Página 23, párrafo quinto...
Pues yo también me sumo a esta iniciativa que me gustó nada mas verla…

ONCE MINUTOS
Paulo Coelho.
Al llegar a casa, sin embargo, dejó que su universo se derrumbarse, lloró toda la noche, sufrió durante ocho meses seguidos, y concluyó que el amor no estaba hecho para ella, ni ella para el amor. A partir de ahí, empezó a considerar la posibilidad de hacerse monja y dedicar el resto de su vida a un tipo de amor que no hiere ni deja marcas dolorosas en el corazón, el amor a Jesús. En el colegio hablaban de misioneros que se iban a África, y ella decidió que allí estaba la solución a su vida vacía de emociones. Hizo planes para entrar en el convento, aprendió primeros auxilios (ya que, según algunos profesores, moría mucha gente en África), se dedicó con más ahínco a las clases de religión, y comenzó a imaginarse como santa de los tiempos modernos, salvando vidas y conociendo la selva donde vivían tigres y leones.
Pero aquel año, el de su decimoquinto aniversario, no sólo le había reservado el descubrimiento de que el beso se da con la boca abierta, o de que el amor es sobre todo una fuente de sufrimiento. Descubrió una tercera cosa: la masturbación…
Y hasta aquí puedo (quiero) escribir…lo que viene a continuación está magistralmente descrito…tanto que hasta se siente…

ONCE MINUTOS
Paulo Coelho.
Al llegar a casa, sin embargo, dejó que su universo se derrumbarse, lloró toda la noche, sufrió durante ocho meses seguidos, y concluyó que el amor no estaba hecho para ella, ni ella para el amor. A partir de ahí, empezó a considerar la posibilidad de hacerse monja y dedicar el resto de su vida a un tipo de amor que no hiere ni deja marcas dolorosas en el corazón, el amor a Jesús. En el colegio hablaban de misioneros que se iban a África, y ella decidió que allí estaba la solución a su vida vacía de emociones. Hizo planes para entrar en el convento, aprendió primeros auxilios (ya que, según algunos profesores, moría mucha gente en África), se dedicó con más ahínco a las clases de religión, y comenzó a imaginarse como santa de los tiempos modernos, salvando vidas y conociendo la selva donde vivían tigres y leones.
Pero aquel año, el de su decimoquinto aniversario, no sólo le había reservado el descubrimiento de que el beso se da con la boca abierta, o de que el amor es sobre todo una fuente de sufrimiento. Descubrió una tercera cosa: la masturbación…
Y hasta aquí puedo (quiero) escribir…lo que viene a continuación está magistralmente descrito…tanto que hasta se siente…
Viernes 17 de diciembre de 2005
21’30 horas.
Pantalón vaquero nuevo, roto por la rodilla, camiseta negra, botas nuevas también. Hace frío. Cojo el chaquetón, el gorro y la bufanda marrón me tientan, me los pongo, me monto en el coche y me voy al bar…
Me llama Eva:
.- Hoy abres tu verdad? No puedo ir esta noche, mi sobrina tiene fiebre y me voy a quedar en casa.
.- Y tu marido?
.- No, mi marido hoy tampoco irá. Este fin de semana no contamos con él. Lo han llamado del coto para que descuartice las piezas de la cacería.
.- Vale…genial…Pues mi hermana está en Sevilla y Chiqui se va con su novia a no sé dónde…Hoy me las apaño sola pero mañana tendré que llamar a Isaac y a Óscar…
Abro la puerta y ahí estás, soledad. Qué extraño es un bar lleno de nadie. Necesito encender las luces. Rojas, verdes, azules, amarillas, forman una mezcla tenue que ayudan a ganarle terreno a esa intrépida adversaria que come de mis dudas. Miro el banco del fondo de la barra y… (ahora te me sientas ahí…que me ha dado un arrebato).
Me meto dentro de la barra del bar, me quito el chaquetón y la bufanda. Me olvido del gorro. Lo tengo todo preparado gracias a Toñi y a mi primo Mario. Encima del equipo de música hay una caja y una nota firmada por Mario que dice:
Jaime ha estado aquí y me ha dejado esta caja para ti. Son dos micrófonos y unos cd’s que le habías dejado para grabar. Los micrófonos te los regala por haberle dejado los altavoces para la fiesta y que lo llames para preparar la música de fin de año…De todas formas dice que se pasará esta noche por aquí con Maite…
Yo también me pasaré eh prima…pa’que me invites…no?...
Un beso Prima!.
Me río y cabeceo. (Este Mario…). Me llama la atención un Cd que sobresale de todo el montón de ellos. Es uno de Los Rodríguez…Y me acuerdo de alguien…que estará de concierto…
.- Bueno… pues… vamos a probar esto, aún es temprano para que comience a llegar la gente…
“Cada vez que toco un poco fondo,
cada vez que el tiempo vuela,
un recuerdo (más que) pasajero,
otra ilusión que llega.
Cada corazón merece una oportunidad,
y esta perdida sola en medio de la ciudad.
Soy el que lo piensa por los dos,
hasta que sale el sol.
Cada sensación o sentir vulgar,
una sola cosa, un sólo lugar.
Un recuerdo más que pasajero,
será como empezar otra vez de cero.
Cada corazón merece una oportunidad.
y está perdida sola en medio de la ciudad.
Soy el que lo piensa por los dos,
hasta que sale el sol”…
Miro el micrófono con timidez, mientras los pies “tararean” la canción que suena y poco a poco me va saliendo la voz, y me voy desinhibiendo. Río, canto, bailo, pierdo la noción del tiempo. En un instante me fijo desafiante en la inquilina del fondo que está embebida melancólicamente en esa botella de whisky que hoy no he tomado, le guiño y vuelvo a mi concierto.
Doy un loco y patoso giro. Se me enredan los pies con el cable, logro controlarme y, además, me doy cuenta que hay otro inquilino…Apoyado sobre la puerta, manos en los bolsillos de un pantalón vaquero, sin roturas, cazadora negra y una mirada que siempre ha sabido intimidarme, incluso hoy, entre tanta sutileza creada por las luces del bar…Baja su mirada, se mira los zapatos, me vuelve a mirar de reojo instantáneamente, sonríe y habla… (Hola…Cantarina…).
Logro reaccionar de la sorpresa doble que he recibido, por ser quien es y por encontrarme en esas circunstancias (se supone que cuando estas con la soledad “trabajas” para ella consciente de su monopolio, y eso antagónicamente te da ciertas libertades…). Sonrío, cabeceo, me llevo la mano a la cabeza (la otra sigue cogiendo el micrófono, que sigue ahí, manteniendo el tipo frente a unos labios mudos), vuelvo a sonreír, le miro y apago la música…
.- Hola…”espectador”…qué sorpresa…
.- Ya veo…
Se acerca canturreando la dulce condena sin dejar de sonreír ni de buscar mis ojos (burlón). Suspiro, muerdo mis labios, tapo mi cara…Estoy nerviosa, pero no me muevo del espacio en donde actué con chiste. Llega hasta mí. Se para a escasos centímetros de la estatua escuálida en que me he convertido. Me quita el micrófono como si tratara a una pequeña de cinco años. Escucho su respiración pausada, me estremece el intenso color de sus ojos y la profundidad de su mirada, sus largas pestañas. Siento sus manos que abrazan mi cintura y sigue acercándose. Sus manos suben por mis dorsales, sus labios rozan mis pómulos, mi rostro busca el roce con el suyo (sin afeitar). Ya no hay centímetros que nos separen, sigue con su picardía, acaricia mi pelo, sigue besando, sigo buscando su tacto…
Consigo balbucear unas palabras…- Qué haces aquí…No estabas en Córdoba… Juega con mi timidez, sin titubeos, muy seguro de sí mismo, y eso le hace aún más guapo. Busca mi oído y susurra… - Sí…pero…te echaba de menos…
Y me asusto. Me voy separando mientras le cojo la mano y la aprieto con fuerza. Siento una mezcla de angustia, pasión, frío, calor…pavor por mi debilidad, por la posibilidad de “otra vez te voy a hacer daño”,…pero es que te quiero, pero es que eres tú…pero es que…no puedo… (Ay!)…
Y llegó mi salvación. La ingenuidad de Mario, que interrumpió milagrosamente la inseguridad de su prima. Nos separamos con cierta vergüenza y aterrizamos en el suelo firme que fue escenario de una artista ilusoria…
Conversamos con el fresco de Mario y emprendimos la noche del viernes. En la barra fuimos dos. A veces nos miramos, a veces nos rozamos, a veces gritamos en silencio el acercamiento que vivimos minutos atrás…Y esa noche no dejé que pasara nada más. No volvimos a quedarnos a solas…Aunque a veces quería…Y es que creo que aún no estoy preparada…
Es largo de explicar y aquí pega un continuará…
Pantalón vaquero nuevo, roto por la rodilla, camiseta negra, botas nuevas también. Hace frío. Cojo el chaquetón, el gorro y la bufanda marrón me tientan, me los pongo, me monto en el coche y me voy al bar…
Me llama Eva:
.- Hoy abres tu verdad? No puedo ir esta noche, mi sobrina tiene fiebre y me voy a quedar en casa.
.- Y tu marido?
.- No, mi marido hoy tampoco irá. Este fin de semana no contamos con él. Lo han llamado del coto para que descuartice las piezas de la cacería.
.- Vale…genial…Pues mi hermana está en Sevilla y Chiqui se va con su novia a no sé dónde…Hoy me las apaño sola pero mañana tendré que llamar a Isaac y a Óscar…
Abro la puerta y ahí estás, soledad. Qué extraño es un bar lleno de nadie. Necesito encender las luces. Rojas, verdes, azules, amarillas, forman una mezcla tenue que ayudan a ganarle terreno a esa intrépida adversaria que come de mis dudas. Miro el banco del fondo de la barra y… (ahora te me sientas ahí…que me ha dado un arrebato).
Me meto dentro de la barra del bar, me quito el chaquetón y la bufanda. Me olvido del gorro. Lo tengo todo preparado gracias a Toñi y a mi primo Mario. Encima del equipo de música hay una caja y una nota firmada por Mario que dice:
Jaime ha estado aquí y me ha dejado esta caja para ti. Son dos micrófonos y unos cd’s que le habías dejado para grabar. Los micrófonos te los regala por haberle dejado los altavoces para la fiesta y que lo llames para preparar la música de fin de año…De todas formas dice que se pasará esta noche por aquí con Maite…
Yo también me pasaré eh prima…pa’que me invites…no?...
Un beso Prima!.
Me río y cabeceo. (Este Mario…). Me llama la atención un Cd que sobresale de todo el montón de ellos. Es uno de Los Rodríguez…Y me acuerdo de alguien…que estará de concierto…
.- Bueno… pues… vamos a probar esto, aún es temprano para que comience a llegar la gente…
“Cada vez que toco un poco fondo,
cada vez que el tiempo vuela,
un recuerdo (más que) pasajero,
otra ilusión que llega.
Cada corazón merece una oportunidad,
y esta perdida sola en medio de la ciudad.
Soy el que lo piensa por los dos,
hasta que sale el sol.
Cada sensación o sentir vulgar,
una sola cosa, un sólo lugar.
Un recuerdo más que pasajero,
será como empezar otra vez de cero.
Cada corazón merece una oportunidad.
y está perdida sola en medio de la ciudad.
Soy el que lo piensa por los dos,
hasta que sale el sol”…
Miro el micrófono con timidez, mientras los pies “tararean” la canción que suena y poco a poco me va saliendo la voz, y me voy desinhibiendo. Río, canto, bailo, pierdo la noción del tiempo. En un instante me fijo desafiante en la inquilina del fondo que está embebida melancólicamente en esa botella de whisky que hoy no he tomado, le guiño y vuelvo a mi concierto.
Doy un loco y patoso giro. Se me enredan los pies con el cable, logro controlarme y, además, me doy cuenta que hay otro inquilino…Apoyado sobre la puerta, manos en los bolsillos de un pantalón vaquero, sin roturas, cazadora negra y una mirada que siempre ha sabido intimidarme, incluso hoy, entre tanta sutileza creada por las luces del bar…Baja su mirada, se mira los zapatos, me vuelve a mirar de reojo instantáneamente, sonríe y habla… (Hola…Cantarina…).
Logro reaccionar de la sorpresa doble que he recibido, por ser quien es y por encontrarme en esas circunstancias (se supone que cuando estas con la soledad “trabajas” para ella consciente de su monopolio, y eso antagónicamente te da ciertas libertades…). Sonrío, cabeceo, me llevo la mano a la cabeza (la otra sigue cogiendo el micrófono, que sigue ahí, manteniendo el tipo frente a unos labios mudos), vuelvo a sonreír, le miro y apago la música…
.- Hola…”espectador”…qué sorpresa…
.- Ya veo…
Se acerca canturreando la dulce condena sin dejar de sonreír ni de buscar mis ojos (burlón). Suspiro, muerdo mis labios, tapo mi cara…Estoy nerviosa, pero no me muevo del espacio en donde actué con chiste. Llega hasta mí. Se para a escasos centímetros de la estatua escuálida en que me he convertido. Me quita el micrófono como si tratara a una pequeña de cinco años. Escucho su respiración pausada, me estremece el intenso color de sus ojos y la profundidad de su mirada, sus largas pestañas. Siento sus manos que abrazan mi cintura y sigue acercándose. Sus manos suben por mis dorsales, sus labios rozan mis pómulos, mi rostro busca el roce con el suyo (sin afeitar). Ya no hay centímetros que nos separen, sigue con su picardía, acaricia mi pelo, sigue besando, sigo buscando su tacto…
Consigo balbucear unas palabras…- Qué haces aquí…No estabas en Córdoba… Juega con mi timidez, sin titubeos, muy seguro de sí mismo, y eso le hace aún más guapo. Busca mi oído y susurra… - Sí…pero…te echaba de menos…
Y me asusto. Me voy separando mientras le cojo la mano y la aprieto con fuerza. Siento una mezcla de angustia, pasión, frío, calor…pavor por mi debilidad, por la posibilidad de “otra vez te voy a hacer daño”,…pero es que te quiero, pero es que eres tú…pero es que…no puedo… (Ay!)…
Y llegó mi salvación. La ingenuidad de Mario, que interrumpió milagrosamente la inseguridad de su prima. Nos separamos con cierta vergüenza y aterrizamos en el suelo firme que fue escenario de una artista ilusoria…
Conversamos con el fresco de Mario y emprendimos la noche del viernes. En la barra fuimos dos. A veces nos miramos, a veces nos rozamos, a veces gritamos en silencio el acercamiento que vivimos minutos atrás…Y esa noche no dejé que pasara nada más. No volvimos a quedarnos a solas…Aunque a veces quería…Y es que creo que aún no estoy preparada…
Es largo de explicar y aquí pega un continuará…

Y sigo perdida...
Recoge la carga que he sido
Y métela en ese vagón de ahí
A ver a dónde me lleva
Un cuerpo vacío
Sin nada que sentir
Es como dormir
En pesadillas,
En donde el ogro
Te da la mano
Empaqueta el resumen de lo vivido
No le pongas sello ni remite
A ver a dónde me lleva
Un alma torcida
Sin certezas que dudar
Es como buscar
En la basura,
En donde el gato
Restringe mi territorio
Dame esos zapatos de ahí
Aquellos que no tienen cordones
A ver a dónde llego
Una sombra que define
A un cuerpo y a un alma
Perdidos emprenden su viaje
En busca de lo que fue…
Y métela en ese vagón de ahí
A ver a dónde me lleva
Un cuerpo vacío
Sin nada que sentir
Es como dormir
En pesadillas,
En donde el ogro
Te da la mano
Empaqueta el resumen de lo vivido
No le pongas sello ni remite
A ver a dónde me lleva
Un alma torcida
Sin certezas que dudar
Es como buscar
En la basura,
En donde el gato
Restringe mi territorio
Dame esos zapatos de ahí
Aquellos que no tienen cordones
A ver a dónde llego
Una sombra que define
A un cuerpo y a un alma
Perdidos emprenden su viaje
En busca de lo que fue…
En pie de guerra
No sé cuándo empezó esta guerra, ni cuando, ni el lugar exacto. No puedo encajar el tiempo justo en el que dejé de ser la que era; el caso es que mi espacio se amontona de obstáculos en formas de preguntas amotinadas que en este momento de mi vida no encuentro respuestas para abatirlas.
Estoy en guerra conmigo misma. Tengo a mis ideales partidos por la mitad, descalzos en medio de un camino de cristales rotos…y no encuentro una escoba para barrerlos. Hubo un tiempo en que la busqué, incluso, desesperada por avanzar, fui apartando con mis propias manos los trocitos punzantes que me impedían caminar.
Avancé, varios metros, me inventé escobas, limpié el camino y fulminé obstáculos con una habilidad pasmosa. Me paré a descansar y me he dado cuenta que en ese pequeño intervalo de tiempo transcurrido he dejado algo más que el cansancio…Agotada retrocedí al lugar en el que gané una de tantas batallas a las que el destino me desafía. No hay cristales y, aunque no es mucha, la luz que queda me da para fortalecer la coraza que me he creado. Si miro al frente el reflejo de los obstáculos cristalinos me deslumbran; si miro hacia atrás la oscuridad tediosa hace que mis huesos tiemblen. Allá dejé un montón de ilusiones que no tengo ganas de retomar y allá me esperan un montón de ilusiones que no tengo ganas de crear. Será apatía, será…pero es que estoy cansada…“…¿Sabes lo que es la soledad?
- Sé lo que es.
- Pero no sabes qué es la soledad cuando se tiene la posibilidad de estar con todo el mundo, cuando se recibe todas las noches una invitación para una fiesta, un cóctel, un estreno de teatro. Cuando el teléfono no deja de sonar, y son “personas” a las que les encanta tu trabajo, que dicen que les gustaría mucho cenar contigo, son hermosas, inteligentes, educadas. Y algo te empuja lejos y te dice: no vayas. No te vas a divertir…Gastarás tu energía demostrándote a ti mismo que eres capaz de seducir al mundo…”
Once minutos
Paulo Coelho

