¿Tiene precio la soledad?
Si la soledad se mide por facturas de teléfono, el mes pasado me sentí cien euros.
Si la soledad se puede dividir en conceptos estadísticos, el mes pasado me sentí dos tercios nostálgico y un tercio soñador.
Si la soledad son los libros que me compré, el mes pasado fueron Brooklyn Follies de Paul Auster, Siddarta de Herman Hesse, Guía para una globalización alternativa de Francisco Fernández Buey y El Pintor de Batallas de Arturo Pérez Reverte, aparte del National Geografic, el Digital Camera, el Rock Deluxe y el País los fines de semana.
Si la soledad son billetes de avión, el mes pasado me sentí un billete para la Isla y otro para Granada.
Si la soledad es un disco, el mes pasado me sentí Freak Show de Bunbury.
Si la soledad es una anécdotra, el mes pasado fui un sofá ajeno de dos metros y medio subido a pulso y con cuerdas por la ventana de una casa que no era la mía, ni la tuya, ni la de mi amiga antes conocida como una letra, pero sí la de un amigo suyo, del que se ha enamorado.
Si la soledad es un aparato electrónico, el mes pasado me sentí la tarjeta PCMCIA con la que me conecto a internet desde mi portátil.
Si la soledad es una palabra, el mes pasado la pronunciaban todos los niños de un año.
Si la soledad es un plato de comida, el mes pasado fui garbanzos con arroz, con un sofrito de cebolla, harina y pimentón.
Si la soledad es ropa, este mes quiero el traje nuevo del Emperador, que sólo los idiotas no pueden ver.
P.D.- Ánimo, hayati.
Si la soledad se puede dividir en conceptos estadísticos, el mes pasado me sentí dos tercios nostálgico y un tercio soñador.
Si la soledad son los libros que me compré, el mes pasado fueron Brooklyn Follies de Paul Auster, Siddarta de Herman Hesse, Guía para una globalización alternativa de Francisco Fernández Buey y El Pintor de Batallas de Arturo Pérez Reverte, aparte del National Geografic, el Digital Camera, el Rock Deluxe y el País los fines de semana.
Si la soledad son billetes de avión, el mes pasado me sentí un billete para la Isla y otro para Granada.
Si la soledad es un disco, el mes pasado me sentí Freak Show de Bunbury.
Si la soledad es una anécdotra, el mes pasado fui un sofá ajeno de dos metros y medio subido a pulso y con cuerdas por la ventana de una casa que no era la mía, ni la tuya, ni la de mi amiga antes conocida como una letra, pero sí la de un amigo suyo, del que se ha enamorado.
Si la soledad es un aparato electrónico, el mes pasado me sentí la tarjeta PCMCIA con la que me conecto a internet desde mi portátil.
Si la soledad es una palabra, el mes pasado la pronunciaban todos los niños de un año.
Si la soledad es un plato de comida, el mes pasado fui garbanzos con arroz, con un sofrito de cebolla, harina y pimentón.
Si la soledad es ropa, este mes quiero el traje nuevo del Emperador, que sólo los idiotas no pueden ver.
P.D.- Ánimo, hayati.
Sahbi (Mi amigo)
La otra mañana me alegré un montón cuando me encontré con mi amigo musulmán. No le veía desde el verano pasado y está igual que siempre, sonriente, con su gorra de beisbol de los yanquis y sus ojos que cuando le da la luz de lleno me parecen verdes.
Nació en Marruecos, en Beni Enzar, que significa hijos de cristianos, en la frontera con la Fortaleza, pero como muchos rifeños no se considera marroquí, sino amazigh (hombre libre). Tiene DNI y cuando lo comparo conmigo, me pregunto qué significa ser español.
Le envidio porque habla varios idiomas. Su lengua materna es el tamazight (un dialecto bereber). El árabe, como todos los rifeños, lo aprendió cuando fue al colegio. Me cuenta que su profesor los insultaba y los llamaba burros porque, al no hablar árabe, no entendían nada de lo que les explicaba. Aún así continuó estudiando, aprendió francés y terminó una carrera, que al no estar homologada en España, no le sirve de nada y trabaja en lo que puede. El español lo aprendió en la Fortaleza, cuando no existía frontera y se podía entrar y salir sin papeles. El holandés lo habla desde que emigró a Rotterdam, donde conserva una amiga especial (como tú lo eres para mí) con la que se hace varias llamadas perdidas todos los días para decirse que están vivos y que se acuerdan el uno del otro. Ahora está interesado en aprender inglés.
Fue él quien me enseñó las cuatro palabras que sé de árabe, quien me mostró la Fortaleza desde otro punto de vista, quien me contó anécdotas del Corán, quien me presentó a sus amigos de Nador, con los que me entendí chapurreando inglés ,y quien me llevó a Monte Arruit, donde, en la época del desastre de Annual, los seguidores de Abdelkrim el Jatabi masacraron y mutilaron (varios cadáveres aparecieron con los genitales en la boca) a la guarnición española. En el antiguo cuartel ahora se celebra un zoco los sábados, donde, sentados en el suelo y bajo una haima que nos protegía del sol, y nos separaba de los vendedores de fruta y hortalizas, me invitó a comer con las manos kefta (carne picada), como la que tú y yo comimos cuando fuimos a Fez, y nos tomamos atay jdar b´naana (té con hierbabuena), mientras a nuestro alrededor se cerraban tratos de venta de ganado y los mendigos pedían wahed dirham (una moneda marroquí).
Le encanta perderse por el Gurugú y no soporta que se construyan mezquitas en medio del monte, porque cree que todas las religiones matan. Su ideario político se resume en el respeto a los derechos humanos y sueña con que la Unión Europea se extienda por todo el Mediterráneo.
La otra mañana me encontré con mi amigo y me dijo que la carretera que bordea el Mediterráneo y que irá desde Saidia (junto a la Frontera con Argelia) hasta Tetuán (junto a la otra Fortaleza), ya llega a Al-Hoceima, donde desembarcaron las tropas españolas para reconquistar el Rif, y que un día quedamos para tomar un té y planear un viaje por Marruecos.
Sahbi barakalofik (amigo mío, gracias).
Nació en Marruecos, en Beni Enzar, que significa hijos de cristianos, en la frontera con la Fortaleza, pero como muchos rifeños no se considera marroquí, sino amazigh (hombre libre). Tiene DNI y cuando lo comparo conmigo, me pregunto qué significa ser español.
Le envidio porque habla varios idiomas. Su lengua materna es el tamazight (un dialecto bereber). El árabe, como todos los rifeños, lo aprendió cuando fue al colegio. Me cuenta que su profesor los insultaba y los llamaba burros porque, al no hablar árabe, no entendían nada de lo que les explicaba. Aún así continuó estudiando, aprendió francés y terminó una carrera, que al no estar homologada en España, no le sirve de nada y trabaja en lo que puede. El español lo aprendió en la Fortaleza, cuando no existía frontera y se podía entrar y salir sin papeles. El holandés lo habla desde que emigró a Rotterdam, donde conserva una amiga especial (como tú lo eres para mí) con la que se hace varias llamadas perdidas todos los días para decirse que están vivos y que se acuerdan el uno del otro. Ahora está interesado en aprender inglés.
Fue él quien me enseñó las cuatro palabras que sé de árabe, quien me mostró la Fortaleza desde otro punto de vista, quien me contó anécdotas del Corán, quien me presentó a sus amigos de Nador, con los que me entendí chapurreando inglés ,y quien me llevó a Monte Arruit, donde, en la época del desastre de Annual, los seguidores de Abdelkrim el Jatabi masacraron y mutilaron (varios cadáveres aparecieron con los genitales en la boca) a la guarnición española. En el antiguo cuartel ahora se celebra un zoco los sábados, donde, sentados en el suelo y bajo una haima que nos protegía del sol, y nos separaba de los vendedores de fruta y hortalizas, me invitó a comer con las manos kefta (carne picada), como la que tú y yo comimos cuando fuimos a Fez, y nos tomamos atay jdar b´naana (té con hierbabuena), mientras a nuestro alrededor se cerraban tratos de venta de ganado y los mendigos pedían wahed dirham (una moneda marroquí).
Le encanta perderse por el Gurugú y no soporta que se construyan mezquitas en medio del monte, porque cree que todas las religiones matan. Su ideario político se resume en el respeto a los derechos humanos y sueña con que la Unión Europea se extienda por todo el Mediterráneo.
La otra mañana me encontré con mi amigo y me dijo que la carretera que bordea el Mediterráneo y que irá desde Saidia (junto a la Frontera con Argelia) hasta Tetuán (junto a la otra Fortaleza), ya llega a Al-Hoceima, donde desembarcaron las tropas españolas para reconquistar el Rif, y que un día quedamos para tomar un té y planear un viaje por Marruecos.
Sahbi barakalofik (amigo mío, gracias).