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GRANDES DOCUMENTALES
Que frío, que desprovisto de visión parcial. Tan solo hechos.
Acerca de
No diré nada más acerca de mi. No soy interesante.
Sindicación
 
CULPABLE DE ASESINATO
Lo soy. La cosa sucedió así. La casa donde estaba el piso en el que yo vivía en 1.998, se situaba al lado de una cosa que llamábamos río, y, que estaba, algo sucio (lavadoras, guitarras, botas desatadas,... lo clásico). En el río, se criaban la mar de bien los mosquitos. No eran de gran tamaño pero sí agresivos y voraces. Y viajaban sin problemas desde el río, hasta mi piso, que era un cuarto. Una vez terminado el viaje, y sin dar muestras de cansancio, se colaban por mi ventana abierta de vecino confiado, y me asaltaban, aprovechando mi sueño, succionando mi sangre. Y provocándome de paso molestos picores. Tan bien criados estaban esta manga de cabrones, que nada hacían contra ellos las trampas eléctricas ni los insecticidas mejor formulados.

Por eso nos caían tan bien los murciélagos del barrio.

Empezaban su actividad a las 7 de la tarde, más o menos, y con sus locuelos círculos, daban caza sin descanso a los mosquitos malotes. El aspecto técnico de esta cacería, en mi opinión no tenía ningún sentido. Me explico: ¿Cómo es posible que un animal medio cegato y torpe, como un murciélago, consiga capturar habitualmente minúsculos mosquitos?. Nunca analizamos esto en Junta Vecinal, simplemente dimos por bueno que aquello era un hecho, y como tal indiscutible. Y beneficioso. Y por eso alguien dijo que los Murciélagos eran grandes tipos (No lo dijo así, claro) y todos estuvimos de acuerdo, y de casualidad no le hicimos una estatua al murciélago desconocido, o algo así.

Paso el tiempo y todos nos estuvimos beneficiando de la práctica benéfica de los ratoncillos alados, elogiándolos de vez en cuando, y mirando mal a los pocos que se atrevían a decir que le daban asco o que tenían la rabia, o que eran siniestros. Incluso por mi parte empecé a mirar a Drácula con otros ojos, viéndolo más como un depredador de instinto inevitable, que como a la encarnación del mal.

Se daban fiestas en los alrededores, y una de las noches salí con ganas, me mostré como un imbécil la mayoría del tiempo, dije montones de cosas de las que me iba a arrepentir, y mis amigos cuando acabó la fiesta eran menos amigos míos que cuando empezó. De modo que cuando llegué a la puerta de mi casa, y giré la llave, tres cosas me ocurrían: Estaba triste, estaba enfadado, y, sobre todo estaba cansado. Tan cansado que no consideraba necesario alcanzar la cama. Me conformaba con caerme encima de la alfombra.

Entré y encendí la luz. El susto que me llevé no lo olvidaré jamás. Una sombra pequeña me atacó, directa a mi cabeza. Por fortuna o destreza, que da igual, conseguí esquivarla. La sombra siguió volando en círculo y me volvió a atacar. Me noté acojonado. ¿Pero que coño es eso?. En un milagroso análisis visual, mientras agachaba la cabeza para esquivar la tercera acometida del volador circular, me di cuenta de que aquello era un murciélago. Me aparté de la órbita de colisión y pude pensar con frialdad. Incluso llegué a sonreir. Este pobre tonto se ha colado por el ventanal, y ahora no sabe como salir. Era un accidente, no me estaba atacando. Corrí medio agachado, como un marine entre fuego de mortero, y abrí el ventanal de par en par. Ahora podrás salir, recuerdo que pensé. Ahora podrás salir, so bobo.

Pero que vá, ni puto caso. El tontaina seguía volando en círculos iguales todo el rato. Yo pensé rápido, a pesar del cansancio que me invadía. Abrí la puerta de la escalera. Doble escapatoria. Ahora no tienes excusa, tunante, pírate de una vez y déjame dormir.

Ni caso, el quiróptero, seguía a sus círculos estúpidos. Así que decidí participar variando su órbita, para desviarla a la ventana, y armado con una escoba de goma, intentaba batearle suavemente para no dañarle, pero con suficiente firmeza como para obligarle a irse por la ventana. Conforme el cansancio me dominaba iba sustituyendo la suavidad por la firmeza, hasta el punto de que tras quince o veinte minutos de infructuoso bateo, empecé a dar con más fuerza y ya no me preocupaba darle un buen mamporro, dejarle atontado y sacarlo de mi casa,....¡de una puta vez, coño!

Pero su esquiva era perfecta. Para ser ciego parecía intuir la trayectoria de mis escobazos, y con cónicas armónicas me tomaba el pelo. Yo ya estaba fuera de mí.

Fue en el momento en que me di cuenta que ya estaba perdiendo la fe, el que eligió el animal para posarse en la pared. Así, medio milagrosamente, como hacen ellos se quedó colgado. Levanté la escoba por el mango, y acerqué despacio el cepillo, de dura goma rígida, a la espalda del bicho. Fue como hacen los jugadores de golf para marcar el golpe. Y después venía lo difícil. Impactar suficientemente fuerte como para dejarlo alelado, pero no tanto como para espachurrarlo contra la pared. Y la vez con cierta puntería para no destrozar la vitrina que contenía unos platos absurdos.

Quiero hacer sonar en vuestros oídos exactamente lo que oí. El sonido fue como el de los muñecos de goma que llevan un pito dentro, pero no como cuando los aprietas con intención de que suene, sino como cuando se te caen sin querer. Y fue un sonido acompañado del desplome de la bestia. ¡Ploc!

Miré la pared rápidamente, y estaba limpia. Perfecto, el monstruo está alelado, pensé. Pero que vá, estaba el cabrón muerto perdido. Y en ese momento lo sentí, por todo lo que ya he explicado antes, (el rollo de los mosquitos...) Lo recogí con dos dedos de un ala, y me dispuse a meterlo en una bolsa digna, para bajarlo a la calle y tirarlo al contenedor de orgánicos, y que no fuera pasto de los insectos o los gatos.

Y fue a esa hora que me acordé que ya empezaba el partido del Madrid, y entonces abrí la ventana y lo arrojé desde el cuarto. Y Ya no sé lo que fue de él.

Pero sé que esto es el círculo de la vida, y que otros depredadores superiores tampoco se andan con milongas, y que los zorros se comen los huevos de las gaviotas delante de sus madres. Así que yo no era más cabrón que un zorro.
 
Comentario:
no, no, de asesinato nada... Con un poco de habilidad, y si no hubiera prescrito, podías hasta lograr que te indemnizase la familia del murciélago, creo yo.
 
Comentario:
Osea, te está llamando feo.
 
Comentario:
Una pregunta, en plan gilipollas: cuando dices que tu piso "era un cuarto" (línea 4, por cierto) ¿quieres decir que vivías realquilado en una habitación de un piso o que se trataba del cuarto piso de un edificio de, al menos 4 pisos?
Creo que esta pregunta es vital para comprender el texto en toda su extensión.
Y yo no creo que seas tan cabr´pon como un zorro. Un zorro, en realidad, es tan asqueroso como un murciélago, aunque, eso sí, mucho más guapo.
No