(XIII) FUI CÓMPLICE DE UN CRIMEN Y NO ME IMPORTA DECIRLO.(Segunda Parte)
Tengo la fuerza de la verdad. Estoy con ella. Así, no puedo inventarme una secuencia lógica de hechos, aunque sí puedo contar lo que vi. Y luego añadir lo que no vi, pero con meras suposiciones.
Vi la cabeza del gato obeso dentro de la boca abierta de Tristán, vi cerrarse la boca de Tristán, y vi como la cabeza del gato cedía. Se oyó un crujido y el gato se extendió por un momento, y luego su cuerpo quedó colgando de un diente de Tristán, que sacudió la cabeza para quitárselo y el cuerpo del gato salió despedido y aterrizó a unos tres metros. Muerto, por completo. Tristán soltó (y podéis no creelo, pero os advierto que vi al noble Rurik aplastar una cucaracha con la pata y acercar la nariz para alejarla de un soplido) como un escupitajo de asco.
Todo aquello sucedió en un instante. Y fue tan rápido que Pascual casi ni se dio cuenta, y mucho menos hubiera podido evitarlo. Pero claro, ahí en medio del patio, del solitario patio, aquella mañana de Sábado, yacía uno de los gatos del taimado, asiático, frío, chinao y vengativo Yan. Que estaría en su casa, completamente desnudo cubierto de escorpiones acojonados.
Pascual dirigió antes de lo que pensábamos las operaciones. Lo primero que hizo fue salir corriendo.
- ¡Pascual! ¿Dónde vas?
No me contestó, pero Tristán salió corriendo detrás de él, pasando por encima del gato. Yo me quedé cerca del gato, pero adoptando una nada fácil pose interpretativa tal que me permitiera decir aquello de:
- ¿Un gato muerto? ¿Dónde?
Pero no hizo falta, porque Pascual y Tristán llegaron enseguida, con una sábana. Una tercera figura, me parece que era el Tortas (cabo Furriel, corría detrás de ellos)
- ¿Quieres que te meta? Pues pírate.
Eso le dijo Pascual al Furriel, y el tío sin ni siquiera detener su carrera se pegó media vuelta y se fue. Como si hubiera metido un gol, para entendernos. Después se dirigió a mi:
- Corre, saca un Land Rover del garaje, y tráelo aquí.
Eso era fácil incluso para mí. Como cabo de autos no tenía que hacer nada ilegal. Cuando llegué todo motorizado, Pascual ya había envuelto el cuerpo desgalichado del felino en una sabana cuartelera, la que le había mangado al furri. Hizo lo que se esperaba, arrojar el bulto en la caja del Land Rover, subirse a mi lado y decirme en tono imperativo:
- ¡Al cuarto de herramientas!
Y luego añadió a modo de información, por si me interesaba:
- A Tristán le está lavando Cartagena. Es de toda confianza.
Como era de esperar Pascual recogió una pala del cuarto de herramientas, y, en cuanto a mí, por mi propio sentido común llegué a la conclusión de que íbamos a enterrar al gato gordo, gordo y gordo, en secreto. Pero, pensando un poco aquel plan tenía mucho peligro. Por ejemplo ¿Qué iba a hacer Yan, cuando se diera cuenta de que faltaba uno de sus gatos? ¿Lo daría por desaparecido sin más? ¿Estaría ahora mismo viéndonos con los ojos del espíritu, desnudo en su casa? ¿Estaría hora mismo viéndonos con los ojos del espíritu, vestido tan solo con un polo azul celeste, en su casa? ¿Estaría ahora mismo viéndonos con los ojos del espíritu, ataviado con un traje regional tudelano, en su casa? Le trasladé mis inquietudes a Pascual, aunque resumiendo:
- Esto no me gusta nada.
Pascual, después de meditar mi propuesta me dijo que tirara para el jardincillo de detrás de la piscina. Y os puedo decir, que aunque parezca fácil y lo hayamos visto tantas veces en las películas, en realidad cavar una tumba aunque sea de gato obeso mórbido, es un coñazo, que te lleva un par de horas, sudas y te enfrías, y más si es por la noche. Y ya el Sol, tan tímido se había escondido detrás de las cocheras, había rielado tontamente en el mar de juguete de la piscina y se había retirado sin más. Miedo de Yan, seguro.
Las cosas planeadas nunca se acaban. ¡¡Nunca!!. Una vez enterrados gato y sábana, y disimulado el enterramiento, todavía tuve que pegarle una lavadita al Land Rover, para quitar los restos y las manchas ocres de..¡puaj! Y no fue todo, con la oscuridad reinando, aun tuvimos ánimo para fregotear un poco el suelo del patio, donde había tenido lugar el jueguecillo inocente de Tristán.
(ya veréis que desenlace)
Vi la cabeza del gato obeso dentro de la boca abierta de Tristán, vi cerrarse la boca de Tristán, y vi como la cabeza del gato cedía. Se oyó un crujido y el gato se extendió por un momento, y luego su cuerpo quedó colgando de un diente de Tristán, que sacudió la cabeza para quitárselo y el cuerpo del gato salió despedido y aterrizó a unos tres metros. Muerto, por completo. Tristán soltó (y podéis no creelo, pero os advierto que vi al noble Rurik aplastar una cucaracha con la pata y acercar la nariz para alejarla de un soplido) como un escupitajo de asco.
Todo aquello sucedió en un instante. Y fue tan rápido que Pascual casi ni se dio cuenta, y mucho menos hubiera podido evitarlo. Pero claro, ahí en medio del patio, del solitario patio, aquella mañana de Sábado, yacía uno de los gatos del taimado, asiático, frío, chinao y vengativo Yan. Que estaría en su casa, completamente desnudo cubierto de escorpiones acojonados.
Pascual dirigió antes de lo que pensábamos las operaciones. Lo primero que hizo fue salir corriendo.
- ¡Pascual! ¿Dónde vas?
No me contestó, pero Tristán salió corriendo detrás de él, pasando por encima del gato. Yo me quedé cerca del gato, pero adoptando una nada fácil pose interpretativa tal que me permitiera decir aquello de:
- ¿Un gato muerto? ¿Dónde?
Pero no hizo falta, porque Pascual y Tristán llegaron enseguida, con una sábana. Una tercera figura, me parece que era el Tortas (cabo Furriel, corría detrás de ellos)
- ¿Quieres que te meta? Pues pírate.
Eso le dijo Pascual al Furriel, y el tío sin ni siquiera detener su carrera se pegó media vuelta y se fue. Como si hubiera metido un gol, para entendernos. Después se dirigió a mi:
- Corre, saca un Land Rover del garaje, y tráelo aquí.
Eso era fácil incluso para mí. Como cabo de autos no tenía que hacer nada ilegal. Cuando llegué todo motorizado, Pascual ya había envuelto el cuerpo desgalichado del felino en una sabana cuartelera, la que le había mangado al furri. Hizo lo que se esperaba, arrojar el bulto en la caja del Land Rover, subirse a mi lado y decirme en tono imperativo:
- ¡Al cuarto de herramientas!
Y luego añadió a modo de información, por si me interesaba:
- A Tristán le está lavando Cartagena. Es de toda confianza.
Como era de esperar Pascual recogió una pala del cuarto de herramientas, y, en cuanto a mí, por mi propio sentido común llegué a la conclusión de que íbamos a enterrar al gato gordo, gordo y gordo, en secreto. Pero, pensando un poco aquel plan tenía mucho peligro. Por ejemplo ¿Qué iba a hacer Yan, cuando se diera cuenta de que faltaba uno de sus gatos? ¿Lo daría por desaparecido sin más? ¿Estaría ahora mismo viéndonos con los ojos del espíritu, desnudo en su casa? ¿Estaría hora mismo viéndonos con los ojos del espíritu, vestido tan solo con un polo azul celeste, en su casa? ¿Estaría ahora mismo viéndonos con los ojos del espíritu, ataviado con un traje regional tudelano, en su casa? Le trasladé mis inquietudes a Pascual, aunque resumiendo:
- Esto no me gusta nada.
Pascual, después de meditar mi propuesta me dijo que tirara para el jardincillo de detrás de la piscina. Y os puedo decir, que aunque parezca fácil y lo hayamos visto tantas veces en las películas, en realidad cavar una tumba aunque sea de gato obeso mórbido, es un coñazo, que te lleva un par de horas, sudas y te enfrías, y más si es por la noche. Y ya el Sol, tan tímido se había escondido detrás de las cocheras, había rielado tontamente en el mar de juguete de la piscina y se había retirado sin más. Miedo de Yan, seguro.
Las cosas planeadas nunca se acaban. ¡¡Nunca!!. Una vez enterrados gato y sábana, y disimulado el enterramiento, todavía tuve que pegarle una lavadita al Land Rover, para quitar los restos y las manchas ocres de..¡puaj! Y no fue todo, con la oscuridad reinando, aun tuvimos ánimo para fregotear un poco el suelo del patio, donde había tenido lugar el jueguecillo inocente de Tristán.
(ya veréis que desenlace)
Comentario:
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jajajajajajaja, palmeo nalgatorio, jajajajajajajaaaaa...
Comentario:
Eres muy perspicaz. Efectivamente, el Furri miró hacia abajo y dijo, pero casi musitando: Pascual maricón.
Y, si, más bien fué como si fuera una canasta, los goles ahora se celebran un buen rato, mientras que las canastas solo exigen palmeo nalgatorio.
Y, si, más bien fué como si fuera una canasta, los goles ahora se celebran un buen rato, mientras que las canastas solo exigen palmeo nalgatorio.
Comentario:
Joé...
¿y el furri no dijo nada? ¿Se limitó a marcharse (yo creo que más que un gol, una canasta, ¿no?) y ya?
El noble Rurik; recuerdo su pelaje de lobo, su recia y altiva testuz y esa cola enrollada que delataba su origen mestizo... Me impresiona todo en este post.
Y espero el desenlace con ganas.
¿y el furri no dijo nada? ¿Se limitó a marcharse (yo creo que más que un gol, una canasta, ¿no?) y ya?
El noble Rurik; recuerdo su pelaje de lobo, su recia y altiva testuz y esa cola enrollada que delataba su origen mestizo... Me impresiona todo en este post.
Y espero el desenlace con ganas.
Comentario:
Princesa, a ti lo que te pasa es que eres encantadora, eso es lo que te pasa.
Comentario:
Estoy impresionada por tu ánimo en aquella situación, y el esfuerzo de síntesis que contiene la frase "esto no me gusta nada". Brillante. Aunque Buch, si subrayase con un rotulador todas las frases que me gustan de tus escritos (imprimiéndolos previamente, no pinto la pantalla, no nos liemos) los dejaría hechos un asquito.





