Imagíname
Imagíname vagando por tu casa
cuando el Sol se cansa
y la Luna Nueva impone su presencia.
Imagíname de noche,
en la hora de las brujas,
decorando tu cuerpo con besos nacarados
y deleitando tu piel con roces de terciopelo.
Imagíname a solas
susurrándote al oído
los Te Quiero olvidados…
Jugando con tus manos,
jugando con el tiempo.
Matando el deseo,
deseando delirios,
delirando pasiones,
apasionando tu amor…
Amándote…
a solas.
Imagíname contigo
en la Playa de los Sueños,
cuando las olas lloran,
cuando la brisa huele a despedida…
Tú en la arena absorto por el último beso,
Yo adentrándome en la mar pensando en el primero,
y los dos, ángeles heridos, echándonos de menos
como mi cuerpo a tu sombra.
Imagíname mañana a la misma hora.
Imagíname sin ti.
Imagínate sin mí.
cuando el Sol se cansa
y la Luna Nueva impone su presencia.
Imagíname de noche,
en la hora de las brujas,
decorando tu cuerpo con besos nacarados
y deleitando tu piel con roces de terciopelo.
Imagíname a solas
susurrándote al oído
los Te Quiero olvidados…
Jugando con tus manos,
jugando con el tiempo.
Matando el deseo,
deseando delirios,
delirando pasiones,
apasionando tu amor…
Amándote…
a solas.
Imagíname contigo
en la Playa de los Sueños,
cuando las olas lloran,
cuando la brisa huele a despedida…
Tú en la arena absorto por el último beso,
Yo adentrándome en la mar pensando en el primero,
y los dos, ángeles heridos, echándonos de menos
como mi cuerpo a tu sombra.
Imagíname mañana a la misma hora.
Imagíname sin ti.
Imagínate sin mí.
En la siesta de un domingo de verano
En medio del salón,
todas las figuras
pierden su forma original
disfrazando la simplicidad
con atuendos clandestinos
que incitan a fantasear.
El silencio rompe
la monotonía del hogar.
Por la ventana entra
a borbotones los
sofocos mundanos
de un sol que agoniza.
En el sofá yace
un cuerpo semidesnudo
aparentemente sereno
pero que esconde un alma febril
que calma el dolor
con el jarabe de sueños
que le recetó la doctora rutina.
Una brisa de aire fresco
moja mis labios y,
aun en trance, lucho por no despertar.
Una mano invisible
azota mi espalda;
abro los ojos y veo que
es mi tiempo que corre impaciente
por estar en su sitio…
el reloj marca las 6 de la tarde
y él se perdió durante 5 minutos…
Y usted?... también conmigo
Todo lo que soy se lo debo, dicen que soy como tú, mi padre, tu hijo, me recuerda a cada momento estas palabras "si fueras hija de tu abuelo no te parecerías tanto..." ahora me rio y recuerdo tu risa y nuestras miradas cómplices y soy feliz y me contengo por no llorar...
Esta noche me temo que es una de tantas en las que no me llega el sueño y no me apetece leer. Esta noche me reto a mí misma a desafiar al egoísmo propio y dejar que mis recuerdos se conviertan en palabras encadenadas que consigan dibujar su rostro magistralmente intacto por el paso del tiempo.
Ella es mi abuelo paterno: Charlatán incansable, actor de comedia en su propia vida, pícaro conquistador de mujeres hermosas, amante, amigo y espeso de su mujer (a la que adoraba); devoto de sus hijos, entregado a sus nietos, capitán del velero de mis sueños de niña.
Hombre de campo al que llamaban Don por su asombrante inteligencia. Trabajaba de administrador en una de las fincas más importantes del pueblo. Por esto y por su don de gente y de palabra era un ser popular al que todo el mundo quería.
Por razones que no vienen a cuento fue él el que se dedicó a educarme. Me enseñó a vivir en el campo: ordeñar una vaca, montar a caballo, coger los huevos del gallinero sin que el gallo inglés se diera cuenta (alguna que otra vez lo hizo y …)
Era aficionado al mundo taurino e intentó hacerme a mí también, sólo que yo no lograba entender ese “arte” y a menudo discutía con él por el hecho de sacrificar a un animal. Hoy en día no es algo que me apasione, sin embargo me embeleso cuando veo a un torero dando un buen pase de pecho o burlando al toro por chicuelinas y creo que se lo debo a mi abuelo.
Fue el que me regaló la cuna donde dormía, la cual guardo esmeradamente hasta que llegue el momento de ser madre. Así se lo prometí y así lo haré. Así quiero que sea.
Crecí rodeada de sus libros de cálculo, diarios, mayores contables en los que hacia sus registros, sobres y cuartillas con membrete, escrituras de fincas, contratos de compra-venta, poderes notariales que le daban plena facultad…De todo ello guardo algún que otro libro, un diccionario viejísimo al que se le puede considerar como una reliquia, un diario sin estrenar y la máquina de escribir, la cual me enseñó a utilizar siendo apenas una analfabeta dispuesta a emprender el arte de la escritura (aún recuerdo el dolor en el dedo meñique…Odio la A le decía yo a mi abuelo y me dejaba hacer trampas…)
Recuerdo las tardes de lluvias invernales en la casa de campo. El olor a café recién hecho en la candela, el sabor de la leche acabada de ordeñar, aún caliente. Allí nos contaba sus hazañas en las playas de Cartaya cuando hizo el servicio militar. Tiempos difíciles que amainaba con los ratos libres en los que podía llegar hasta el pueblo y hacer uso de su galantería. Le encantaba recordar sus viajes a Sevilla con su traje de chaqueta y su sombrero de ala ancha en el único taxi del pueblo. Adoraba esa ciudad y me enseñó a adorarla…
Recuerdo las primeras tardes de verano sentado en el patio de la casa rodeado de geranios, rosas y un jazminero que llenaba con su olor todos los resquicios del hogar.
Recuerdo sus ojos inmensamente azules, su risa permanente, sus manos grandes endurecidas por el campo y doradas por el Sol que con los años empalidecieron y se volvieron blandas. Recuerdo el calor de sus manos…Sus historias infinitas, su forma de llamarme…Recuerdo su estilo de vida, su humanidad, su alegría, su derroche, su cariño, su actitud de payaso altanero…Recuerdo su carácter…
Me acabo de sorprender sentada en el salón de casa, a altas horas de la noche, mirando su foto que descansa en uno de los estantes de la repisa del salón y siento una inmensa satisfacción por haberle conocido. Me siento plenamente orgullosa por haber heredado su carácter, por haber pasado tanto tiempo junto a él y…para terminar…
lo hago con una de sus frases: Vamos a dormir que ya es hora de que los ángeles hagan su trabajo.
Esta noche me temo que es una de tantas en las que no me llega el sueño y no me apetece leer. Esta noche me reto a mí misma a desafiar al egoísmo propio y dejar que mis recuerdos se conviertan en palabras encadenadas que consigan dibujar su rostro magistralmente intacto por el paso del tiempo.
Ella es mi abuelo paterno: Charlatán incansable, actor de comedia en su propia vida, pícaro conquistador de mujeres hermosas, amante, amigo y espeso de su mujer (a la que adoraba); devoto de sus hijos, entregado a sus nietos, capitán del velero de mis sueños de niña.
Hombre de campo al que llamaban Don por su asombrante inteligencia. Trabajaba de administrador en una de las fincas más importantes del pueblo. Por esto y por su don de gente y de palabra era un ser popular al que todo el mundo quería.
Por razones que no vienen a cuento fue él el que se dedicó a educarme. Me enseñó a vivir en el campo: ordeñar una vaca, montar a caballo, coger los huevos del gallinero sin que el gallo inglés se diera cuenta (alguna que otra vez lo hizo y …)
Era aficionado al mundo taurino e intentó hacerme a mí también, sólo que yo no lograba entender ese “arte” y a menudo discutía con él por el hecho de sacrificar a un animal. Hoy en día no es algo que me apasione, sin embargo me embeleso cuando veo a un torero dando un buen pase de pecho o burlando al toro por chicuelinas y creo que se lo debo a mi abuelo.
Fue el que me regaló la cuna donde dormía, la cual guardo esmeradamente hasta que llegue el momento de ser madre. Así se lo prometí y así lo haré. Así quiero que sea.
Crecí rodeada de sus libros de cálculo, diarios, mayores contables en los que hacia sus registros, sobres y cuartillas con membrete, escrituras de fincas, contratos de compra-venta, poderes notariales que le daban plena facultad…De todo ello guardo algún que otro libro, un diccionario viejísimo al que se le puede considerar como una reliquia, un diario sin estrenar y la máquina de escribir, la cual me enseñó a utilizar siendo apenas una analfabeta dispuesta a emprender el arte de la escritura (aún recuerdo el dolor en el dedo meñique…Odio la A le decía yo a mi abuelo y me dejaba hacer trampas…)
Recuerdo las tardes de lluvias invernales en la casa de campo. El olor a café recién hecho en la candela, el sabor de la leche acabada de ordeñar, aún caliente. Allí nos contaba sus hazañas en las playas de Cartaya cuando hizo el servicio militar. Tiempos difíciles que amainaba con los ratos libres en los que podía llegar hasta el pueblo y hacer uso de su galantería. Le encantaba recordar sus viajes a Sevilla con su traje de chaqueta y su sombrero de ala ancha en el único taxi del pueblo. Adoraba esa ciudad y me enseñó a adorarla…
Recuerdo las primeras tardes de verano sentado en el patio de la casa rodeado de geranios, rosas y un jazminero que llenaba con su olor todos los resquicios del hogar.
Recuerdo sus ojos inmensamente azules, su risa permanente, sus manos grandes endurecidas por el campo y doradas por el Sol que con los años empalidecieron y se volvieron blandas. Recuerdo el calor de sus manos…Sus historias infinitas, su forma de llamarme…Recuerdo su estilo de vida, su humanidad, su alegría, su derroche, su cariño, su actitud de payaso altanero…Recuerdo su carácter…
Me acabo de sorprender sentada en el salón de casa, a altas horas de la noche, mirando su foto que descansa en uno de los estantes de la repisa del salón y siento una inmensa satisfacción por haberle conocido. Me siento plenamente orgullosa por haber heredado su carácter, por haber pasado tanto tiempo junto a él y…para terminar…
lo hago con una de sus frases: Vamos a dormir que ya es hora de que los ángeles hagan su trabajo.
Queria tenerte conmigo
Son muchos los recuerdos que viajan conmigo, y cada vez que salen a la luz se me escapan sonrisas. Gracias por cruzarte en mi camino y gracias por quererme. El cariño que te tengo sigue permanente a pesar de tu ausencia...
Querida amiga:
Se va acercando el día en el que el destino hizo que coincidiéramos en aquella cafetería en la que tú, tal y como me contaste tantas veces, ibas cada tarde a la misma hora con la excusa de tomar un café; aunque la verdadera razón por la que te sentabas en el mismo lugar de siempre era sentir ese cosquilleo que emergía de tu estómago cada vez que el camarero de ojos azules y achinados se cruzaba por tu mesa y, con su mirada, te mandaba mensajes de amor. Camarero que se convirtió en tu esposo y en el padre de tus niñas.
Yo entré en esa cafetería por casualidad, bueno más bien por necesidad. Estaba esperando a que mi padre saliera del trabajo y, cansada de observar el mismo paisaje aburrido y gris de naves industriales, me decidí a entrar para comprar unos chicles. Y ahí estabas tú, ajena a todo lo que pasaba en la cafetería y sólo pendiente del trajín que llevaba tu chico de un lado para otro, soltando y cogiendo tazas de cafés de las mesas al mostrador, del mostrador a la mesa.
El golpe que me di contra la silla libre de tu mesa hizo que te fijaras en mí. Nos miramos, te reíste de mí (cosa que no me importó en absoluto porque yo misma lo hice) y entonces comencé una conversación que duró horas. Esa silla nos hizo amigas, buenas amigas, confidentes de secretos y muleta de apoyo en los días en los que todos y todo se enfadaban con nosotras.
Pues sí, pronto llegará ese día, concretamente sólo faltan dos sueños. Me acuerdo perfectamente, igual que me acuerdo del día en el que el mismo destino que nos juntó te obligó a bajarte en dos estaciones antes, y lo peor de todo es que lo hizo sin avisar. Te pilló por sorpresa (a ti y a todos) y aunque forcejeaste y luchaste como toda una campeona de boxeo, al final, el revisor sin sombra te echó del tren; por lo visto no pagaste el billete….como si fueras la única…..pero te eligió a ti…
Hoy te echo de menos amiga. Tengo tantas cosas que contarte…
Tus dos niñas están preciosas. Se han convertido en dos mujercitas rebosantes de vida. La mayor es tu vivo retrato. Es impresionante cómo se parece a ti. Reservada, tímida y con la misma mirada cándida que la tuya. La pequeña es un huracán de risas y alborotos. En el colegio les va muy bien. Son listas y tienen afán por aprender. A menudo las veo correteando por las calles jugando al escondite con sus amigos. Son dos niñas felices que no te olvidan, me consta.
Tu marido sigue como siempre. Aún le duele tu pérdida y se ha refugiado en el trabajo. Ahora hace deporte (¿impresionante verdad?, pues si, lo hace). Se ha apuntado a un gimnasio. Se lo recomendó el psicólogo como válvula de escape a tanta tristeza. Se ha hecho amigo del dueño del gimnasio y poco a poco está retomando el hilo, aunque no te olvida, me consta.
Tu madre………. A tu madre la veo poco, menos de lo que realmente me gustaría, pero está bien. Es una testaruda orgullosa. Se ha creado su propia burbuja y sólo sale cuando ella quiere, y me satisface que me utilice, aunque sea poquitas veces, para desahogarse. Lloramos juntas e incluso hay días en los que en su rostro se refleja un ápice de tranquilidad y serenidad. Todos los días te manda con el cartero las flores que tanto te gustan: Las margaritas. La pérdida de un hijo es demasiado doloroso, no imagino ese dolor, pero, por supuesto que, no te olvida, me consta.
Sí, ya sé que tengo que contarte de mí, no creas que me olvido, lo que pasa es que, como sabes de sobra, soy demasiado reservada para hablar de mis “cosas”. Lo más importante, y seguro que es una noticia que te agradará mucho saber: No me casé. Fue una decisión difícil. No me atrevía a dar el paso y es que fue tanto el tiempo el que pasé regalándole mi vida que me acomodé y abandoné a la suerte. Por un momento dejé de luchar y me convertí en una marioneta. Sólo me sentía feliz cuando llegaba la hora en que Morfeo, con un silbido, me anunciaba que ya era la hora de fabricar esperanzas que se esfumaban cuando el despertador repicaba en la mañana. Antes de dormir me acordaba de tus palabras: “No te cases, no lo hagas, ese hombre no te merece. No dejes que el “qué dirán” te prive de esa libertad que tanto defiendes. El hombre de tu vida, el príncipe de tus sueños, aún está por llegar. Lo que hay entre ustedes no es amor, no te engañes, no dejes que te abrume con besos disfrazados…”. Esa cobardía una tarde la dejé en la ducha dándose un buen baño, la distraje y salí corriendo en busca de “él”. Se lo solté todo de golpe, rompí mi relación. Acabé como la mala de la película y…hasta ahora. Sigo creyendo en el amor no perfecto pero sí verdadero; amor que no busco pero si que le añoro. Estoy tranquila, vivo feliz y soy libre.
Me siguen llamando loca, no puedo evitar ser como soy. Una mujer impredecible de armas tomar, aunque a veces me gustaría reprimir mis sentimientos.
Los zapatos que tanto te gustan aún no los he estrenado, los sigo guardando para una ocasión especial, un baile que algún día, sin duda, llegará…
Supongo que ya has conocido a mi abuelo. Un hombre de lo más encantador. Seguro que ya te ha contado sus hazañas en Sevilla y sus batallitas en las Playas de Huelva. Dale un beso de mi parte y disfruta de él, tenéis todo el tiempo del mundo.
Se me olvidaba contarte que, gracias a Dios, el teclista pelirrojo de la orquesta este año no vino para las fiestas. Menos mal, porque después del sueño que tuve no podría mirarle a la cara…qué alivio…
En este día tan especial para las dos volveré a aquella cafetería a la que no he vuelto a ir, me sentaré en “tu sitio”, tomaré un café y compraré chicles.
No dejes de brillar allí arriba porque yo, aquí abajo, no te olvido, me consta.
Hasta la vista, te quiere mucho tu amiga
Nica.
Querida amiga:
Se va acercando el día en el que el destino hizo que coincidiéramos en aquella cafetería en la que tú, tal y como me contaste tantas veces, ibas cada tarde a la misma hora con la excusa de tomar un café; aunque la verdadera razón por la que te sentabas en el mismo lugar de siempre era sentir ese cosquilleo que emergía de tu estómago cada vez que el camarero de ojos azules y achinados se cruzaba por tu mesa y, con su mirada, te mandaba mensajes de amor. Camarero que se convirtió en tu esposo y en el padre de tus niñas.
Yo entré en esa cafetería por casualidad, bueno más bien por necesidad. Estaba esperando a que mi padre saliera del trabajo y, cansada de observar el mismo paisaje aburrido y gris de naves industriales, me decidí a entrar para comprar unos chicles. Y ahí estabas tú, ajena a todo lo que pasaba en la cafetería y sólo pendiente del trajín que llevaba tu chico de un lado para otro, soltando y cogiendo tazas de cafés de las mesas al mostrador, del mostrador a la mesa.
El golpe que me di contra la silla libre de tu mesa hizo que te fijaras en mí. Nos miramos, te reíste de mí (cosa que no me importó en absoluto porque yo misma lo hice) y entonces comencé una conversación que duró horas. Esa silla nos hizo amigas, buenas amigas, confidentes de secretos y muleta de apoyo en los días en los que todos y todo se enfadaban con nosotras.
Pues sí, pronto llegará ese día, concretamente sólo faltan dos sueños. Me acuerdo perfectamente, igual que me acuerdo del día en el que el mismo destino que nos juntó te obligó a bajarte en dos estaciones antes, y lo peor de todo es que lo hizo sin avisar. Te pilló por sorpresa (a ti y a todos) y aunque forcejeaste y luchaste como toda una campeona de boxeo, al final, el revisor sin sombra te echó del tren; por lo visto no pagaste el billete….como si fueras la única…..pero te eligió a ti…
Hoy te echo de menos amiga. Tengo tantas cosas que contarte…
Tus dos niñas están preciosas. Se han convertido en dos mujercitas rebosantes de vida. La mayor es tu vivo retrato. Es impresionante cómo se parece a ti. Reservada, tímida y con la misma mirada cándida que la tuya. La pequeña es un huracán de risas y alborotos. En el colegio les va muy bien. Son listas y tienen afán por aprender. A menudo las veo correteando por las calles jugando al escondite con sus amigos. Son dos niñas felices que no te olvidan, me consta.
Tu marido sigue como siempre. Aún le duele tu pérdida y se ha refugiado en el trabajo. Ahora hace deporte (¿impresionante verdad?, pues si, lo hace). Se ha apuntado a un gimnasio. Se lo recomendó el psicólogo como válvula de escape a tanta tristeza. Se ha hecho amigo del dueño del gimnasio y poco a poco está retomando el hilo, aunque no te olvida, me consta.
Tu madre………. A tu madre la veo poco, menos de lo que realmente me gustaría, pero está bien. Es una testaruda orgullosa. Se ha creado su propia burbuja y sólo sale cuando ella quiere, y me satisface que me utilice, aunque sea poquitas veces, para desahogarse. Lloramos juntas e incluso hay días en los que en su rostro se refleja un ápice de tranquilidad y serenidad. Todos los días te manda con el cartero las flores que tanto te gustan: Las margaritas. La pérdida de un hijo es demasiado doloroso, no imagino ese dolor, pero, por supuesto que, no te olvida, me consta.
Sí, ya sé que tengo que contarte de mí, no creas que me olvido, lo que pasa es que, como sabes de sobra, soy demasiado reservada para hablar de mis “cosas”. Lo más importante, y seguro que es una noticia que te agradará mucho saber: No me casé. Fue una decisión difícil. No me atrevía a dar el paso y es que fue tanto el tiempo el que pasé regalándole mi vida que me acomodé y abandoné a la suerte. Por un momento dejé de luchar y me convertí en una marioneta. Sólo me sentía feliz cuando llegaba la hora en que Morfeo, con un silbido, me anunciaba que ya era la hora de fabricar esperanzas que se esfumaban cuando el despertador repicaba en la mañana. Antes de dormir me acordaba de tus palabras: “No te cases, no lo hagas, ese hombre no te merece. No dejes que el “qué dirán” te prive de esa libertad que tanto defiendes. El hombre de tu vida, el príncipe de tus sueños, aún está por llegar. Lo que hay entre ustedes no es amor, no te engañes, no dejes que te abrume con besos disfrazados…”. Esa cobardía una tarde la dejé en la ducha dándose un buen baño, la distraje y salí corriendo en busca de “él”. Se lo solté todo de golpe, rompí mi relación. Acabé como la mala de la película y…hasta ahora. Sigo creyendo en el amor no perfecto pero sí verdadero; amor que no busco pero si que le añoro. Estoy tranquila, vivo feliz y soy libre.
Me siguen llamando loca, no puedo evitar ser como soy. Una mujer impredecible de armas tomar, aunque a veces me gustaría reprimir mis sentimientos.
Los zapatos que tanto te gustan aún no los he estrenado, los sigo guardando para una ocasión especial, un baile que algún día, sin duda, llegará…
Supongo que ya has conocido a mi abuelo. Un hombre de lo más encantador. Seguro que ya te ha contado sus hazañas en Sevilla y sus batallitas en las Playas de Huelva. Dale un beso de mi parte y disfruta de él, tenéis todo el tiempo del mundo.
Se me olvidaba contarte que, gracias a Dios, el teclista pelirrojo de la orquesta este año no vino para las fiestas. Menos mal, porque después del sueño que tuve no podría mirarle a la cara…qué alivio…
En este día tan especial para las dos volveré a aquella cafetería a la que no he vuelto a ir, me sentaré en “tu sitio”, tomaré un café y compraré chicles.
No dejes de brillar allí arriba porque yo, aquí abajo, no te olvido, me consta.
Hasta la vista, te quiere mucho tu amiga
Nica.
Sobre las suelas de mis zapatos
No ha sido como esperaba pero por fin ha ocurrido. Llevo semanas mirándome al espejo; veo la luz de mis ojos brillar como antes, como ayer, mi sonrisa inocente que sale del alma, seguridad en mis actos, decisión en mis pensamientos…y cuando suspiro no me duelen los pulmones, siento alivio; y lo más grato es que enfrente me veo a mí misma, a la otra media Verónica que complementa la otra mitad. Una sola, la de siempre, aunque no la de antes, porque ahora soy más fuerte.
No voy a pensar que todos estos años han sido perdidos, porque a pesar de todo los he vivido.
Todos mis miedos, los reproches por no estar a tu altura, por no llevarme bien con tus amigas, por no saber aparentar lo que tu querías; el sentido de culpa por el que llegué a repudiarme, las noches toledanas buscando soluciones a mis defectos; las risas que no medí, los impulsos que no controlé, las lágrimas que derramé en silencio (porque llorar estaba mal visto, porque todo ello me lo merecía); las heridas en el alma y las otras, los tirones de pelo en el baño, los silencios prolongados para no meter la pata, la agonía de llegar al fin de los días. Todo ello resume casi 7 años de engaño. Te entregué mi vida por voluntad propia y lo que creí que me regalabas en realidad era un préstamo que amorticé con ilusiones que mataste hasta convertirlas en nada.
Pero no quiero ser víctima, ni olvidar lo ocurrido, porque a pesar de todo formas parte de mi vida, porque todo lo hice conscientemente. Tampoco voy a reprochar nada, ni a ti ni a mi misma. Aprendí la lección, asumí el error y curé la decepción.
Ahora me siento renovada, estoy feliz por todo lo que tengo y agradecida a mis amigos, los de siempre, y los de ahora, porque a todos les quiero.
Allí en el futuro me quedan días por descubrir, sentimientos que entregar, personas que conocer, fantasías que cumplir, noches para soñar. Aquí en el presente tengo amigos a los que cuidar, huecos por tapar, folios a llenar, cuadros por pintar, canciones que cantar, libros que leer, nombres a querer. Allá en el pasado tengo recuerdos de gente querida, situaciones que provocan satisfacción al recordar, alguna situación difícil, dolor calmado por el tiempo, algo que olvidé, vida vivida, metas cumplidas; allá en el pasado estas tú y tus zapatos…
Ahora viejo sobre las suelas de los míos.
No voy a pensar que todos estos años han sido perdidos, porque a pesar de todo los he vivido.
Todos mis miedos, los reproches por no estar a tu altura, por no llevarme bien con tus amigas, por no saber aparentar lo que tu querías; el sentido de culpa por el que llegué a repudiarme, las noches toledanas buscando soluciones a mis defectos; las risas que no medí, los impulsos que no controlé, las lágrimas que derramé en silencio (porque llorar estaba mal visto, porque todo ello me lo merecía); las heridas en el alma y las otras, los tirones de pelo en el baño, los silencios prolongados para no meter la pata, la agonía de llegar al fin de los días. Todo ello resume casi 7 años de engaño. Te entregué mi vida por voluntad propia y lo que creí que me regalabas en realidad era un préstamo que amorticé con ilusiones que mataste hasta convertirlas en nada.
Pero no quiero ser víctima, ni olvidar lo ocurrido, porque a pesar de todo formas parte de mi vida, porque todo lo hice conscientemente. Tampoco voy a reprochar nada, ni a ti ni a mi misma. Aprendí la lección, asumí el error y curé la decepción.
Ahora me siento renovada, estoy feliz por todo lo que tengo y agradecida a mis amigos, los de siempre, y los de ahora, porque a todos les quiero.
Allí en el futuro me quedan días por descubrir, sentimientos que entregar, personas que conocer, fantasías que cumplir, noches para soñar. Aquí en el presente tengo amigos a los que cuidar, huecos por tapar, folios a llenar, cuadros por pintar, canciones que cantar, libros que leer, nombres a querer. Allá en el pasado tengo recuerdos de gente querida, situaciones que provocan satisfacción al recordar, alguna situación difícil, dolor calmado por el tiempo, algo que olvidé, vida vivida, metas cumplidas; allá en el pasado estas tú y tus zapatos…
Ahora viejo sobre las suelas de los míos.