La mujer de rojo (o "A veces NO me gusta ser mujer")
Hace no demasiado tiempo vuestra Pilimindrina se encontraba sumida en un profundo aburrimiento buscando alguna conversación mínimamente interesante en un canal del Irc. Sin embargo aquello era poco menos que misión imposible: todo eran salidos deseosos de mostrarte sus partes pudendas o románticos empedernidos deseosos de mostrarte sus poemas. Ni siquiera había algún incauto inocentón con el que pudiese practicar mis borderías más sublimes.
Decidí probar algo distinto.
Entré en el canal #lesbianas; debo decir que, si eres un poco liberal y te apetece una conversación realmente interesante, imaginativa, educada, picante y sin sorpresas antieróticas del estilo de: “Me acabo de correr, espera que me limpie la polla con papel del water”, lo mejor es buscar esa conversación con otra mujer.
Sin embargo eso es mucho más fácil de decir que de hacer... No os dejéis engañar: a pesar de que todos los nicks parezcan femeninos, en los canales de lesbianas hay más porcentaje de hombres que en #Liga_de_Campeones.
No hay nada que ponga más cachondo a un tío que hacerse pasar por mujer y convencer a otra chica para que le cuente sus más ocultas fantasías lésbicas. Si la mayoría de ellos entendieran sólo un poco al sexo femenino, no fracasarían tan estrepitosamente en la mayor parte de los intentos... de hecho no son pocas las ocasiones en las que acaban contándose fantasías lésbicas dos tíos.
Por esto, y para evitarme pérdidas de tiempo, tengo un método para "eliminar hombres” cuando lo que quiero es charlar con una mujer, que consiste en hacerles ciertas preguntas que para la mayoría de miembros chateros del sexo masculino resultan un misterio. En contadísimas ocasiones alguno supera la prueba y resulta más difícil de desenmascarar. En otros casos, no obstante, aún consiguen sorprenderte demostrando un grado de ignorancia supina increíble en temas femeninos. El día del que os hablo la cosa empezó así:
[perlita23] q haces x aqui?
[pilimindrina] buscaba una chica con la que hablar
[pilimindrina] pero creo que no eres chica verdad?
[perlita23] error
[perlita23] lo soy
[pilimindrina] en ese caso podrás contestarme a una preguntita...
[pilimindrina] cuanto tiempo se lleva un támpax mas o menos?
[pelita23] jajajaajaja
[perlita23] yo no se tu, yo dos tres dias
[pilimindrina] dos o tres días puesto
[perlita23] si, es que lo llevo mucho porque a veces tengo perdidas de orina
[pilimindrina] ehm
[pilimindrina] adiós Manolo
[perlita23] ¿?
Atención, pregunta: ¿exactamente en qué dos puntos ha metido la pata hasta el fondo nuestro querido perlita23? Si no sabes encontrarlos, en un 100% de los casos eres un hombre.
Primera respuesta: a cualquier mujer que lleve un támpax puesto durante “dos o tres días” se le quedarán las paredes vaginales más secas que una esponja en el desierto del Sáhara. Pero no esperéis que dé aquí la respuesta correcta, no sea que alguno de mis lectores sean de los que pululan por canales lésbicos buscando excitaciones baratas. Si no lo sabéis, os aguantáis o preguntáis a vuestra novia/hermana.
Segunda respuesta: a pesar de que todos hemos estudiado el aparato reproductor y el sistema excretor en el colegio, no dejará nunca de sorprenderme el enorme porcentaje de hombres que siguen pensando que las mujeres meamos por la vagina.
De modo que, con motivo meramente educativo y para aumentar las dosis de conocimiento femenino de los lectores de este blog, así como las dosis de cachondeo de las lectoras del mismo, he decidido dedicar este artículo a la peor pesadilla de las féminas: la mujer de rojo del anuncio, la puñetera visita mensual, el regalo de Eva, el período, la menstruación, el día del mes. Vamos, la regla.
A más de uno se le pondrá cara de asco al leer esa palabra prohibida y tabú. Y digo yo, ¿por qué debería daros asco? ¡Es tan sólo un chorro de sangre con abundantes coágulos semisólidos y de olor penetrante que rebosa por la oquedad vaginal! (juasjuasjuas lo siento, no he podido evitarlo ;P). Sin embargo a lo largo de la historia a este fenómeno que todas sufrimos unas 12 veces al año se le ha tratado como algo oculto, prohibido y mal visto. De hecho en Gran Bretaña, hasta hace unos 3 años los anuncios de compresas en televisión eran algo desconocido y “de mal gusto”. Esas cosas no se nombraban públicamente (ni púbicamente). Envía a tu novio a comprar macarrones y no habrá ningún problema. Envíalo a comprar una caja de compresas o tampones y te pondrá esa cara de “pero cari, que soy un hombre, no me hables de esas cosas, que me da yuyu”.
Fisiológicamente, la menstruación marca el final de un ciclo de ovulación fallido. Las mujeres de la especie humana producimos por norma general un óvulo fértil cada 28 días. Cuando el óvulo desciende por las trompas de Falopio (otro órgano que muchos hombres piensan que suena “a macho”), las paredes del útero deben estar preparadas por si suena la flauta y ese óvulo resulta fecundado y debe implantarse, por lo que aumenta su irrigación sanguínea y se forma una capa de tejido llamada endometrio, cuya función es alojar al embrión. Gracias al abandono de las ideas religiosas del estilo de “el sexo, sólo para procrear” y a la aparición de los benditos métodos anticonceptivos, en la mayoría de casos el óvulo no se come un colín y tras unos pocos días degenera y muere de pena y soledad (snif, snif).
El endometrio recién formado se queda con un palmo de narices y se cabrea: “tanto esfuerzo para nada, pues ahora voy y me caigo”... y eso es justamente lo que hace: el tejido del endometrio pierde la conexión con el resto de la pared uterina y se desprende, acompañado de cierta cantidad de sangre y del óvulo malogrado.
Eso es fisiológicamente. Objetivamente la regla se define de otra manera: es esa cosa puñetera y asquerosa que siempre se las arregla para aliarse con Murphy y estropearte cualquier situación prometedora. Si una noche ligas, lo más probable será que te haya venido la regla el día anterior. Si planeas unas vacaciones con el chico de tus sueños en una fecha que no te coincida con el período, éste se adelantará o retrasará lo justo para coincidir con el día más especial. Si estás esperando a que te llegue cuanto antes porque tienes miedo de que tus medidas “protectoras” de la última noche de pasión no hayan sido lo suficientemente efectivas, se retrasará exactamente hasta que tu desesperación te haya llevado a gastarte 20 euros en un Predictor... para venirte justo después de haber abierto el envase.
Si tus amigas te invitan a irte con ellas a la piscina te vendrá cuando ya tengas puesto el bañador, que para más coñas será blanco. Si todos los días llevas una compresa en la mochila al trabajo, te vendrá la regla el día que te la hayas olvidado en casa. Y cuando hayas decidido firmemente que no quieres tener más hijos jamás de los jamases... entonces no te vendrá.
No os engañéis. Los anuncios mienten. Aún recuerdo aquél tan idílico, de la chica que se despierta y escuchas una voz en off que dice: “Lunes por la mañana. Llueve. Cortan el agua. Y dos kilos de más. Si además tienes la regla...” Si además tienes la regla, ¡SUICÍDATE! ¡No hay otra opción! ¡Es mentira que todo sea maravilloso con una compresa marca Evax! Apuesto la cabeza a que en el comité de la empresa publicitaria que diseñó el anuncio no había ni una sola mujer.
Luego están los “anuncios abstractos” de la tía con cara de orgasmo múltiple que se asoma a la ventana, con la ya famosa voz en off de fondo: "¿a qué huelen las nubes? ¿A qué huele el aire? ¿A qué huele la risa?..." Todo para encubrir la pregunta que realmente quieren pero no se atreven a formular: ¿A qué huele un chocho con la regla si usas la compresa X?. Pues huele a rayos por muchas partículas “odor-fresh” que le pongan. Y si no, que prueben ellos mismos y se pasen su famosa compresa X usada por las narices, no te jiba.
El colmo de la candidez son los anuncios de tampones. Quizás porque los responsables de publicidad no deseen ofrecer más información de la meramente necesaria para no traumatizar a la audiencia masculina. “Con Támpax puedes esquiar, correr, escalar el Everest, practicar salto con pértiga, dar saltos mortales en el trapecio, volar en parapente, tirarte en paracaídas y derrocar a un dictador sudamericano”. Tantas cosas puedes hacer que durante el año en que se emitió ese anuncio, todos los niños españoles pedían a los Reyes Magos un Támpax.
Recuerdo mi época universitaria y las conversaciones masculinas entre clase y clase, que siempre derivaban en los mismos temas: sexo, mujeres, sexo, comida, sexo, sexo, exámenes, sexo, pedazo de minifalda que lleva la profe de Fisiología, sexo, sexo y sexo. Es lo que tiene que casi todas tus amistades sean chicos. Un día, después de constatar que ninguno de ellos había visto jamás un Támpax fuera de su envoltorio, les llevé un par de ellos y se los enseñé a la hora de comer. Con uno de los dos les hice el famoso e indispensable experimento de sacar el taquito de algodón y meterlo en un vaso de agua. FLOP. Caras de asombro y estupor entre los espectadores. Preguntas inevitables: “¿Y eso lo hace también allá adentro?”, “¿Y luego cómo te lo sacas?”, “¿Y si se rompe la cuerdecita?”, “¿Y si se te cae?”, “Y las ladillas, ¿usan el cordelito para hacer puénting?”.
Y por supuesto, la preguntita de rigor que nunca puede faltar en estas conversaciones: “¿Y sentís algo cuando os lo metéis?”. Risitas incómodas del grupo de tíos, que esperan que les solaces con tus historias de masturbaciones tampónicas en los baños de las chicas. ¡¡¡NO!!! ¡No se siente N-A-D-A! Es más, si te estás haciendo esa pregunta ahora mismo es porque eres de los típicos que se creen que las mujeres alcanzamos 4 orgasmos sólo con “meter y sacar”. Y no, no seré yo la que te saque de tu ignorancia. Vete a clases de sexualidad.
Eso por no hablar del dolor... porque la regla DUELE, para aquellos que no os hayáis percatado. Al igual que una mujer nunca podrá saber exactamente qué se siente cuando te dan una patada en los testículos, los hombres tampoco podéis imaginar lo que es un dolor de ovarios. Con la diferencia de que una patada en los testículos te la pueden dar 2 ó 3 veces en la vida, mientras que la regla te viene una vez al mes. Imaginaos que alguien os mete una mano dentro de la barriga, os agarra un riñón y os lo aprieta y retuerce con sadismo. Todo eso durante un día entero. Y encima, sangrando por la punta del capullo. Pues así es la regla. Yo tengo la inmensa suerte de que me duele bastante poco, pero mi madre y mi hermana tienen que meterse en la cama y atiborrarse a analgésicos durante el primer día de regla. Me gusta ser mujer... ¡Y un huevo!
Todo eso aparte de la inconveniencia de estar goteando durante 4 ó 5 días. La primera jornada no suele ser demasiado engorrosa, sólo tienes que lidiar con el dolor, y a veces la sorpresa de que te haya venido en el lugar y momento más inoportunos. Pero, ¡ay cuando te despiertas el segundo día! Aquello es como las cataratas del Niágara en versión gore. Es igual que uses Támpax Súper-Plus... en el segundo día no hay quién pare el maremoto ni llevando un cubo entre las piernas. El “monte de Venus” se convierte en “el volcán del Krakatoa”. Te tienes que pasar el día pendiente de pasarte por el baño cada 2-3 horas como mucho para vigilar “el estado de la nación”. Los Támpax son mucho más discretitos y te evitan una visión desagradable la mayoría de las veces... pero os puedo asegurar que no hay espectáculo más lamentable que una compresa usada (bueno, sí: un tío cascándosela por la webcam). Y aún es peor cuando la compresa usada no es la tuya. Al igual que con otros muchos productos residuales del cuerpo humano, los tuyos propios nunca parecen ser tan desagradables.
Pues sí, queridos lectores. La nefanda Eva nos gastó una bromita de mal gusto, con lo felices que estaríamos nosotras sin desteñir cada cierto tiempo. Así que, por favor, sed comprensivos cuando vuestra chica esté pasando por esos días... comprended el síndrome premenstrual, comprended la mala leche los primeros días, y también los días de la ovulación (a veces no sólo duele la regla, sino también a mitad de ciclo, manda webs). Comprended que el cóctel de hormonas que recorren nuestras venas durante esas duras jornadas nos hacen necesitar más mimitos y atenciones... y “más mimitos y atenciones” no quiere decir que los días de regla se conviertan automáticamente en “las fiestas de la mamada”... ¡las que necesitamos atenciones somos nosotras! Al fin y al cabo, considerad que todos esos pequeños sacrificios se verán más que compensados cuando os llegue la pitopausia y tengáis a vuestro lado esa voz salvadora que haga creíble esa mentira infame que sólo vosotros sois capaces de creeros de “no pasa nada, cari, de verdad que no me importa, la próxima vez saldrá mejor”.
-Sandry
(Sacado de : www.amarseconlosojosabiertos.com)
Decidí probar algo distinto.
Entré en el canal #lesbianas; debo decir que, si eres un poco liberal y te apetece una conversación realmente interesante, imaginativa, educada, picante y sin sorpresas antieróticas del estilo de: “Me acabo de correr, espera que me limpie la polla con papel del water”, lo mejor es buscar esa conversación con otra mujer.
Sin embargo eso es mucho más fácil de decir que de hacer... No os dejéis engañar: a pesar de que todos los nicks parezcan femeninos, en los canales de lesbianas hay más porcentaje de hombres que en #Liga_de_Campeones.
No hay nada que ponga más cachondo a un tío que hacerse pasar por mujer y convencer a otra chica para que le cuente sus más ocultas fantasías lésbicas. Si la mayoría de ellos entendieran sólo un poco al sexo femenino, no fracasarían tan estrepitosamente en la mayor parte de los intentos... de hecho no son pocas las ocasiones en las que acaban contándose fantasías lésbicas dos tíos.
Por esto, y para evitarme pérdidas de tiempo, tengo un método para "eliminar hombres” cuando lo que quiero es charlar con una mujer, que consiste en hacerles ciertas preguntas que para la mayoría de miembros chateros del sexo masculino resultan un misterio. En contadísimas ocasiones alguno supera la prueba y resulta más difícil de desenmascarar. En otros casos, no obstante, aún consiguen sorprenderte demostrando un grado de ignorancia supina increíble en temas femeninos. El día del que os hablo la cosa empezó así:
[perlita23] q haces x aqui?
[pilimindrina] buscaba una chica con la que hablar
[pilimindrina] pero creo que no eres chica verdad?
[perlita23] error
[perlita23] lo soy
[pilimindrina] en ese caso podrás contestarme a una preguntita...
[pilimindrina] cuanto tiempo se lleva un támpax mas o menos?
[pelita23] jajajaajaja
[perlita23] yo no se tu, yo dos tres dias
[pilimindrina] dos o tres días puesto
[perlita23] si, es que lo llevo mucho porque a veces tengo perdidas de orina
[pilimindrina] ehm
[pilimindrina] adiós Manolo
[perlita23] ¿?
Atención, pregunta: ¿exactamente en qué dos puntos ha metido la pata hasta el fondo nuestro querido perlita23? Si no sabes encontrarlos, en un 100% de los casos eres un hombre.
Primera respuesta: a cualquier mujer que lleve un támpax puesto durante “dos o tres días” se le quedarán las paredes vaginales más secas que una esponja en el desierto del Sáhara. Pero no esperéis que dé aquí la respuesta correcta, no sea que alguno de mis lectores sean de los que pululan por canales lésbicos buscando excitaciones baratas. Si no lo sabéis, os aguantáis o preguntáis a vuestra novia/hermana.
Segunda respuesta: a pesar de que todos hemos estudiado el aparato reproductor y el sistema excretor en el colegio, no dejará nunca de sorprenderme el enorme porcentaje de hombres que siguen pensando que las mujeres meamos por la vagina.
De modo que, con motivo meramente educativo y para aumentar las dosis de conocimiento femenino de los lectores de este blog, así como las dosis de cachondeo de las lectoras del mismo, he decidido dedicar este artículo a la peor pesadilla de las féminas: la mujer de rojo del anuncio, la puñetera visita mensual, el regalo de Eva, el período, la menstruación, el día del mes. Vamos, la regla.
A más de uno se le pondrá cara de asco al leer esa palabra prohibida y tabú. Y digo yo, ¿por qué debería daros asco? ¡Es tan sólo un chorro de sangre con abundantes coágulos semisólidos y de olor penetrante que rebosa por la oquedad vaginal! (juasjuasjuas lo siento, no he podido evitarlo ;P). Sin embargo a lo largo de la historia a este fenómeno que todas sufrimos unas 12 veces al año se le ha tratado como algo oculto, prohibido y mal visto. De hecho en Gran Bretaña, hasta hace unos 3 años los anuncios de compresas en televisión eran algo desconocido y “de mal gusto”. Esas cosas no se nombraban públicamente (ni púbicamente). Envía a tu novio a comprar macarrones y no habrá ningún problema. Envíalo a comprar una caja de compresas o tampones y te pondrá esa cara de “pero cari, que soy un hombre, no me hables de esas cosas, que me da yuyu”.
Fisiológicamente, la menstruación marca el final de un ciclo de ovulación fallido. Las mujeres de la especie humana producimos por norma general un óvulo fértil cada 28 días. Cuando el óvulo desciende por las trompas de Falopio (otro órgano que muchos hombres piensan que suena “a macho”), las paredes del útero deben estar preparadas por si suena la flauta y ese óvulo resulta fecundado y debe implantarse, por lo que aumenta su irrigación sanguínea y se forma una capa de tejido llamada endometrio, cuya función es alojar al embrión. Gracias al abandono de las ideas religiosas del estilo de “el sexo, sólo para procrear” y a la aparición de los benditos métodos anticonceptivos, en la mayoría de casos el óvulo no se come un colín y tras unos pocos días degenera y muere de pena y soledad (snif, snif).
El endometrio recién formado se queda con un palmo de narices y se cabrea: “tanto esfuerzo para nada, pues ahora voy y me caigo”... y eso es justamente lo que hace: el tejido del endometrio pierde la conexión con el resto de la pared uterina y se desprende, acompañado de cierta cantidad de sangre y del óvulo malogrado.
Eso es fisiológicamente. Objetivamente la regla se define de otra manera: es esa cosa puñetera y asquerosa que siempre se las arregla para aliarse con Murphy y estropearte cualquier situación prometedora. Si una noche ligas, lo más probable será que te haya venido la regla el día anterior. Si planeas unas vacaciones con el chico de tus sueños en una fecha que no te coincida con el período, éste se adelantará o retrasará lo justo para coincidir con el día más especial. Si estás esperando a que te llegue cuanto antes porque tienes miedo de que tus medidas “protectoras” de la última noche de pasión no hayan sido lo suficientemente efectivas, se retrasará exactamente hasta que tu desesperación te haya llevado a gastarte 20 euros en un Predictor... para venirte justo después de haber abierto el envase.
Si tus amigas te invitan a irte con ellas a la piscina te vendrá cuando ya tengas puesto el bañador, que para más coñas será blanco. Si todos los días llevas una compresa en la mochila al trabajo, te vendrá la regla el día que te la hayas olvidado en casa. Y cuando hayas decidido firmemente que no quieres tener más hijos jamás de los jamases... entonces no te vendrá.
No os engañéis. Los anuncios mienten. Aún recuerdo aquél tan idílico, de la chica que se despierta y escuchas una voz en off que dice: “Lunes por la mañana. Llueve. Cortan el agua. Y dos kilos de más. Si además tienes la regla...” Si además tienes la regla, ¡SUICÍDATE! ¡No hay otra opción! ¡Es mentira que todo sea maravilloso con una compresa marca Evax! Apuesto la cabeza a que en el comité de la empresa publicitaria que diseñó el anuncio no había ni una sola mujer.
Luego están los “anuncios abstractos” de la tía con cara de orgasmo múltiple que se asoma a la ventana, con la ya famosa voz en off de fondo: "¿a qué huelen las nubes? ¿A qué huele el aire? ¿A qué huele la risa?..." Todo para encubrir la pregunta que realmente quieren pero no se atreven a formular: ¿A qué huele un chocho con la regla si usas la compresa X?. Pues huele a rayos por muchas partículas “odor-fresh” que le pongan. Y si no, que prueben ellos mismos y se pasen su famosa compresa X usada por las narices, no te jiba.
El colmo de la candidez son los anuncios de tampones. Quizás porque los responsables de publicidad no deseen ofrecer más información de la meramente necesaria para no traumatizar a la audiencia masculina. “Con Támpax puedes esquiar, correr, escalar el Everest, practicar salto con pértiga, dar saltos mortales en el trapecio, volar en parapente, tirarte en paracaídas y derrocar a un dictador sudamericano”. Tantas cosas puedes hacer que durante el año en que se emitió ese anuncio, todos los niños españoles pedían a los Reyes Magos un Támpax.
Recuerdo mi época universitaria y las conversaciones masculinas entre clase y clase, que siempre derivaban en los mismos temas: sexo, mujeres, sexo, comida, sexo, sexo, exámenes, sexo, pedazo de minifalda que lleva la profe de Fisiología, sexo, sexo y sexo. Es lo que tiene que casi todas tus amistades sean chicos. Un día, después de constatar que ninguno de ellos había visto jamás un Támpax fuera de su envoltorio, les llevé un par de ellos y se los enseñé a la hora de comer. Con uno de los dos les hice el famoso e indispensable experimento de sacar el taquito de algodón y meterlo en un vaso de agua. FLOP. Caras de asombro y estupor entre los espectadores. Preguntas inevitables: “¿Y eso lo hace también allá adentro?”, “¿Y luego cómo te lo sacas?”, “¿Y si se rompe la cuerdecita?”, “¿Y si se te cae?”, “Y las ladillas, ¿usan el cordelito para hacer puénting?”.
Y por supuesto, la preguntita de rigor que nunca puede faltar en estas conversaciones: “¿Y sentís algo cuando os lo metéis?”. Risitas incómodas del grupo de tíos, que esperan que les solaces con tus historias de masturbaciones tampónicas en los baños de las chicas. ¡¡¡NO!!! ¡No se siente N-A-D-A! Es más, si te estás haciendo esa pregunta ahora mismo es porque eres de los típicos que se creen que las mujeres alcanzamos 4 orgasmos sólo con “meter y sacar”. Y no, no seré yo la que te saque de tu ignorancia. Vete a clases de sexualidad.
Eso por no hablar del dolor... porque la regla DUELE, para aquellos que no os hayáis percatado. Al igual que una mujer nunca podrá saber exactamente qué se siente cuando te dan una patada en los testículos, los hombres tampoco podéis imaginar lo que es un dolor de ovarios. Con la diferencia de que una patada en los testículos te la pueden dar 2 ó 3 veces en la vida, mientras que la regla te viene una vez al mes. Imaginaos que alguien os mete una mano dentro de la barriga, os agarra un riñón y os lo aprieta y retuerce con sadismo. Todo eso durante un día entero. Y encima, sangrando por la punta del capullo. Pues así es la regla. Yo tengo la inmensa suerte de que me duele bastante poco, pero mi madre y mi hermana tienen que meterse en la cama y atiborrarse a analgésicos durante el primer día de regla. Me gusta ser mujer... ¡Y un huevo!
Todo eso aparte de la inconveniencia de estar goteando durante 4 ó 5 días. La primera jornada no suele ser demasiado engorrosa, sólo tienes que lidiar con el dolor, y a veces la sorpresa de que te haya venido en el lugar y momento más inoportunos. Pero, ¡ay cuando te despiertas el segundo día! Aquello es como las cataratas del Niágara en versión gore. Es igual que uses Támpax Súper-Plus... en el segundo día no hay quién pare el maremoto ni llevando un cubo entre las piernas. El “monte de Venus” se convierte en “el volcán del Krakatoa”. Te tienes que pasar el día pendiente de pasarte por el baño cada 2-3 horas como mucho para vigilar “el estado de la nación”. Los Támpax son mucho más discretitos y te evitan una visión desagradable la mayoría de las veces... pero os puedo asegurar que no hay espectáculo más lamentable que una compresa usada (bueno, sí: un tío cascándosela por la webcam). Y aún es peor cuando la compresa usada no es la tuya. Al igual que con otros muchos productos residuales del cuerpo humano, los tuyos propios nunca parecen ser tan desagradables.
Pues sí, queridos lectores. La nefanda Eva nos gastó una bromita de mal gusto, con lo felices que estaríamos nosotras sin desteñir cada cierto tiempo. Así que, por favor, sed comprensivos cuando vuestra chica esté pasando por esos días... comprended el síndrome premenstrual, comprended la mala leche los primeros días, y también los días de la ovulación (a veces no sólo duele la regla, sino también a mitad de ciclo, manda webs). Comprended que el cóctel de hormonas que recorren nuestras venas durante esas duras jornadas nos hacen necesitar más mimitos y atenciones... y “más mimitos y atenciones” no quiere decir que los días de regla se conviertan automáticamente en “las fiestas de la mamada”... ¡las que necesitamos atenciones somos nosotras! Al fin y al cabo, considerad que todos esos pequeños sacrificios se verán más que compensados cuando os llegue la pitopausia y tengáis a vuestro lado esa voz salvadora que haga creíble esa mentira infame que sólo vosotros sois capaces de creeros de “no pasa nada, cari, de verdad que no me importa, la próxima vez saldrá mejor”.
-Sandry
(Sacado de : www.amarseconlosojosabiertos.com)
Comentario:
Esto no esta sacado de un foro, sino directamente de mi blog. Para publicar esto no abres un blog, majo :P. A ver si publicas algo propio.
Besos de la asturianina,
Besos de la asturianina,





