Blogs.ya.com Quitar publicidad
Viajo sobre las suelas de mis zapatos
Acerca de
Le molestó la luna por la ventana abierta...
Vosotros...
Sindicación
 
7 de abril de 2006
Tengo la espalda mojada y no encuentro mi orquilla. Aun llevo incrustado en mi mente el olor que dejaste en mi piel. No quiero vestirme, prefiero esperarte pero tengo que irme.

Ya han pasado los diez minutos de rigor, ahora se supone que tendría que empezar a vestirme, retocarme el cabello y salir a escondidas por la puerta de atrás…Ya lo sé, dame un minuto más, un penúltimo beso y ya me voy…como si nada…

Qué rabia me da. Sabes una cosa? Me gustaría que hoy fuera el día de nuestro juicio final. Porque hoy tendría el valor de pedirle cuentas al juez…y con su sentencia me haría un bolso…
-----------------------------------------------------------------------------------------------

Esta mañana el vacío que siento en el estómago duele más que la hinchazón de mi mejilla, es que me picó una avispa. Yo creo que era para reanimarme de esta hipnosis que padezco desde que me tuve que marchar.

Me pregunto que andarás haciendo. Yo sigo escondida…Qué tontería verdad?...Si aquí no me conoce nadie…

Hay un señor mayor que se sienta todas las mañanas en la plaza que da justo a mi ventana. Me gusta verle allí parado, deambulando por sus recuerdos, tan sólo, como yo…
-----------------------------------------------------------------------------------------------

Creo que me he vuelto loca, he visto tu rostro en el espejo y me asusté.

Estoy en la ventana tirada en el suelo, mirando al viejecito de la plaza (le he puesto Vicente…). Hoy lleva bastón y apoya sus penas en él, creo que hoy no es un buen día para ninguno de los dos…

Recuerdas aquel verano, en el que nos escapamos un par de días al Espigón? Sin ropa, sin comida ni bebida, solos tu y yo…Mi memoria se hace efecto y se convierte en aquel abrazo que me diste…Pero no, no voy a ponerme triste, me quedo con las carreras que nos echamos hacia la orilla del mar, con tu risa, tu caía aparatosa en el manto de conchas que lindaba con el agua, con tu…me he hecho daño…no te rías…

La nostalgia desenvaina su espada y tengo una deuda con el bote de nocilla…le robé su chocolate…creo que me voy a dormir…
-----------------------------------------------------------------------------------------------

Si al puré de zanahorias le echas un “quesito El Caserío” sabe mucho mejor…Se me ocurrió hace un par de días y…funciona…pero no creas que mi alimentación se basa únicamente en ese puré…las salchichas con tomate también me dan el apaño.

He dejado de ir a la facultad, el Derecho no era como me esperaba. Con el Código Civil he hecho barquitos de papel y se los he regalado a Vicente. Le hizo tanta ilusión que no pude resistirme a su invitación. Y re conozco que me hizo feliz ver aquel impulso que dio para levantarse de aquel banco que tripulaba resignado día a día. Posiblemente fuera el último que diera en su vida.

El chocolate caliente es un alimento pesado que reconforta cuando hace frío. En aquella tarde de marzo sureña me costó encontrar una cafetería que nos sirvieran un par de ellos. No fue nada fácil…Pero Vicente estaba contento y yo el doble de contenta al verle sonreír.

Tiene una sonrisa preciosa a sus setenta y picos años y los ojos verdes, como las playas de tu mar…sabes?...Y se le achinan cuando sonríe. Dan ganas de apretarlo, como cuando se abraza a un peluche…

Esa misma tarde decidió permitirse el lujo de ejecutar una locura más, y yo accedí encantada a transformarme en su fiel lazarilla.

Mientras musitaba el orden del día mis oídos no daban crédito a concebir lo que oían. Yo estaba pletórica por verle actuar y sólo podía obedecer.

Era casi imposible que Vicente llegara hasta el río, pero en aquellos momentos una extraña fuerza se convertía en el aparato locomotor de aquel cuerpo paralítico…Yo simplemente me dejaba llevar…
 
Tercer post de hoy...
Mientras tuvimos alas…

Fuimos imán y nevera…

Volvería a pintar tu pellejo si me lo pidieras; como aquella noche en que fuimos indios, destrozamos tu camisa y acabamos en el río.

Te acuerdas del paisaje? En la piscina juraría que aun queda agua de posguerra y la luna, que se refleja en ella, le regalaba su juventud. Aquella noche las estrellas hicieron un pacto y todos los destellos iban a tus ojos, yo, ensimismada, me acurrucaba en tus brazos. La brisa hacia bailar a las ramas del sauce llorón que nos tapaba del resto del mundo y Doña Lechuza vigilaba nuestra guarida secreta.

Te cuento otra vez esa historia? Me encantaría entrar en ese hotel, sino fuera porque me asustan los fantasmas…no te rías…que existen…pero no todos van a ser tenebrosos…Mira, para quitarme el miedo, solo me fijo en una de las trescientas ventanas que nos miran. Esa de allí, la última de la tercera fila, hacia la derecha…la ves? Ves dos sombras que se abrazan? Miran a la Luna y ella le pide un deseo a la estrella fugaz que acaba de pasar. El se bebe las lágrimas en silencio porque no quiere que ella se debilite aún más. Le duele tener que irse sin saber si va a volver y piensa en abrazarla tan fuerte hasta que el alma se encaje en el cuerpo de ella. Ella suspira y le agarra su mano con el consuelo de que así lo retendrá y piensa en secuestrarlo allí mismo donde están, cerrar la puerta con llaves y tragárselas de una sentada…Por amarte de esta forma he perdido la cordura, dime a cuántos tengo que matar para que se acabe esta guerra…

Te imaginas que se encienda una luz en una de esas ventanas? No! No me lo imagino, no quiero ni pensar….Pero no seas tonta…Piensa que son tus amigos, la pareja de amantes que nos llaman para prestarnos su alcoba…Si es así…iría contigo, cerraría la puerta con llaves y me la tragaría de una sentada…Te has quedado callado…qué piensas?...Miro al cielo esperando una estrella fugaz para pedirle que ilumine la última ventana de la derecha, en la tercera fila…
 
segundo post de hoy...
Un regalito de mi querido boinis que estuvimos de kdd en Sevilla y olé...que bien que nos lo pasamos...hay que repetir...

gracias al flaquillo te conocí
desde el principio me preguntaba
como el corazón no te asomaba
en ese cuerpecito con pedigrí

y desde el momento en que te vi
poquito a poco yo me enamoraba
de esa chiquilla ,tan rica estaba
se rie con mi deje, ella es asi

si no en tu huelva sera en granada
si no hay dinero, yo robo un banco
pero me debes otra madrugada

musa del sur, arte en las venas
ay que agustito, contigo al lado
conocerte si que merecio la pena
 
Mientras tuvimos alas...
Del último libro que leí…
Mientras tuvimos alas
Juan Cobos Wilkins


"En la oscuridad, el ruido de esa masa de agua impresiona, sobrecoge, parece otro, es otro. Nacido del más hondo, algo remoto y vivo. Una nube que crecía engullendo algunas más pequeñas, avanzaba desde el oeste pero, lejos aún de la Luna, no ocultaba su visión. Enfoqué los prismáticos. Quizá ahora, en este mismo instante, Neil Armstrong o Edwin Aldrin ponían las suelas de sus zapatos o clavaban la bandera de barras y estrellas en esa superficie que imaginaba como los polvos de talco con los que el barbero me espolvorea el cogote y, luego ¡tras!, me da una palmadita. Levanté el pie y, con fuerza, presioné la planta contra la arena mojada de la orilla para dejar yo también mi huella junto a este mar que era como aquel lejano cielo, un mar sereno. Debió de pasar bastante tiempo (la nube, tragadas todas las pequeñas, se había hinchado como un pez globo), cuando percibí otra presencia. ¿No estaba solo? No estaba solo. A unos metros, con su traje amarillo, la loca de las olas permanecía inmóvil frente al mar. No me asusté, no me dio miedo. La sentí cómplice, la única que, igual que yo, había ido a la playa la noche en que el hombre pisaba por primera vez la Luna. Y sin dudarlo, me acerqué. Como una oración. Quid est tibi, mare, quod fugisti? Como una letanía, Quid est tibi, mare, quod fugisti?, bisbiseaba, Quid est tibi, quod fugisti?, medio cantada, Quid est tibi, mare, quod fugisti?, la del cabello semejante a las mareas, la que sabía el secreto de la casa, la que mojó con mi sangre sus labios y los mios, la guardiana de las metamorfosis, lanzaba a la noche desde la orilla aquellas palabras. Una y otra vez, sin descanso, Quid est tibi, mare quod fugisti? Quid est tibi, mare…

Bruscamente, calló. Los dos quedamos en silencio mirando el mar, la mar. En no pensar en nada pensaba yo, pero ¿y ella?, ¿estaría, como siempre, como era su obsesión, contando olas? Y mientras dejaban su espuma a nuestros pies, me atreví y le pregunté:
- ¿Cuántas llevas?
- Una. Siempre es la misma."

Me encantó este libro, y lo recomendaría si no fuera porque para mí todos son recomendables...