Terrenos inestables
Hablar de nuestros sentimientos nos ayuda mucho. Transformar las emociones en palabras nos hace ser un poco más conscientes de lo que nos está sucediendo y eso, aunque parezca absurdo, nos hacer ver el problema y hallar mejor la solución. En las prácticas de psicología que realizo, a veces tengo que visitar a personas para hacerles un seguimiento psicológico. Hace poco fui a ver a una mujer de unos treinta años que tenía problemas con su novio y esto le estaba afectando a su vida general. No voy a contar la consulta, tampoco os serviría para mucho, pero sí una analogía que le dije a ella y que, según se la decía me iba haciendo consciente de dónde estaba mi problema.Las relaciones de pareja son como una casa. Lo primero que debe hacerse es el plano. Después, elegir el terreno en el que queremos construirla. Tenemos que ver si el terreno es estable, si es agrietado, si es fuerte, si se hundirá con el peso, etc. una vez que hemos elegido el terreno, comenzamos con la construcción. Los cimientos, los ladrillos, el cemento, etc. y cuando finalmente hemos construido la casa, queda lo de dentro. El color de las paredes, las puertas, las cortinas, los muebles... y ya tenemos nuestra casa. Parece fácil ¿eh?, la teoría siempre hace que veamos las cosas fáciles. Explicar esto punto por punto sería lo ideal, pero ahora mismo no tengo tiempo ni ganas, y creo que la esencia la habéis captado.
Pues bien, explicándole esto a la paciente, me di cuenta de que el fallo que cometo, entre otros, es empezar la casa pintando las paredes. Claro, luego, los más pequeños problemas con la pareja se convierten en peleas enormes, en pequeñas catástrofes que desembocan en ruptura. Y esque no había cimientos... Esto me recuerda a una canción de Fangoria que dice: “construyendo edificios que no durarán / un diseño de algo fugaz / arquitectos de frases que me hacen dudar”
Me despido con un cuento que me encanta y que, además, es muy cierto. Se titula “clavando clavos”.
Esta es la historia de un muchachito que tenia muy mal carácter. Su padre le dio una bolsa de clavos y le dijo que cada vez que perdiera la paciencia, debería clavar un clavo detrás de la puerta. El primer día, el muchacho clavo 37 clavos detrás de la puerta. Las semanas que siguieron, a medida que el aprendía a controlar su genio, clavaba cada vez menos clavos detrás de la puerta. Descubrió que era mas fácil controlar su genio que clavar clavos detrás de la puerta. Llego el día en que pudo controlar su carácter durante todo el día. Después de informar a su padre, este le sugirió que retirara un clavo cada día que lograra controlar su carácter. Los días pasaron y el joven pudo anunciar a su padre que no quedaban mas clavos para retirar de la puerta... Su padre lo tomo de la mano y lo llevo hasta la puerta. Le dijo: "has trabajado duro, hijo mío, pero mira todos esos hoyos en la puerta. Nunca más será la misma. Cada vez que tu pierdes la paciencia, dejas cicatrices exactamente como las que aquí ves." Tu puedes insultar a alguien y retirar lo dicho, pero del modo como se lo digas lo devastara, y la cicatriz perdurara para siempre. Una ofensa verbal es tan dañina como una ofensa física.
Escuchando “Retorciendo palabras” de “Fangoria”
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Un gnomo en mi tren
Hoy me he tropezado en el tren con un gnomo. Yo pensaba que eso era una invención de la tele, pero parece ser que no. Se ha sentado enfrente de mi, se ha quitado el gorro que llevaba con forma de cono puntiagudo y me lo ha lanzado al ojo derecho sin mediar palabra.
Yo le he gritado y, al sacarme ese gorro absurdo de mi querido ojo, lo he roto y pisoteado. He mirado al gnomo con cara de asco y he seguido observando por la venta el paisaje.
Al llegar a la estación, el gnomo se ha puesto otro gorro y lo he perdido de vista. De repente, me topado con un están que tenía un cartel gigante. Había mucha gente allí, parecía que regalaban algo. Y así era. En el cartel decía: REGALAMOS PISTAS PARA ENCONTRAR LA FELICIDAD A TODAS AQUELLAS PERSONAS QUE LLEVEN UN CONO CLAVADO EN SU OJO DERECHO.
Va a ser verdad eso de que “A veces, que no pase lo que tú deseas, es un golpe de suerte”
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Buscando
Darse cuenta de que has perdido la ilusión, la esperanza y las expectativas de encontrar a tu pareja ideal es algo muy jodido. Podríamos hablar de varias teorías psicológicas sobre esto, sobre las atribuciones, sobre las emociones, etc. pero esque ni me apetece ni creo que me consuele mucho hoy.
Desde hace unos meses, sé que una parte de mí está en coma. No sé si será que la realidad se ha cebado sobre mí, o si yo me he cebado sobre ella. También puede ser que me quemase. He tenido a mis parejas muy seguidas una de otra, y todas han salido mal, y eso cansa y quema. Pero sea por cansancio, por quemor, por miedo o por realidad, mi sentimiento de amor de pareja está medio muerto. Y eso no es lo malo.
Lo malo no es tener un problema. Lo malo es tener un problema y no saberlo. Pues si no lo sabes, no lo puedes solucionar. Y tal vez te acabe comiendo. Lo malo también es ver que tienes un problema y tomarlo a la ligera, esperando que se arregle solo o resignándote a él y las modificaciones que trae a tu vida. Ese es verdadero problema.
En esto, mis amigos y yo tenemos perspectivas diferentes pese a estar los tres en situaciones parecidas, esto es, sin pareja. David, por ejemplo, tiene (y es consciente) miedo a las relaciones. Le da miedo que le hagan daño, se agobia si ve dependencia... y no busca. Encuentra, pero no busca. Ahora tiene una pareja por Internet, pero es de un país muy lejano (far far away). En el fondo lo prefiere, porque así no tiene que enfrentarse a la realidad de una relación “táctil”. Pero también le duele, porque se ha llegado a enamorar y, para bien o para mal, es correspondido. Marité, la segunda en discordia, ni busca ni encuentra. Sólo ha estado con un chico y, sinceramente, la cosa no pudo ser peor y más traumática. Y cuando digo traumática lo digo con todo lo duro que es el significado de la palabra. Y yo, pues busco y no encuentro y... poco a poco dejo de buscar.
Como suele pasar, las cosas no son como suceden, sino como se perciben. Recuerdo a una amiga (ex – blogger de esta casa de ya.com, además) que hace tiempo, hablando de pérdidas sentimentales, me decía lo siguiente:
Este tema me hecho recordar mucho a mi madre(DEP) que era psicoterapeuta autodidacta.
Cuando yo quería morir porque perdía los novios me decía este repertorio de máximas: "El casamiento y la mortaja del cielo bajan", "A rey muerto rey puesto". Pero resulta que por aquella época que era yo muy "natural", le decía a mi madre que me dejaban porque yo tenía bigote (ahora se llama vello labio superior) y ella me decía: "A la dona amb bigot l'alcança qui pot" (a la mujer con bigote la alcanza quien puede), nótese este "puede" culpabilizando al que me deja y nunca a mí. Y otras como: “No te merece”, “No te lo mereces”, “¡Pero si era un cagamandurrias!”,
“Era un creído”, “Puedes aspirar a uno mejor”, “Era un tapón de balsa”, “¿Qué has visto en él?”
“Tú eres mucho mejor”. Y si todo esto no me mejoraba, me decía la que más me gustaba: “¡Hala, arréglate y vete por ahí, tonta, y que vea que te da igual!” Bueno, no hay nada como el amor de
una madre...
De todos modos, creo que el amor de pareja lo hemos idealizado. La culpa es de las películas y las canciones “corta-venas” que escuchamos a diario. Creo que Antonio Gala ha hecho mucho daño con sus libros (pero esque son tan maravillosos que es imposible no leerlos, aunque eso denote una cierta tendencia masoquista). Pero sea idealizado o no, lo seguimos buscando... hasta que uno se cansa de no encontrar. Para acabar, me gustaría contra un cuento (sabía que mi vena Bucay, a lo cutre, no tardaría en salir). Es sobre el tema del que hemos hablado hoy.
Hubo una vez en la historia del mundo un día terrible, en el que el Odio, que es el rey de los malos sentimientos, los defectos y las malas virtudes, convocó a una reunión urgente con todos ellos. Todos los sentimientos negros del mundo y los deseos más perversos del corazón humano llegaron a esta reunión, con curiosidad de saber cual era el propósito. Cuando estuvieron todos, habló el Odio y dijo: "Les he reunido aquí a todos, porque deseo con todas mis fuerzas matar a alguien". Los asistentes no se extrañaron mucho, pues era el Odio que estaba hablando, y él siempre quiere matar a alguien; sin embargo, todos se preguntaban entre si quien sería tan difícil de matar para que el Odio los necesitara a todos. "Quiero que maten al Amor", dijo. Muchos sonrieron malévolamente, pues más de uno le tenía ganas.
El primer voluntario fue el Mal Carácter, quien dijo: "Yo iré, y les aseguro que en un año el Amor habrá muerto. Provocaré tal discordia y rabia, que no lo soportará". Al cabo de un año, se reunieron otra vez y, al escuchar el reporte del Mal Carácter, quedaron muy decepcionados. "Lo siento; lo intenté todo, pero cada vez que yo sembraba una discordia, el Amor la superaba y salía adelante".
Fue entonces cuando, muy diligente, se ofreció la Ambición que, haciendo alarde de su poder, dijo: "En vista de que el Mal Carácter fracasó, iré yo. Desviaré la atención del Amor hacia el deseo por la riqueza y por el poder. Eso nunca lo ignorará". Y empezó la ambición el ataque hacia su víctima, quien efectivamente cayó herida, pero después de luchar por salir adelante, renunció a todo deseo desbordado de poder y triunfó de nuevo.
Furioso el Odio por el fracaso de la Ambición, envió a los Celos, quienes burlones y perversos inventaban toda clase de artimañas y situaciones para despistar el amor y lastimarlo con dudas y sospechas infundadas. Pero el Amor, confundido, lloró y pensó que no quería morir y, con valentía y fortaleza, se impuso sobre ellos y los venció. Año tras año, el Odio siguió en su lucha, enviando a sus más hirientes compañeros: envió a la frialdad, al egoísmo, la indiferencia, la pobreza, la enfermedad y a muchos otros que fracasaron siempre, porque cuando el Amor se sentía desfallecer, tomaba de nuevo fuerza y todo lo superaba. El Odio, convencido de que el Amor era invencible, les dijo a los demás: "Nada que hacer. El Amor ha soportado todo; llevamos muchos años insistiendo y no lo logramos".
De pronto, de un rincón del salón, se levantó un sentimiento poco conocido, que vestía todo de negro y con un sombrero gigante que caía sobre su rostro y no lo dejaba ver; su aspecto era fúnebre como el de la muerte. "Yo mataré el Amor", dijo con seguridad. Todos se preguntaron quien era ese que pretendía hacer sólo lo que ninguno había podido. El Odio dijo: "Ve y hazlo". Tan solo había pasado algún tiempo cuando el Odio volvió a llamar a todos los malos sentimientos, para comunicarles que, después de mucho esperar, por fin “EL AMOR HABÍA MUERTO”. Todos estaban felices, pero sorprendidos. Entonces, el sentimiento del sombrero negro habló: "Ahí les entrego el Amor, totalmente muerto y destrozado". Y, sin decir más, se marchó. "Espera", dijo el Odio, "en tan poco tiempo lo eliminaste por completo, lo desesperaste y no hizo el menor esfuerzo para vivir. ¿Quién eres?"El sentimiento levantó por primera vez su horrible rostro y dijo: Soy la Rutina.
Escuchando: “Hundred tears away” de Vonda Shepard





