Dos años
El próximo lunes hará dos años que vivo en la Fortaleza.
Todavía recuerdo la cara que pusieron las personas de mi entorno cuando decidí venirme para acá. Pensaban que me había vuelto loco. No comprendían que necesitaba una patada en el culo que me sacara del tedio en el que se estaba convirtiendo mi vida.
El primer viaje me lo plantée como un viaje iniciático: recorrería prácticamente todo la península en tren para coger un barco que me trajera hasta la Fortaleza. Deseaba ver desde la borda como me acercaba a las costas de un continente (vida) nuevo (nueva). Fue una auténtica paliza de casi veinte horas pero conseguí revivir lo que sintieron quienes fueron arrancados de los sus pueblos para morir mutilados y con los genitales en la boca en las guerras de Marruecos que por aquel entonces sólo importaban a militares ansiosos de ascensos y a los dueños de las minas de mineral del Rif. Ahora siempre que viajo a mi ciudad de origen, lo hago en avión porque es mucho más cómodo y rápido, aunque después del primer viaje volviera en más de una ocasión en barco a la península, buscando un anochecer en alta mar.
La imagen que tenía de la Fortaleza antes de llegar aquí, no tiene nada que ver con la que tengo en la actualidad. Buscaba el exotismo del mundo árabe y me encontré con la realidad de las diferencias sociales que supone vivir en la Frontera entre el Primer y el Tercer mundo.

La Fortaleza es una ciudad bonita que se apelotona a los pies de un monte manchado por la sangre de cinco siglos de guerras, en la que ahora conviven pacíficamente cuatro culturas oficiales (cristianos, musulmánes, hebreos e hindúes), aunque también existe un porcentaje que no entra en las estadísticas, porque son inmigrantes subsaharianos que esperan en el Centro de Internamiento Temporal de Inmigrantes su orden de expulsión, que les lleve de nuevo a la desesperación del hambre o al futuro incierto del desierto.
A veces me agobia vivir en sus catorce kilómetros cuadrados, rodeado de un perímetro fronterizo con una doble valla de seis metros de altura con una serpentina en el medio, cámaras térmicas, y torres de vigilancia, y su caracter excesivamente conservador, aparte de la pésima situación cultural, que te impide no estar al tanto de la música, la literatura, el teatro, ni el cine. Soy un animal de ciudad a quien le encanta el anonimato, perderse por las calles sin que le reconozcan los sesenta mil habitantes de la Fortaleza, si bien siempre vuelvo a sonreir cuando tengo una tarjeta de embarque en mis manos.
Pero, a pesar de todo, su alma ya me ha seducido y me siento parte de ella. Ha inundado todas las páginas de mi blog y ha conseguido que encuentre un lugar del que, de momento, no me apetezca huir.

Todavía recuerdo la cara que pusieron las personas de mi entorno cuando decidí venirme para acá. Pensaban que me había vuelto loco. No comprendían que necesitaba una patada en el culo que me sacara del tedio en el que se estaba convirtiendo mi vida.
El primer viaje me lo plantée como un viaje iniciático: recorrería prácticamente todo la península en tren para coger un barco que me trajera hasta la Fortaleza. Deseaba ver desde la borda como me acercaba a las costas de un continente (vida) nuevo (nueva). Fue una auténtica paliza de casi veinte horas pero conseguí revivir lo que sintieron quienes fueron arrancados de los sus pueblos para morir mutilados y con los genitales en la boca en las guerras de Marruecos que por aquel entonces sólo importaban a militares ansiosos de ascensos y a los dueños de las minas de mineral del Rif. Ahora siempre que viajo a mi ciudad de origen, lo hago en avión porque es mucho más cómodo y rápido, aunque después del primer viaje volviera en más de una ocasión en barco a la península, buscando un anochecer en alta mar.
La imagen que tenía de la Fortaleza antes de llegar aquí, no tiene nada que ver con la que tengo en la actualidad. Buscaba el exotismo del mundo árabe y me encontré con la realidad de las diferencias sociales que supone vivir en la Frontera entre el Primer y el Tercer mundo.

La Fortaleza es una ciudad bonita que se apelotona a los pies de un monte manchado por la sangre de cinco siglos de guerras, en la que ahora conviven pacíficamente cuatro culturas oficiales (cristianos, musulmánes, hebreos e hindúes), aunque también existe un porcentaje que no entra en las estadísticas, porque son inmigrantes subsaharianos que esperan en el Centro de Internamiento Temporal de Inmigrantes su orden de expulsión, que les lleve de nuevo a la desesperación del hambre o al futuro incierto del desierto.
A veces me agobia vivir en sus catorce kilómetros cuadrados, rodeado de un perímetro fronterizo con una doble valla de seis metros de altura con una serpentina en el medio, cámaras térmicas, y torres de vigilancia, y su caracter excesivamente conservador, aparte de la pésima situación cultural, que te impide no estar al tanto de la música, la literatura, el teatro, ni el cine. Soy un animal de ciudad a quien le encanta el anonimato, perderse por las calles sin que le reconozcan los sesenta mil habitantes de la Fortaleza, si bien siempre vuelvo a sonreir cuando tengo una tarjeta de embarque en mis manos.
Pero, a pesar de todo, su alma ya me ha seducido y me siento parte de ella. Ha inundado todas las páginas de mi blog y ha conseguido que encuentre un lugar del que, de momento, no me apetezca huir.

Comentario:
ay, como te entiendo, pr mi sentimiento de amor - odio hacia mi fortaleza son aún más grandes pq yo nací aquí y a veces es tan duro pr siempre quiero regresar.. besos
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Siempre oí decir q uno no es de donde nace, sino de donde pace. Y si Ella te ha inundado, será q es donde has de estar, será tu sitio.
Saludos desde el Inframundo.
Saludos desde el Inframundo.
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Lo malo es menos malo cuando le buscas el lado bueno!! Aprovecha estos pensamientos!!
Un saludo enorme
Un saludo enorme
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Disfruta de tu Fortaleza !
Yo también te leo niño... y me alegro contigo.
Besos
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Antes o después encontramos nuestro sitio y aunque sea un hueco provisional siempre es agradable tenerlo.
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Feliz aniversario.
Uno siempre se encuentra algo diferente a lo que espera y lo mismo debe ser así.
Yo en más de siete años en la isla redonda también he descubierto de todo.
Abrazo
Uno siempre se encuentra algo diferente a lo que espera y lo mismo debe ser así.
Yo en más de siete años en la isla redonda también he descubierto de todo.
Abrazo
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Alguna vez he pensado hacer algo así (ahora no porque tengo a mis niños), pero a veces es necesario un cambio radical en la vida. Me alegro que tu cambio haya sido para bien y hayas encontrado, de momento, un lugar feliz donde vivir.
Comentario:
...No te preocupes...cuando llegué el momento de la partida, será tu voz interior, la que te dicte que el momento ha llegado...que ya todo te impulsa a dar un nuevo cambio a tu vida. Hasta entonces disfruta de esa experiencia única con todos sus pros y sus contras...
Un beso inmenso...desde Madinat Mayrit.
Un beso inmenso...desde Madinat Mayrit.
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Me ha encantado la descripción que haces de tu casa, cosas buenas y malas, como todas. Pero que hace que te sientas bien
Un beso
Un beso
Comentario:
Si no me equivoco esa es una muy buena definición de hogar.
1beso
1beso





