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((PoR eL BRiLLo De LoS oJoS LaS PeRSoNaS ReCoNoCeN a Su VeRDaDeRo aMoR)) 02/02/03
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Hola a todos!! Somos Sandra y Javi. Hemos decidido plasmar en la red algunos de nuestros pensamientos, opiniones y recuerdos. Este BLoG nace principalmente con la intención de disfrutar nosotros de él, pero cualquiera que sienta curiosidad, es bienvenido. Sin más preámbulos, empezamos nuestra experiencia de ciberdiario compartido...
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El amor anula una parte del cerebro
Por Gabriela Litre
Para LA NACION

LONDRES.- Ya lo advertían nuestras abuelas: el amor es ciego. Ahora, la
ciencia acaba de darles la razón. Un grupo de científicos viene de
demostrar que los sentimientos amorosos llevan a una supresión de la
actividad en las áreas del cerebro que controlan el pensamiento crítico.


Básicamente, una vez que nos acercamos a nuestra media naranja, el
cerebro nos juega una mala -o quizá, buena- pasada y decide reducir
nuestra capacidad de evaluar el carácter y la personalidad del objeto de
nuestro afecto. El estudio, realizado por la University College London
(UCL), fue publicado en el último número de la revista científica
NeuroImage.

Los investigadores demostraron que tanto el amor que llaman "romántico"
como el maternal producen los mismos efectos en el cerebro, suprimiendo
la actividad neuronal asociada con la evaluación crítica del prójimo y
las emociones negativas. Otro estudio de la misma universidad también
demostró que el amor puede provocar reacciones químicas similares a las
de la cocaína o la velocidad.

En todos los casos, en sus estados iniciales el amor deja a sus presas
"flotando en las nubes". Una antigua fábula cuenta que una vieja lechuza
le suplicó al águila, rey del bosque, que durante sus cacerías perdonara
la vida de sus pichones. Compadecido con el llanto y la edad de la
lechuza, el noble águila exclamó: "Señora, dígame cómo son sus hijos.
Los reconoceré y evitaré comerlos". Ella no lo dudó: "No tardará en
verlos, Majestad, son los bebes más bellos del bosque". Por las dudas,
el águila fue directo a los más feos, y los devoró. Eran los hijos de la
lechuza.

La obvia moraleja también tiene ahora sustento científico, ya que el
mismo estudio publicado en NeuroImage demostró que la desgraciada
lechuza -y muchas madres humanas- no mentían, sino que creían
sinceramente en lo que decían.

¿Cómo? Escanearon los cerebros de veinte mamás jóvenes mientras ellas
observaban fotos de sus hijos, otros niños conocidos y amigos adultos.
En todos los casos, el patrón de funcionamiento de la actividad cerebral
fue similar al de las personas hechizadas por el enamoramiento:
eliminación casi total de la apreciación crítica de nuestros seres más
amados.

Sistema de recompensa

Tanto el estudio de los enamorados como de las madres registró un
incremento de la actividad en el área del cerebro conocida como "sistema
de recompensa".

Cuando esas zonas son estimuladas (por ejemplo con comida, vino o un
buen sueldo) producen sentimientos de euforia. Pero lo que más
sorprendió a los investigadores es que ambos estudios mostraron una
reducción de la actividad de los sistemas cerebrales necesarios para
realizar juicios negativos.

El mismo experimento, realizado con animales, llevó a resultados
similares. El jefe del equipo de investigación, doctor Andreas Bartels,
encontró una explicación sencilla para el fenómeno: es fundamental que
tanto el amor romántico como el maternal sean vistos por el cerebro como
algo extremadamente positivo. De otra manera, la especie dejaría de
propagarse.

"Nuestra investigación nos permite concluir que el relacionamiento
humano utiliza un mecanismo para superar las distancias sociales que
desactiva las redes de evaluación social crítica y emociones negativas,
al tiempo que une a los individuos al involucrarlos en un circuito de
recompensa que explica el poder del amor para motivarnos y
gratificarnos", explicó el doctor Bartels.

Pero sí existe una diferencia entre el amor maternal y el romántico.
Sólo este último eleva la actividad del hipotálamo, que controla las
sensaciones de excitación sexual.

Los "extraños" efectos de los flechazos de Cupido no terminan ahí. Un
grupo de investigadores italianos, que estudió a doce mujeres y doce
varones que se enamoraron en los seis meses anteriores, comprobó que los
hombres disminuían sus niveles normales de testosterona... mientras que
el de las mujeres aumentaba.

"Los hombres, de alguna manera, se habían vuelto más parecidos a las
mujeres, y las mujeres a los hombres", explicó la doctora Donatella
Marazziti, investigadora de la Universidad de Pisa, a la revista de
divulgación científica New Scientist.

Las conclusiones de Marazziti avalan las del equipo de UCL: "Es como si
la naturaleza quisiera evitar lo que puede crear diferencias entre
hombres y mujeres, ya que es tan importante que la relación sobreviva en
esta etapa".

Otra investigación italiana, publicada en 1999, sugirió que el amor
disminuía un neurotransmisor llamado serotonina en el cerebro, dejándola
en los mismos niveles que los de las personas que sufren de un desorden
obsesivo compulsivo. Este descubrimiento explicaría por qué algunos
enamorados suelen obsesionarse con su pareja.

Una especie de adicción

Y los efectos inesperados del amor no terminan ahí. El doctor John
Marsden, director del Centro Nacional de Adicciones del Reino Unido,
anticipó a la cadena de noticias BBC que la dopamina -la sustancia
producida por el cerebro cuando está excitado- produce en el cuerpo los
mismos efect os que la cocaína o las altas velocidades.

"La atracción es realmente como una droga. Te deja queriendo más", dijo
el doctor Marsden.

Básicamente, el cerebro "se incendia" cuando la persona empieza a hablar
con alguien que encuentra atractivo.

El corazón empieza a latir tres veces más rápido que lo normal y bombea
más sangre a las mejillas y a los órganos sexuales, con los conocidos
"hormigueos en el estómago" como resultado.

Sin embargo, tal como sucede con la cocaína y la velocidad, "el efecto"
es solamente temporario, o dura como máximo entre tres y siete años. El
futuro de la relación, entonces, comienza a depender de factores mucho
más profundos que un conjunto de hormonas y de caprichos cerebrales.

-Sandry
No