<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><feed version="0.3" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns="http://purl.org/atom/ns#"><title><![CDATA[GRANDES DOCUMENTALES]]></title><link rel="" type="" href="" title=""/><link rel="http://blogs.ya.com/somosbuenos/atom.xml" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/somosbuenos/atom.xml" title="GRANDES DOCUMENTALES"/><id><![CDATA[ID]]></id><tagline><![CDATA[Que frío, que desprovisto de visión parcial. Tan solo hechos.]]></tagline><generator><![CDATA[http://www.ya.com]]></generator><entry><title><![CDATA[(XXX) LA BRUMA DEL ZAMBEZE NO ES LO QUE PARECE (I)]]></title><link rel="GRANDES DOCUMENTALES" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/somosbuenos/atom.xml" title="GRANDES DOCUMENTALES"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200611]]></issued><modified><![CDATA[200611]]></modified><created><![CDATA[200611]]></created><summary><![CDATA[(XXX) LA BRUMA DEL ZAMBEZE NO ES LO QUE PARECE (I)]]></summary><author><name><![CDATA[buch1965]]></name></author><dc:subject><![CDATA[(XXX) LA BRUMA DEL ZAMBEZE NO ES LO QUE PARECE (I)]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/somosbuenos/c_77.htm"><![CDATA[Ungo hundió sus manos en el Zambeze. Como cada mañana, temió por un instante que alguna piraña le mordiese. Pero luego, como cada mañana se dio cuenta de que las pirañas viven en Brasil, en el Amazonas, y no en el Zambeze.<br/><br/>Y , como cada mañana, suspiró aliviado.<br/><br/>Luego se puso en pie, y se entretuvo en oír el machacón sonido del amasado de la mandioca llevado a cabo cada día por las infatigables mujeres de la aldea. Ese era el único sonido que se podía oir aquel día. Los niños estaban en silencio, asistiendo a la escuela, donde impartía clases el célebre misionero holandés Patrick Nanninga. Y los hombres estaban todos asistiendo a la ceremonia del limado de uñas del Enorme Elefante Blanco...<br/><br/>Por cierto, él era un hombre...<br/><br/><br/>¿Qué hacía que no estaba con el resto de los hombres?<br/><br/>Se dio cuenta de que él tenía que estar en la ceremonia.<br/><br/>Ungo se echó las manos a la cabeza y salió corriendo a perseguir al resto de los hombres del poblado. Como hacía a menudo Raquel Gaztelu, una indígena que tenía muy mala fama.<br/><br/>-&#9;¡Ay Dios, ay Dios, que cabeza la mía!<br/><br/><br/>Mientras corría Ungo se iba torturando, pensando en cómo le iban a mirar los otros, por llegar tarde. Por llegar tarde una vez más. Pero no solo a la ceremonia trimestral del limado de uñas del elefante blanco (enorme), sino a cualquier acto solemne y no solemne que tuviera lugar.<br/><br/>Cuando llegó el Elefante ya tenía la uña delicadamente hecha, y los hombres volvían hacia el poblado. Ungo se iba cruzando con los primeros que volvían. Justo debía coincidir que eran los agoreros.<br/><br/>-&#9;..de verdad que...<br/>-&#9;...prepárate Ungo...<br/>-&#9;...esta vez te has pasado...<br/>-&#9;...la que te va a caer...<br/>-&#9;...está Giovanni contigo que trina...<br/><br/>Ungo lo iba oyendo mientras los esquivaba. E iba totalmente rabioso haciéndoles el signo del dedo corazón. Hasta que llegó al círculo un poco mágico donde había tenido lugar la ceremonia. El elefante también se había pirado ya. Sólo quedaba allí Giovanni, que ni siquiera se dio la vuelta, (A lo mejor miró un poco de reojillo) para decirle a Ungo, que estaba fatigado y se había puesto las manos sobre los muslos, en plan “Oye que tengo que tirar un par de tiros libres, y estoy cansadísimo”:<br/><br/>-&#9;De verdad que prepárate Ungo. Esta vez te has pasado, la que te a caer, estoy contigo que trino. <br/>-&#9;Pero yo...argumentó hábilmente Ungo<br/>-&#9;¡Pst! Silencio ya, leche. Voy a hablar yo.<br/><br/>Y vaya si habló, el Giovanni<br/><br/>“Cuando cumpliste 18 años, y pasaste la prueba del guerrero, todos en el consejo pensamos que estábamos ante un buen soldado y un buen trabajador de esta tribu. En el consejo de ancianos podemos equivocarnos de vez en cuando, por ejemplo, Abel, a veces se bebe el agua donde su mujer deja la dentadura, Mateo, otras veces saca a pastorear a sus ovejas, solo que en vez de llevarse a las ovejas se lleva a los niños de clase del pastor Nanninga. Pero he llegado a la conclusión de que lo tuyo no tiene remedio, así que voy a proponer tu destierro”.<br/><br/>Y este es el modo en que se plantearon las cosas. Del modo en que se embrollaron y desembrollaron, os contaré en capítulos sucesivos. <br/><br/>Es verdaderamente sorprendente. <br/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[(XXIX) LA CONOCIDA HISTORIA DE ARN (Arn, Trini y Adito: La Movida V)]]></title><link rel="GRANDES DOCUMENTALES" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/somosbuenos/atom.xml" title="GRANDES DOCUMENTALES"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200610]]></issued><modified><![CDATA[200610]]></modified><created><![CDATA[200610]]></created><summary><![CDATA[(XXIX) LA CONOCIDA HISTORIA DE ARN (Arn, Trini y Adito: La Movida V)]]></summary><author><name><![CDATA[buch1965]]></name></author><dc:subject><![CDATA[(XXIX) LA CONOCIDA HISTORIA DE ARN (Arn, Trini y Adito: La Movida V)]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/somosbuenos/c_76.htm"><![CDATA[Veo que no entendemos de besos. Veo que nos es difícil distinguir entre besos históricos y eternamente recordables y besos de “hola ¿qué haces por aquí?”. Es normal. Y da igual.<br/><br/>Adito, el hombre que nunca sabía que decir cuando le besaban. Bueno, mejor dicho que nunca supo que decir aquella vez que le besaron, tuvo la sensación de que le estaba ocurriendo otra vez, así que puso toda la voluntad del mundo en decir algo, cualquier cosa.<br/><br/>-&#9;La correa del reloj es falsa. Se oxida. No es titanio.<br/><br/>Trini, que tampoco era una experta, no se sabía su clásica respuesta de “calla tonto y le besó otra vez”, sino que de un modo que , de todas formas sonó mágico para el tontorrón de Adito, dijo:<br/><br/>-&#9;¿Cómo? ¿Titanio? ¿Qué?<br/><br/>Y resulta que Adito, tampoco se sabía bien su papel de “la cogió fuerte entre sus brazos y la estrechó contra su varonil pecho...” ni ningún otro papel, el desgraciado, de modo que se vió obligado a declarar:<br/><br/>-&#9;Es que me dijeron que era Titanio la correa del reloj y que el año se presentaba muy lluvioso, y que era mejor que llevara la correa de Titanio. Que menudo cante si el reloj es waterproof, y, va la correa y se oxida.<br/>-&#9;Creo que no entiendo nada de lo que dices.<br/>-&#9;Lo que no sé si es antichoc.<br/><br/>Y ella, esta vez sí, le beso otra vez.  Y él empezó a razonar deprisa, y razonó que no estaba mostrando ningún encanto especial. Y que una cosa tan grande como Trini, seguramente requería de un modo de conquista original, talentoso, y no la mierda de balbuceo que estaba ofreciendo.<br/><br/>Y mientras ella, le besaba por tercera vez, el deseó que el beso durase lo máximo posible para darle tiempo a corresponder con talento a tanta efusividad. Porque el sabía que ella se merecía más que el máximo que él podía dar, así que lo mínimo era dar el máximo.<br/><br/>Mientras buscaba algo brillante en su interior, se dio perfecta cuenta de que los besos de Trini eran dulces como caramelos chupados de Coca Cola. Sin duda un dato hipnotizador, claro. Ella le concedió una prórroga.<br/><br/>-&#9;Perdona he de bajar al excusado un momento.<br/>-&#9;Si, claro.<br/><br/>Mientras ella bajaba con gran elegancia las estrechas escaleras, él se dio cuenta de que tenía la solución en la mano. Sabía que Trini adoraba a Arn, y que si él tenía un buen detalle con Arn, probablemente ganaría puntos tipo oro con ella. Y se acordó de un solomillo que tenía en el refrigerador. Y lo cogió. Un pedazo de solomillo de ternera de más de un kilo. Así que salió a la puerta del bar, y gritó. Y aquello fue un tremendo error, porque lo que la pobre Trini escuchó desde el servicio fue lo siguiente.<br/><br/>-&#9;¡¡¡Eh, vuelve, vuelve!! ¡¡Mira que cacho de carne tengo preparado para ti!!<br/><br/><br/>Por supuesto Trini desapareció para siempre.<br/><br/>Besos para todos<br/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[(XXIX) LA CONOCIDA HISTORIA DE ARN (¡Castigo! ¿Castigo? IV)]]></title><link rel="GRANDES DOCUMENTALES" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/somosbuenos/atom.xml" title="GRANDES DOCUMENTALES"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200610]]></issued><modified><![CDATA[200610]]></modified><created><![CDATA[200610]]></created><summary><![CDATA[(XXIX) LA CONOCIDA HISTORIA DE ARN (¡Castigo! ¿Castigo? IV)]]></summary><author><name><![CDATA[buch1965]]></name></author><dc:subject><![CDATA[(XXIX) LA CONOCIDA HISTORIA DE ARN (¡Castigo! ¿Castigo? IV)]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/somosbuenos/c_75.htm"><![CDATA[Yo no sé ya ni cuantas veces ni en cuantos idiomas he dicho que el frío de aquel invierno era intensísimo. ¿Cuántas veces lo puedo haber dicho? ¿Quince, veinte  veces? Por favor, a ver si nos enteramos ya...<br/><br/>Esto es muy importante en la historia. Muchísimo más importante que el hecho de que Arn hiciese un ruido asqueroso al masticar o como se llame eso (Slurpear, quizá) las sopas de pan y café. Y que por eso, Adito y Trini, la de los besos dulces, estuviesen callados esperando a que Arn terminase de una vez su desayuno, y se fuera a perrear al solar de al lado.<br/><br/>Ocurrió al fin, Arn por fin pasó su jamón york por el fondo del cacharro, y cuando quedó limpio del todo, y sin esperar a ver si le caía una colleja de propina salió por la puerta que, previsoramente le abrió Trini. Después de todo, Trini no sólo daba besos dulces, sino que también abría la puerta a perros buenos en apuros. Después de todo una patada de Adito hubiera sido irreparable. Demasiado humillante como para perdonar.<br/><br/>Pero no hubo. Arn salió flexionando las piernas, como hacen los perros cuando saben que han hecho algo malo. (Hay otros que, aunque en aquel momento no hayan hecho nada malo, también se sienten culpables todo el tiempo, quizá por un pasado tormentoso, y basta con que les digas ¿Qué has hecho?, para que huyan flexionados y cabizbajos. Si conocéis a la linda Sam, sabéis de lo que hablo)<br/><br/>-&#9;¿Qué hacemos con él?<br/><br/>Por la mente de Trini, creo que del sabor de sus besos ya os he hablado, cruzó por un momento la idea de “es tu perro, a mi que me cuentas”. Pero esa idea no se paró. En realidad la idea salió disparada, atravesó la ventana sin romperla y se chocó con una farola, que no nos habíamos fijado en ella, pero que estaba muy currada con unos relieves tremendamente decorativos y una forma especial. (Forma de pera invertida, a su vez invertida.)<br/><br/>-&#9;Ya bastante ha tenido, el pobre, déjale tranquilo, Adito.<br/><br/>Que Adito recordara Trini jamás había pronunciado su nombre...Y esto le sonó más cálido de lo que esperaba. Así que intentó que lo dijese otra vez. Bueno, mejor dicho intentó pensar una estrategia para que lo dijese otra vez. Sin embargo todas las que pensaba eran estúpidas: “Como me llamo...er...¿Cómo me llamo?” o “Si fuese yo muy pequeño y estuviese apurado en realidad estaría apur....”<br/><br/>Como todo esto eran tonterías pensó que lo mejor era...<br/><br/>-&#9;Adito...<br/><br/>Se sorprendió de que Trini, la de los besos dulces dijese su nombre por segunda vez en quince segundos, en los últimos años. Pero, claro, no era cuestión de dejarse llevar, además nunca se había planteado que se pudiese amar a Trini, la de los besos dulces,...Pero sobre todo, ella lo único que había hecho era pronunciar su nombre, no había que hacerse ilusiones. Además que él supiese el no había pensado que esto, si fuera así, le tuviese que hacer ilusión.<br/><br/>-&#9;Adito...<br/><br/>Y pensó que ¡tres!. Algo le quería decir, claro. Y eso en pura lógica no tendría que inquietarle, además podía echar el freno perfectamente.<br/><br/>-&#9;¡Adito, coño!<br/><br/>-&#9;¡Qué!<br/><br/>Y, fue entonces cuando Trini, la de los besos dulces, le besó.<br/><br/>La tía jodía.<br/><br/>Al mismo tiempo Arn perseguía un gato. Pero ni siquiera él pretendía ostentar el protagonismo por ahora.<br/><br/>(En la siguiente parte la lujuria y la movida se desatan, eso os lo digo desde ya)<br/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[(XXIX) LA CONOCIDA HISTORIA DE ARN (Calentito te quedaste III)]]></title><link rel="GRANDES DOCUMENTALES" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/somosbuenos/atom.xml" title="GRANDES DOCUMENTALES"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200610]]></issued><modified><![CDATA[200610]]></modified><created><![CDATA[200610]]></created><summary><![CDATA[(XXIX) LA CONOCIDA HISTORIA DE ARN (Calentito te quedaste III)]]></summary><author><name><![CDATA[buch1965]]></name></author><dc:subject><![CDATA[(XXIX) LA CONOCIDA HISTORIA DE ARN (Calentito te quedaste III)]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/somosbuenos/c_74.htm"><![CDATA[Adito tenía una cosa buena. Era el que se presentaba el primero en la mañana, para abrir el bar. Y lo hacía muy bien. Media hora antes de que llegara Trini, la de los besos dulces, se plantaba en pie delante de la puerta, y a pesar del frío intensísimo, abría con la llave, sin que le temblara lo más mínimo la mano. Fue exactamente lo que hizo aquella mañana. Y, de ninguna manera, os vais a creer lo que vio:<br/><br/>Arn, dormía a ronquido suelto, todo extendido sobre la plancha. La plancha sobre la que se hacían los sanwiches mixtos y los bocatas de panceta. Adito sintió dolor. Dolor espiritual.<br/><br/>&#9;Ese pellizco doloroso fue el que le hizo exclamar:<br/><br/>-&#9;¡Pero qué es esto! ¡Perro cabrón!<br/><br/>Las perros tienen el mágico poder de oír frecuencias que son inaudibles para el ser humano. Esto es muy bonito, por supuesto, pero, a cambio se asustan del mismo modo que los seres humanos. Pegando un brinco. Así que, Arn, al que no le era desconocida la voz de Adito, ni tampoco le era desconocido el hecho de que al dormir encima de la plancha, estaba haciendo algo punible.<br/><br/>O sea, que pegó un brinco. Y fue de tal calibre, que cayó patas arriba en el suelo. Y se hizo daño. Al mismo tiempo que se hacía daño, deseó con todas sus fuerzas que aquel conflicto acabara allí y no fuese más lejos. Pero el conflicto era de esos tan mamones que si sospechan que tu quieres que se acaben, subsisten y subsiten y subsiten, aunque se perjudiquen a ellos mismos.<br/><br/>Es decir que Adito se sentó en una silla y se tapó los ojos con las manos. Arn no hizo ni un solo movimiento, para no llamar la atención.<br/><br/>El aire se podía cortar con un cuchillo.<br/><br/>Pero nadie lo intentó. <br/><br/>Y, tampoco nadie intentó cortarlo con otra cosa que no fuera un cuchillo.<br/><br/>Con unos alicates, por ejemplo.<br/><br/>No.<br/><br/>Nadie.<br/><br/>El único que estaba ahí, de todos modos era Adito. Y no tenía ganas de experimentos.<br/><br/>Pero en eso llegó Trini, con su digna coleta bamboleante. Una coleta cachas, si queréis saberlo. También se trajo su voz (Trini tenía voz-suspiro, si me perdonáis). <br/><br/>-&#9;Buenos días.<br/>-&#9;Si, claro-respondió Adito, quitándose las manos de los ojos.<br/><br/>Arn se sintió aliviado al ver, que por lo menos Adito no había roto a llorar. Le entró cierto alivio, sí. Pero al mismo tiempo le entró una nueva angustia. Era la hora de su fuerte desayuno...¿Cómo podía afectar a eso la situación? ¿Se quedaría sin café con pan? ¿Tendría que pasar el día en ayunas? ¿Tal vez el resto de su vida en ayunas?<br/><br/>Pronto salió de dudas el perro. Adito se dirigió a Trini. <br/><br/>-&#9;Ponle el desayuno al perro. Te tengo que contar.<br/><br/>Pero lo dijo en un tono tan frío que Arn se sintió hasta mal. Aliviado en lo hambruno, pero mal en lo psicológico. Y sin embargo el pecado no era de intención, sino de debilidad. Un pecado perdonable a todas luces. Después de todo era una noche fría, y el único lugar calentito a primera hora de la noche, era la plancha. Encima, con el susto se había depilado, porque al caerse de la plancha, había notado un tirón en sus pelillos amarillos de la tripa. Se ve que la grasa de la panceta, había hecho las labores de cera depilatoria.<br/><br/>-&#9;¡Que es esto!<br/><br/>Eso fue lo que dijo Adito cuando vió una mata de pelos amarillos pegados en la plancha. Incluso soltó un cruel:<br/><br/>-&#9;¡Por Dios, que asco!<br/><br/>Y esa exclamación, o lo que pudo oír Arn de ella mientras masticaba el pan con café del desayuno le dolió al perro en sus adentros. Fue entonces cuando pensó en irse de allí para siempre.<br/><br/>&#9;No era tan estúpido como para ignorar que la pelusa amarilla podía ser un asco. Pero...eran sus pelos. NO hacía falta decirlo. Y si Adito lo decía era para humillarle. Y si quería humillarle, es que no le tenía mucho aprecio. Y si no le tenía aprecio...¿Para qué continuar ahí?. Sólo Trini parecía quererle. Pero por un instante nada más, porque se unió rápidamente al Partido Escrupuloso:<br/><br/>-&#9;¡Uf! Si. Es un asco, la verdad.<br/><br/><br/>Todo se destruye cuando pasan estas cosas. De un día para otro crees que hay algo detrás de ti, y cuando te quieres dar cuenta, eres tu solo. Y tanto como quiso a Trini...<br/><br/>(La verdad, no sé que pasará ahora...¡Qué desazón!)<br/>&#9;<br/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[(XXIX) LA CONOCIDA HISTORIA DE ARN (Adito, Trini también II)]]></title><link rel="GRANDES DOCUMENTALES" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/somosbuenos/atom.xml" title="GRANDES DOCUMENTALES"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200610]]></issued><modified><![CDATA[200610]]></modified><created><![CDATA[200610]]></created><summary><![CDATA[(XXIX) LA CONOCIDA HISTORIA DE ARN (Adito, Trini también II)]]></summary><author><name><![CDATA[buch1965]]></name></author><dc:subject><![CDATA[(XXIX) LA CONOCIDA HISTORIA DE ARN (Adito, Trini también II)]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/somosbuenos/c_73.htm"><![CDATA[<br/>Claro que por mucho que yo insistiera en describir las cosas, nadie le daba la menor importancia y el bar seguía funcionando como si yo no existiera. Nadie dejaba de tomar su bitter kas para decir:<br/><br/>-&#9;Espera Armando, ahora no, que nos están describiendo.<br/><br/><br/>Eso no quita para que aquel día Trini estuviese toda atareada en la plancha, y Adito no parase de pedir y dar raciones, y de hacer caja. Y no digo que Adito fuese codicioso, pero tampoco se molestaba en ocultar que el dinero le gustaba. Y que con esa abundancia de aquel día se le ponía una sonrisa palurda, pero sincera.<br/><br/>-&#9;¡Trini, alioli, bravas, alioli. Sándwich mixto y mixto con huevo!<br/>-&#9;Lo he escuchado. Gracias.<br/><br/>Trini, ya sabéis, la de los besos dulces, trabajaba sin parar un instante, y, la verdad Adito también. Incluso Arn, que durante el día jugaba a su aire en el solar vecino, de vez en cuando se distraía de sus juegos y le echaba un ojo al bar. <br/><br/>Aquel día por la tarde se fueron dejando caer los primeros parroquianos. La tarde siempre era tranquila hasta las 9 más o menos. Empezaban llegando los de la peña del carajillo. Echaban una ruidosa partida de dominó. A menudo antes de llegar a mitad de partida, se dejaba caer por el Castilla, la ludópata de plantilla. Pero se quedaba poco. La paliza que le pegaba a la maquina era intensa, pero corta. A veces ni se acordaba de tomarse el café. También había un señor que tardaba un par de horas en leer el periódico. Así que no era raro que entre las 4 y las 8, Adito se quitara de en medio sin que nadie supiera donde iba.<br/><br/>A media tarde, llegaron resoplando de frío unos estudiantes, que habían suspendido Corriente Alterna III (Prácticas), y se pusieron a tomar cañas, quejándose del frío y poniendo a prueba sus conocimientos. Por eso la solitaria viuda no ludópata, (o sea, la otra) no les prestó la menor atención. Además se había comprado una camiseta beige, de escote cruzado, con el yin y el yan estampados, solo que en recto, entalladita, y con mil características imposibles de entender para los hombres, pero que las mujeres dicen entender a la primera.<br/><br/>Al fin llegaron las 8,30h.<br/><br/>Y la puerta ya empezó a animarse, y no dejó de abrirse y cerrarse hasta que dejaron de dar cenas.  <br/><br/>Fuera hacía un frío intensísimo.<br/><br/>Bueno, pues quiero que sepáis que la gente cenó normal.  De raciones y tal, porque allí solo había una plancha (para lo de la plancha) y una freidora (para lo de la freidora).<br/><br/>Después de las cenas, y antes de recoger, Adito se fue. Trini  se quedó recogiendo, sin desanimarse porque pareciera que aquello era imposible. Y a media recogida salió a fumar un cigarro. Y automáticamente, como si todo estuviera programado en un gran servidor central correctamente programado en java o punto net o movidas, Arn entró en el bar.<br/><br/>Y ese día, sabe Dios por qué, Trini la de los besos dulces se sintió en estado de ternura, y aunque fuera hacía un frío tremendo, miró hacia dentro, y sintió un enorme cariño por Arn. Se arrepintió incluso de no haberle hecho una caricia cuando se cruzó con él. Simplemente lo miró con amor, y pensó aquello tan clásico de “Es un amor”.<br/><br/>Eso lo pensó Trini, la de los besos dulces.<br/><br/><br/>(Continuará)<br/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[(XXIX) LA CONOCIDA HISTORIA DE ARN (Si, el pastor alemán I)]]></title><link rel="GRANDES DOCUMENTALES" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/somosbuenos/atom.xml" title="GRANDES DOCUMENTALES"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200610]]></issued><modified><![CDATA[200610]]></modified><created><![CDATA[200610]]></created><summary><![CDATA[(XXIX) LA CONOCIDA HISTORIA DE ARN (Si, el pastor alemán I)]]></summary><author><name><![CDATA[buch1965]]></name></author><dc:subject><![CDATA[(XXIX) LA CONOCIDA HISTORIA DE ARN (Si, el pastor alemán I)]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/somosbuenos/c_72.htm"><![CDATA[Arn lo tenía todo para ser un pastor alemán. Pelo amarillo en la tripita y capa negra, lengua de jamón york y nariz de trufa. Y además, para no ser menos el lunar rotundo y llamativo. Si, amiguitos y amiguitas, ese lunar con dos pelos negros y gordotes. <br/><br/>&#9;El amigo Arn.<br/><br/>&#9;Ya digo que lo tenía todo para ser un pastor alemán.<br/><br/><br/>&#9;Pero también os digo que por alguna extraña razón, resulta que no lo era. Quizá genéticamente lo podría ser, pero no lo era en los corazones del personal. Porque nadie podía creer que un auténtico pastor alemán, trabajase de vigilante en el bar Castilla. El bar más cutre de todo Madrid. Así que todos decían:<br/><br/>-&#9;Si está en este bar asqueroso, no será un verdadero pastor alemán. Y no niego que lo parezca, pero está claro que ningún verdadero y genuino pastor alemán se pondría a vigilar un bar como éste. Antes sería pasto de la libertad.<br/><br/>Y la verdad, os confieso que cuando todos decían esto, y cada uno lo decía a su hora aun se podía estar en el bar, pero si les daba a todos por decirlo a la vez, la cosa cogía una pinta de secta que ya,ya. Sobre todo al principio, luego el ritmo silábico se iba perdiendo en la clásica anarquía ibérica.<br/><br/>Sin embargo, y aunque notorio, Arn no era el único que trabajaba en el bar. Trini, la de los besos dulces, cocinaba en la plancha. Os la puedo describir si queréis. <br/><br/>Trini siempre llevaba una coleta digna. Muy alta, (la coleta). Ella era en general de tonos ocres. Su ropa era de todos los tonos de ocre, y sus ojos también. Y el pelo negro. <br/><br/>Todos la querían. Trini la de los besos dulces.<br/><br/>Tanto Trini, como Arn, dependían de Adito, el jefe. Aunque, en realidad, bien pensado, era más bien Adito el que dependía de ambos trabajadores. Y la verdad, sin ceder al cariño de creador, debo decir que eran dos empleados ejemplares:<br/><br/>Arn, comenzaba su trabajo a la una de la madrugada, cuando cerraba el bar. Era el único bar de Madrid, donde no había habido un solo robo nocturno en los últimos cinco años. Esos eran los resultados de Arn. Durante el día, perreaba en un solar cercano hasta que llegaba la hora de trabajar. Cuando Trini la de los besos dulces salía a fumarse el último cigarrito. Entonces él lo olía y cruzaba la puerta del solar, hasta la puerta del bar Castilla (Cinco metros)<br/><br/>Y con respecto a Trini, sólo le pidió una cosa en la vida a Adito; trabajo. Y una vez que lo obtuvo se puso a cumplir en plan ansia, y llegó un momento en que se ocupaba de todo. En realidad, únicamente al final del día, cuando se acababan las cenas, se permitía un cigarrito a la puerta del local.<br/><br/>Ya sé que ahora os parece una historia insulsa.<br/><br/>Preparaos.<br/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[(XXVIII) IRREMISIBLEMENTE MULA VI (Final afinado )]]></title><link rel="GRANDES DOCUMENTALES" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/somosbuenos/atom.xml" title="GRANDES DOCUMENTALES"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200610]]></issued><modified><![CDATA[200610]]></modified><created><![CDATA[200610]]></created><summary><![CDATA[(XXVIII) IRREMISIBLEMENTE MULA VI (Final afinado )]]></summary><author><name><![CDATA[buch1965]]></name></author><dc:subject><![CDATA[(XXVIII) IRREMISIBLEMENTE MULA VI (Final afinado )]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/somosbuenos/c_71.htm"><![CDATA[Cantudo comenzó a ser consciente de que aquello no era un película, ni un cuento inventado en el blog de un pirado.<br/><br/>-&#9;¿Dónde se ha metido? <br/><br/>Finolis aportó realidad:<br/><br/>-&#9;A mi con la humedad de la tormenta se me han quedado las bolas congeladas.<br/><br/>Pero Cantudo no quería realidad:<br/><br/>-&#9;¿Dónde se ha metido?<br/><br/>Y Finolis y Genoveva, venga a mirar por todos lados. Apartaban restos humeantes, a sabiendas de que el maldito Elyoni no podía estar ahí, pero no querían no siquiera pensar en lo que hubiera pasado si no hubieran levantado y finalmente, no se sabe por qué clase de magia, el pailán hubiese estado allí.<br/><br/>Y de repente Finolis se olió el temita. <br/><br/>-&#9;¡Cabrón! ¡Sualteza!<br/><br/>Y salió como un rayo, con esa fuerza que te da saber que lo que te has olido, sin tener la certeza completa de ello, es lo que hay. Y efectivamente, al fondo en el horizonte, medio comida por la lluvia se distinguía la silueta veterana de Elyoni, a lomos de Sualteza, dirigiéndose a buen paso hacia el adiós.<br/><br/>Finolis corrió con toda su alma. Dedicando cada pensamiento, cada impulso, y cada parte de su cuerpo al cometido de correr. Y tanto corrió, que en apenas un suspiro alcanzó al jinete y a su montura. Y parándose delante de ellos dijo así:<br/><br/>-&#9;¡Alto! ¡Alto ¿Dónde mierdas sic te crees que vas?<br/><br/>Elyoni, altivo, miró desde las alturas al empapado y fatigado Finolis.<br/><br/>-&#9;Me voy con tu yegua. Adiós.<br/>-&#9;Ella es mía. Es mi mula.<br/>-&#9;¿Una mula? Eres incapaz de apreciar lo que tienes.<br/>-&#9;Devuélvemela.<br/>-&#9;¿La quieres?<br/>-&#9;Pues claro, más que tu.<br/>-&#9;Entonces ¿Quieres su felicidad?<br/>-&#9;Si sic.<br/>-&#9;Pues pregúntale a ella. Si no dice nada te la quedas, si dice que se viene conmigo te jodes. ¿Te parece?<br/><br/>Finolis vio el cielo abierto...(que tontería de frase, por cierto) a pesar de que llovía como nunca había llovido en ningún sitio.<br/>-&#9;Muy bien.<br/><br/>Y entonces agarró a Sualteza por las bridas y obligándole a mirarle le dijo con vehemencia:<br/><br/>-&#9;¿Quieres irte con él?<br/><br/>Y, bueno, tal vez no lo creáis de ninguna manera. Estoy seguro de que no lo creeréis. Pero sucedió como os digo. Hasta la lluvia dejó de caer por un instante. Sonó alta y clara la voz de Sualteza:<br/><br/>-&#9;¡Que si, coño!<br/><br/>Esto lo dijo en voz alta, cuentan que ya no dijo nunca nada más, y otra versión , un poco más pop quizá dicen que la mula añadió en tono más bajito:<br/><br/>-&#9;Compréndelo. Cree que soy una yegua.<br/><br/>De cualquier manera ya (ahora si que si Sualteza no volvió nunca a decir nada más)<br/><br/>&#9;Elyoni y Sualteza se alejaron, insistiendo en esa manía que tenían de recortarse contra el horizonte.<br/><br/>&#9;Finolis lloró con amargura. Pero nadie se enteró. Llovía tanto...<br/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[HOMBRE, POR FAVOR,....]]></title><link rel="GRANDES DOCUMENTALES" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/somosbuenos/atom.xml" title="GRANDES DOCUMENTALES"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200609]]></issued><modified><![CDATA[200609]]></modified><created><![CDATA[200609]]></created><summary><![CDATA[HOMBRE, POR FAVOR,....]]></summary><author><name><![CDATA[buch1965]]></name></author><dc:subject><![CDATA[HOMBRE, POR FAVOR,....]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/somosbuenos/c_70.htm"><![CDATA[Desgraciadamene he de partir de vacaciones urgentemente (Huelva) y no me ha dado tiempo a acabar esta linda historia.  El día 2 de octubre la terminaré. Si, ya sé que soy impresentable, ¡Qué me vais a decir!]]></content></entry><entry><title><![CDATA[(XXVIII) IRREMISIBLEMENTE MULA V (Ajá. ¿O sea que...? )]]></title><link rel="GRANDES DOCUMENTALES" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/somosbuenos/atom.xml" title="GRANDES DOCUMENTALES"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200609]]></issued><modified><![CDATA[200609]]></modified><created><![CDATA[200609]]></created><summary><![CDATA[(XXVIII) IRREMISIBLEMENTE MULA V (Ajá. ¿O sea que...? )]]></summary><author><name><![CDATA[buch1965]]></name></author><dc:subject><![CDATA[(XXVIII) IRREMISIBLEMENTE MULA V (Ajá. ¿O sea que...? )]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/somosbuenos/c_69.htm"><![CDATA[Se cayó la tormenta en ese momento. Las gotas estaban frías de verdad. Pero frías. Es que igual no me explico bien. Hasta Sualteza, que tenía la piel gruesa como la piel de una mula, pegaba algún respingo con aquellos goterones.<br/><br/>Fría.<br/><br/>Pero...no íbamos por ahí, ¿verdad?<br/><br/>-&#9;Yo mismo ¡Ea!<br/><br/>Quien así habló fue Elyoni. De hecho era el único que parecía divertirse con el tema. A Cantudo le pareció normal que el culpable de todo palmase en el intento y no intentó persuadirle de nada, ni advertirle de los peligros que conllevaba la misión.<br/><br/>-&#9;Te voy a explicar lo que debes hacer<br/>-&#9;No hace falta. Entrar y liquidar a los Patterson.<br/>-&#9;Mira, abuelo, ni Patterson, ni mis cojones. Lo que hay que hacer es ir donde la puerta y cerrarla. Y antes de que empiecen a salir balas otra vez. ¿vale?<br/>-&#9;No se preocupe.<br/><br/><br/><br/> Elyoni pegó un brinco, con desprecio de su vida. Saltó sobre las tinajas de la leche, que ya se mezclaba  con el agua eléctrica de la tormenta, y aun le dio tiempo a volverse y decir:<br/><br/>-&#9;No se apure, sheriff, de los Patterson no va a quedar ni el nombre.<br/><br/>Cantudo se echó las manos a la cabeza, se las mojó con el agua de la lluvia que empapaba su pelo, y se las pasó por la cara y se temió lo peor. En efecto, Elyoni, en lugar de cerrar la puerta, se metió en la comisaría/cuartelillo a liquidar a los Patterson. Cuando ya estaba dentro, sonó como si un cajón lleno de balas ardiese, y las balas saliesen disparadas. Fue entonces cuando a Cantudo se le ocurrió que debía entrar a recuperar el cadáver agujereado de Elyoni.<br/><br/>-&#9;Pobre loco. Ha palmado. Creo que ha sido culpa mía. Iré a recuperar el cadáver.<br/><br/>Ni Genoveva ni Finolis eran dos decididos valientes. No señor. Pero también les daba un poco de vergüenza dejar solo a Cantudo en tal menester, de modo que se levantaron de detrás del carro, pasaron sobre la leche derramada que se había mezclado con el agua de la tormenta y el barro y había formado una pasta repugnante, y acompañaron a Cantudo al interior de la comisaría/cuartelillo, donde, por otro lado el agua de la tormenta había calmado la vivacidad de las llamas. (Por lo menos de las que se veían desde fuera). No se esperaban más disparos.<br/><br/>Entraron en orden alfabético, pero de manera casual (Cantudo, Finolis, Genoveva). Es decir que no se dijeron “¿Entramos por orden alfabético?” ni nada parecido. No sé si me explico. No es que entraran en orden alfabético y fueran vestidos de manera casual (ya sabéis, casual wear)., es que el hecho de entrar en orden alfabético fue debido a la casualidad...<br/><br/>Entraron de cualquier manera. Mucho humo.<br/><br/>Tosieron. Tosieron así:<br/><br/>-&#9;¡Cof! ¡Cof!<br/><br/>Aunque Finolis, como fumaba un poco tosió más así:<br/><br/>&#9;- ¡Corg!, ¡Corg!<br/><br/>El que llevaba los ojos más abiertos era Genoveva, y fue el primero que se dio cuenta de que la oficina estaba en un estado lamentable, aunque ya no ardía, y de que:<br/><br/>-&#9;¿Dónde está el viejo? Aquí no hay nadie.<br/><br/>Cantudo se percató de que no estaba aportando nada, se sintió un poco contertulio y eso no le gustó, así que dijo:<br/><br/>-&#9;¡Rápido mirad debajo de las mesas!<br/><br/>En realidad todos se dieron cuenta de que aquello era una tontería, porque ya se veía que debajo de las mesas no había nada. Nada de nada. Pero miraron de todos modos. Cantudo, mientras, se debatió mentalmente ente llamar a los bomberos, y qué sentido tenía hacer eso cuando el fuego ya estaba apagado , y no hacerlo, habiendo existido un incendio. No terminó el debate, ni tomó ninguna decisión, simplemente observó como se le acercaba Genoveva con los ojos rojos por el humo, y (Por cierto, se dijo, nunca me había fijado en los ojos de sapo que tiene este tío, coño, que desagradable) le decía:<br/><br/>-&#9;Este tío se ha esfumado. Ni rastro de él.<br/><br/>-&#9;Estará en el baño, Geno, no va a haber desaparecido.<br/><br/>Entonces habló Finolis, por fin:<br/><br/>-&#9;Pues vamos a mirar al baño, a mi no me importa. Tengo que mear.<br/><br/>Cantudo que tenía el día pensativo encaminó la marcha hacia el baño, mientras pensaba (Como se vé que el Finolis no es un profesional, ahora que el otro ¡Vaya ojos de cabra!, no sé a quien prefiero. ¿Voy a estar toda la vida fijándome en esos ojos de sapo?, vaya espero que no. Y ahora que lo pienso, no sé si se trata exactamente de un sapo, una cabra o una iguana...). El baño se situaba al fondo, claro, y a la derecha, por supuesto. Consistia en un urinario de pared, bien limpio y bonito, una puerta blanca y detrás un retrete. Era evidente que en el urinario no había nadie. Ojos de cabr...esto Genoveva, abrió la puerta del retrete, y tampoco había nadie. <br/><br/>-&#9;Nada. O se ha consumido en el fuego, o ha hecho algún truco diabólico. Los chalados tienen poderes ¿no?<br/>-&#9;No sé.<br/>-&#9;¿Y tú?<br/>-&#9;Yo tampoco sé.<br/>-&#9;¿Dónde estará el viejo?<br/>-&#9;¿Tu siempre tienes los ojos así?<br/>-&#9;¿Así de rojos?<br/>-&#9;Así de huevo...<br/><br/>(El desenlace lo hago pero ya. No se me desconecten)<br/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[(XXVIII) IRREMISIBLEMENTE MULA IV (Listos para el remate)]]></title><link rel="GRANDES DOCUMENTALES" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/somosbuenos/atom.xml" title="GRANDES DOCUMENTALES"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200609]]></issued><modified><![CDATA[200609]]></modified><created><![CDATA[200609]]></created><summary><![CDATA[(XXVIII) IRREMISIBLEMENTE MULA IV (Listos para el remate)]]></summary><author><name><![CDATA[buch1965]]></name></author><dc:subject><![CDATA[(XXVIII) IRREMISIBLEMENTE MULA IV (Listos para el remate)]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/somosbuenos/c_68.htm"><![CDATA[Al igual que ocurre en los teatrillos callejeros, de repente nadie sabía que hacer. Por un lado la autoridad, Cantudo y Genoveva , sabían que tenían que hacer algo, aunque Genoveva esperaba que fuera su mando natural quie tomase la iniciativa, para él luego secundar la acción de su jefe sin fisuras, demostrando fehacientemente que eran un equipo. Cantudo, dudaba. Parecía que había habido un disparo, en efecto. Y ante un disparo, un sargento de la Guardia Civil no se puede quedar así como así. Hay que hacer algo. La cuestión era ¿Qué?. De momento levantarse, claro. Pero...<br/><br/>-&#9;Sheriff levántese, hombre. No quiero ver a mi jefe tirado por el suelo. ¡Que vergüenza! Dijo Elyoni.<br/>-&#9;Ah, pero ¿Yo soy tu jefe? ¿me puedo levantar?<br/>-&#9;Claro, hombre. Usted, el chico y yo. El único que ha de quedarse en el suelo es Finolis.<br/><br/>Genoveva y Cantudo se levantaron muy despacio. Y Cantudo agarró la lógica que le brindaban y dijo:<br/><br/>-&#9;Si yo soy tu jefe me tienes que obedecer. ¿no?<br/>-&#9;Claro, jefe, dijo Elyoni, eso siempre.<br/>-&#9;Dame tus revólveres. Tengo que mirar una cosa.<br/><br/>Pero fue pronunciar estas palabras, y, como si hubieran formado parte de un conjuro, un trueno bestial sonó en el cuartelillo. (¡PARRRRRAPOTROOUM!). Solo que una cosa: No fue un trueno. Fue como un chisporroteo eléctrico, justo donde Elyoni había disparado. De hecho un mar de chispas saltó desde el techo, hasta la mesa de Genoveva, que era muy desordenada, perdón desordenado, y que estaba lleno de papeles, y ¡coño que mala suerte! Un frasco de colonia con alto contenido en alcohol. Era uno de esos envases de plástico, de esos que si el frasco está encima de una mesa llena de papeles y salta un mar de chispas y prende lo papeles, pues explota.<br/><br/>-&#9;¡POUM!<br/><br/>Y, joder esto si que fue un auténtico infortunio, el bote saltó en llamas y fue a aterrizar justo ( fue como un triple de último segundo) en un inocente cajón que guardaba las municiones de las armas del cuartelillo, y fue ahí cuando Genoveva y Cantudo asumieron el mando de la situación, y de dos brincos llegaron a la calle al grito de:<br/><br/>-&#9;¡Fuera todos de aquí!¡Esto va a saltar por los aires!<br/><br/>No sé si sabéis el efecto que tiene una buena ración de calor en unas municiones de armamento metidas en un cajón. El efecto inmediato es que aquello se empieza a disparar como si un puñado de forajidos quisieran matar a todos los que estuvieran alrededor. Cantudo, que ya estaba fuera con todos, vio el carro del lechero, y a Sualteza. Y antes de que comenzase la lluvia de proyectiles dio una orden directa.<br/><br/>-&#9;Volcad el carro del lechero. Nos protegeremos de los disparos tras él.<br/><br/>Finolis incluso hizo una sugerencia<br/><br/>-&#9;Podríamos desenganchar a Sualteza antes, si os parece.<br/><br/>Así fue como tras un rato de desenganches, tropezones,  y derrames de leche, consiguieron volcar el carro de Finolis, y lo que se veía era a Cantudo, Genoveva, Finolis y Elyoni, agazapados detrás del carro. Finolis vió que Sualteza corría peligro:<br/><br/>-&#9;¡Nieves! Ven y agáchate aquí detrás , a mi lado. <br/><br/>Y eso fue lo que hizo Sualteza, agazaparse (si, las mulas se pueden agazapar, saben hacerlo, también saben hacer otras cosas) tras el carro. De modo que cuando empezó la lluvia de disparos desde el interior del cuartelillo, y las balas salían a chorros por la puerta de la calle, y por la ventana atravesando los cristales, había cinco elementos apostados tras el carro volcado, que a su vez estaba ante la leche derramada. A saber: Cantudo, Genoveva, Elyoni, Finolis, y Sualteza.<br/><br/>&#9;Una de las tonterías que sucedió primero fue que Elyoni respondió al fuego “enemigo”. Cantudo había frotado tanto su paciencia contra la lija de los acontecimientos que ya se le había desgastado del todo. Le dio una colleja a Elyoni en todo lo alto. Y además le dijo al tiempo:<br/><br/>-&#9;¿Qué haces, so gilipollas?<br/><br/>Elyoni acusó el golpe con un leve movimiento de cabeza. Y lo asumió. Pero respondió a su “jefe”:<br/><br/>-&#9;Si esos Patterson se creen que van a salir de la cárcel, están listos. Tenemos que tener cuidado a la espalda, no sea que venga su hermano “El reverendo”. ¡Chico, vigila nuestra espalda! Finolis, ponte a disparar, y tú el de las orejas grandes...<br/>-&#9;El de las orejas grandes es mi mula, la que me quieres robar.<br/>-&#9;¿El mustang?<br/>-&#9;Es una mula.<br/>-&#9;Es un mustang<br/>-&#9;Vale. Es un mustang.<br/><br/>Otra rociada de balas les hizo callar y pegarse aun mas al volquete del carro, confiando en que las balas no atravesaran la chapa.<br/><br/>-&#9;Estas balas no atravesarán la chapa del volquete ¿No?<br/>-&#9;Ni puta idea. Mejor que no.<br/><br/>Cantudo, tras la última rociada de balas tomó el mando. El mando que era suyo, por cierto:<br/><br/>-&#9;Hay que arriesgarse a entrar, a ver si podemos apagar el fuego. Yo creo que ya no quedarán balas. Necesito un voluntario.<br/>-&#9;Yo mismo. ¡Ea!<br/><br/>Y, perdón, pero si queréis saber quien era el voluntario,  tendréis que leer la continuación. En la que hay un inesperado final, y además una catarsis del carajo.<br/><br/>Continuará...<br/>]]></content></entry></feed>
