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GRANDES DOCUMENTALES
Que frío, que desprovisto de visión parcial. Tan solo hechos.
Acerca de
No diré nada más acerca de mi. No soy interesante.
Sindicación
 
Y AHORA UNAS INMERECIDAS VACACIONES
Hacia el 18 de Julio, nos volvemos a ver. Besitos.
 
(XXII) FAUNA POLAR , MÁXIMA PRUDENCIA, HOMBRE (Final)
La economía iba bien. Iba como el amor en la casa, o la deriva de las placas tectónicas, lenta, pero inexorable (E inoxidable también, que coño). Los cazadores llegaban con sus piezas para que Vincent las desollase. Y Vincent lo hacía mostrando su felicidad suave. Sonreía mientras desollaba.

Un buen día, hacia las seis, llegó un cazador con un oso de piel extraordinaria, con un pelaje blanco inmaculado, pero que al mirarlo según desde que perspectiva emitía unos reflejos color violeta que le daba una prestancia que ya, ya. Era como el pelo de las viejas con los reflejos lila..No sé si me explico. El caso es que Vincent le dijo al cazador:

- Esta pieza te la compro yo, quiero esa piel.
- Ah, vale.
- ¿Cuánto pides?

El tío sabía pedir, desde luego, pero a Vincent no le importó porque la llamita azul se había transformado en una fogata roja y naranja de respetables proporciones.

Durante algún tiempo el bueno de Vincent estuvo tejiendo, curtiendo y haciendo todas las movidas del que quiere fabricar una buena alfombra de piel de oso, a partir de una buena (y cara) piel de oso. Además esta actividad la llevaba a cabo por las noches, porque quería darle una buena sorpresa a Gert.

Y llegó el día del regalo, y para resumiros os diré que de aquella, Vincent agarró un buen montón de puntos, no lo voy a negar. Se quisieron un poco más, y un poco más.

Y fíjate por donde se empezaron a dar una serie de casualidades estúpidas.

- El abrigo de Gert se rompió.
- Ella tenía que salir de compras de todas formas.
- Hacía frío.
- La alfombra de piel de oso abrigaba un montón.

Gert se recubrió con la alfombra e incluso utilizó la cabeza de capucha, porque nevaba un poco.

Vincent estaba tomando café. Y tratando de ver el modo de conseguir más puntos en poco tiempo. Porque quería a su inmensa esposa. Su esposa osa.

Escuchó el timbre del anexo. (¡Riau! ¡Riau!) Fue a ver quien era. Y era un cazador con su presa en el trineo. Un enorme ejemplar de oso polar con su piel de blanco bestial y reflejos lilas.

El muy gili no se olió el tema, menos mal que cuando le dio la vuelta al presunto oso, se veía que iba agarrado a la piel con las manos, igual que las abuelitas sujetan la rebeca, y claro al ver aquellas manos, quitó el resto de la piel, que era una alfombra mira por donde, y dentro estaba Gert, que, lo siento mucho pero no había sobrevivido a un par de balas explosivas, por mucho que antes atravesaran la piel del oso.

- Es mi mujer.
- Lo dudo mucho, es un macho.
- Dentro iba mi mujer, no era un oso.
- ¡Caramba, pues como lo siento!

Pasó un poco de tiempo.

“Querida mama:
Estoy mas viudo que un calamar. Mándame otra cocinera”


FIN
 
(XXII) FAUNA POLAR , MUCHÍSIMO CUIDADO POR FAVOR (Parte II)
París no pareció darse cuenta de la llegada de Antoinette. Pero en cambio, el iglú sufrió mucho su ausencia. Vincent era un hombre educado en el sacrificio, y continuó desollando osos con toda profesionalidad. Sin embargo, dejó de cuidarse, por así decirlo. No es que descuidara la higiene, ni nada de eso, no, lo que ocurrió es que ya no se molestaba en cocinar. Y, aunque se hubiera molestado, los finos guisitos de Antoinette, con sus patatitas nuevas, y sus caramelizaciones, no estaban al alcance de nuestro héroe, ni mucho menos. De manera que acabó por roer tendones de foca, como único alimento, y de vez en cuando alguna raíz de Schuikk, una planta resistente, que crecía por ahí cuando le salía de los cojones.

Antoinette no era estúpida, y desde París sospechaba que Vincent no estaba bien alimentado. De manera que pudo permitirse contratar una cocinera y mandársela a su hijo. Se trataba de Gertrude, una inmensa alemana oriental. Una mujer de casi un metro noventa, y ciento veinte kilos, una bestia.

Llamaron a la puerta del iglú. Vincent estaba medio dormido, y se levantó con pesadez. Abrió la puerta y vio a Gertrude, ahí plantada:

- Si eres el oso no te han matado bien.
- Soy la cocinera nueva, me contrató tu madre.
- ¿Seguro?
- Seguro.

Y el asunto poco a poco fue echando raíces y al cabo de un año, Gertrude , cocinaba para Vincent como si tal cosa. Aparentemente Gertrude no tenía corazón, y trabajaba fríamente, pero con una profesionalidad impecable, mientras el bueno de Vincent, aparentemente, se dedicaba por completo a las pieles en el desolladero anexo al iglú.
Solo se veían en las comidas.

- ¿Qué es?
- Schweisser
- ¿Cómo?
- Salchichas de foca monje, con grasa de reno salvaje.
- Está buenísimo.

Y a la cena lo mismo

- ¿Qué es?
- Un vaso de leche y una magdalena.
- Ah, claro.


Y, sé que sabréis entender, sin hacer muchas preguntas, que una especie de pequeña llamita azul y temblorosa, prendió de alguna manera en el corazoncito de Vincent, y en el corazonzote de Gert.

- Sería la mar de práctico que nos amásemos.
- Amémonos.

Y tras una historia de amor un tanto anodina, Gertrude y Vincent se casaron. Y un amor liviano pero la mar de flexible envolvió la convivencia.

“Querida mama:

Yo no sé si esta noticia que te voy a dar te sentará bien. Me he casado con Gert, la chica que me mandaste para que cocinara. No hemos hecho una gran boda ni nada, porque somos muy prácticos. Sé que esto te habrá dolido, espero sin embargo que hayas encontrado el consuelo en aquel músico de jazz que abandonaste en la juventud, por circunstancias diversas.
Pronto nos veremos
Besos”

“Hijo mío, Jack, el músico ya falleció. Sin embargo soy feliz porque tu lo eres. Una cosa. ¿Ahora que Gert es tu esposa...debo seguir pagándole?
Besos”


Todo era razonablemente bonito, casi perfectamente bonito, lo suficiente para no llamar la atención.

Hasta que un día Vincent tuvo una idea que resultó ser de lo más estúpida.

(Continuará hasta el éxtasis final)
 
(XXII) FAUNA POLAR , MUCHÍSIMO CUIDADO (Parte I)
Vincent Papamuk, medio esquimal, era, por la otra mitad, francés. Concretamente era hijo de una pianista parisina, que por una serie de penosas circunstancias, acabó en Groenlandia, casándose con un auténtico esquimal.

Como la conservación de pianos en Groenlandia, estaba todavía en pañales, y además las manos de Vincent no tenían la apariencia delicada de las de su madre, el chico terminó por aprender el oficio del padre: Desollador de osos polares. Así pues en vida de Antoinette e Innuik, los progenitores de Vincent, era de lo más normal que los cazadores apareciesen de vez en cuando con algún ejemplar de oso polar para desollar.

Durante algunos años, Vincent ofició de aprendiz , aprendiendo a manejar el cuchillo de desollar, y quitándose de ascos y melindres, terminando por ser casi tan bueno en el oficio como su padre. Desgraciadamente la felicidad es efímera, como todos sabemos, y en cierta ocasión un cazador trajo a un oso para desollar, no del todo muerto, con la mala suerte de que el animal recobró el sentido justo cuando Innuik le metía el cuchillo en el pescuezo, y de un zarpazo terrible acababa con la vida del bravo esquimal, y del imbécil cazador. Eso estuvo bien, porque sino a Vincent le hubiera quedado el deber de vengar a su padre, y hubiera tenido que perseguir toda su vida al gilipollas ese de cazador.
Durante un tiempo, Antoinette y Vincent convivieron disfrutando una leve felicidad relativa, Vincent desollando osos y ella acariciando las frías teclas del mini piano que tenían en el iglú. Los cazadores más diestros, o sea los que iban más a menudo al taller del iglú, se quedaban a cenar, alababan la cocina de Antoinette, y le contaban historias al joven Vincent, tratando de impresionarlo.

Sin embargo, y a pesar de que todo parecía estar en orden, una cierta incomodidad vital acechaba a Antoinette de dentro a fuera. Y la forma en que se notó fue muy curiosa: En las melodías que interpretaba al piano. Al principio tocaba piezas del alegre París bohemio: “Señorita que guapa es usted”, “El jardín de prinavera”, “Los geranios” y “Las alegres tardes de París”. Pero aquello empezó a cambiar: “Muerte negra en Avignon”, “El terremoto de San Francisco”, “Podredumbre invasiva”, y por fin la definitiva “Coño, que mal estoy”. Ahí fue cuando Vincent se dio por aludido:

- Mama. A ti te pasa algo. (Mama, dijo mama, no mamá)
- Pues ¿Qué me ha de pasar?
- Me da la sensación de que mientras que vivió papa (no papá), tenías una vida plena y feliz, y no echabas de menos los escenarios, pero que ahora, se te ha despertado la artista que eres, y que quieres volver a Francia e interpretar alegres canciones al piano, hacer vida social, y ¿por qué no? Llevar una vida urbana normal, lejos de los climas extremos de estas tierras alejadas del cristianismo. Pero es solo una sensación, mama, igual me equivoco.
- Puede ser lo que dices, aproximadamente.
- Entonces vete.
- ¿Cómo?
- Que te pires, mama. Yo no te he de retener. Persigue tu felicidad. Te iré a ver.
- ¿Cuándo?
- ¿Te viene bien el 17 de Septiembre?
- De lujo.
- Pues hecho.

Continuará....
 
(XXII) FAUNA POLAR , MUCHÍSIMO CUIDADO (Parte I)
Vincent Papamuk, medio esquimal, era, por la otra mitad, francés. Concretamente era hijo de una pianista parisina, que por una serie de penosas circunstancias, acabó en Groenlandia, casándose con un auténtico esquimal.

Como la conservación de pianos en Groenlandia, estaba todavía en pañales, y además las manos de Vincent no tenían la apariencia delicada de las de su madre, el chico terminó por aprender el oficio del padre: Desollador de osos polares. Así pues en vida de Antoinette e Innuik, los progenitores de Vincent, era de lo más normal que los cazadores apareciesen de vez en cuando con algún ejemplar de oso polar para desollar.

Durante algunos años, Vincent ofició de aprendiz , aprendiendo a manejar el cuchillo de desollar, y quitándose de ascos y melindres, terminando por ser casi tan bueno en el oficio como su padre. Desgraciadamente la felicidad es efímera, como todos sabemos, y en cierta ocasión un cazador trajo a un oso para desollar, no del todo muerto, con la mala suerte de que el animal recobró el sentido justo cuando Innuik le metía el cuchillo en el pescuezo, y de un zarpazo terrible acababa con la vida del bravo esquimal, y del imbécil cazador. Eso estuvo bien, porque sino a Vincent le hubiera quedado el deber de vengar a su padre, y hubiera tenido que perseguir toda su vida al gilipollas ese de cazador.
Durante un tiempo, Antoinette y Vincent convivieron disfrutando una leve felicidad relativa, Vincent desollando osos y ella acariciando las frías teclas del mini piano que tenían en el iglú. Los cazadores más diestros, o sea los que iban más a menudo al taller del iglú, se quedaban a cenar, alababan la cocina de Antoinette, y le contaban historias al joven Vincent, tratando de impresionarlo.

Sin embargo, y a pesar de que todo parecía estar en orden, una cierta incomodidad vital acechaba a Antoinette de dentro a fuera. Y la forma en que se notó fue muy curiosa: En las melodías que interpretaba al piano. Al principio tocaba piezas del alegre París bohemio: “Señorita que guapa es usted”, “El jardín de prinavera”, “Los geranios” y “Las alegres tardes de París”. Pero aquello empezó a cambiar: “Muerte negra en Avignon”, “El terremoto de San Francisco”, “Podredumbre invasiva”, y por fin la definitiva “Coño, que mal estoy”. Ahí fue cuando Vincent se dio por aludido:

- Mama. A ti te pasa algo. (Mama, dijo mama, no mamá)
- Pues ¿Qué me ha de pasar?
- Me da la sensación de que mientras que vivió papa (no papá), tenías una vida plena y feliz, y no echabas de menos los escenarios, pero que ahora, se te ha despertado la artista que eres, y que quieres volver a Francia e interpretar alegres canciones al piano, hacer vida social, y ¿por qué no? Llevar una vida urbana normal, lejos de los climas extremos de estas tierras alejadas del cristianismo. Pero es solo una sensación, mama, igual me equivoco.
- Puede ser lo que dices, aproximadamente.
- Entonces vete.
- ¿Cómo?
- Que te pires, mama. Yo no te he de retener. Persigue tu felicidad. Te iré a ver.
- ¿Cuándo?
- ¿Te viene bien el 17 de Septiembre?
- De lujo.
- Pues hecho.

Continuará....
 
(XXII) RIESGOS DE DESAPARICIÓN DE LOS GRANDES HERBÍVOROS SUDAMERICANOS
Pongamos un paréntesis en medio de tanta historia complicada, relajémonos. No hace ni una semana que estuve en Helsinki en la conferencia del profesor Larkaa, acerca de los peligros de la desaparición de los grandes herbívoros sudamericanos.

El profesor dio una prolija explicación, describiendo el deterioro medioambiental del hábitat de éstos curiosos animales, y en un momento dado dijo:

-...” en concreto la llama lapona...”

Entonces un espontáneo saltó con indignación

-...me va a disculpar, profesor, pero jamás se ha visto una llama en Laponia.

- ¿Y a mi que me dice? ¿He dicho yo algo así?
- Usted ha dicho..”la llama lapona”
- En el sentido de que se tira lapos, listillo.

El espontáneo calló para siempre, y el profesor siguió.
 
(XXI) TODO SOBRE LAS AVES MARÍTIMAS
De las miradas de la gente en general, y de mis lectores en particular, y también por unas vocecillas que oigo en mi interior últimamente, se deduce que el tema de las aves marítimas está de moda. No obstante lo primero es hacer frente a la confusión que reina por doquier en relación a este tema:¿Qué son aves marítimas? Y ¿Qué son aves marinas?. Aunque resulte vulgar lo mejor es poner ejemplos. Ejemplos de aves marinas: Gaviota, frailecillo, albatros, pato marino, unos negros que hay, que no sé como se llaman.,...¿Entonces aves marítimas?. Ejemplo de aves marítimas: los pollos del cargamento de pollos del barco de pollos, el loro del hombro del pirata Samuel.....es decir, las aves marítimas son aquellas que viajan en barco.

Hablando del pirata Samuel, y sobre todo de su loro; En aquellos tiempos, hacia Septiembre de1623 o más, el pirata Samuel navegaba furiosamente, desplegado todo el trapo, por el pacífico Sur. Su Loro, Koldo, siempre sobre el hombro de Samuel, guardaba silencio. Samuel era muy golfo. Y palmó, al cabo de un tiempo razonable.

Pasaron Cuatrocientos y pico años. De una de las ramas de la familia de Samuel, en 1968 nació una joven, (Daniela) de la que se sabía el linaje, y que creció como corresponde a la descendiente de un célebre corsario. Ella llevaba su ascendencia con mucho orgullo, y, siempre informaba a quien quisiera escucharla que ella era descendiente del pirata Samuel.

- De ahí lo prominente de mi nariz.

Y sacaba una estampilla con el retrato del pirata Samuel, y, encima de su hombro el loro Koldo.

La primera noche que salió conoció a un chico educado y serio, que bebía un fuerte combinado de whisky. Y hubo cierto grado de conversación entre ellos. Y en un momento dado ella le dio la información.

- Soy descendiente del pirata Samuel. De ahí mi prominente nariz.


El chico educado miró el retrato y dijo:

- ¿Del pirata? ¡Tu eres descendiente del loro, hija de puta!


FIN
 
(XX) LA EXTRAÑA HISTORIA DE LOS KARAMAJONG (VI- Final Final)
(Recordad que estabamos con la carta de Mzeh a Gneh, Lola y Machín)


...pero dejando el té aparte, lo cierto es que aquel singular personaje escuchó pacientemente toda mi teoría sobre el empelotismo y las vacas, y tras guardar un silencio profundo y largo, me habló:

- Colega, machote, lo del empelotismo no tengo nada que decir, porque allá cada cual. Me parece incómodo, pero allá vosotros. Ahora, lo de las vacas me parece una locura. Vosotros profesáis la creencia de que sois los dueños de todas las vacas. Y ,mira es el mundo al revés.
- ¿Son los masai dueños de nuestras vacas, acaso? Esto lo pregunté yo, todo preocupado.
- No, imbécil. He dicho al revés. Vosotros no sois dueños de las vacas, son las vacas, las que son las dueñas del cotarro. Las dueñas de todo. Otra cosa es que ellas hayan decidido no hacerse notar, y os toleren cierto grado de libertad, pero si queréis seguir conservando esa libertad más vale que tu y tu pueblo abandonéis esa actitud soberbia.
- No puede ser. De ser cierto lo que dices supondría el fin de la civilización karamajonga, tal y como la conocemos.
- ¡Ah, vaya por Dios! Ocultemos la verdad si eso va a afectar a una civilización universal como la karamajonga. Más civilización es la hindú y aceptamos con humildad nuestro sino de esclavos de las vacas.

El caso, chicos, es que el indio tenía una labia impresionante...yo no sé exactamente como lo hizo, pero me convenció. Pero, escuchad, no me convenció como cuando nos convencemos entre nosotros, que es como para que dejen de darte el coñazo. No, el tío me hizo pensar. Y, yo claro empecé a acordarme de que en el fondo, nosotros, los karajillos, sacamos a pasear a nuestras vacas, las limpiamos, las damos de comer, las curamos cuando enferman. Pero...¿Alguno de vosotros ha sido curado por una vaca? ¿Ha sido sacado a pasear por una vaca? ¿Quién es el esclavo entonces?¿Quién es el amo entonces?.

Ya no quiero entreteneros más. Abandonad vuestra fé. Estamos equivocados. Dejad en paz a las vacas. Y ya de paso vestíos, no sea que también estemos equivocados en eso.

Esta carta la envío a la aldea, con la confianza de que Gneh y Lola aun sigan allí. Chicos emigrad si queréis. Los karamajong somos historia....”

Gneh miró a Lola y le dijo:
- Me cago en...
- Por dios, Gneh esa boquita...
- Pues tía yo me largo, ¿tu que haces?
- Yo también, quiero conocer Londres...
- ¿Y que hacemos con las vacas?
- Suéltalas
- Serán pasto de los leones...
- Pues que se jodan...¿No son las dueñas de todo?
- Es verdad, vamos a vestirnos y nos vamos.
- ¿Despertamos a Machín?
- Deja, deja, no vaya a querer venirse con nosotros.

Epílogo (Época de las lluvias)

Machín no entendía nada, como de costumbre. Bajo el porche de la casa de Gneh, que era la que mas le gustaba, apuraba a grandes tragos una tinaja enorme de licor de bananas. Él había ido dando la buena nueva a los que iban llegando, y los que iban llegando apenas aguantaban un par de semanas y se acababan yendo también, porque no querían vivir en un lugar sin civilización ni creencias ni nada. Y así, inopinadamente, se había ido quedando solo. Y, mira, tal vez el pueblo era una mierda cuando tenían que vivir más de cien o doscientos. Pero para uno solo estaba la mar de bien. Cómodo, espacioso, y con buenas tierras para cultivar, cosa que pensaba hacer en cuanto se acabasen las reservas de tocino y carne seca. Y las de galletas, claro. Lo malo era que no había mujeres ya, y el le había echado el ojo a Lola, pero Lola se había ido, la muy...

No importa, se quedaría soltero.

Pasaron como seis meses más. Y luego un par de días de propina, y aun después unas horas.

Y pasó una cosa bien rara...el sol se vio oscurecido por una especie de humareda rojiza y un ruido como el que hacen las cosas que se derrumban al derrumbarse. (¡burrumblublum!). Y Machín vió como delante de él pasaban vacas en formación. Primero las famosas culonas asturianas, luego las célebres frisias, las vacas canadienses, las vacas búlgaras, las dignas vacas suizas, un par de vacas alemanas, vacas holandesas, las mas orgullosas, las pequeñas vacas pigmeas, que al final, si, eran pigmeas, vacas del Turkmenistán, vacas argentinas, vacas bolivianas, vacas australianas, vacas sagradas de la india. Parecía la inauguración de las olimpiadas vacunas. Y así estuvo la cosa durante tres días. Tres días pasando vacas sin parar por delante de Machín.....

Y cuando terminaron de pasar vacas, llegó Téllez, que caminaba apoyado en un largo cayado. Cuando llegó a la altura de Machín, se cambió el cayado de mano, y le tendió la mano a Machín.

- Machín,...¿Cómo estás? ¿Y la gente, donde está?
- ¿No te has enterado? Se anuló la historia...
- ¿Qué se anuló?
- Sí, parece ser que habíamos leído mal la tradición oral.
- Será que la habíamos escuchado mal...
- Será eso, entonces.
- Pues yo he matado, he robado he secuestrado, he chantajeado...he conseguido diez mil cabezas de ganado. La verdad, estoy agotado, y me sienta fatal todo esto. ¿Pero donde está la gente?
- Parece que no querían vivir en un lugar sin fé. Se sentían desarraigados.
- Desarraigado traigo yo el menisco, de tanto caminar.
- Desgarrado, eso es desgarrado.
- Si, será eso. ¿qué hacemos?
- Cuidar del ganado..¿no? Montamos una ganadería y a vivir.
- Lo que pasa es que hay que traer un macho..¿no? Hasta ahora he visto solo vacas.
- ¿Un macho? Si traigo uno, me lo encontré en España, en pleno campo. Responde al nombre de Salmonete. Tiene un carácter un tanto especial, pero puede servir para esto. Está en la espesura. Espera que lo llamo. ¡¡fiuuuuuuu!!

Y, en el claro del bosque, apareció , como cuando Jabonero apareció en el albero, el célebre y orgullosos Salmonete.

Y al verlo dijo Machín.

- Quisiera equivocarme pero parece un toro de lidia.
- Ah, no sé.

Y esta es la historia karamajonga. No quiero más críticas en los bares.

FIN