Me mola eso de que entiendas cada una de las iniciales que pongo y que sepas en cada momento de quien estoy hablando, porque mi vida para tí no tiene secretos. Sé que haga lo que haga, nunca podré perderte, porque nunca te he tenido. Espero que estés estudiando y que todo te vaya bien.
Suavemente, te besa, mientras escucha a los Smashing Pumpkins.
Prohibido perder el tiempo
La otra tarde, tomando unos vinos, con mi mejor amiga de la Fortaleza (para mí es mi hermana mayor porque es de mi tierra y tengo mucha complicidad con ella), estuvimos hablando de lo importante que es no perder el tiempo.
La vida a veces tiene momentos vacíos, paisajes lunares en los que ni siquiera se deja una huella que te recuerde. Queremos alejarnos todo lo que podamos de ellos.
Por eso empecé a planear con ella, dónde nos vamos a ir este año de viaje. De momento tenemos un destino: Marrakech. Nos vamos a apuntar juntos a estudiar árabe marroquí (ya tenemos un profesor nativo que nos enseñe) para poder mezclarnos más con la población autóctona dentro de unos pocos meses.
Ella llegó unos años antes que yo a la Fortaleza y fue quien me inoculó el virus de viajar por Marruecos. Con ella he llegado hasta la frontera de Argelia. Le encanta el país vecino y ha estado en muchos más lugares que yo. Su problema es que como es una mujer no se atreve a cruzar la frontera sola y la mayoría de la gente con la que iba, o se ha marchado de la Fortaleza o se ha acomodado a los placeres de la vida diaria. Siempre dice que siente abusar de mí, porque cuando quiere ir al otro lado me llama para que la acompañe, pero la verdad es que soy yo quien siente que abusa de ella.
El momento de cruzar la frontera siempre es el más estresante, pero en cuanto la atravieso y veo a mi izquierda la Mar Chica y a mi derecha el Gurugú, me da por soñar con que debería abandonar todo y continuar con el coche hasta Ciudad del Cabo. Adelantamos con el coche a un viejo con la chilaba raída a lomos de un burro con alforjas llenas de frutas, taxis colectivos suicidas atestados que paran en los arcenes sin avisar, niños con los mocos colgando vendiendo garrafas de gasolina de la Fortaleza o esparragos trigueros, mezquitas de techo verde que apuñalan la barriga del cielo con sus minaretes, controles de gendarmes marroquíes con bigote y gorra de plato, mansiones suntuosas en medio de ninguna parte que dicen fruto del narcotráfico...
Continuaré otro día porque curiosamente acaba de llamarme al móvil.
- Oren ¿qué haces?
- Nada. ¿Paso a buscarte?
- Venga.
La vida a veces tiene momentos vacíos, paisajes lunares en los que ni siquiera se deja una huella que te recuerde. Queremos alejarnos todo lo que podamos de ellos.
Por eso empecé a planear con ella, dónde nos vamos a ir este año de viaje. De momento tenemos un destino: Marrakech. Nos vamos a apuntar juntos a estudiar árabe marroquí (ya tenemos un profesor nativo que nos enseñe) para poder mezclarnos más con la población autóctona dentro de unos pocos meses.
Ella llegó unos años antes que yo a la Fortaleza y fue quien me inoculó el virus de viajar por Marruecos. Con ella he llegado hasta la frontera de Argelia. Le encanta el país vecino y ha estado en muchos más lugares que yo. Su problema es que como es una mujer no se atreve a cruzar la frontera sola y la mayoría de la gente con la que iba, o se ha marchado de la Fortaleza o se ha acomodado a los placeres de la vida diaria. Siempre dice que siente abusar de mí, porque cuando quiere ir al otro lado me llama para que la acompañe, pero la verdad es que soy yo quien siente que abusa de ella.
El momento de cruzar la frontera siempre es el más estresante, pero en cuanto la atravieso y veo a mi izquierda la Mar Chica y a mi derecha el Gurugú, me da por soñar con que debería abandonar todo y continuar con el coche hasta Ciudad del Cabo. Adelantamos con el coche a un viejo con la chilaba raída a lomos de un burro con alforjas llenas de frutas, taxis colectivos suicidas atestados que paran en los arcenes sin avisar, niños con los mocos colgando vendiendo garrafas de gasolina de la Fortaleza o esparragos trigueros, mezquitas de techo verde que apuñalan la barriga del cielo con sus minaretes, controles de gendarmes marroquíes con bigote y gorra de plato, mansiones suntuosas en medio de ninguna parte que dicen fruto del narcotráfico...
Continuaré otro día porque curiosamente acaba de llamarme al móvil.
- Oren ¿qué haces?
- Nada. ¿Paso a buscarte?
- Venga.