Mujeres que fuman ( II )
El tabaco ha dejado ya de ser un símbolo de rebeldía. A lo sumo es otro síntoma del naufragio de nuestra civilización que, en general, ni respeta su pasado (apenas a nadie le interesa la historia, ni la cultura y encerramos a nuestro viejos cuando nos estorban) ni cuida su futuro (los niños son educados por doña televisión y sólo comen porquería prefabricada).
El presente vive desorientado, inmerso en una tremenda crisis existencial, persiguiendo el éxito fácil e inmediato traducido en euros, mientras se desangra y pierde el color verde de las mejillas que ya olvidaron la clorofila de la infancia con las patadas en el culo de trabajos rutinarios por horas mal pagados, haciendo sumas y, sobre todo restas, con la cartilla del banco en una mano y las facturas en la otra, aseteado por los paraísos artificiales del consumo a plazos, mientras ven como caen los posters de líderes revolucionarios sudamericanos, estrellas del rock, científicos irreverentes o escritores inmortales de la paredes que decoraron los sueños de su juventud acribillada, como palomas en la noche de Bagdad, por el kalashnikov de la realidad.
Bueno, que desvarío y se me va la olla.
Fumar ya no es un símbolo de rebeldía, pero para mí, una mujer que fuma es una mujer incorformista cargada con una mochila de preguntas que se sube a un tren para encontrarse a sí misma.
Y si, además, no me hace ni puto caso (mira que soy idiota), me ha vuelto loco para siempre.
El presente vive desorientado, inmerso en una tremenda crisis existencial, persiguiendo el éxito fácil e inmediato traducido en euros, mientras se desangra y pierde el color verde de las mejillas que ya olvidaron la clorofila de la infancia con las patadas en el culo de trabajos rutinarios por horas mal pagados, haciendo sumas y, sobre todo restas, con la cartilla del banco en una mano y las facturas en la otra, aseteado por los paraísos artificiales del consumo a plazos, mientras ven como caen los posters de líderes revolucionarios sudamericanos, estrellas del rock, científicos irreverentes o escritores inmortales de la paredes que decoraron los sueños de su juventud acribillada, como palomas en la noche de Bagdad, por el kalashnikov de la realidad.
Bueno, que desvarío y se me va la olla.
Fumar ya no es un símbolo de rebeldía, pero para mí, una mujer que fuma es una mujer incorformista cargada con una mochila de preguntas que se sube a un tren para encontrarse a sí misma.
Y si, además, no me hace ni puto caso (mira que soy idiota), me ha vuelto loco para siempre.
Mujeres que fuman ( I )
Esta mañana me he entretenido hablando con un amigo homosexual.
Creo que no le traiciono si no desvelo su identidad y cuento que es apasionado y visceral pero sumamente inteligente y culto, con un sentido del humor que mezcla lo grosero con lo fino. No tiene ni pluma ni inconveniente para hablar de su orientación sexual (nunca entró en el armario porque las perchas se le clavaban en la espalda) . A pesar de tener cincuenta años recién cumplidos, no los aparenta porque siempre lleva un vestuario juvenil y aunque no se puede decir que se cuide físicamente, ha dejado atrás su etapa de alcohol, tabaco y hachís en antros del país vecino. Ahora sólo le interesan los libros, sobre todo biografías y clásicos griegos o romanos y los padres de familia toscos y sin ningún tipo de preparación intelectual, o el amor mercenario en descampados con subsaharianos que saltan la valla que separa la Fortaleza del Hambre y que esperan que no llegue nunca la orden de repatriación.
A mí, en cambio, le he dicho que me gustan las mujeres que fuman.
Hace unos años, según una clasificación trasnochada y rancia, se dividía a las mujeres en dos grupos:
a) Las que no fuman, decentes, tradicionales, con un exacerbado sentido común, del orden y de lo que es debido, educadas para ser perfectas madres de familia.
b) Las que fuman, mujeres fatales del cine negro, inconformistas y que no aceptaban su destino de mujer-madre,
La sociedad ha cambiado y la realidad actual no tiene nada que ver con esta clasificación, pero, mutatis mutandi (joder, que culto me pongo cuando quiero) puede servir para explicar que es lo que me enamora de una mujer.
Creo que no le traiciono si no desvelo su identidad y cuento que es apasionado y visceral pero sumamente inteligente y culto, con un sentido del humor que mezcla lo grosero con lo fino. No tiene ni pluma ni inconveniente para hablar de su orientación sexual (nunca entró en el armario porque las perchas se le clavaban en la espalda) . A pesar de tener cincuenta años recién cumplidos, no los aparenta porque siempre lleva un vestuario juvenil y aunque no se puede decir que se cuide físicamente, ha dejado atrás su etapa de alcohol, tabaco y hachís en antros del país vecino. Ahora sólo le interesan los libros, sobre todo biografías y clásicos griegos o romanos y los padres de familia toscos y sin ningún tipo de preparación intelectual, o el amor mercenario en descampados con subsaharianos que saltan la valla que separa la Fortaleza del Hambre y que esperan que no llegue nunca la orden de repatriación.
A mí, en cambio, le he dicho que me gustan las mujeres que fuman.
Hace unos años, según una clasificación trasnochada y rancia, se dividía a las mujeres en dos grupos:
a) Las que no fuman, decentes, tradicionales, con un exacerbado sentido común, del orden y de lo que es debido, educadas para ser perfectas madres de familia.
b) Las que fuman, mujeres fatales del cine negro, inconformistas y que no aceptaban su destino de mujer-madre,
La sociedad ha cambiado y la realidad actual no tiene nada que ver con esta clasificación, pero, mutatis mutandi (joder, que culto me pongo cuando quiero) puede servir para explicar que es lo que me enamora de una mujer.
Es domingo en la Fortaleza
Es domingo en la Fortaleza.
Acabo de levantarme y de salir del letargo en el que me encerré el día de ayer, en el que no salí de casa.
Cuando anoche, a las doce me llamaron para ver donde estaba, mis amigos se sorprendieron de que no estuviera por ahi un sábado. Incluso mi amiga antes conocida como una letra me mandó un sms para salir pero le contesté diciendo que no.
Ayer no estaba para nadie. Ni siquiera para mí. El próximo cumpleaños lo celebraré un día más tarde, porque el día de ayer no lo viví.
Lo necesitaba.
Además el calor húmedo de la Fortaleza me mata. Me cuesta dormir por las noches. No paro de dar vueltas en la cama y por el día estoy muy cansado. Creo que necesito unas vacaciones en Siberia.
Ahora me iré a por el periódico. Le echaré un ojo por encima y cuando me haya indignado con lo que ocurre en el mundo, me iré a la playa con un libro de Martín Garzo que me mandó E. por correo después de volver de la Isla. Necesito leer, abandonarme, ser un personaje de novela de cuatrocientas y pico páginas.
PD.- Como sigais escribiendo esos comentarios me voy a ruborizar.
Acabo de levantarme y de salir del letargo en el que me encerré el día de ayer, en el que no salí de casa.
Cuando anoche, a las doce me llamaron para ver donde estaba, mis amigos se sorprendieron de que no estuviera por ahi un sábado. Incluso mi amiga antes conocida como una letra me mandó un sms para salir pero le contesté diciendo que no.
Ayer no estaba para nadie. Ni siquiera para mí. El próximo cumpleaños lo celebraré un día más tarde, porque el día de ayer no lo viví.
Lo necesitaba.
Además el calor húmedo de la Fortaleza me mata. Me cuesta dormir por las noches. No paro de dar vueltas en la cama y por el día estoy muy cansado. Creo que necesito unas vacaciones en Siberia.
Ahora me iré a por el periódico. Le echaré un ojo por encima y cuando me haya indignado con lo que ocurre en el mundo, me iré a la playa con un libro de Martín Garzo que me mandó E. por correo después de volver de la Isla. Necesito leer, abandonarme, ser un personaje de novela de cuatrocientas y pico páginas.
PD.- Como sigais escribiendo esos comentarios me voy a ruborizar.
El desorden del tiempo ( y III )
A D. le encantó mi forma de vivir en la Fortaleza.
Un año después de su visita, me cuenta que lo añora y que los pocos días que estuvo por estas tierras, llegó a coger cariño a algunos de mis amigos.
Algo parecido le pasó a E. Sintió la libertad, esa palabra que de tanto bombardear países en su nombre se ha quedado sin contenido.
Aunque, como ya he repetido varias veces, soy un poco desastre y me encanta la estética del loser, tengo claro que mi vida es así por mi trabajo. No llevo reloj, pero en el móvil siempre tengo puesta la alarma a la hora que me tengo que levantar para ir al curro. Me lo tomo muy en serio y nunca he dejado de ir a ganarme las habichuelas por salir la noche anterior de fiesta. Eso sí, el resto del tiempo es mío y dejo que se desordene como un cajón de calcetines sin madre.
Sufro la esquizofrenia del monje guerrero a tiempo parcial que se deja llevar por la vida bohemia.
Persigo la felicidad con una red porque es la mariposa que me falta en mi colección.
Convierto lo absurdo de mi vida en palabras cargadas de sentido del humor porque es la única manera que tengo de soportarla.
Y así cuando la muerte venga a buscarme a mi casa, me jugaré con ella todas las copas a una partida de cartas.

Un año después de su visita, me cuenta que lo añora y que los pocos días que estuvo por estas tierras, llegó a coger cariño a algunos de mis amigos.
Algo parecido le pasó a E. Sintió la libertad, esa palabra que de tanto bombardear países en su nombre se ha quedado sin contenido.
Aunque, como ya he repetido varias veces, soy un poco desastre y me encanta la estética del loser, tengo claro que mi vida es así por mi trabajo. No llevo reloj, pero en el móvil siempre tengo puesta la alarma a la hora que me tengo que levantar para ir al curro. Me lo tomo muy en serio y nunca he dejado de ir a ganarme las habichuelas por salir la noche anterior de fiesta. Eso sí, el resto del tiempo es mío y dejo que se desordene como un cajón de calcetines sin madre.
Sufro la esquizofrenia del monje guerrero a tiempo parcial que se deja llevar por la vida bohemia.
Persigo la felicidad con una red porque es la mariposa que me falta en mi colección.
Convierto lo absurdo de mi vida en palabras cargadas de sentido del humor porque es la única manera que tengo de soportarla.
Y así cuando la muerte venga a buscarme a mi casa, me jugaré con ella todas las copas a una partida de cartas.

El desorden del tiempo ( II )
Cuando S. me trajo a casa ya no estaba ni para una canción de los Ramones, así que me fui a dormir deprimido.
El despertador sonó el viernes a las siete de la mañana y no tenía resaca: estaba sencillamente borracho.
Como soy un poco desastre no había dejado la maleta preparada, así que, todavía riéndome de la conversación de la noche anterior, me puse a hacerla con el tiempo ralentizado como en las escenas de acción de Neo en Matrix y me la lleve al trabajo, no sin antes entrar a un bar a por una botella de agua y un café sólo y cargado en un vaso de plástico.
Hasta que me subí en el avión que me llevó a Graná después de trabajar, no empecé a notar los síntomas de la resaca, y como los restaurantes, a la hora que llegué ya estaban cerrados, me fui a tapear con mis amigos, después de dejar todos los trastos en el hotel, para después proceder al turismo cubatero hasta las siete de la mañana.
El día siguiente, sábado, me levanté temprano y después de desayunar cualquier cosa, nos fuimos a ver La Alhambra, que no la conocía y que me encantó.

Terminamos de verla en torno a las seis de la tarde y buscamos un sitio donde comer algo para después ir al hotel a ducharnos y cambiarnos para ir a la boda de mi amiga, que empezó a las nueve de la noche.
Hasta las doce de la noche no empecé a cenar y después vinieron las copas y el baile y así hasta las ocho y media de la mañana que volvimos al hotel, porque ya estaba todo cerrado y tenía que coger un avión horas después para volver a la Fortaleza.
Era consciente de que llevaba unos días en que el tiempo se había liberado de las cadenas de los horarios y que comía cuando tenía comida delante, bebía cuando tenía una cerveza o una copa delante y dormía cuando tenía una cama delante, es decir, casi nunca.
Hasta que no he dormido unas cuantas horas, no he podido ordenar los recuerdos para escribirlos en el blog. Aunque me ha ayudado que me llamara D. esta tarde.
El despertador sonó el viernes a las siete de la mañana y no tenía resaca: estaba sencillamente borracho.
Como soy un poco desastre no había dejado la maleta preparada, así que, todavía riéndome de la conversación de la noche anterior, me puse a hacerla con el tiempo ralentizado como en las escenas de acción de Neo en Matrix y me la lleve al trabajo, no sin antes entrar a un bar a por una botella de agua y un café sólo y cargado en un vaso de plástico.
Hasta que me subí en el avión que me llevó a Graná después de trabajar, no empecé a notar los síntomas de la resaca, y como los restaurantes, a la hora que llegué ya estaban cerrados, me fui a tapear con mis amigos, después de dejar todos los trastos en el hotel, para después proceder al turismo cubatero hasta las siete de la mañana.
El día siguiente, sábado, me levanté temprano y después de desayunar cualquier cosa, nos fuimos a ver La Alhambra, que no la conocía y que me encantó.

Terminamos de verla en torno a las seis de la tarde y buscamos un sitio donde comer algo para después ir al hotel a ducharnos y cambiarnos para ir a la boda de mi amiga, que empezó a las nueve de la noche.
Hasta las doce de la noche no empecé a cenar y después vinieron las copas y el baile y así hasta las ocho y media de la mañana que volvimos al hotel, porque ya estaba todo cerrado y tenía que coger un avión horas después para volver a la Fortaleza.
Era consciente de que llevaba unos días en que el tiempo se había liberado de las cadenas de los horarios y que comía cuando tenía comida delante, bebía cuando tenía una cerveza o una copa delante y dormía cuando tenía una cama delante, es decir, casi nunca.
Hasta que no he dormido unas cuantas horas, no he podido ordenar los recuerdos para escribirlos en el blog. Aunque me ha ayudado que me llamara D. esta tarde.
El desorden del tiempo ( I )
Aunque la cita a ciegas aún no ha ocurido, he tenido un fin de semana bastante movido.
Empecé el jueves, con la comida de despedida de una amiga que abandona la Fortaleza, que se prolongó hasta las cuatro y media de la mañana.
S. no fue a la comida, pero una amiga suya la telefoneó cuando terminamos y acabé la noche con ella, tomando cervezas en un bar y hablando de la importancia del tiempo en la música. Para S. un concierto tiene que ser como mínimo una ópera cuyo acto final tiene que durar, al menos, HORA Y MEDIA.
- ¿Pero qué dices S. ? ¿Hora y media sin contar la obertura y los diferentes interludios?
- Pues sí.
- Mira, S.: a mí me encanta el grunge y el rock alternativo, y prefiero lo breve pero intenso, con distintos cambios de ritmo. Ya sé que las mujeres teneis más sensibilidad y aunque me emociono con la belleza de algunas arias y en ocasiones escucho fragmentos de Wagner o de Puccini, una ópera entera me aburre.
- Eso es que en tu vida has escuchado buena música en directo.
- A lo mejor, pero yo soy sincero y no voy de snob por la vida. ¿Cuando fue la última vez que estuviste en una ópera?
- A finales del mes pasado.
- Bueno, vamos a dejarnos de eufemismos. No existe ningún tío que esté HORA Y MEDIA metiendo y sacándola sin correrse.
- Que te crees tú eso.
- Bueno, pues sí alguna vez me invitas a un concierto, avísame, que me llevó un libro de Dostoievski y me tumbo bocarriba a leerlo mientras tú interpretas a una soprano, hasta que te quedes sin voz..
TEST DE PERSONALIDAD
Elige una opción
a) Opera
b) Rock
c) Opera-rock
RESPUESTA:
a) Si has elegido ópera o eres un soñador o es que hasta visto tantas pelis que se te ha olvidado que eso solo es cine.
b) Si has elegido rock eres una persona sincera y realista.
c) Si has elegido ópera-rock, eres un capullo y ya me estás dejando un mensaje para decir como lo haces.
Empecé el jueves, con la comida de despedida de una amiga que abandona la Fortaleza, que se prolongó hasta las cuatro y media de la mañana.
S. no fue a la comida, pero una amiga suya la telefoneó cuando terminamos y acabé la noche con ella, tomando cervezas en un bar y hablando de la importancia del tiempo en la música. Para S. un concierto tiene que ser como mínimo una ópera cuyo acto final tiene que durar, al menos, HORA Y MEDIA.
- ¿Pero qué dices S. ? ¿Hora y media sin contar la obertura y los diferentes interludios?
- Pues sí.
- Mira, S.: a mí me encanta el grunge y el rock alternativo, y prefiero lo breve pero intenso, con distintos cambios de ritmo. Ya sé que las mujeres teneis más sensibilidad y aunque me emociono con la belleza de algunas arias y en ocasiones escucho fragmentos de Wagner o de Puccini, una ópera entera me aburre.
- Eso es que en tu vida has escuchado buena música en directo.
- A lo mejor, pero yo soy sincero y no voy de snob por la vida. ¿Cuando fue la última vez que estuviste en una ópera?
- A finales del mes pasado.
- Bueno, vamos a dejarnos de eufemismos. No existe ningún tío que esté HORA Y MEDIA metiendo y sacándola sin correrse.
- Que te crees tú eso.
- Bueno, pues sí alguna vez me invitas a un concierto, avísame, que me llevó un libro de Dostoievski y me tumbo bocarriba a leerlo mientras tú interpretas a una soprano, hasta que te quedes sin voz..
TEST DE PERSONALIDAD
Elige una opción
a) Opera
b) Rock
c) Opera-rock
RESPUESTA:
a) Si has elegido ópera o eres un soñador o es que hasta visto tantas pelis que se te ha olvidado que eso solo es cine.
b) Si has elegido rock eres una persona sincera y realista.
c) Si has elegido ópera-rock, eres un capullo y ya me estás dejando un mensaje para decir como lo haces.
Cuando el cielo amenaza con una tormenta
El cielo en la Fortaleza tiene esa luz que anticipa las noches de tormenta que apaciguarán una tarde cansada y sudorosa.
Estoy escuchando I miss you de Björk y me apetece que mis manos se paseen por el teclado, aunque debería estar preparando la maleta para el viernes. Mañana es imposible porque doy el día por perdido. Estoy casi convencido de que la comida de despedida se alargará hasta la noche y cuando vuelva a casa sólo me apetecerá tumbarme en la cama a esperar que suene el maldito despertador.
Esta mañana me han propuesto una cita a ciegas. Dicen que es la mujer perfecta para mí. Me he dejado arrastrar mientras planeaban como nos iban a presentar porque me hacía gracia la idea y porque me encantan las sorpresas. Al principio hablaban de llevarla al trabajo, pero al final no les ha parecido el lugar conveniente, rodeado como estoy por las mañanas de estrés y usuarios. Así que han decidido hacernos coincidir en un bar, tomando unas cañas, porque por lo visto ella es muy tímida y se moriría si la dejaran a solas con un desconocido.
Cuando esta tarde llamé a E. para desearle baraka para mañana, y se lo conté, me ha dicho que me ven desesperado. La contesté que más bien me ven desaprovechado.
E. y yo hemos decidido que lo mejor es no vernos durante un tiempo. En principio iba a ir unos días con ella a su apartamento de la Costa, pero dada nuestra situación actual es mejor olvidarlo. Es curioso: tengo que huir de mi pasado pero lo tengo cosido a mano en la espalda y aunque no lo vea siempre va conmigo.
El pasado es el dédalo de un zoco de una ciudad árabe del que cuesta mucho salir, porque no puedes ver el cielo y la variedad cromática de los olores y las llamadas de atención de los vendedores de alfombras y especias te desorientan. Ahora que atravieso el desierto del presente y me alimento sólo de dátiles y sueños, y me parece ver a lo lejos el espejismo de una ciudad, tan sólo espero que no sea la misma.
En fin, si en este momento me preguntaran que quiero ser de mayor contestaría sin dudarlo que quiero continuar siendo el espectador de mis propias tonterías.
Estoy escuchando I miss you de Björk y me apetece que mis manos se paseen por el teclado, aunque debería estar preparando la maleta para el viernes. Mañana es imposible porque doy el día por perdido. Estoy casi convencido de que la comida de despedida se alargará hasta la noche y cuando vuelva a casa sólo me apetecerá tumbarme en la cama a esperar que suene el maldito despertador.
Esta mañana me han propuesto una cita a ciegas. Dicen que es la mujer perfecta para mí. Me he dejado arrastrar mientras planeaban como nos iban a presentar porque me hacía gracia la idea y porque me encantan las sorpresas. Al principio hablaban de llevarla al trabajo, pero al final no les ha parecido el lugar conveniente, rodeado como estoy por las mañanas de estrés y usuarios. Así que han decidido hacernos coincidir en un bar, tomando unas cañas, porque por lo visto ella es muy tímida y se moriría si la dejaran a solas con un desconocido.
Cuando esta tarde llamé a E. para desearle baraka para mañana, y se lo conté, me ha dicho que me ven desesperado. La contesté que más bien me ven desaprovechado.
E. y yo hemos decidido que lo mejor es no vernos durante un tiempo. En principio iba a ir unos días con ella a su apartamento de la Costa, pero dada nuestra situación actual es mejor olvidarlo. Es curioso: tengo que huir de mi pasado pero lo tengo cosido a mano en la espalda y aunque no lo vea siempre va conmigo.
El pasado es el dédalo de un zoco de una ciudad árabe del que cuesta mucho salir, porque no puedes ver el cielo y la variedad cromática de los olores y las llamadas de atención de los vendedores de alfombras y especias te desorientan. Ahora que atravieso el desierto del presente y me alimento sólo de dátiles y sueños, y me parece ver a lo lejos el espejismo de una ciudad, tan sólo espero que no sea la misma.
En fin, si en este momento me preguntaran que quiero ser de mayor contestaría sin dudarlo que quiero continuar siendo el espectador de mis propias tonterías.
Días de trabajo y playa
A veces, tirado bocabajo en la playa, mientras miro como las olas del mar revuelven la arena de la orilla y me fumo un cigarrillo, tengo la impresión de que estoy desperdiciando el verano. Hasta hace poco asociaba el verano con las vacaciones, y me cuesta hacerme a la idea de que mientras todos están descansando, yo sigo yendo a trabajar.
Aunque supongo que la felicidad son esos pequeños momentos, en los que te olvidas de que por las mañanas los papeles del trabajo levantan una alambrada para impedirme cruzar la frontera entre el estrés y el aburrimiento, a pesar que no ocurra nada extraordinario que esculpir en el calendario de los recuerdos.
Se me pasa por la cabeza salir de fiesta esta noche, pero desisto porque me apetece leer (tengo unos cuantos libros muy olvidados) y porque el jueves ya me desestructuraré lo suficiente, para calmar mis ansias de absoluto.
Una compañera se va a la Península y el jueves tenemos una comida para despedirla, que seguramente se alargará hasta la noche.
Ayer me preguntó S. que si iba a ir y yo le contesté que por supuesto que sí, aunque todavía no había confirmado nada, así que llamé a quien estaba organizando la comida para apuntarme.
Mi amiga antes conocida como una letra no puede ni ver a S. Tiene la teoría de que S. está detrás mío y está convencida de que si echamos un polvo, soy tan tonto que me enamoro de ella. Yo, que soy sordo para los consejos, tentaré a la suerte. Ya había quedado con ella en la noche de San Juan, pero E. me llamó al móvil y me tiré un buen rato hablando con ella, llegué tarde, S. ya no estaba y lamentablemente, no tenía su número.
Por lo demás, este fin de semana me voy a conocer Granada.
PD. Suerte el jueves con el examen.
Aunque supongo que la felicidad son esos pequeños momentos, en los que te olvidas de que por las mañanas los papeles del trabajo levantan una alambrada para impedirme cruzar la frontera entre el estrés y el aburrimiento, a pesar que no ocurra nada extraordinario que esculpir en el calendario de los recuerdos.
Se me pasa por la cabeza salir de fiesta esta noche, pero desisto porque me apetece leer (tengo unos cuantos libros muy olvidados) y porque el jueves ya me desestructuraré lo suficiente, para calmar mis ansias de absoluto.
Una compañera se va a la Península y el jueves tenemos una comida para despedirla, que seguramente se alargará hasta la noche.
Ayer me preguntó S. que si iba a ir y yo le contesté que por supuesto que sí, aunque todavía no había confirmado nada, así que llamé a quien estaba organizando la comida para apuntarme.
Mi amiga antes conocida como una letra no puede ni ver a S. Tiene la teoría de que S. está detrás mío y está convencida de que si echamos un polvo, soy tan tonto que me enamoro de ella. Yo, que soy sordo para los consejos, tentaré a la suerte. Ya había quedado con ella en la noche de San Juan, pero E. me llamó al móvil y me tiré un buen rato hablando con ella, llegué tarde, S. ya no estaba y lamentablemente, no tenía su número.
Por lo demás, este fin de semana me voy a conocer Granada.
PD. Suerte el jueves con el examen.
Un guiño a D.
Acabo de colgar el móvil.
Me ha llamado D., un amigo de la ciudad de origen que vino a visitarme a la Fortaleza, preocupado porque no continuaba con el blog.
Le confesé que escribía el blog la última noche que estuve con él y con P. en la ciudad de origen, en un ataque agudo de ego, y me ha comentado que lo ha leído, pero que sobre todo lo lee P., de quien dice que está enganchada.
Este artículo va por ellos.
No escribía porque he sufrido un cataclismo.
Más que una persona soy una placa tectónica, con sus continentes, sus cordilleras en formación, sus volcanes escupiendo lava, sus huracanes encorvando palmeras, sus fósiles y sus dinosaurios en proceso de extinción.
No, no he descubierto la puerta de atrás, que sigue siendo exclusivamente de salida, como me preguntó el capullo de D. por el móvil.
Solamente que cuando desperté el dinousaurio ya no estaba allí.
Después de mi viaje contigo a la Isla, se rompió la magia, el hechizo que me ataba a tí, he dejado de ser el zombie con los brazos hacia delante y los ojos desorbitados que camina torpemente y escribe palabras de amor con los muñones en un blog. He salido de tu órbita. Soy una república individual independiente que ha derogado todas tus leyes, pero que aún habla un dialecto de tu idioma.
Todo porque me dijiste:
- ¿Es que no te das cuenta, Oren? Desde hace mucho sólo somos AMIGOS.
AMIGOS. AMIGOS. AMIGOS. AMIGOS. AMIGOS. AMIGOS. AMIGOS.
Seis letras.
Seis palabras.
Seis veces.
¿Lo habré comprendido por fin después de tanto escribirlo? ¿Será esta la última vez que escriba que te quiero?
He escrito tanto de tí en este blog, que te he convertido en un personaje, con vida propia que evoluciona por caminos distintos que tú en la vida real. Sólo se pueden hacer tres cosas con una mujer: amarla, sufrir por ella o convertirla en literatura. Y yo hice contigo las tres.
Eras mi bruja, el protagonista de la novela que pretendía escribir con mi vida esquizofrénica. Soy lo que escribo. Me enamoro de quien escribo.
Tú.
Mi segunda persona del singular.
Empecemos de nuevo. Tengo una amiga en la ciudad de origen a quien deseo sinceramente que pronto apruebe su examen y se vaya a la Isla, para que pueda sentir todo lo que yo he sentido en la Fortaleza. En el pasado fuimos pareja, pero me convertí en un tío soso y aburrido y me dejó. Lo intentamos después varias veces, pero nunca funcionaba. Aún así seguimos siendo cómplices, nos tiramos un montón de horas hablando por teléfono y nos regalamos libros. Ella tiene claro que no siente nada por mí, pero me ha costado mucho quitármela de la cabeza (incluso empecé a escribr un blog para ver si así lograba seducirla de nuevo) pero creo que POR FIN me he dado cuenta de que sólo somos amigos.
Le pondré un nombre:
E.
Me ha llamado D., un amigo de la ciudad de origen que vino a visitarme a la Fortaleza, preocupado porque no continuaba con el blog.
Le confesé que escribía el blog la última noche que estuve con él y con P. en la ciudad de origen, en un ataque agudo de ego, y me ha comentado que lo ha leído, pero que sobre todo lo lee P., de quien dice que está enganchada.
Este artículo va por ellos.
No escribía porque he sufrido un cataclismo.
Más que una persona soy una placa tectónica, con sus continentes, sus cordilleras en formación, sus volcanes escupiendo lava, sus huracanes encorvando palmeras, sus fósiles y sus dinosaurios en proceso de extinción.
No, no he descubierto la puerta de atrás, que sigue siendo exclusivamente de salida, como me preguntó el capullo de D. por el móvil.
Solamente que cuando desperté el dinousaurio ya no estaba allí.
Después de mi viaje contigo a la Isla, se rompió la magia, el hechizo que me ataba a tí, he dejado de ser el zombie con los brazos hacia delante y los ojos desorbitados que camina torpemente y escribe palabras de amor con los muñones en un blog. He salido de tu órbita. Soy una república individual independiente que ha derogado todas tus leyes, pero que aún habla un dialecto de tu idioma.
Todo porque me dijiste:
- ¿Es que no te das cuenta, Oren? Desde hace mucho sólo somos AMIGOS.
AMIGOS. AMIGOS. AMIGOS. AMIGOS. AMIGOS. AMIGOS. AMIGOS.
Seis letras.
Seis palabras.
Seis veces.
¿Lo habré comprendido por fin después de tanto escribirlo? ¿Será esta la última vez que escriba que te quiero?
He escrito tanto de tí en este blog, que te he convertido en un personaje, con vida propia que evoluciona por caminos distintos que tú en la vida real. Sólo se pueden hacer tres cosas con una mujer: amarla, sufrir por ella o convertirla en literatura. Y yo hice contigo las tres.
Eras mi bruja, el protagonista de la novela que pretendía escribir con mi vida esquizofrénica. Soy lo que escribo. Me enamoro de quien escribo.
Tú.
Mi segunda persona del singular.
Empecemos de nuevo. Tengo una amiga en la ciudad de origen a quien deseo sinceramente que pronto apruebe su examen y se vaya a la Isla, para que pueda sentir todo lo que yo he sentido en la Fortaleza. En el pasado fuimos pareja, pero me convertí en un tío soso y aburrido y me dejó. Lo intentamos después varias veces, pero nunca funcionaba. Aún así seguimos siendo cómplices, nos tiramos un montón de horas hablando por teléfono y nos regalamos libros. Ella tiene claro que no siente nada por mí, pero me ha costado mucho quitármela de la cabeza (incluso empecé a escribr un blog para ver si así lograba seducirla de nuevo) pero creo que POR FIN me he dado cuenta de que sólo somos amigos.
Le pondré un nombre:
E.