Clemencia, todo un personaje (Tercera entrega del viaje a Guatemala)
Llegar hasta un pueblecito o una aldea es todo un esfuerzo físico que se ve también acompañado de un esfuerzo emocional tremendo. Cuando llegas y ves cómo viven, te quedas impresionado.
En uno de esos viajes, específicamente en la comunidad de Piedra Parada estuve conversando con Clemencia, una mujer indígena que tiene 8 hijos. Aunque era una persona tímida y de pocas palabras, me estuvo contando un poco de su vida.

Una madre indígena que vimos por el camino.
Le pregunté por sus condiciones de vida y recuerdo que lo que más me impactó es que me contara que ella y sus hijos sólo comían frijoles y algún cereal y que nunca llegaba un médico hasta este lugar. Me explicó que cuando alguno enfermaba tenía que viajar horas para ir a un médico, pero que muchas veces no lo hacían porque no tenían con que pagar la consulta.
Incluso me contó que su hija de 5 años murió por una simple infección....En medio de mi impresión por lo que me estaba contando le pregunté ¿y no pudiste hacer nada?, Ella dijo no y se quedó callada…pensando.

Aquí estoy con Elena, Blanca, mi ahijada (de la que ya os contaré) y otros niños de la provincia de San Marcos, Guatemala.
Si en cualquier momento queréis apadrinar a un niño o niña como Blanca, podéis verle en World Vision También os animo a que colaboréis con el trabajo de ayuda humanitaria que World Vision está haciendo en los países afectados por el Maremoto
En uno de esos viajes, específicamente en la comunidad de Piedra Parada estuve conversando con Clemencia, una mujer indígena que tiene 8 hijos. Aunque era una persona tímida y de pocas palabras, me estuvo contando un poco de su vida.

Una madre indígena que vimos por el camino.
Le pregunté por sus condiciones de vida y recuerdo que lo que más me impactó es que me contara que ella y sus hijos sólo comían frijoles y algún cereal y que nunca llegaba un médico hasta este lugar. Me explicó que cuando alguno enfermaba tenía que viajar horas para ir a un médico, pero que muchas veces no lo hacían porque no tenían con que pagar la consulta.
Incluso me contó que su hija de 5 años murió por una simple infección....En medio de mi impresión por lo que me estaba contando le pregunté ¿y no pudiste hacer nada?, Ella dijo no y se quedó callada…pensando.

Aquí estoy con Elena, Blanca, mi ahijada (de la que ya os contaré) y otros niños de la provincia de San Marcos, Guatemala.
Si en cualquier momento queréis apadrinar a un niño o niña como Blanca, podéis verle en World Vision También os animo a que colaboréis con el trabajo de ayuda humanitaria que World Vision está haciendo en los países afectados por el Maremoto
Visita a Malacatán (Segunda entrega del viaje a Guatemala)
Estaba previsto que la primera parada del viaje a esa “Guatemala profunda” fuera Malacatán, uno de los estados fronterizos con la zona de Chiapas en México. Pero antes de llegar, en el camino nos encontramos con un grupo de familias que van siguiendo año a año las cosechas porque en sus lugares de origen no encuentran trabajo, entonces lo que hacen es seguir a su marido por diferentes regiones.
Estas familias trabajan durante el tiempo que dura la recolección de las cosechas y sólo ganan entre 2 y 2.5 dólares diarios. Te sorprende las condiciones infrahumanas en las que viven: la ropa estaba colgada en las ramas de los árboles, viven en campamentos improvisados con cuatro palos de madera y unos plásticos como techos.

No hay suelo, si llueve- y lluevo mucho- se mojan, pasan calor y no tienen ningún tipo de atención médica. Francamente, lo pasan mal… Para mi fue la demostración práctica de que Guatemala es un país realmente pobre.
Es cuando ves este tipo de realidades cuando te das cuenta que es por estas familias que el trabajo de ONGs como World Vision tiene sentido...
El viaje hacia Malacatán duro 5 horas, en esta zona visitamos varias aldeas de la zona fronteriza entre Guatemala y el Estado de Chiapas (México). La primera impresión que tuve es que es realmente difícil acceder a estas aldeas y que la gente vive en situaciones pésimas.
Claro que esa visión, un poco desalentadora, cambió cuando comencé a ver las opciones que tienen las comunidades donde la ONG World Vision tiene proyectos de desarrollo, realmente fue esperanzador ver que puedes ayudar a darles opciones económicas, a que los niños tengan atención médica....esto os lo contaré un poco más adelante.

Aquí estoy en uno de los mercados típicos de Guatemala antes de llegar a las zonas donde están los proyectos de desarrollo
Si en cualquier momento queréis apadrinar a un niño o niña como Blanca, podéis verle en World Vision También os animo a que colaboréis con el trabajo de ayuda humanitaria que World Vision está haciendo en los países afectados por el Maremoto
Estas familias trabajan durante el tiempo que dura la recolección de las cosechas y sólo ganan entre 2 y 2.5 dólares diarios. Te sorprende las condiciones infrahumanas en las que viven: la ropa estaba colgada en las ramas de los árboles, viven en campamentos improvisados con cuatro palos de madera y unos plásticos como techos.

No hay suelo, si llueve- y lluevo mucho- se mojan, pasan calor y no tienen ningún tipo de atención médica. Francamente, lo pasan mal… Para mi fue la demostración práctica de que Guatemala es un país realmente pobre.
Es cuando ves este tipo de realidades cuando te das cuenta que es por estas familias que el trabajo de ONGs como World Vision tiene sentido...
El viaje hacia Malacatán duro 5 horas, en esta zona visitamos varias aldeas de la zona fronteriza entre Guatemala y el Estado de Chiapas (México). La primera impresión que tuve es que es realmente difícil acceder a estas aldeas y que la gente vive en situaciones pésimas.
Claro que esa visión, un poco desalentadora, cambió cuando comencé a ver las opciones que tienen las comunidades donde la ONG World Vision tiene proyectos de desarrollo, realmente fue esperanzador ver que puedes ayudar a darles opciones económicas, a que los niños tengan atención médica....esto os lo contaré un poco más adelante.

Aquí estoy en uno de los mercados típicos de Guatemala antes de llegar a las zonas donde están los proyectos de desarrollo
Si en cualquier momento queréis apadrinar a un niño o niña como Blanca, podéis verle en World Vision También os animo a que colaboréis con el trabajo de ayuda humanitaria que World Vision está haciendo en los países afectados por el Maremoto
Mi viaje a la profundidad de Guatemala. El comienzo...
En mayo de este año mi novia Elena y yo nos encontramos en un avión rumbo a Guatemala. Se trataba de un viaje “sui generis”, no íbamos a ser dos turistas españoles en Centroamérica, no era un viaje cualquiera; viajábamos a Guatemala para conocer “in situ” trabajo que la ONG World Vision realiza en este país y para la que yo estaba pensando colaborar en su lanzamiento en España.
Fue un viaje que nunca me hubiera esperado, lleno de sentimientos encontrados, de emociones fuertes y gente estupenda que hicieron que valiera la pena y que hizo que yo ratificara mi decisión de apoyar a una organización que, a través del apadrinamiento de niños, hace posible que cientos de niños y familias tengan mejores condiciones de vida.
Antes de viajar, conocí a las directivas de World Vision en España y decidí, junto con Elena, apadrinar a una niña, Blanca, una guatemalteca de ocho años a la que conocí en el viaje cuando visité a su familia ....los detalles del encuentro os los iré contando en este weblog.
Durante los cuatro días que duró el viaje visité varias comunidades que viven en lugares remotos, que te dejan la sensación de estar en la mitad de la nada, que están olvidadas por los gobiernos y que a pesar de su extrema pobreza están trabajando para mejorar su futuro.

Llegar hasta una aldea era todo un esfuerzo físico que también estaba acompañado por un esfuerzo emocional, porque llegas y ves las condiciones en las que viven y te quedas impresionado. La verdad es que esas personas merecen nuestro respeto y admiración porque no es fácil vivir y sonreír en estas condiciones. De camino a las zonas con proyectos de desarrollo de World Vision, por ejemplo, nos encontramos con un grupo de familias que van siguiendo las cosechas año a año y que viven en casas improvisadas de plástico, sin agua potable, ni camas, ni luz...
Encontrarme con mi ahijada, Blanca, y tener la posibilidad de conversar con su familia, con su comunidad y ver las condiciones en las que viven han hecho de este viaje una experiencia única que deseo compartir con vosotros a través de este medio. A través de este weblog haré un relato de los cinco días que duró mi viaje. Espero lo que disfrutéis.

Aquí estoy con Blanca, mi ahijada, y Elena.
Si en cualquier momento queréis apadrinar a un niño o niña como Blanca, podéis verle en World Vision También os animo a que colaboréis con el trabajo de ayuda humanitaria que World Vision está haciendo en los países afectados por el Maremoto
Fue un viaje que nunca me hubiera esperado, lleno de sentimientos encontrados, de emociones fuertes y gente estupenda que hicieron que valiera la pena y que hizo que yo ratificara mi decisión de apoyar a una organización que, a través del apadrinamiento de niños, hace posible que cientos de niños y familias tengan mejores condiciones de vida.
Antes de viajar, conocí a las directivas de World Vision en España y decidí, junto con Elena, apadrinar a una niña, Blanca, una guatemalteca de ocho años a la que conocí en el viaje cuando visité a su familia ....los detalles del encuentro os los iré contando en este weblog.
Durante los cuatro días que duró el viaje visité varias comunidades que viven en lugares remotos, que te dejan la sensación de estar en la mitad de la nada, que están olvidadas por los gobiernos y que a pesar de su extrema pobreza están trabajando para mejorar su futuro.

Llegar hasta una aldea era todo un esfuerzo físico que también estaba acompañado por un esfuerzo emocional, porque llegas y ves las condiciones en las que viven y te quedas impresionado. La verdad es que esas personas merecen nuestro respeto y admiración porque no es fácil vivir y sonreír en estas condiciones. De camino a las zonas con proyectos de desarrollo de World Vision, por ejemplo, nos encontramos con un grupo de familias que van siguiendo las cosechas año a año y que viven en casas improvisadas de plástico, sin agua potable, ni camas, ni luz...
Encontrarme con mi ahijada, Blanca, y tener la posibilidad de conversar con su familia, con su comunidad y ver las condiciones en las que viven han hecho de este viaje una experiencia única que deseo compartir con vosotros a través de este medio. A través de este weblog haré un relato de los cinco días que duró mi viaje. Espero lo que disfrutéis.

Aquí estoy con Blanca, mi ahijada, y Elena.
Si en cualquier momento queréis apadrinar a un niño o niña como Blanca, podéis verle en World Vision También os animo a que colaboréis con el trabajo de ayuda humanitaria que World Vision está haciendo en los países afectados por el Maremoto