¡NO! A LAS «ALETAS» DEL CARRIL BUS

No soy el primero, ni me temo que seré el último, en tener un accidente por culpa de los separadores del carril bus en Madrid.
Conocidas como «aletas de tiburón» por la forma de su perfil, estos bloques de plástico se encargan de demarcar los carriles destinados para autobuses, taxis y motos, del resto de los carriles en las calles de Madrid. A diferencia de otros separadores estos son casi indestructibles, apenas absorben los impactos, no se deforman, no se rompen y esto significa un mantenimiento y reemplazo casi nulo. Lo que se traduce en un peligro eminente.
Hoy lo puedo contar en primera persona. Bajaba por la Avenida de Ciudad de Barcelona en el nuevo Yamaha Neo´s 50, vi que un camión que circulaba a pocos metros iba un poco despendolado, decidí apartarme, quedarme un poco atrás y aprovechar el carril bus que tenía a mi derecha. En cuanto hago esto el camión arrolla los primeros metros del famoso separador azul, éste sale volando y antes de que me diera cuenta estaba a un palmo de mi rueda delantera, cruzado en medio de mi camino. Freno con todas mis fuerzas, agarro firmemente la moto y me preparo para lo peor. Aún no sé cómo no terminé en el suelo, no doy crédito. La «aleta» me echa hacia la derecha del carril, directo a la acera, pero sin que pudiera llegar a ella al toparme de lleno con una valla metálica que se encarga de proteger a los peatones, y en este caso de destrozar el flamante Neo´s 50.
Ni que decir tiene que el camión ni se percató de lo sucedido o, al menos, eso quiero pensar.
Ahora, en casa, me cuesta escribir por la herida de la mano derecha, el dolor de la muñeca izquierda, una rodilla algo magullada y un pie arropado por una tobillera. Todo porque quien se encarga de estas cosas prefirió una solución duradera antes que segura, por no buscar un sistema que, además de no levantar a los coches del suelo como he visto en alguna ocasión, no signifique una verdadera ruleta rusa para los motoristas.