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Viajo sobre las suelas de mis zapatos
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Le molestó la luna por la ventana abierta...
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Queria tenerte conmigo
Son muchos los recuerdos que viajan conmigo, y cada vez que salen a la luz se me escapan sonrisas. Gracias por cruzarte en mi camino y gracias por quererme. El cariño que te tengo sigue permanente a pesar de tu ausencia...

Querida amiga:

Se va acercando el día en el que el destino hizo que coincidiéramos en aquella cafetería en la que tú, tal y como me contaste tantas veces, ibas cada tarde a la misma hora con la excusa de tomar un café; aunque la verdadera razón por la que te sentabas en el mismo lugar de siempre era sentir ese cosquilleo que emergía de tu estómago cada vez que el camarero de ojos azules y achinados se cruzaba por tu mesa y, con su mirada, te mandaba mensajes de amor. Camarero que se convirtió en tu esposo y en el padre de tus niñas.

Yo entré en esa cafetería por casualidad, bueno más bien por necesidad. Estaba esperando a que mi padre saliera del trabajo y, cansada de observar el mismo paisaje aburrido y gris de naves industriales, me decidí a entrar para comprar unos chicles. Y ahí estabas tú, ajena a todo lo que pasaba en la cafetería y sólo pendiente del trajín que llevaba tu chico de un lado para otro, soltando y cogiendo tazas de cafés de las mesas al mostrador, del mostrador a la mesa.

El golpe que me di contra la silla libre de tu mesa hizo que te fijaras en mí. Nos miramos, te reíste de mí (cosa que no me importó en absoluto porque yo misma lo hice) y entonces comencé una conversación que duró horas. Esa silla nos hizo amigas, buenas amigas, confidentes de secretos y muleta de apoyo en los días en los que todos y todo se enfadaban con nosotras.

Pues sí, pronto llegará ese día, concretamente sólo faltan dos sueños. Me acuerdo perfectamente, igual que me acuerdo del día en el que el mismo destino que nos juntó te obligó a bajarte en dos estaciones antes, y lo peor de todo es que lo hizo sin avisar. Te pilló por sorpresa (a ti y a todos) y aunque forcejeaste y luchaste como toda una campeona de boxeo, al final, el revisor sin sombra te echó del tren; por lo visto no pagaste el billete….como si fueras la única…..pero te eligió a ti…

Hoy te echo de menos amiga. Tengo tantas cosas que contarte…

Tus dos niñas están preciosas. Se han convertido en dos mujercitas rebosantes de vida. La mayor es tu vivo retrato. Es impresionante cómo se parece a ti. Reservada, tímida y con la misma mirada cándida que la tuya. La pequeña es un huracán de risas y alborotos. En el colegio les va muy bien. Son listas y tienen afán por aprender. A menudo las veo correteando por las calles jugando al escondite con sus amigos. Son dos niñas felices que no te olvidan, me consta.

Tu marido sigue como siempre. Aún le duele tu pérdida y se ha refugiado en el trabajo. Ahora hace deporte (¿impresionante verdad?, pues si, lo hace). Se ha apuntado a un gimnasio. Se lo recomendó el psicólogo como válvula de escape a tanta tristeza. Se ha hecho amigo del dueño del gimnasio y poco a poco está retomando el hilo, aunque no te olvida, me consta.

Tu madre………. A tu madre la veo poco, menos de lo que realmente me gustaría, pero está bien. Es una testaruda orgullosa. Se ha creado su propia burbuja y sólo sale cuando ella quiere, y me satisface que me utilice, aunque sea poquitas veces, para desahogarse. Lloramos juntas e incluso hay días en los que en su rostro se refleja un ápice de tranquilidad y serenidad. Todos los días te manda con el cartero las flores que tanto te gustan: Las margaritas. La pérdida de un hijo es demasiado doloroso, no imagino ese dolor, pero, por supuesto que, no te olvida, me consta.

Sí, ya sé que tengo que contarte de mí, no creas que me olvido, lo que pasa es que, como sabes de sobra, soy demasiado reservada para hablar de mis “cosas”. Lo más importante, y seguro que es una noticia que te agradará mucho saber: No me casé. Fue una decisión difícil. No me atrevía a dar el paso y es que fue tanto el tiempo el que pasé regalándole mi vida que me acomodé y abandoné a la suerte. Por un momento dejé de luchar y me convertí en una marioneta. Sólo me sentía feliz cuando llegaba la hora en que Morfeo, con un silbido, me anunciaba que ya era la hora de fabricar esperanzas que se esfumaban cuando el despertador repicaba en la mañana. Antes de dormir me acordaba de tus palabras: “No te cases, no lo hagas, ese hombre no te merece. No dejes que el “qué dirán” te prive de esa libertad que tanto defiendes. El hombre de tu vida, el príncipe de tus sueños, aún está por llegar. Lo que hay entre ustedes no es amor, no te engañes, no dejes que te abrume con besos disfrazados…”. Esa cobardía una tarde la dejé en la ducha dándose un buen baño, la distraje y salí corriendo en busca de “él”. Se lo solté todo de golpe, rompí mi relación. Acabé como la mala de la película y…hasta ahora. Sigo creyendo en el amor no perfecto pero sí verdadero; amor que no busco pero si que le añoro. Estoy tranquila, vivo feliz y soy libre.

Me siguen llamando loca, no puedo evitar ser como soy. Una mujer impredecible de armas tomar, aunque a veces me gustaría reprimir mis sentimientos.

Los zapatos que tanto te gustan aún no los he estrenado, los sigo guardando para una ocasión especial, un baile que algún día, sin duda, llegará…

Supongo que ya has conocido a mi abuelo. Un hombre de lo más encantador. Seguro que ya te ha contado sus hazañas en Sevilla y sus batallitas en las Playas de Huelva. Dale un beso de mi parte y disfruta de él, tenéis todo el tiempo del mundo.

Se me olvidaba contarte que, gracias a Dios, el teclista pelirrojo de la orquesta este año no vino para las fiestas. Menos mal, porque después del sueño que tuve no podría mirarle a la cara…qué alivio…

En este día tan especial para las dos volveré a aquella cafetería a la que no he vuelto a ir, me sentaré en “tu sitio”, tomaré un café y compraré chicles.

No dejes de brillar allí arriba porque yo, aquí abajo, no te olvido, me consta.

Hasta la vista, te quiere mucho tu amiga
Nica.
No