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En nuestro país no hay más que un día a la vez
Acerca de
'Como me hice no me volvería a hacer. Tal vez volvería a hacerme como me deshago'.
Sindicación
 
Cierre


Por que creo, como esas cosas que con poca firmeza creo, que lo necesito, voy a cerrar el blog. Por eso y porque el orden de visitas es nulo. Todas las quejas, a Se acabaron los peces.
Besos cálidos de oriente y occidente
 
Ese barco portador de todas las desgracias


Sin llegar a los ochenta y siete, veía arrumbar ese barco portador de todas las desgracias. Rostros sifilíticos, cabos de muñones, mandíbulas destripadas de molares, pies hinchados apretando los zapatos, cataratas, perros que se comen la cabeza de sus dueños muertos y solos, alianzas de plata ennegrecida, porterillos que no se usaron jamás.
La muerte, en suma, es el momento en que uno es sustituido. Es volver diez años después a la casa de la abuela y comprender que la cocina no era tan grande ni los techos quedaban tan altos. Es releer los diarios en los que prometimos ser fieles a nuestras peculiaridades, alcanzar la cultura y defender con orgullo lo que hoy ni por asomo defendemos. Dijo Pérez Reverte que el tiempo cambia al corazón. Al corazón. Ese objetito carnoso, binómico, de potencial bonhomía, ese símbolo, esa bandera, ese interruptor que hoy se me apaga con un codo,
como quien tiene las manos ocupadas.

 
La calle de la piruleta
 
Viña


«Que haya un cadáver más, qué importa al mundo»
(Espronceda)

De nuestros paseos por la viña, recuerdo bien el paisaje, pero nada de sus palabras. Recuerdo los jamargos y las liebres muertas en plena carretera, recuerdo el sonido fertilizante de las chicharras, los pinos intermitentes e impertinentes que nos negaban el camino recto y los diminutos e improvisados partidos de futbito a base de chinas o piñones. Pero de su boca, qué se yo, podría haber salido cualquier cosa.
Y yo, no lo recuerdo.

 
El orden de las cosas


Para que las cosas sucedan al revés, debe haber un orden en las cosas. Esto, pensado con otras palabras, era lo que tenía Miqui en la cabeza cuando subía al autobús. En las colas, por regla, siempre hay alguien que vuelve hacia atrás. Se frena, miras, y ahí está el individuo/a en cuestión saliendo de la fila. Ya puede ser la fila más recta, homogénea y ligera de todas, que habrá al menos una persona decidida a dar marcha atrás. Eso es la bilis negra. Un día la tristeza desayuna de lo más hipocondríaca y by default o por efecto, todas las medidas tienen un pellizco neurasténico que nos dice Atrás, atrás, vuelve atrás. Esos momentos tienen el aspecto condensado, rancio, de un VHS roto, mil veces regrabado.
 
Pide


Pide que el mundo no se mueva
pide que el sol no alumbre más
pero que a ti yo no te quiera
eso no lo conseguirás.
Pide que nadie se enamore,
pide la luna y la tendrás
pero que a ti yo no te adore,
no lo conseguirás...


Pepa Flores en sus tiempos mozos. Además os dejo otra intromisión en la red, esta vez en Fotolog:
Se acabaron los peces

 
Lárgate


«No, no haces pie. Aquí no sabes tú nadar y una corriente de agua fría azul oscura vendrá pronto, una corriente más fría que ya no pertenece al agua de la playa sino al agua frondosa y férrea del centro del mar, mar adentro, donde se ahogan los ratones y los niños y las ahogadas se hinchaban en verano y los besugos les comían los ojos y regresaban a las playas veinte kilómetros o treinta kilómetros más abajo, por Somo o por la Playa del Francés a bajamar, como enormes medusas roídas. Así que lárgate, levántate y vete. ¡Diles adiós con un pretexto cualquiera!»

Contra natura, Álvaro Pombo.
(Fotografía de David Trullo, Serie 'Food of Love' 2007)

 
Te veo a veces


Te veo a veces
junto a las cosas que indignamente fueron,
junto a las piedras
que hicieron barracón.

Te veo a veces al borde, te veo de canto,
te imagino en el final
de los buenos libros.

Te veo a veces y si me esfuerzo,
te empujo y (así)
dejo de verte.

Te veo a veces, o a menudo,
o casi siempre.
Te veo del todo, insistente-mente,
anatómicamente extenso;
¡desde mi perspectiva
te veo!, veo y te veo.

Es agotador.


(Fotografía de Loretta Lux, Yanan)

 
Aforismos chinorris


XXVIII

Estar contentos con
el éxito
y descontento con
el fracaso
es ser hijo de
las circunstancias;
¿cómo puede llamarse
a tal persona
dueña de sí misma?

XCII

Mientras tenga piernas,
mientras tenga ojos,
dondequiera que vaya seré
el señor de las montañas
y de los ríos
y de los vientos
y de la brisa.

(Fotografía: obra de Luo Brothers, Welcome to the world's most famous brands. Aforismos extraídos de la selección de F. Ll. Cardona para Clásicos Universales de Fontana.)
 
Aforismo II


No merece la pena malgastar en discutir
la misma saliva que ya antes usamos para besarnos.


(Fotografía de Anthony Goicolea, Recital, 2001)
 
El comensal de barro


Pax vobiscum y entró arrojando presencia
sobre todo el convite.
Con las palabras idas todas a mi mano
le saludé 12 segundos antes de su llegada.
Mi estómago era una tortilla volteada,
mi boca, cremallerita encajada.

Madrugó más en mí
que en cualquier otro vecindario
y hoy se presentaba así,
cuchillo dentado,
despojándome de toda mi piel
como una fruta.

Pax vobiscum y me dio de comer en la distancia,
me cerraba la boca dos asientos tras de mí,
en suma tan sumamente aproximada.
Como un melocotón,
pelada.

Fui horno de mil quinientos grados,
fui poco,
fui nada,
y él,
comensal de barro,
cocido,
seco,
reventado,
madrugando más en mí
que en cualquier otro vecindario.

 
Aforismo


No por pitar un esqueleto con el color de la sangre y la carne
obtienes un cuerpo completo