27 de junio de 2006
Quisiera ese golpe en la cabeza…
Es como estar al borde de un afilado precipicio…El viento será la mano que empuje a mi cuerpo. Caerá y se incrustará en el filo puntiagudo de la roca que sea capaz de sobresalir para cometer el crimen.
Demasiados recuerdos, demasiada culpa, demasiado dolor…Han hecho que me aleje de todo. El escudo que creé para que me protegiera se ha hecho más fuerte que yo, y ahora sólo soy ese escudo…que se llama indiferencia…me he dado cuenta y no me gusta…no me gusto…Demasiados “demasiado”…y me da igual caer…

Es como estar al borde de un afilado precipicio…El viento será la mano que empuje a mi cuerpo. Caerá y se incrustará en el filo puntiagudo de la roca que sea capaz de sobresalir para cometer el crimen.
Demasiados recuerdos, demasiada culpa, demasiado dolor…Han hecho que me aleje de todo. El escudo que creé para que me protegiera se ha hecho más fuerte que yo, y ahora sólo soy ese escudo…que se llama indiferencia…me he dado cuenta y no me gusta…no me gusto…Demasiados “demasiado”…y me da igual caer…
El poema de Tobías desangelado (A. Gala)
Ensimismada de Tobías y su manera de amar...
Dan ganas de volver a creer...
San Martín
A la isla de la Amistad, en la mañana
que va a ceder el huracán,
llegan las mariposas…
Así en mi corazón, las salinas de plomo
dan paso a los diamantes
amontonados de la dicha…
Siempre nos cerca el mar, efímero y eterno,
con sus versátiles zafiros.
Pero el agua es la misma noche y día.
Cambian los ojos con los que la miramos
y que acaso ella mira. Cambian
la distancia y la hondura,
el matiz de los cielos,
las luces tan exentas
de ella, la sima en que se hospeda,
el movimiento que la desaloja,
brusco o suave,
y la inmovilidad en que se estanca y pudre…
Tal sucede, así el agua,
también con el amor,
heredero y corona de sí mismo,
y de sí mismo trono, abdicación y reino…
Con ligeros pasos de danza,
o vacilantes pasos ebrios,
se acerca aquí la muerte;
pero ¿qué importa?
Bajo el metal del sol, también imperturbable,
el telón se levanta.
Llega el último acto
y es necesario sonreír.
Murmuremos aún unas palabras…En esta isla
los marineros seguirán comiendo y navegando;
largarán las velas
al viento que se aíra en tempestades;
comprarán los curiosos
al mediodía inútiles recuerdos;
vencerán los flamboyanes, con fatiga,
la ruina próxima;
persistirá, incólume, la ceiba…
Las salinas de plomo darán paso
a las veteadas malaquitas del mar…
Eso sucede con mi corazón.
Las mariposas, heraldos de la calma,
inundarán de alas el paisaje…
Pero yo no estaré. No importa. Nada importa.
Porque antes de ausentarme,
frente a la soledad del mar, habré de oír
la adorable llamada.
La llamada que escribe con su dedo
mi verdadero nombre,
en la paz de la arena, junto al tuyo.
Dan ganas de volver a creer...
San Martín
A la isla de la Amistad, en la mañana
que va a ceder el huracán,
llegan las mariposas…
Así en mi corazón, las salinas de plomo
dan paso a los diamantes
amontonados de la dicha…
Siempre nos cerca el mar, efímero y eterno,
con sus versátiles zafiros.
Pero el agua es la misma noche y día.
Cambian los ojos con los que la miramos
y que acaso ella mira. Cambian
la distancia y la hondura,
el matiz de los cielos,
las luces tan exentas
de ella, la sima en que se hospeda,
el movimiento que la desaloja,
brusco o suave,
y la inmovilidad en que se estanca y pudre…
Tal sucede, así el agua,
también con el amor,
heredero y corona de sí mismo,
y de sí mismo trono, abdicación y reino…
Con ligeros pasos de danza,
o vacilantes pasos ebrios,
se acerca aquí la muerte;
pero ¿qué importa?
Bajo el metal del sol, también imperturbable,
el telón se levanta.
Llega el último acto
y es necesario sonreír.
Murmuremos aún unas palabras…En esta isla
los marineros seguirán comiendo y navegando;
largarán las velas
al viento que se aíra en tempestades;
comprarán los curiosos
al mediodía inútiles recuerdos;
vencerán los flamboyanes, con fatiga,
la ruina próxima;
persistirá, incólume, la ceiba…
Las salinas de plomo darán paso
a las veteadas malaquitas del mar…
Eso sucede con mi corazón.
Las mariposas, heraldos de la calma,
inundarán de alas el paisaje…
Pero yo no estaré. No importa. Nada importa.
Porque antes de ausentarme,
frente a la soledad del mar, habré de oír
la adorable llamada.
La llamada que escribe con su dedo
mi verdadero nombre,
en la paz de la arena, junto al tuyo.
Memorias de una Geisha
La adversidad es semejante a un vendaval. Y no me refiero sólo a que nos impida ir a lugares a los que de no ser por ella habríamos ido. También se lleva de nosotros todo salvo aquello que no se puede arrancar, de modo que cuando ha pasado nos vemos como realmente somos, y no como nos habría gustado ser. La hija del Señor Arashino, por ejemplo, sufrió la muerte de su marido durante la guerra, y tras ello se entregó a dos cosas: cuidar a su pequeño y coser paracaídas para los soldados. Parecía no importarle nada más. Conforme adelgazaba, sabía dónde iba cada gramo que perdía. Hacia el final de la guerra, se aferró a aquel niño, como si estuviera al borde de un precipicio y sólo él pudiera impedirle caer.
Como yo ya había pasado antes por la adversidad, lo que aprendí de mí misma entonces fue como un recordatorio de algo que supe en su día y que casi había olvidado, es decir, que bajo las ropas elegantes y el dominio de las artes de la danza que bajo mi amena y sagaz conversación, mi vida no tenía ninguna complejidad, sino que era tan simple como una piedra que cae por su propio peso…
…Pero mi vida se hizo mucho más dulce y agradable a partir del momento en el que el Presidente se convirtió en mi danna. Me fui sintiendo como un árbol cuyas raíces hubieran encontrado al fin la tierra húmeda y fértil bajo la árida superficie. Nunca Había tenido motivos, como ahora, para sentirme más afortunada que otros. Y he de decir que tuve que pasar un largo periodo en aquel estado de felicidad antes de que empezara a serme posible mirar atrás y admitir lo infeliz que había sido en el pasado. Estoy segura de que otro modo no habría podido hacer la narración de mi vida. Nadie es capaz de hablar honestamente de sus sufrimientos hasta que ha dejado de sentirlos.
Cuando avanzamos contracorriente cada punto de apoyo adquiere una importancia característica
Memorias de una Geisha
Arthur Golden
Como yo ya había pasado antes por la adversidad, lo que aprendí de mí misma entonces fue como un recordatorio de algo que supe en su día y que casi había olvidado, es decir, que bajo las ropas elegantes y el dominio de las artes de la danza que bajo mi amena y sagaz conversación, mi vida no tenía ninguna complejidad, sino que era tan simple como una piedra que cae por su propio peso…
…Pero mi vida se hizo mucho más dulce y agradable a partir del momento en el que el Presidente se convirtió en mi danna. Me fui sintiendo como un árbol cuyas raíces hubieran encontrado al fin la tierra húmeda y fértil bajo la árida superficie. Nunca Había tenido motivos, como ahora, para sentirme más afortunada que otros. Y he de decir que tuve que pasar un largo periodo en aquel estado de felicidad antes de que empezara a serme posible mirar atrás y admitir lo infeliz que había sido en el pasado. Estoy segura de que otro modo no habría podido hacer la narración de mi vida. Nadie es capaz de hablar honestamente de sus sufrimientos hasta que ha dejado de sentirlos.
Cuando avanzamos contracorriente cada punto de apoyo adquiere una importancia característica
Memorias de una Geisha
Arthur Golden