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Viajo sobre las suelas de mis zapatos
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Le molestó la luna por la ventana abierta...
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31 de mayo de 2006.
En el baño había una cola concurrida de señoras y señoritas. Me tocaba ser la última y la playstation me quitaba el puesto. Cuando llegué ya no estaba, aunque me había dejado su chupa de cuero y unos besos que marcaron. Allí ya no tenía nada que hacer, así que, decepcionada, cogí mi bolso y me fui a dormir.

Me paré en unos cuantos garitos y tomé un poco más de la cuenta... No atinaba con la cerradura. Me dio la risa tonta y el cansancio azotó a mi cuerpo. Tuve que sostenerme en la puerta para no caer y entonces alguien se acercó por detrás, me acorraló hasta intimar. Me di cuenta que era él. Cogió mi mano, atinó con la llave y me subió a casa…

Otra cerradura más, le di las llaves sin dudar. No me acordé que la luz de la habitación estaba fundida y no había comprado la bombilla. El deseo junto con el instinto nos hicieron encontrar con un roce mitad susto mitad ansiedad…Supe que estaba muy cerca de mí porque notaba su respiración larga y pausada. Una mano se coló por mi camisa y la otra se enredaba en mi pelo mientras me acercaba a su cuerpo. El corazón empezó a bombear excitadamente, mis pestañas le hacían cosquillas en sus mejillas y sentí sus labios en mi cuello…Sólo pude sonreír…Sus manos ahora se fueron a los botones de mi camisa, que uno a uno fue desabrochando. Ese fue el principio de la desnudez. Entre caricias y más besos nos quitábamos la ropa y cuando acabamos me echó en la cama. Sentir su peso sobre mí me hacía aun más arder en pasión y mis manos no podían estarse quietas…buscaban su cintura, su espalda, su cuello…su pelo.

Cerró la comisura de mis labios con un beso jugoso y largo…muy largo…La respiración ya no era tan pausada y tan sólo se escuchaba a dos corazones golpeando el pecho por querer salir de ese espacio…ahora tan reducido por aquel momento de fogosidad. Sus manos recorrieron el contorno ondulado de mi cuerpo hasta pararse en mi entrepierna. Apretó el muslo y los separó. Hizo un pequeño giro para incorporarse sobre mí, cogió mis manos, estiró mis brazos y me besó mientras se introducía en mí.

La cama se convirtió en una pista de baile y nosotros comenzamos a danzar, el ritmo se fue acortando, las palpitaciones, la respiración, ahora jugaban a toda máquina y el sudor nos bañaba la piel. Me deslicé sobre ti como una serpiente hambrienta y tu me atrapaste en tu tela de araña. Entre tanta oscuridad, el silencio se hacía pequeño. La cama golpeaba la pared y se nos escapó un gemido, te apretabas contra mí, cada vez con más fuerza, cada vez más hambriento. Los cuerpos ya no se sentían, nos invadió la cosquilla, y el placer se consumó con el éxtasis…Nos fuimos tranquilizando y recobramos el aliento. El bienestar se materializó en cansancio y la calma hizo que nos quedáramos dormidos…hasta la mañana siguiente…
(2ª parte(by Boina))
El despertó antes, con la compañía de su abrazo y de los restos de sudor, que desprendía no un olor desagradable, sino el dulce olor del deseo y la pasión.

“Lo recordaba todo de la noche anterior”, no quiso despertarla, se quedó unos minutos mirándola mientras dormía. Era el momento de la reflexión, la noche no dio para pararse a pensar que aquello no fue solo sexo, que ella era algo más para él, sin saber qué era exactamente. Mientras ella dormía, él volvía a ser el tipo gris de siempre, que no era capaz de disfrutar de los momentos felices de la vida por sus miedos, que siempre pensaba que tras la felicidad vendrían las lágrimas, por un lado o por otro. Sintió ganas de besarla y decirle que la quería, y volver a enredarse entre las sábanas que fueron privilegiados testigos de su noche de pasión, aquella que ni el tiempo ni nada ni nadie borraría jamás. Sin hacer mucho ruido, la besó en los labios, y ella se estremeció levemente. Mientras se vestía, él sabía que ella estaba despierta aunque fingía dormir, y que lo observaba. Cogió sus cosas y se fue.

La semana transcurrió como otras, pero con un resto de nostalgia y de tristeza tras lo vivido en él, añadido a su habitual ya estado de ánimo tendente a la baja, en consonancia con sus augurios para el futuro. El único contacto entre ellos eran mensajes al móvil llenos de cumplidos, de cómo estás, que tal te va. Ninguno de los dos se atrevió a dar el paso de quedar otra vez, aunque él lo deseaba, y estaba seguro de que ella también.

Una noche, tan oscura y vacía como las demás, le perdió el miedo a ese invento tan necesario y que él detestaba llamado teléfono móvil, y la llamó. Al hablar con ella tenía la sensación de estar hablando con alguien que conocía toda la vida, cuando realmente sus encuentros se podían contar con los dedos de una mano, y sobraban dedos. Ese día, notaba que ella estaba esperando esa llamada, y tras las conversaciones de rigor, no dilató demasiado su propuesta de quedar otra vez y la invitó a ver una película.

Al verla, al hablar con ella, al observarla, no podía evitar acordarse de aquella noche en la que se amaron. Pronto la película pasó a un segundo plano, y su mano empezó a tocar la suya, en esos juegos en los que tanto disfrutaba, ella le apartaba la boca, y entre risas acabaron besándose durante prácticamente toda la película. Su mano, posada durante un rato en su rodilla, no podía evitar la tentación de jugar por debajo de su camisa, a lo que ella respondía con golpes para pararle, y susurros de que nos iban a ver, lo que aumentaba más aún el morbo de la situación. Cuando no había terminado la película, él le propuso, bastante excitado, ir a una pensión que había cerca, a lo que ella respondió que por lo menos terminaran de ver la película. No hubo respuesta de su parte, solo se levantó y la cogió de la mano, a lo que ella respondió con mirada divertida y un poco sonrojada por el espectáculo que dábamos al resto del cine.

Entre besos apasionados, llegaron a la pensión. Rellenó el trámite del alquiler de la habitación y subieron . Entró al servicio para refrescarse, se quitó la camiseta, y salió. Ella estaba en la cama, desnuda y enredada en una toalla que había allí. A partir de ahí, de repente y como en una película de cine mudo, ya las palabras sobraron. El se puso en el borde de la cama, acariciándole las rodillas y los pies, mientras le besaba los tobillos e iba subiendo por todas sus piernas, una mano iba quitándole poco a poco la toalla.

Sus labios fueron recorriendo su cuerpo lentamente, palmo a palmo, como recreándose, mientras sus gemidos eran cada vez más audibles y placenteros, lo que le aceleraba a él el corazón y le volvía loco de pasión. Al llegar a su sexo, ella lo cogió del pelo y lo besó con la mayor pasión con la que jamás le habían besado, mientras sus dos sexos, con más vida propia que nunca, se fueron juntando hasta que sus dos cuerpos fueron más que nunca una unidad…
 
Comentario:
cuanta pasión se derrocha en tus palabras,, besos
 
Comentario:
"Se nos iba la vida
al quitarnos la ropa
en aquella pensión
tan pegada a la playa..."
(Quique Gonzalez)

!A vivir apasionadamente!, esto son dos dias.

Besos a los dos
 
Comentario:
Besos y labios..pasión...deseo...genial!!

Bikiños.biko azul
No