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GRANDES DOCUMENTALES
Que frío, que desprovisto de visión parcial. Tan solo hechos.
Acerca de
No diré nada más acerca de mi. No soy interesante.
Sindicación
 
(XIX) ALIMAÑAS, ALIMAÑAS, ALIMAÑAS (I)
Ya antes, en varias ocasiones he intentado haceros comprender que los animales no tienen una mente inocente, incapaz de cometer pecados. Y os cito a Wölberg, nada menos: “Los animales no tienen una mente inocente, incapaz de cometer pecados”. (Wölberg)

De modo que, todos nuestros respetos, faltaría más, por los animales, pero que el respeto no se convierta en la clásica venda que no nos deje ver el bosque al llorar por no ver las estrellas.

De ningún modo, amigos míos.


En aquella época, merced a mi zurda, me proclamé campeón de Castilla de tenis de mesa. No recuerdo bien si fue de Castilla La Nueva, o de Castilla La Vieja, y tampoco si fue de tenis de mesa exactamente, pero no era brillante decir “fui campeón de algo, en algún sitio”. El premio, aparte de un lote de libros de temáticas diversas, y un ejemplar de la “Teoría de los Animales de Wölberg”, consistía en un viaje con ciertos gastos pagados a Montreal, la cuna del pingpong, o la cuna de aquello de lo que fui campeón.

En el aeropuerto de Montreal tuvimos el frío recibimiento del clima del bosque caducifolio canadiense, ya se sabe, frescor en lorza. Mi entrenador, un antiguo campeón de la cosa que gané, me echó una rebeca sobre los hombros y me dio un sabio consejo, tan valioso como los que me daba en la pista, en la cancha, o en el campo, yo que sé.

Desgraciadamente no recuerdo el consejo. Solo sé que fue valioso.


Un taxi nos llevó, gracias a unas misteriosas instrucciones en inglés, o algo parecido, a la Federación Canadiense de aquello, y allí tuve la oportunidad de ver a otros campeones de la movida esa. Por ejemplo; el gordísimo bávaro, el gafotas kazajo, el campeón de Alberta, manco, que estaba como en casa, claro, y era el más locuaz, porque estaba sobrado, poniendo cara todo el rato como si estuviera invitándonos él, y las albóndigas las hubiera cocinado su madre. Pero aparte de albóndigas, había otras exquisiteces, huevos a la cubana, plátanos fritos, mojitos....Comimos a lo de pie, sin que nadie le diera importancia, excepto mi manager y yo, que cuchicheábamos permanentemente.
- Esto tiene una pinta caribeña....
- Claro, como no tienen folklore propio...
- De todas maneras los campeones, tienen poca pinta de deportistas. A poco que te esfuerces te haces campeón del mundo. Mira al griego, debe tener gastritis o algo así.
De pronto, un señor con gafas y una chaqueta roja se acercó a nosotros.

- ¿Quiénes son ustedes?
- Nosotros somos los de Castilla.
- ¿ Los comuneros?
- Los campeones, hombre, los campeones-dijo el entrenador.
- Los campeones, los campeones. Los campeones ¿de qué?

Mi entrenador me miró

- ¿De que fuiste tu campeón, como te llames? Da igual, ¿esto no es la Federación Canadiense?
- Esto es el colegio cubano señor mío. Y aquí se exige invitación, pero no la pedimos porque pensamos que la gente tiene suficiente clase, como para no colarse en los sitios.

- Oiga usted....no le consiento....

Otro taxi, no sólo nos habíamos equivocado, sino que además estábamos en la otra punta de la ciudad.


Continuará
 
(XVIII) ORGULLO VACUNO (Desenlace Español)
Pasaron cuatro meses y cinco días desde que Don Matías había derramado la odiosa papilla de pan y leche, y cuatro meses justos desde que Irina había derramado algunas lágrimas por una pequeña discusión con Manolo.

- ¿Te gusta mas mi pelo corto y liso? ¿O como antes?
- Ahora me gusta, antes no recuerdo.


Tal vez aguardando su pronta y anunciada venta, Salmonete había aprovechado para fortalecerse, y engordar. Quizá debido a que ahora estaba encerrado, para proteger su asta derecha, que se le había astillado embistiendo al abrevadero. (también se le había mojado, claro, pero eso tenía mejor remedio) El caso es que el cliente había rechazado la compra del macho por aquel cuerno astillado y les había emplazado a repararlo en tres meses.

Don Matías había ordenado el encierro, y entre un bulldozer y Muñoz (El bulldozer era el de amarillo) lo habían ejecutado.

- Es bravo, Don Matías, que se lo digo yo.
- Que no, hombre que no. Lo que pasa es que tiene mal café.
- Que no que es bravo.
- Pero no seas tonto, hombre, ...es genéticamente imposible.
- De acuerdo, es genéticamente imposible....
- Claro.
- Pero es bravo.

Como la hierba siempre estaba mojada, la primavera resbaló muy rápido, sobre su culillo florido, y pasó para todos. También para el pobre reo, que apenas disfrutaba de unos minutos de sol al día, y estaba indeciso, entre cabreado y tristón.

A los tres meses llegó el comprador. Comprobó desde la seguridad de las alturas, que el asta de Salmonete se había regenerado sin imperfecciones.

- Lo que pasa Don Matías, es que me preocupa su mal carácter. A ver si va a atacar a alguna vaca.
- No creo que eso pueda ser. Hasta el día de hoy solo ha atacado a Muñoz, y al abrevadero. Ha tenido un comportamiento impecable.
- Bien, mandaré a un transportista a recogerlo. Tenga listo el certificado genético, adiós señores.
- Adiós, vaya usted con Él.


El doctor Mehari era un cordobés muy salado. Llegó justo una semana antes que los tranportistas con la única misión de extender un certificado genético, que certificara la raza lechera culona asturiana a la que pertenecia Salmonete.

Pero había una persona que dudaba que Salmonete perteneciese a una inofensiva raza lechera. Muñoz sospechaba que aquel era un toro de lidia. Pero ¿Cómo era posible? No lo sabía. Es más probablemente era del todo imposible, pero era.

El caso es que el doctor anestesió a Salmonete, le tomó algunas muestras de cosas asquerosas, y posteriormente se puso a medirle por todos lados. Altura en cruz, ancho, llenó de colorines los tubos, y tras dos horas de ensayos clínicos y consultas en libros viejos levantó la vista sobre sus lentes de cerca, y mirando a Don Matías y a Muñoz les dijo solemnemente:

- Señores, esto es verdaderamente sorprendente. Este ternero no es de raza lechera.

Y, entonces Muñoz no saltó de júbilo, pero miró secretamente a Don Matías, diciendo sin decir: “Lo sabía pedazo de burro, lo sabía”.

- Es un toro de lidia. ¿Verdad?- dijo Muñoz, viendo cerca el triunfo.

El doctor sacudió la cabeza extrañado

- ¿Un toro de lidia? No sea usted gilipollas, hombre.


- Pero entonces ¿qué demonios es?

- Es un toro sagrado de la India.


Laboriosísimo describir el efecto que tuvieron aquellas palabras en Don Matías y en Muñoz. Pero el asombro y la incredulidad campearon a lomos del escepticismo y la indignación. Luego el asombro se cansó de cabalgar y le pidió a la incredulidad un cambio de montura. La incredulidad accedió a duras penas, y entonces el asombro cabalgó un rato a lomos de la indignación, y la incredulidad a lomos del escepticismo.....Y así pasó una semana de hípica.


Pachi canturreó. Rodaba el Pegaso, con Salmonete en sus tripas. Irina tomó la palabra.

- ¿Sabes?, por lo visto el toro que llevamos es una rareza genética
- Si, de África..¿no?
- No, de la India.
- Pues eso. De África.

Irina se dio cuenta de una cosa. La ignorancia chillona era superior al amor. Era una de esas verdades que se abren paso despacio en tu mente, y, por eso al final son insoslayables.

- No soporto lo burro que eres, Pachi.
- Y tú para mi eres demasiado habladora.
- Para, me bajo.
- ¿Dónde te dejo?
- Me dejas en la gloria.

Pachi, soltero de nuevo, y solo, condujo distraído, silbando. Poco a poco el derrumbe de su mundo le comenzó a afectar, y, entonces hizo lo que no se debe hacer nunca en circunstancias penosas. Tomó una decisión. Paró el camión, se bajó y se dispuso a abrir la puerta para liberar a Salmonete. “Que se vaya a su América natal”, pensó.

Desgraciadamente se olvidó de poner el freno de mano y antes de que pudiera abrir la puerta el camión comenzó a correr con Salmonete dentro.


Y, confieso que nunca mas se supo.

Qué tontería...¿verdad?
 
(XVIII) ORGULLO VACUNO (Segunda Parte-de transición)
Irina estaba en uno de los cinco o seis mejores momentos de su vida. En su camiseta rosa se leía un sencillo y definitivo texto: “SEGOVIA”. Iba junto a Pachi, su gran amor, la calefacción soltaba un aire tibio la mar de agradable, y eran libres para recorrer el país, de cabo a rabo. Y, lo mejor de todo, su novio era taciturno. Y ella, desde que conoció al locuaz Manolo, había deseado tener un novio taciturno.

Más cosas que construían la felicidad de Irina: El trabajo. El trabajo de recoger ganado aquí y entregarlo allá, se hacía sin sentir, sin obligación. Marcaba la ruta, de acuerdo, pero no obligaba.

- El jato
- Ése
- Me lo llevo
- Vale
- Adiós.

Y, como las cosas iban así de rápido, viajaban y hacían dinero. El transporte de reses.


Sonó en la radio una bonita canción de Nacha Pop. (Suerte)

- Nacha Guevara -dijo Pachi

Es lo único malo que tiene hablar poco, que si no la aciertas, todo el mundo se cree que eres tonto.

Pasaron unos días. Salmonete crecía y se ponía robusto, y aunque seguía siendo un ternerito, ya se hacía respetar por los otros. Suerte que aquella era una granja cristiana, y las reses no campaban por sus respetos, sino que su paseo lo daban en un cercado perfectamente vigilado. Y allí estaba el señor Muñoz, hablando a las vacas.

- Vacas, hoy he reflexionado sobre si el mundo es malo o no. Y he llegado a la conclusión de que no tenemos con que compararlo, y me he preguntado que puesto que eso es así, si sigue siendo posible decir de algo que es único si es malo o no. Esto, claro solo se puede responder si hay cosas que sean malas por sí mismas, y si el mundo fuese una de esas...

De repente las vacas miraban hacia arriba, porque durante unos breves instantes Muñoz levitó. Cuando Muñoz despegó, dejó de ver tras si a Salmonete, cuya cabeza seguía el perfil ascendente de la cornada que le acababa de propinar a Muñoz. Fue solo un instante, como digo, porque Muñoz cayó sobre su tripa en un instante. Incluso Salmonete, por la inercia, tropezó con él y dio unas vueltas de campana, antes de caer de morros. Estaba dolido. Muñoz también.

- ¿Qué es lo que....?

Qué rápido se dio Salmonete la vuelta sobre si mismo, y que rápido retomo la embestida sobre Muñoz. Pero esta vez no le pilló desprevenido, Muñoz por primera y última vez en su vida realizó un recorte campeón y dejó a Salmonete buscando la carne en el aire.

- ¿Eres bravo? No puede ser...

Pero el deseo de profundizar en la paradoja de que un ternero nacido de padre semental y madre decididamente lechera, resultase ser una res brava, no le impidió buscar la salida, y corriendo con fé alcanzó a saltar la valla a la torera.

- ¡Es bravo! ¿es bravo?

Don Matías estaba comiendo unas blandengues sopas de pan y leche, cuando apareció Muñoz jadeante y sudoroso:

- ¡Es bravo! ¡No se como puede ser, es bravo!

Don Matías dijo algo ininteligible y, es asqueroso, pero abrió al abrir la boca para hablar, un fino hilo de leche salió de sus labios.

- ¿Dafta? ¿Qué dices?
- Don Matías, que Salmonete es un toro bravo.




Irina dormía. Pachi no, porque estaba conduciendo hacia la casa de sus padres, y era un hombre responsable.