(XXII) FAUNA POLAR , MUCHÍSIMO CUIDADO (Parte I)
Vincent Papamuk, medio esquimal, era, por la otra mitad, francés. Concretamente era hijo de una pianista parisina, que por una serie de penosas circunstancias, acabó en Groenlandia, casándose con un auténtico esquimal.
Como la conservación de pianos en Groenlandia, estaba todavía en pañales, y además las manos de Vincent no tenían la apariencia delicada de las de su madre, el chico terminó por aprender el oficio del padre: Desollador de osos polares. Así pues en vida de Antoinette e Innuik, los progenitores de Vincent, era de lo más normal que los cazadores apareciesen de vez en cuando con algún ejemplar de oso polar para desollar.
Durante algunos años, Vincent ofició de aprendiz , aprendiendo a manejar el cuchillo de desollar, y quitándose de ascos y melindres, terminando por ser casi tan bueno en el oficio como su padre. Desgraciadamente la felicidad es efímera, como todos sabemos, y en cierta ocasión un cazador trajo a un oso para desollar, no del todo muerto, con la mala suerte de que el animal recobró el sentido justo cuando Innuik le metía el cuchillo en el pescuezo, y de un zarpazo terrible acababa con la vida del bravo esquimal, y del imbécil cazador. Eso estuvo bien, porque sino a Vincent le hubiera quedado el deber de vengar a su padre, y hubiera tenido que perseguir toda su vida al gilipollas ese de cazador.
Durante un tiempo, Antoinette y Vincent convivieron disfrutando una leve felicidad relativa, Vincent desollando osos y ella acariciando las frías teclas del mini piano que tenían en el iglú. Los cazadores más diestros, o sea los que iban más a menudo al taller del iglú, se quedaban a cenar, alababan la cocina de Antoinette, y le contaban historias al joven Vincent, tratando de impresionarlo.
Sin embargo, y a pesar de que todo parecía estar en orden, una cierta incomodidad vital acechaba a Antoinette de dentro a fuera. Y la forma en que se notó fue muy curiosa: En las melodías que interpretaba al piano. Al principio tocaba piezas del alegre París bohemio: “Señorita que guapa es usted”, “El jardín de prinavera”, “Los geranios” y “Las alegres tardes de París”. Pero aquello empezó a cambiar: “Muerte negra en Avignon”, “El terremoto de San Francisco”, “Podredumbre invasiva”, y por fin la definitiva “Coño, que mal estoy”. Ahí fue cuando Vincent se dio por aludido:
- Mama. A ti te pasa algo. (Mama, dijo mama, no mamá)
- Pues ¿Qué me ha de pasar?
- Me da la sensación de que mientras que vivió papa (no papá), tenías una vida plena y feliz, y no echabas de menos los escenarios, pero que ahora, se te ha despertado la artista que eres, y que quieres volver a Francia e interpretar alegres canciones al piano, hacer vida social, y ¿por qué no? Llevar una vida urbana normal, lejos de los climas extremos de estas tierras alejadas del cristianismo. Pero es solo una sensación, mama, igual me equivoco.
- Puede ser lo que dices, aproximadamente.
- Entonces vete.
- ¿Cómo?
- Que te pires, mama. Yo no te he de retener. Persigue tu felicidad. Te iré a ver.
- ¿Cuándo?
- ¿Te viene bien el 17 de Septiembre?
- De lujo.
- Pues hecho.
Continuará....
Como la conservación de pianos en Groenlandia, estaba todavía en pañales, y además las manos de Vincent no tenían la apariencia delicada de las de su madre, el chico terminó por aprender el oficio del padre: Desollador de osos polares. Así pues en vida de Antoinette e Innuik, los progenitores de Vincent, era de lo más normal que los cazadores apareciesen de vez en cuando con algún ejemplar de oso polar para desollar.
Durante algunos años, Vincent ofició de aprendiz , aprendiendo a manejar el cuchillo de desollar, y quitándose de ascos y melindres, terminando por ser casi tan bueno en el oficio como su padre. Desgraciadamente la felicidad es efímera, como todos sabemos, y en cierta ocasión un cazador trajo a un oso para desollar, no del todo muerto, con la mala suerte de que el animal recobró el sentido justo cuando Innuik le metía el cuchillo en el pescuezo, y de un zarpazo terrible acababa con la vida del bravo esquimal, y del imbécil cazador. Eso estuvo bien, porque sino a Vincent le hubiera quedado el deber de vengar a su padre, y hubiera tenido que perseguir toda su vida al gilipollas ese de cazador.
Durante un tiempo, Antoinette y Vincent convivieron disfrutando una leve felicidad relativa, Vincent desollando osos y ella acariciando las frías teclas del mini piano que tenían en el iglú. Los cazadores más diestros, o sea los que iban más a menudo al taller del iglú, se quedaban a cenar, alababan la cocina de Antoinette, y le contaban historias al joven Vincent, tratando de impresionarlo.
Sin embargo, y a pesar de que todo parecía estar en orden, una cierta incomodidad vital acechaba a Antoinette de dentro a fuera. Y la forma en que se notó fue muy curiosa: En las melodías que interpretaba al piano. Al principio tocaba piezas del alegre París bohemio: “Señorita que guapa es usted”, “El jardín de prinavera”, “Los geranios” y “Las alegres tardes de París”. Pero aquello empezó a cambiar: “Muerte negra en Avignon”, “El terremoto de San Francisco”, “Podredumbre invasiva”, y por fin la definitiva “Coño, que mal estoy”. Ahí fue cuando Vincent se dio por aludido:
- Mama. A ti te pasa algo. (Mama, dijo mama, no mamá)
- Pues ¿Qué me ha de pasar?
- Me da la sensación de que mientras que vivió papa (no papá), tenías una vida plena y feliz, y no echabas de menos los escenarios, pero que ahora, se te ha despertado la artista que eres, y que quieres volver a Francia e interpretar alegres canciones al piano, hacer vida social, y ¿por qué no? Llevar una vida urbana normal, lejos de los climas extremos de estas tierras alejadas del cristianismo. Pero es solo una sensación, mama, igual me equivoco.
- Puede ser lo que dices, aproximadamente.
- Entonces vete.
- ¿Cómo?
- Que te pires, mama. Yo no te he de retener. Persigue tu felicidad. Te iré a ver.
- ¿Cuándo?
- ¿Te viene bien el 17 de Septiembre?
- De lujo.
- Pues hecho.
Continuará....
Comentario:
MOns: Creo que teníua un anexo, pero la palabra anexo no me gustaba nada.Te mando un carro de besos y mi agradecimiento eterno por leerme.
Comentario:
No podía yo dejar de decir que menudo lujo de iglú que tiene piano, taller, y seguro sala de reuniones y banquetes para celebrar el paso de niño a hombre, la llegada de la luna llena y demás eventos de los esquimales como todo el mundo sabe ;-ppp
jaaaaajjajajaaaaaaaaaa, besos, espero la segunda parte.
jaaaaajjajajaaaaaaaaaa, besos, espero la segunda parte.
Comentario:
¿Que si promete? Espera y verás. Lo de publicar dos veces es un error, pero si eso sirve para que comentes dos veces o más, bienvenido sea....
Comentario:
oh, esta historia promete! Un desollador de osos polares mestizo huérfano de padre y con una madre melancólica.
Pero que no sufran mucho los osos, ein, que están en peligro de extinción con el calentamiento de los cascos polares! (vaya rollo que te estoy metiendo)
Besos
p.d. Como has publicado la historia dos veces, ¿tengo que comentar en los dos post o este vale por partida doble? :p
Pero que no sufran mucho los osos, ein, que están en peligro de extinción con el calentamiento de los cascos polares! (vaya rollo que te estoy metiendo)
Besos
p.d. Como has publicado la historia dos veces, ¿tengo que comentar en los dos post o este vale por partida doble? :p