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Sindicación
 
Nuestra propia sombra
Érase una vez un hombre al que le angustiaba tanto el ver su propia sombra que decidió desprenderse de ella. Y se dijo a sí mismo:

- Correré, me alejaré de ella.

Y se puso a correr y correr. Pero la sombra le seguía sin ningún esfuerzo.

Entonces el hombre se dijo a sí mismo:

- Tengo que correr mucho más de prisa, más de prisa, más de prisa...

Y corrió tanto que, al final, le falló el corazón y cayó al suelo. Estaba muerto...

¡Había sido tan fácil haberse cobijado a la sombra de un árbol...! Y habrían desaparecido las sombras. Pero nuestro hombre no cayó en la cuenta.

Todos llevamos dentro un mundo de fantasmas y de sombras (a veces colectivos). En algunos sitios se concretan cultura]mente: la sombra del fantasma de Hamlet, la «negra sombra que me asombra» de Rosalía o el hecho de «reírse de su sombra» de los andaluces... son diversas actitudes ante «la sombra”.

Muchas veces huimos de nosotros mismos: de nuestro pasado, de nuestras experiencias amargas... No sabemos integrarlo: aceptar y caminar con las sombras que nos han habitado para así hacer que desaparezcan. Y emprendemos múltiples huidas sin tener claro el objetivo ni el destino.