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Historia desperdiciada
Todos tenemos un pasado al que nos gusta volver. Pasado que para algunos dura toda una vida o como en este caso “unos” días. Ahora ya son recuerdos que provocan sosiego y satisfacción por haber aprovechado ese tiempo de vida. Hoy una canción los ha despertado y transformado en historia…



Siempre se sentaba en el mismo banco del mismo parque de una ciudad en la que, a pesar de acogerlo con su hospitalidad indiferente, no terminaba de familiarizarse y se sentía un extraño. Decidió marcharse porque la soledad no le dejaba respirar y los días pasaban uno detrás de otro sin aportar nada a su anquilosada vida. Ese sentimiento de culpa por esa actuación equivocada que las locas hormonas de la edad le alejó de ella.

La conoció en una tarde de abril sentada en un rincón de sombra en el que parecía esconderse del mundo. Quería que todos pensaran que se distraía mirando una cigüeña hacer su nido, y a simple vista lo hacia bien, hasta que él se acercó a pedirle la hora con la excusa de provocar el encuentro y se dio cuenta que lo que miraba no era el trabajo del ave. La luz de sus ojos se dirigía a ninguna parte y la sombra de un cuerpo espigado tapando el sol de su rostro la hizo despertar. Dirigió sutilmente la vista hasta encontrarse con unos ojos negros que pedían a gritos una sonrisa y ella, se la regaló. Para romper el hielo el le preguntó sobre esos dibujos que estaban en el suelo a medio terminar. Una palabra detrás de otra que formaban frases tímidas dio lugar a una conversación de tu a tu que duró hasta el atardecer. El le ayudó a recoger sus dibujos y con los últimos rayos del sol iniciaron la partida. Le acompañó hasta la puerta de su casa y se despidieron hasta mañana.

Ese fue el comienzo de una relación sin reglas, en donde la sorpresa incitaba a la ilusión, y ésta, a su vez, hacía que el tiempo transcurrido para ambos fuera feliz. Una relación en donde los sentimientos fluían con la misma fuerza que el agua de un manantial.



Hace demasiados meses
que mis payasadas no provocan tus
ganas de reír.
No es que ya no me intereses
pero el tiempo de los besos y el sudor
es la hora de dormir.
Duele verte removiendo la cajita de cenizas que el placer
tras de si dejó.
Mal y tarde estoy cumpliendo la palabra que te di cuando juré
escribirte una canción.
Un dios triste y envidioso
nos castigó
por trepar juntos al árbol
y atracarnos con la flor de pasión
por probar aquel sabor.


Esa tarde calurosa que incitaba a un verano prematuro ella había recibido una carta en la que le aceptaban una beca de estudios para iniciar su carrera universitaria y, quería darle una sorpresa. Ilusionada fue a buscarle. Se dirigió hacia el bar que tenía en el centro del pueblo y en el que tenía un pequeño escenario para tocar con su grupo canciones de Sabina. La puerta estaba entreabierta, no llamó y esa euforia que llevaba se convirtió en decepción al encontrar a “Germán” besando a una compañera de clase con la que había compartido más de un apuntes. Hundida se dio media vuelta, no se dejó ver y se marchó. Desde esa noche no volvió al local, se perdió en las clases, en las bibliotecas, en su cama, en sus sueños…hasta que llegó el verano y se fue de vacaciones a un pequeño pueblo con mar en el que peleó con el olvido en una batalla trascendental para su vida y de la que solo quedan cicatrices que a veces pican… y muchos recuerdos agridulces que puntean como metralla en sus corazones.

Ni inocentes ni culpables
Corazones que desbroza el temporal,
carnes de cañón
No soy yo ni tu ni nadie
Son los dedos miserables que le dan
cuerda en el reloj
Y no hay lágrimas que valgan para volver
A meternos en el coche donde aquella noche
en pleno carnaval
Te empecé a desnudar



Dos cobardes jugando al amor:

Ella, ganada por su propio orgullo, rechazaba cualquier idea de reencuentro y esquivaba cualquier casualidad posible de volverle a ver.
El, abatido por su propia decepción, impuso en su vida y con prioridad ese error que hasta ahora no se ha perdonado…

Quedaron muchas dudas en el aire; preguntas con infinitas respuestas sostenidas en una cuerda ilusoria por suposiciones banales; pero sobre todo quedó un pasado limitado a 15 días concretos que nadie les podrá arrebatar y en el que a pesar de todo fueron felices.

El agua apaga el fuego y el ardor los años
Amor se llama el juego en el que un par de ciegos
Juegan a hacerse daño
Y cada vez peor y cada vez más rotos
Y cada vez mas tu y cada vez mas yo sin rastro de nosotros


Ha pasado el tiempo, demasiado ya, y hoy por hoy, los dos tienen una vida mas o menos estable. Él, lobo solitario que picotea entre la diversidad de las mujeres, vive en una ciudad a la que aun se está amoldando, pero a la que le debe un bar que regenta con gusto y satisfacción. Ella, que volvió a su pueblo por trabajo, disfruta de una soledad merecida y anhelada que ha personalizado con el paso del tiempo; aprovecha la tranquilidad de su entorno para desquitarse de sus aficiones y sigue modelando su vida de esa forma tan especial que la hace única.

Yo la llevo observando desde hace varios días y me ha fascinado lo bien que se lleva con la soledad. Todo el mundo la conoce y por lo que he visto, es alguien muy sociable y lo mejor de todo es que siempre sonríe y su mirada es capaz de tranquilizar hasta al peor de los desquiciados…

Esta tarde me la encontré sentada en un banco lateral de la Plaza de San Pedro observando el agua antigua de la fuente central. Estaba como siempre, radiante y plena, sin embargo al mirarla a los ojos logré rescatar de su mirada un ápice de nostalgia. El viento favorable trajo a mis oídos sus susurros dulces….

Cantaba el estribillo de una canción….al otro lado del mundo alguien entonaba esa misma canción sentado en el mismo banco del mismo parque….

El agua apaga el fuego y el ardor los años
Amor se llama el juego en el que un par de ciegos
Juegan a hacerse daño
Y cada vez peor y cada vez más rotos
Y cada vez mas tu y cada vez mas yo sin rastro de nosotros



- ¿Se han vuelto a ver?
- Sí, en otra canción…
 
 
Comentario:
Ayy Nica... me has dejado sin palabras!!....... Ese estribillo es, ademas de perfecto (me saco el sombrero ante el maestro), muyyy cierto; pero creo q a veces ese par de ciegos no son precisamente ciegos por no poder ver, sino por no querer ver. Sucede que a veces el amor da miedo (muchas veces, y mucho miedo), y cuando tenemos miedo, quizas como un reflejo natural, cerramos los ojos. Y al cerrar los ojos no solo hacemos daño sino que dejamos de ver todo eso maravilloso q hay detras del miedo... es decir, el amor........ Asique, quizas, simplemente haya q ir abriendo los ojos de a poquito, como para ir acostumbrandolos a la luz, y no encandilarse... ;)

Besos desde el otro lado del charco!!... y a abrir esos ojazos, eh?
No