Velocidad-es

Me contemplo horizontal sobre la cama
conmigo más perpendicular que paralelo,
a ratos genial, a ratos dispersa, ortogonal, inmersa.
Subo, bajo, voy con y contra la marea.
Entre el pulgar y el índice se me quedó un vacío,
de labio a labio se ausentó una (sola) lengua.
Te dejaste abierto un agujero en mi cabeza cuando volaste prendido de la velocidad,
te marchaste tan resuelto que no cerraste las puertas
y ahora, como era de esperar,
tengo el aire en corriente
facilitando la altura de lo que habrá de caer.
Y veinte direcciones de viento soplando humedades en el lunar de bajo mi boca
y el aire viene a ser un círculo vicioso que me trepana los pulmones calándolos de voz.
Y sentada la actriz más grande del planeta
retiró el prohibido aparcar de entre sus pechos,
abriéndote la agitada flora de sus climas polares
derritiendo se.
Y tú, con esa brújula imantada, ya no entiendes de nortes ni meridianos,
no hay certeza aceptable en tus palabras,
lo tuyo ha sido hipar en mis deseos
pero
sin otra fe que tus
sin-explicaciones,
te creo.
Inexperta
Me presento Narciso, encantada de conocerme,
filántropa empezando por mis huesos,
última palabra en las disputas con el eco,
agenda voluble del Juicio Final.
Fabricante de miedos, autoría de envidias,
Venus en retablo, cenit de idolatría
y sobre todo, puta barata de rendidas culpas,
bolsa de defectos (apodada inexperiencia)
y nada ni nadie sobre quién hablar.

filántropa empezando por mis huesos,
última palabra en las disputas con el eco,
agenda voluble del Juicio Final.
Fabricante de miedos, autoría de envidias,
Venus en retablo, cenit de idolatría
y sobre todo, puta barata de rendidas culpas,
bolsa de defectos (apodada inexperiencia)
y nada ni nadie sobre quién hablar.

Como mosquitos en las lámparas

Cuatro semáforos en rojo no es casualidad;
que este cuento esté lleno de ventajas, tampoco.
Asistir a una olimpiada de verbos inválidos no es una suerte;
que no sepa conjugarlos mas que en tu nombre, tampoco.
Setenta cuencos de sopa para Mafalda no es un detalle;
que colaras un amén a destiempo en el buzón, tampoco.
Una colección de llamadas perdidas no es buen principio;
que a mi lado duermas poco o más bien nada… tampoco.
Que tengas derecho a permanecer en silencio cuando te diga algo bonito…
eso,
…eso es un exceso.
Y con todo y a buen entendedor,
almaceno una maraña de palabras
un Sodoma y Gomorra atemperada,
un Barba Azul a sueldo, un Ícaro con alas,
una Clarisse con miedo,
una Barbie recién operada.
Y con todo y a buen entendedor,
me secuestran tus muñecas en mi cama,
veo tus dedos desmembrándose en mi almohada
tu silencio haciendo eco de tus pausas,
tus palabras fumigándose en el aire
y todo,
en círculos
y todo
torpeza
y todo,
como mosquitos en las lámparas.
De la noche sin agua

La cabeza de Medusa en mi mano
movida por espasmos me devuelve al cuarto.
Involuntario crujir de nervios
los cabellos de serpiente me muerden.
De pedra seca al mirarla me deja la boca:
ingente cantidad de cantos
que apilados ensillan mis encías.
Capilares encendidos en mis labios
fugaban un suicidio de saliva.
De persianas bajadas la noche sin agua,
desabrida mariposa la que volaba
se alzaba victoriosamente estéril
por encima de Medusa al paladar,
por los pliegues roncos de mi boca
por la breve insipidez de los sin beso,
diez segundos despegados de tu pecho.
Adherida, viciosa, golpeada contagiosa.
Noche sin agua desgrana mi cuerpo
tan húmedo como árido se presenta el deseo.
¡Que se me seca la boca, que se me secan los dientes,
que se me secan los ríos, que se me secan los puentes!
Y enviabas a los pájaros con frutas
a aquella cama que era ya una fuente
y me dabas de beber -dolce far niente-
de los brindados cántaros de ti.
Un sexo devorador
Probé la poesía, la música, el baile, el trabajo, la amistad. El descanso, los olvidos, la comida, las dietas. La familia, los viajes, el silencio, los tacones, el deseo. El dinero, las copas, la sensatez, el cuento, la rabia, la ansiedad.
Y de todos fue el sexo quien más me impresionó porque la inteligencia tiene un sexo voluptuoso, las letras un sexo inquieto y el arte…
un sexo devorador.

Y de todos fue el sexo quien más me impresionó porque la inteligencia tiene un sexo voluptuoso, las letras un sexo inquieto y el arte…
un sexo devorador.

Lo que tengo y no
Tengo una paciencia que me dura
hasta que me pongo de los nervios
y un sueño que se va cuando me duermo.
Tengo una soledad que se acaba
cuando viene alguien
y unas ganas de llorar
que se van cuando lloro.
Tengo un hambre que me dura
hasta que como
y una pena intermitente
que se apaga cuando soy feliz.
Tengo una sed que se esfuma cuando bebo
y unas ganas de irme
que no estarán
cuando ya no esté aquí.

hasta que me pongo de los nervios
y un sueño que se va cuando me duermo.
Tengo una soledad que se acaba
cuando viene alguien
y unas ganas de llorar
que se van cuando lloro.
Tengo un hambre que me dura
hasta que como
y una pena intermitente
que se apaga cuando soy feliz.
Tengo una sed que se esfuma cuando bebo
y unas ganas de irme
que no estarán
cuando ya no esté aquí.






