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GRANDES DOCUMENTALES
Que frío, que desprovisto de visión parcial. Tan solo hechos.
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No diré nada más acerca de mi. No soy interesante.
Sindicación
 
(XXIII) CRUDAMENTE: EL CONEJO. (II- En Suerte y el respiro)
Los sábados de temporada Dimitris se acodaba en la verja protectora, se encendía un sin filtro, y observaba como los turistas australianos y las turistas australianas y sus mascotas (dingos, koalas, casuarios, algún perro...) daban un paseo por la granja. Y hacían fotos a los conejos más hermosos del mundo. A veces le hacían fotos a él.(Un euro), a veces se hacían fotos con él. (Dos euros), y alguno le hacía fotos al suelo, a las piedras, o a la puerta del garaje. (No euros)

Y el caso es que los conejos eran cada vez más grandes. Ya llamaban la atención.

Dimitris se decía:

- ¡Bué!

Y en otras ocasiones:

- Bué. Eso es que he tenido suerte con un par de generaciones, dentro de poco volverán a ser los mismos conejos escuchimizados de siempre. Así que no me voy a hacer ilusiones. Esto es un momento de bonanza, pero las vacas flacas siempre llegan, con su rostro marcado por la muerte.

Ese día , o sea el día que dijo todo eso, Dimitris se sintió demasiado triste para quedarse en la granja, y dejó al grupo de australianos que viera la granja sin cobrarles euros ni nada. Y se bajó al bar del pueblo para echarse al coleto unos ouzos.

Y estuvo bebiendo un vasito y otro vasito, y otro vasito más. Así, en soledad, cargando la mano.

El barman Nikolai le decía:

- ¿No has bebido ya suficiente Dimi?
- Pues no me queda mili, anda ponme otro. Este ouzo sabe más raro...
- Es el mejor que tengo y lo sabes, así que no toques lo que no suena...
- Is il mijir qui tingui y li sibis, isi qui ni tiquis li qui ni sini.

Así era como se burlaba Dimitris del personal, diciéndolo todo con la “i”.

Nikolai hizo caso omiso de la burla y dedicó su atención al resto del personal, después de ponerle a Dimitris un vasito más. La parroquia que tenía que atender Nikolai no era muy numerosa aquella tarde. Apenas un par de ancianas que estaban merendando en dulce, un ciclista sediento que se bebía una pepsi tras otra, un viejo capitán que había surcado el Egeo un montón de veces, y que incluso lucía en una oreja la argolla que le daban a uno por cruzar el ecuador en barco, la mujer más bella del mundo, un cura ortodoxo que miraba triste su enorme panza,...¡Un momento! ¡Volvamos atrás! ¿La mujer mas bella del mundo?

Bueno, al menos así le pareció al beodo Dimitris cuando recorrió su mirada curiosa por la parroquia. “Un poco gordita quizá...¡Ah no, que ese es el cura! En realidad la chica era rubia de pelo y morena, muy morena de piel. No llegaba a ser mulata, pero estaba muy bronceada. Tenía unos ojos azul –verdoso que constituían un misterio de color, pero que paradójicamente , desembocaban en una mirada franca y clara, una especie de “puedes confiar en mi...”. Pero aun hay más : Y era la dulzura que destilaba la muchacha. No ya que la tuviera, sino que la destilaba, la destilaba en cursiva.

Y el herido corazón de Dimitris se conmovió. El corazón endurecido por años de penurias, de soledad , de responsabilidad, se fundió en un instante con la sacarosa de la chica. Y puede parecer extraño, pero Dimitris se levantó, porque nunca había experimentado con tanta violencia el amor, y cuando se levantó ya estaba totalmente enamorado de ella, y se enamoró aun más cuando ella al verle acercarse sonrió mostrando unos dientes blancos y perfectos, y se enamoró aun más cuando ella le siguió con la mirada durante todo el rato que duró la órbita de acercamiento. Y seguía enamorado cuando al llegar donde estaba la muchacha se oyó preguntarle:

- ¿Me permite invitarla a una copa?

Y también seguía enamorado un cuarto de hora después de que ella le dijese:

- Que te pires, baboso.

(Continuará)
 
(XXIII) CRUDAMENTE: EL CONEJO. (I- Introducción y Dimitris)
En muchos foros, pero sobre todo en restaurantes de carretera, mercadillos de reinas (¡reina mira que melones, anda llévate uno), bibliotecas de pueblo y conciliábulos de departamentos comerciales de empresas de seguros, se profesa la creencia generalizada de que la naturaleza quita de un lado lo que da por otro, y que todo el asunto de la vida es una especie de equilibrio total. Por ejemplo, el pez globo, cuando nada relajado es un pez con aspecto bonachón, aparentemente inocente. Pero al verse atacado se infla y se le pone pinta de ogro, lo cual mantiene a raya a la mayoría de los depredadores marinos.

Tiene una oportunidad.

Y no todos la tienen.

Dimitris vivió durante los primeros cuarenta y siete años de su vida para su granja de conejos. Bueno, a decir verdad, los primeros 10 estuvo aprendiendo el trabajo al lado de su padre. Se iban bien temprano al prado familiar, apenas a trescientos metros de su mierda de casa, y el padre, Panagiotis, tomaba de la mano a su hijo Dimitris, que ya lo he dicho, joder, y le daba una o dos lecciones máximo al día.
- Son conejos, hijo mío.

Y otro día:
- Los hay negros, los hay blancos y los hay castaños. Verdes no he visto ninguno.

Y , a lo mejor otro día:
- Tengo entendido que son roedores.

Y, si estaba de muy bien humor
- Los vendemos para gente que se los come.


Panagiotis era un hombre cansado y se murió enseguida, el pobre, así que Dimitris, con 10 años, heredó la explotación conejera, y se hizo todo un gerente. Al poco la madre de Dimitris también dejo de existir, lamentablemente, y Dimitris se hizo con el control de la nave.

¡Y menudo timonel!

Se puso a investigar como un loco, tratando de mejorar en lo posible la raza, porque sentía la obligación moral de mejorar la herencia de sus padres. Y así que iba pasando el tiempo, los conejos se criaban más hermosos y más grandes y alcanzaban mejor precio en el mercado de Kameri.


Pero luego la demanda cayó, porque Kameri iba despertando al turismo, gracias a su clima, y paradójicamente a su gastronomía, en la que jugaba un papel esencial el conejo. Digo paradójicamente, porque este despertar del turismo, hizo virar en redondo a la nave de la economía de aquel lugar, y, los que toda la vida habían sido pescadores, se convirtieron en capitanes de yate, y los granjeros se pusieron a regentar restaurantes, y los mecánicos se pusieron a alquilar coches a los turistas....

Pero Dimitris siguió erre que erre, criando conejos. Conejos cada vez más grande. Únicamente le hizo una concesión a la frivolidad turística, y llegó a un acuerdo con la agencia “Viaja con tu mascota” de Australia, para cobrar dos euros a cada australiano (con mascota) que quisiera visitar su granja, aparte de poder comprar conejos.

Y esto estuvo sucediendo un tiempo


(Continuará....)