Cuento
Menudo berrinche cogió Cristina cuando sus padres le dieron la noticia de que dentro de cuatro días, iban a cambiar de domicilio.
El padre de Cris, pues así la llamaban todos, trabajaba como jefe de personal en la central de uno de los bancos más importantes que existían en la Ciudad de Puerto Azul, capital del País. Hace unos días recibió una llamada inesperada de su jefe:
- Guillermo acuda en cuanto pueda a mis oficinas, tengo algo que proponerle muy interesante.
- Enseguida estoy con usted…
- Toc, toc, toc,…se puede?
- Claro, claro Guillermo, entre y siéntese y escuche atento lo que le voy a decir: Tengo una oferta que no debería ignorar…Conoce usted la Ciudad de los Vientos? Está al norte del país. Es un pueblo costero, pequeñito, de unos 7.000 habitantes más o menos. Es un pueblo precioso, lleno de gente maravillosa, muy cordial y amable. Hace quince días que estuve allí con mi familia y me dejó muy buen sabor de boca…Buen lugar para vivir…Si señor…
- Ajam, pues le propondré a mi esposa ese lugar para irnos de vacaciones…
- A lo que iba Guillermo, que me desvío del tema…En este apacible pueblo tenemos una sucursal mucho más pequeñita que esta eso sí, pero se trabaja mucho más relajado. El caso es que el puesto de director se ha quedado vacante y he pensado en usted…
Guillermo y su familia se mudaron a la Ciudad de los Vientos. Él se sumergió en su nueva oficina y el nuevo trabajo de director le hizo que aun le gustara más su trabajo. Su esposa, ilusionada por la decoración de su nueva casa, la vecindad y el darse a conocer, restó importancia a sus deberes de madre; y Cristina se vio sola rodeada de gente que no conocía, que la miraban como a una extraña, que la hacían sentir ignorada…Se había visto obligada a dejar de lado su vida, sus amigos, el colegio; todo por una decisión en la que no la tuvieron en cuenta y ahora tendría que empezar de cero. -Como si eso fuera tan fácil-, se decía Cris mientras se alejaba de la Ciudad.
Los sentimientos de Cristina eran una mezcla de rabieta y tristeza, de furia y nostalgia. No dejó de caminar mientras en su cabeza le desbordaban las preguntas. Cuando se quiso dar cuenta se encontraba en uno de los puntos más altos de la ciudad: Una atalaya franqueada por un muro de piedra a media altura. Se apoyó en el muro y desde allí pudo contemplar un paisaje de postal: Abajo un mar revuelto que atizaba sin escrúpulos la arena de la playa, un horizonte difuminado por la bruma, un cielo nebuloso, aves inquietas que sobrevolaban a media altura, el sonido de las campanas de un barco que partía y una brisa, que dejaba de ser suave, le azotaba el pelo, le humedecía. Miró hacia atrás, hacia el camino de regreso y divisó tejados de diferentes alturas que quebraban el espacio, chimeneas humeantes, farolas y luces encendidas que se proyectaban hacia el cielo y formaban un áurea que envolvía a un pueblo enrarecido por algo que a Cristina le hizo sentir miedo…
Se hacía de noche y Cristina, insegura, quería correr hacia su casa cuando una voz altiva y tenebrosa la llamó:- Hola Cristina, bienvenida a mi Ciudad, te esperaba.- Se hizo el silencio y Cristina, paralizada, no podía apartar la vista de unos ojos impasibles y poderosos que la ordenaban a temblar. Absorta por ese ser sin sombra, que surgió de la nada, Cristina seguía sin articular palabra cuando de pronto ese ser empezó a reír de una forma maquiavélica. Dos enormes colmillos asomaron de su boca y Cristina, de un brinco, comenzó a correr sin saber a dónde dirigirse. El corazón le palpitaba tan deprisa que casi ni podía respirar, un sudor frío le corría por la frente, la angustia le cortaba el aliento y esa risa martilleaba en su mente…
Se hizo de noche y perseguida por El Conde entró en una ciudad que no reconoció. Asustada no sabía a dónde dirigirse y se sintió acorralada…No tenía escapatoria cuando de repente dos bellas mujeres, de cabellos largos y oscuros, ojos almendrados, piel brillante y vestidas de sedas de colores aparecieron delante de Cristina. Una de ellas, la más pequeña, vestida de varios tonos rosados y perfumada de un dulce sabor a fresa la cogió del brazo y se la llevó volando hacía La Taberna del Duende Perlín. Allí Cristina, asombrada por lo que se encontró (seres salidos de un cuento de hadas: nomos, duendes, hadas, elfos, enanos, brujas, etc., etc., ), se sintió alguien importante, como si fuera el eslabón de una cadena rota que la uniría, como la pieza clave que daría el jaque mate en una partida de ajedrez. El Hada de Rosa la soltó en el suelo y la dirigió a un lado de la taberna en donde se encontraba una puerta del tamaño de una caja de zapatos:
- Aquí estarás segura, entra
- Por aquí? Pero si….
- Ssssssshhhhhhhhhhhh tu abre la puerta…
El hada le dio un beso en la mejilla y se marchó a una de las mesas en donde había un grupo de elfos. Cristina, incrédula, abrió la puerta. Una ráfaga de luz blanca la absorbió hacia una confortable habitación en donde la esperaba una hoguera, un montón de velas perfumadas encendidas y una calida cama que la hechizó. Cristina se olvidó de todo lo que le había ocurrido y se dejó llevar por el dulce sueño. En el exterior se encontraban dos seres extremadamente fuertes: Drácula, el señor de las tinieblas, ladrón de almas inocentes como la de Cristina, y la Bruja Nica, Señora del Bosque de las criaturas del bien, donde todos trabajaban para derrotar al ser maléfico que tenía delante de ella.
Cristina había llegado a la ciudad en el momento justo, en la víspera de Todos los Santos. Todos la esperaban: Drácula para consumar la ceremonia que le devolvería todo su poder, en la Noche de los Muertos, y La Bruja y sus aliados para evitar que la dicha ceremonia tuviera lugar. El Vampiro necesitaba el alma de Cristina como el ingrediente primordial de su conjuro y la Bruja se lo había arrebatado; había impedido que este maligno personaje finalizara el acto que le devolvería el poder, pero no lo había derrotado; y allí se encontraban, en mitad de una calle oscura, silenciosa y envuelta en un manto de niebla.
La Bruja en frente de su adversario, mirándole sin pestañear, fija en cualquier movimiento que diera inicio a la batalla descomunal que se libraría, estaba aterrorizada, pero su entereza la mostraba frente al Vampiro como una gran guerrera. Un ligero pestañeo le hizo perder de vista a Drácula, y cuando lo quiso encontrar ya no estaba allí. Suspiró liberalizando todo el miedo que contraía y en ese momento sintió como en su cuello se clavaban, punzantes, dos afilados colmillos. No lo dejó acabar. Se giró fugazmente mientras golpeaba con todas su fuerzas a su enemigo. Ese golpe le dio a la Bruja un poco de tiempo para que se suspendiera en las alturas, pero cuando se quiso dar cuenta fue duramente atacada por un fogonazo de aire que la disparó contra la pared de piedra de una de las casas de la calle. Desvarió por unos segundos y cuando se recompuso vio como se le acercaba el malhechor dispuesto a dar la estocada final. Levantó su pierna y le clavó el tacón de aguja de su bota, lo hirió y acto seguido le sacudió fuertemente en la nuca un golpe con su codo y lo derrotó en el suelo. En ese momento el reloj de la plaza del pueblo repicaba la última campanada de las doce de la noche. Drácula había sido derrotado. La Bruja se agachó, lo cogió por el cuello, le miró despiadada y lo volvió a tirar en el suelo. Mientras él se esfumaba ella se dirigía hacia la taberna gravemente herida. Allí todos la esperaban para celebrar la victoria, pero nada más entrar se desplomó en el suelo. El Hada de Rosa la cogió y se la llevó al Bosque, en donde sería curada por los druidas sagrados.
A la mañana siguiente Cristina despertaba en su habitación. Los rayos del sol que entraban por su ventana le hicieron recordar todo lo que había sucedido en la noche anterior. Su madre le había dejado en la mesita de noche un tentador desayuno, pero ella se vistió deprisa y salió ansiosa a la calle en busca de la Taberna. Lo que encontró fue una biblioteca. Confusa y también decepcionada entró en el lugar. Allí dentro la esperaba sonriente una joven bibliotecaria de rostro muy familiar, era Nica…
-Hola Cristina, has descansado bien?...
El padre de Cris, pues así la llamaban todos, trabajaba como jefe de personal en la central de uno de los bancos más importantes que existían en la Ciudad de Puerto Azul, capital del País. Hace unos días recibió una llamada inesperada de su jefe:
- Guillermo acuda en cuanto pueda a mis oficinas, tengo algo que proponerle muy interesante.
- Enseguida estoy con usted…
- Toc, toc, toc,…se puede?
- Claro, claro Guillermo, entre y siéntese y escuche atento lo que le voy a decir: Tengo una oferta que no debería ignorar…Conoce usted la Ciudad de los Vientos? Está al norte del país. Es un pueblo costero, pequeñito, de unos 7.000 habitantes más o menos. Es un pueblo precioso, lleno de gente maravillosa, muy cordial y amable. Hace quince días que estuve allí con mi familia y me dejó muy buen sabor de boca…Buen lugar para vivir…Si señor…
- Ajam, pues le propondré a mi esposa ese lugar para irnos de vacaciones…
- A lo que iba Guillermo, que me desvío del tema…En este apacible pueblo tenemos una sucursal mucho más pequeñita que esta eso sí, pero se trabaja mucho más relajado. El caso es que el puesto de director se ha quedado vacante y he pensado en usted…
Guillermo y su familia se mudaron a la Ciudad de los Vientos. Él se sumergió en su nueva oficina y el nuevo trabajo de director le hizo que aun le gustara más su trabajo. Su esposa, ilusionada por la decoración de su nueva casa, la vecindad y el darse a conocer, restó importancia a sus deberes de madre; y Cristina se vio sola rodeada de gente que no conocía, que la miraban como a una extraña, que la hacían sentir ignorada…Se había visto obligada a dejar de lado su vida, sus amigos, el colegio; todo por una decisión en la que no la tuvieron en cuenta y ahora tendría que empezar de cero. -Como si eso fuera tan fácil-, se decía Cris mientras se alejaba de la Ciudad.
Los sentimientos de Cristina eran una mezcla de rabieta y tristeza, de furia y nostalgia. No dejó de caminar mientras en su cabeza le desbordaban las preguntas. Cuando se quiso dar cuenta se encontraba en uno de los puntos más altos de la ciudad: Una atalaya franqueada por un muro de piedra a media altura. Se apoyó en el muro y desde allí pudo contemplar un paisaje de postal: Abajo un mar revuelto que atizaba sin escrúpulos la arena de la playa, un horizonte difuminado por la bruma, un cielo nebuloso, aves inquietas que sobrevolaban a media altura, el sonido de las campanas de un barco que partía y una brisa, que dejaba de ser suave, le azotaba el pelo, le humedecía. Miró hacia atrás, hacia el camino de regreso y divisó tejados de diferentes alturas que quebraban el espacio, chimeneas humeantes, farolas y luces encendidas que se proyectaban hacia el cielo y formaban un áurea que envolvía a un pueblo enrarecido por algo que a Cristina le hizo sentir miedo…
Se hacía de noche y Cristina, insegura, quería correr hacia su casa cuando una voz altiva y tenebrosa la llamó:- Hola Cristina, bienvenida a mi Ciudad, te esperaba.- Se hizo el silencio y Cristina, paralizada, no podía apartar la vista de unos ojos impasibles y poderosos que la ordenaban a temblar. Absorta por ese ser sin sombra, que surgió de la nada, Cristina seguía sin articular palabra cuando de pronto ese ser empezó a reír de una forma maquiavélica. Dos enormes colmillos asomaron de su boca y Cristina, de un brinco, comenzó a correr sin saber a dónde dirigirse. El corazón le palpitaba tan deprisa que casi ni podía respirar, un sudor frío le corría por la frente, la angustia le cortaba el aliento y esa risa martilleaba en su mente…
Se hizo de noche y perseguida por El Conde entró en una ciudad que no reconoció. Asustada no sabía a dónde dirigirse y se sintió acorralada…No tenía escapatoria cuando de repente dos bellas mujeres, de cabellos largos y oscuros, ojos almendrados, piel brillante y vestidas de sedas de colores aparecieron delante de Cristina. Una de ellas, la más pequeña, vestida de varios tonos rosados y perfumada de un dulce sabor a fresa la cogió del brazo y se la llevó volando hacía La Taberna del Duende Perlín. Allí Cristina, asombrada por lo que se encontró (seres salidos de un cuento de hadas: nomos, duendes, hadas, elfos, enanos, brujas, etc., etc., ), se sintió alguien importante, como si fuera el eslabón de una cadena rota que la uniría, como la pieza clave que daría el jaque mate en una partida de ajedrez. El Hada de Rosa la soltó en el suelo y la dirigió a un lado de la taberna en donde se encontraba una puerta del tamaño de una caja de zapatos:
- Aquí estarás segura, entra
- Por aquí? Pero si….
- Ssssssshhhhhhhhhhhh tu abre la puerta…
El hada le dio un beso en la mejilla y se marchó a una de las mesas en donde había un grupo de elfos. Cristina, incrédula, abrió la puerta. Una ráfaga de luz blanca la absorbió hacia una confortable habitación en donde la esperaba una hoguera, un montón de velas perfumadas encendidas y una calida cama que la hechizó. Cristina se olvidó de todo lo que le había ocurrido y se dejó llevar por el dulce sueño. En el exterior se encontraban dos seres extremadamente fuertes: Drácula, el señor de las tinieblas, ladrón de almas inocentes como la de Cristina, y la Bruja Nica, Señora del Bosque de las criaturas del bien, donde todos trabajaban para derrotar al ser maléfico que tenía delante de ella.
Cristina había llegado a la ciudad en el momento justo, en la víspera de Todos los Santos. Todos la esperaban: Drácula para consumar la ceremonia que le devolvería todo su poder, en la Noche de los Muertos, y La Bruja y sus aliados para evitar que la dicha ceremonia tuviera lugar. El Vampiro necesitaba el alma de Cristina como el ingrediente primordial de su conjuro y la Bruja se lo había arrebatado; había impedido que este maligno personaje finalizara el acto que le devolvería el poder, pero no lo había derrotado; y allí se encontraban, en mitad de una calle oscura, silenciosa y envuelta en un manto de niebla.
La Bruja en frente de su adversario, mirándole sin pestañear, fija en cualquier movimiento que diera inicio a la batalla descomunal que se libraría, estaba aterrorizada, pero su entereza la mostraba frente al Vampiro como una gran guerrera. Un ligero pestañeo le hizo perder de vista a Drácula, y cuando lo quiso encontrar ya no estaba allí. Suspiró liberalizando todo el miedo que contraía y en ese momento sintió como en su cuello se clavaban, punzantes, dos afilados colmillos. No lo dejó acabar. Se giró fugazmente mientras golpeaba con todas su fuerzas a su enemigo. Ese golpe le dio a la Bruja un poco de tiempo para que se suspendiera en las alturas, pero cuando se quiso dar cuenta fue duramente atacada por un fogonazo de aire que la disparó contra la pared de piedra de una de las casas de la calle. Desvarió por unos segundos y cuando se recompuso vio como se le acercaba el malhechor dispuesto a dar la estocada final. Levantó su pierna y le clavó el tacón de aguja de su bota, lo hirió y acto seguido le sacudió fuertemente en la nuca un golpe con su codo y lo derrotó en el suelo. En ese momento el reloj de la plaza del pueblo repicaba la última campanada de las doce de la noche. Drácula había sido derrotado. La Bruja se agachó, lo cogió por el cuello, le miró despiadada y lo volvió a tirar en el suelo. Mientras él se esfumaba ella se dirigía hacia la taberna gravemente herida. Allí todos la esperaban para celebrar la victoria, pero nada más entrar se desplomó en el suelo. El Hada de Rosa la cogió y se la llevó al Bosque, en donde sería curada por los druidas sagrados.
A la mañana siguiente Cristina despertaba en su habitación. Los rayos del sol que entraban por su ventana le hicieron recordar todo lo que había sucedido en la noche anterior. Su madre le había dejado en la mesita de noche un tentador desayuno, pero ella se vistió deprisa y salió ansiosa a la calle en busca de la Taberna. Lo que encontró fue una biblioteca. Confusa y también decepcionada entró en el lugar. Allí dentro la esperaba sonriente una joven bibliotecaria de rostro muy familiar, era Nica…
-Hola Cristina, has descansado bien?...
Para un Tenorio de formica...
Búscame entre los versos de un poema
mientras te echo de menos,
mientras voy limpiando
las huellas que dejé
entre palabras ahogadas…
Invítame a jugar a juegos de niños,
a pasear por las calles
de una ciudad que sueño,
a amanecer entre los restos
de un castillo olvidado…
Y no me los regales pero
préstame tus labios
para pintarles una sonrisa, tus ojos
para achinarlos con cosquillas, tus manos
para contar las cosas bonitas
que no cuentas y que son
el doble de bonitas y…
Cántame, Tenorio, cántame
un “Buenos días, Princesa”…
mientras te echo de menos,
mientras voy limpiando
las huellas que dejé
entre palabras ahogadas…
Invítame a jugar a juegos de niños,
a pasear por las calles
de una ciudad que sueño,
a amanecer entre los restos
de un castillo olvidado…
Y no me los regales pero
préstame tus labios
para pintarles una sonrisa, tus ojos
para achinarlos con cosquillas, tus manos
para contar las cosas bonitas
que no cuentas y que son
el doble de bonitas y…
Cántame, Tenorio, cántame
un “Buenos días, Princesa”…
Un viernes con Rocío...
Rocío no para, busca continuamente cosas que hacer, mantener la mente ocupada para no pensar en la decisión que ha tomado. Una decisión que si ella quiere puede eliminar en cualquier momento, sin embargo, por alguna razón a la que no sabe o no quiere darle explicación, no lo hace…Y así pasa sus días, inmersa en su trabajo de contable. Administrando, organizando, contando, buscando horas extras por su cuenta, viajando…
Rocío llegó a la oficina a las ocho de la mañana, como siempre. Ese día había quedado en recoger unos documentos en la capital, por lo que la jornada de trabajo del viernes sería sobre cuatro ruedas. Era un día soleado, de los que le gustan a Rocío. La ciudad olía a sal, la temperatura era agradable…la mente de Rocío estaba ocupada…su corazón estaba tranquilo…Terminó con sus obligaciones, paseó por el centro, hizo compras, acompañada se tomó un café y se fue…
Un despiste de Rocío hizo que se saliera del trayecto de regreso y cuando se quiso dar cuenta estaba en la entrada del pueblo dónde Rocío había disfrutado del mar este verano. Siguió por la carretera, adentrándose entre hoteles, bares, casas y entonces apareció Él. Rocío miró compasiva al paralítico mar que tenía frente a ella, solitario, entristecido por el otoño y tullido por el frío, ahora nadie se acuerda de ti…
Rocío perdió su vista en el horizonte y allí estaba Él, esperándola. Los dos se abrazaron ansiosamente…lo necesitaban. Juntos recordaron aquellos días de verano en los que Rocío dejó que le acariciara sus rodillas con sus suaves olas; en los que le presentó a ese ser pequeñito que alegra los días de Rocío; jugaron con ella, la cuidaron, la mimaron, se divirtieron…
Una hambrienta gaviota les distrajo. Rocío miró fijamente el volante de su coche y pensó en que tenia que cambiar de sentido Allí donde estaba era un buen lugar. Se disponía a poner en marcha su coche cuando Él la llamó…”Rocío, déjame un sueño antes de irte…”
Roció cerró sus ojos…Se encontraba en el límite que separaba al asfalto de la arena. Lentamente comenzó a caminar por ella. Delante de Rocío se encontraba el Mar, esperándola. Detrás sólo quedaba su sombra y las pequeñas huellas que dejaba incrustada en la arena…y nadie más. Se dejó envolver por la sensación de frescor y cosquilleo que notaba al caminar: se paró justo delante de Él, desafiándole a rozarla. Él aceptó el desafío con ganas de jugar, cogió carrerilla, se estiró todo lo que pudo y lo consiguió. A Rocío se le escapó la risa, se agachó y chapoteó con sus olas…Vio una sombra que se acercaba, se paró justo detrás de ella; reconoció su olor y el corazón le golpeó fuertemente en el pecho. A Rocío le temblaban las piernas y no se atrevía a girar. El tiempo se detuvo cuando alguien la cogió por el hombro y la hizo girar. Sus miradas se volvieron a encontrar, se acercaron, se abrazaron, se besaron…
El zumbido del viento que produjo un camión en el cristal del coche de Rocío la hizo despertar…llegó la hora. Rocío arrancó el coche y antes de girar miró hacia el frente, una carretera recta que se dirigía a un buen lugar para asentar sus sueños, pero a Rocío se le acaban las fuerzas y ahora solo tiene ganas de sentarse en su butaca para ver la vida pasar, así que giró hasta el tope el volante e hizo el cambio de sentido, con dirección a lo de siempre…
Rocío llegó a la oficina a las ocho de la mañana, como siempre. Ese día había quedado en recoger unos documentos en la capital, por lo que la jornada de trabajo del viernes sería sobre cuatro ruedas. Era un día soleado, de los que le gustan a Rocío. La ciudad olía a sal, la temperatura era agradable…la mente de Rocío estaba ocupada…su corazón estaba tranquilo…Terminó con sus obligaciones, paseó por el centro, hizo compras, acompañada se tomó un café y se fue…
Un despiste de Rocío hizo que se saliera del trayecto de regreso y cuando se quiso dar cuenta estaba en la entrada del pueblo dónde Rocío había disfrutado del mar este verano. Siguió por la carretera, adentrándose entre hoteles, bares, casas y entonces apareció Él. Rocío miró compasiva al paralítico mar que tenía frente a ella, solitario, entristecido por el otoño y tullido por el frío, ahora nadie se acuerda de ti…
Rocío perdió su vista en el horizonte y allí estaba Él, esperándola. Los dos se abrazaron ansiosamente…lo necesitaban. Juntos recordaron aquellos días de verano en los que Rocío dejó que le acariciara sus rodillas con sus suaves olas; en los que le presentó a ese ser pequeñito que alegra los días de Rocío; jugaron con ella, la cuidaron, la mimaron, se divirtieron…
Una hambrienta gaviota les distrajo. Rocío miró fijamente el volante de su coche y pensó en que tenia que cambiar de sentido Allí donde estaba era un buen lugar. Se disponía a poner en marcha su coche cuando Él la llamó…”Rocío, déjame un sueño antes de irte…”
Roció cerró sus ojos…Se encontraba en el límite que separaba al asfalto de la arena. Lentamente comenzó a caminar por ella. Delante de Rocío se encontraba el Mar, esperándola. Detrás sólo quedaba su sombra y las pequeñas huellas que dejaba incrustada en la arena…y nadie más. Se dejó envolver por la sensación de frescor y cosquilleo que notaba al caminar: se paró justo delante de Él, desafiándole a rozarla. Él aceptó el desafío con ganas de jugar, cogió carrerilla, se estiró todo lo que pudo y lo consiguió. A Rocío se le escapó la risa, se agachó y chapoteó con sus olas…Vio una sombra que se acercaba, se paró justo detrás de ella; reconoció su olor y el corazón le golpeó fuertemente en el pecho. A Rocío le temblaban las piernas y no se atrevía a girar. El tiempo se detuvo cuando alguien la cogió por el hombro y la hizo girar. Sus miradas se volvieron a encontrar, se acercaron, se abrazaron, se besaron…
El zumbido del viento que produjo un camión en el cristal del coche de Rocío la hizo despertar…llegó la hora. Rocío arrancó el coche y antes de girar miró hacia el frente, una carretera recta que se dirigía a un buen lugar para asentar sus sueños, pero a Rocío se le acaban las fuerzas y ahora solo tiene ganas de sentarse en su butaca para ver la vida pasar, así que giró hasta el tope el volante e hizo el cambio de sentido, con dirección a lo de siempre…
Para Rocío...
...de parte de Charly, un poeta argentino al que se le quiere y mucho.
Rocío teje un sueño con cuidado,
lo arropa con la voz y la mirada,
lo guarda debajo de la almohada,
con gesto delicado;
Un sueño de noviazgos demorados,
de bocas infantiles y apuradas,
un ramito de nada,
que lleva entre sus dedos apretados.
De palomas y peces de colores,
de besos y de amores,
que caen como gotas de rocío;
Un sueño que le ciñe la cintura,
pequeño de ternura,
igual al sueño mío.
Ch
Charly sabe emocionar y a Rocío la ha emocionado; Rocío tiene un montón de palabras alborotadas en la mente para decirle a Charly después de leerle pero las tiene que ordenar...
Rocío teje un sueño con cuidado,
lo arropa con la voz y la mirada,
lo guarda debajo de la almohada,
con gesto delicado;
Un sueño de noviazgos demorados,
de bocas infantiles y apuradas,
un ramito de nada,
que lleva entre sus dedos apretados.
De palomas y peces de colores,
de besos y de amores,
que caen como gotas de rocío;
Un sueño que le ciñe la cintura,
pequeño de ternura,
igual al sueño mío.
Ch
Charly sabe emocionar y a Rocío la ha emocionado; Rocío tiene un montón de palabras alborotadas en la mente para decirle a Charly después de leerle pero las tiene que ordenar...
Mala hora
Eternos sus segundos, para mi no pasan.
Inquieta desdicha que recome mi ser,
buscando culpas que echarme sin saber para qué…
quizás para consolar al pasado,
pero aún así, son palabras que me callo.
Dónde están mis quince años,
edad de príncipes y princesa,
de sueños trazados en cuadernos de papel,
de corazones de tizas, de amor pintado en la pared.
Ilusiones machacadas, sentimientos olvidados,
corazón desconsolado y engañado
empecinado en no volver a amar.
Una gota de lágrima resbala en mi mejilla,
símbolo del dolor desesperante que no acaba…
En qué me he convertido; siento frío
y mis ojos no ven más allá de lo que fui…
Indiferencia por el mañana, ya no me queda nada,
sólo este suspiro que se atasca,
porque ni el aire que respiro
limpia mi suciedad.
Inquieta desdicha que recome mi ser,
buscando culpas que echarme sin saber para qué…
quizás para consolar al pasado,
pero aún así, son palabras que me callo.
Dónde están mis quince años,
edad de príncipes y princesa,
de sueños trazados en cuadernos de papel,
de corazones de tizas, de amor pintado en la pared.
Ilusiones machacadas, sentimientos olvidados,
corazón desconsolado y engañado
empecinado en no volver a amar.
Una gota de lágrima resbala en mi mejilla,
símbolo del dolor desesperante que no acaba…
En qué me he convertido; siento frío
y mis ojos no ven más allá de lo que fui…
Indiferencia por el mañana, ya no me queda nada,
sólo este suspiro que se atasca,
porque ni el aire que respiro
limpia mi suciedad.
Marujeando (para el blodelblo)
Riiiiiiiiiiiiinnnnnnnnnnnnn riiiiiiiiiiiiiiiinnnnnnnnnnnn riiiiiiiiiiiiiiiiiiinnnnnnnnnnnnn
Voooooooooyyyyyyy!! No hay nadie que coja el chismeeeeeee este de teléfono??? Mira que pura casualidad, que justo ahora que tengo la cera en su punto pa quitarme el bigote va y suena…….voooooooooyyyyyyyy!!!
-Diga?
-Maruchi?
-si, si, si…..hola amalichi! Pero dónde andas toda la mañana? Que te he estao esperando para el café de las doce!
-Estuve en el médico hija…a por medicinas para mi suegro…que no hay quien lo mate….
-aaaaaaamm vale vale, hija….pues aquí estoy quitándome el bigote, echándome un tinte en el pelo, y pintándome las uñas… que esta tarde voy a llevar a mi hija la chica a que le hagan la plantilla especial para los pies…que resulta que es plana…ya te dije verdad?
-si, si, hija ya me dijiste…un momento ahora vengo que me está pitando la olla express, que hoy toca potaje de garbanzos y estos como no esté la comida puesta en la mesa a las dos de la tarde…cualquiera los aguantas…ya estoy…bueno que te traigo un chisme…cuchame…te acuerdas de Mari Pili?, si, si, la hija de Marina la Porra, la que se fue a Barcelona a trabajar de secretaria……si de secretaria……precisamente no era de secretaria en lo que trabaja….pero bueno….
- si, ya, Mari Pili, si es que desde chica se la veía venir…pero vamos toa la culpa la tiene la madre eh! Tanto tapar a la hija tanto golpe de pecho…que se joa…que le ha pasao?
-cuchame, te cuento…pues resulta que se viene para el pueblo, que se ha quedao embarazá y sin novio y sin na que tenía la criatura…
-no me digas…amalichi..de verdad????? Pues me has dejao de piedra…..ooooooiiiiisssssssss ya me gustaría verle la cara a Marina la Porra…como voy a disfrutar…
-cuchame hombre, calla un momento que te cuente! Puesssssss verás……tu y yo sabemos que no era precisamente de secretaria de lo que trabaja esta niña…
-ya ya de clubes de noche…..”mi chica me ha salido de provecho…una buena secretaria…y se codea con gente muy importante en clubes privados y de cacheses” decía la madre…….privados ni privados….mas puta que una gallina es lo que era…..pero bueno sigue sigue..
- Esaaaaaa bocaaaaaaa!!!!cuidate de los tacos hombre que luego tu chica te escucha y los va diciendo por la calle!!!....pues eso… que por lo visto un cliente de esos clubes la seguía, un hombre cincuenton con un montón de empresas y casao y con hijos y to……que sinverguenza……es que vamos….. pos na que ella pensó que le podría sacar dinero……y fijate tu por dónde le ha salio….
-helá…..me estoy quedando helá…….madre del amor hermoso…..es que me da eh…..me da…….pero sigue sigue…..que no puedo ni hablá…..
-oye maruchi……porque no colgamos el teléfono y nos vamos a la puerta un ratillo de mientras llega la hora de la novela?? A tomar un poquillo el sol…total no tenemos na que hacer…y te termino de contar…es que la factura de teléfono…la del mes pasao la vió mi mario…….y casi me echa de casa…si no fuera por los ratitos de cama no habría quien lo aguantara……aaiinnsss
-ajajaja factura de teléfono dices…..jajaja que me vas a contar….desde luego somos la monda eh….mira que siendo vecinas y coger el teléfono….por cierto…tráete los calzoncillos esos negros boxes de mi mario que el otro día recogiendo la ropa se me cayeron a tu patio…y esta noche quiero que se los ponga…oye le quedan más apretaitos, mas mono…venga que cuelgo…allí nos vemos…
Voooooooooyyyyyyy!! No hay nadie que coja el chismeeeeeee este de teléfono??? Mira que pura casualidad, que justo ahora que tengo la cera en su punto pa quitarme el bigote va y suena…….voooooooooyyyyyyyy!!!
-Diga?
-Maruchi?
-si, si, si…..hola amalichi! Pero dónde andas toda la mañana? Que te he estao esperando para el café de las doce!
-Estuve en el médico hija…a por medicinas para mi suegro…que no hay quien lo mate….
-aaaaaaamm vale vale, hija….pues aquí estoy quitándome el bigote, echándome un tinte en el pelo, y pintándome las uñas… que esta tarde voy a llevar a mi hija la chica a que le hagan la plantilla especial para los pies…que resulta que es plana…ya te dije verdad?
-si, si, hija ya me dijiste…un momento ahora vengo que me está pitando la olla express, que hoy toca potaje de garbanzos y estos como no esté la comida puesta en la mesa a las dos de la tarde…cualquiera los aguantas…ya estoy…bueno que te traigo un chisme…cuchame…te acuerdas de Mari Pili?, si, si, la hija de Marina la Porra, la que se fue a Barcelona a trabajar de secretaria……si de secretaria……precisamente no era de secretaria en lo que trabaja….pero bueno….
- si, ya, Mari Pili, si es que desde chica se la veía venir…pero vamos toa la culpa la tiene la madre eh! Tanto tapar a la hija tanto golpe de pecho…que se joa…que le ha pasao?
-cuchame, te cuento…pues resulta que se viene para el pueblo, que se ha quedao embarazá y sin novio y sin na que tenía la criatura…
-no me digas…amalichi..de verdad????? Pues me has dejao de piedra…..ooooooiiiiisssssssss ya me gustaría verle la cara a Marina la Porra…como voy a disfrutar…
-cuchame hombre, calla un momento que te cuente! Puesssssss verás……tu y yo sabemos que no era precisamente de secretaria de lo que trabaja esta niña…
-ya ya de clubes de noche…..”mi chica me ha salido de provecho…una buena secretaria…y se codea con gente muy importante en clubes privados y de cacheses” decía la madre…….privados ni privados….mas puta que una gallina es lo que era…..pero bueno sigue sigue..
- Esaaaaaa bocaaaaaaa!!!!cuidate de los tacos hombre que luego tu chica te escucha y los va diciendo por la calle!!!....pues eso… que por lo visto un cliente de esos clubes la seguía, un hombre cincuenton con un montón de empresas y casao y con hijos y to……que sinverguenza……es que vamos….. pos na que ella pensó que le podría sacar dinero……y fijate tu por dónde le ha salio….
-helá…..me estoy quedando helá…….madre del amor hermoso…..es que me da eh…..me da…….pero sigue sigue…..que no puedo ni hablá…..
-oye maruchi……porque no colgamos el teléfono y nos vamos a la puerta un ratillo de mientras llega la hora de la novela?? A tomar un poquillo el sol…total no tenemos na que hacer…y te termino de contar…es que la factura de teléfono…la del mes pasao la vió mi mario…….y casi me echa de casa…si no fuera por los ratitos de cama no habría quien lo aguantara……aaiinnsss
-ajajaja factura de teléfono dices…..jajaja que me vas a contar….desde luego somos la monda eh….mira que siendo vecinas y coger el teléfono….por cierto…tráete los calzoncillos esos negros boxes de mi mario que el otro día recogiendo la ropa se me cayeron a tu patio…y esta noche quiero que se los ponga…oye le quedan más apretaitos, mas mono…venga que cuelgo…allí nos vemos…