(XXIII) CRUDAMENTE: EL CONEJO. (III- Casi Final Wolffiano)
Dimitris, tas recibir el inesperado mensaje se dio media vuelta y con una elegante gamba se zambulló de lleno en su piscina de ouzo. No olvidó del todo a la muchacha, y suspiró entrecortadamente:
- Que te pires, baboso, Me ha dicho, que te pires baboso.
El cura ortodoxo movido por la piedad intervino:
- Disculpe, yo creo que lo que ha dicho es: “Vente de rumba, marchoso”.
También el ciclista sediento era un hombre bueno
- A mi me parece que ha dicho: El atún a la plancha me sale correoso.
Pero Dimitris ya no estaba en el debate, en absoluto. Ahora buceaba en su ouzo ajeno a la situación. Pero para no ser menos, los parroquianos también dejaron a un lado los problemas de Dim, y se dedicaron en cuerpo y alma a debatir sobre lo que había dicho la mujer más bella del mundo. (yo creo que ha dicho: Voy a misa de diez, dijo el viejo marinero...)
Dim se levantó, se tambaleó lo justo para que nadie se molestara en ayudarle y salió en dirección a su casa, a su granja. El tiempo al beber pasa más deprisa. Y faltaba una hora para el amanecer.
Entonces Dim intentó abrir la puerta de su casa. Y la llave traidora resbaló. Y volvió a resbalar al segundo intento. Entonces desistió, quizá para no gastar los tres intentos de rigor, y dando la vuelta a su casa entró saltando la empalizada de los conejos. Guardando cuidado, eso si de no pisar a ninguno, pero sin poder estar seguro, porque la luna había huido y era una noche de esas que no se ve un pimiento. Extendió las manos para que si se pegaba un topetazo la nariz no hiciese de parachoques, y , casualmente tocó unas orejas de conejo. Al principio pensó que el conejo se había subido a un poyete o similar, pero siguió tocando y resulta que desde las orejas al suelo, todo era conejo.
- ¿Todo tu eres conejo?
Pero no se creyó mucho, porque iba merluza perdido, y entró en su cuarto, con la esperanza de que aquello fuese producto de su imaginación, y que dentro de una hora aquel enigma no tuviese sentido. Y fue de esos sueños a puerta cerrada, en los que la resaca que está ahí afuera está llamando todo el rato, y uno no quiere abrirle la puerta y cuando se levanta por fin a abrir, amanece. Y ya puede pasar sin llamar. Y pasa, desde luego.
Dimi vió sus propios párpados inundados de un refulgente naranja brillante. Y fue este naranja brillante el que le deslumbró aun teniendo los ojos cerrados. ¿Cómo ver sus propios párpados desde dentro, de otro modo? La luz era hiriente, pero el sabía que abrir los ojos era peor, estar colgado de un trapecio a cien metros de altura sobre rocas puntiagudas es malo, pero soltarse es peor. Inexorablemente Dim tenía que abrir los ojos. Decidió ahorrarse el sufrimiento de pensar en ello y los abrió de inmediato. Y sólo vió luz, y pensó en los folletos de las agencias de viaje con su insistente elogio de la luminosidad de los días en Grecia, y pensó que el prefería ahora mismo unas buenas brumas británicas, o una interminable noche de seis meses de las islas del norte. También pensó un poco que el ouzo (Ese brebaje parecido al anisette, típico de Grecia) era en realidad un saco que guardaba lo peor de cada resaca.
Abrió la ventana que daba al corral de los conejos, para sentir el aire medio fresco de la mañana. Y lo que vió no tenía ningún sentido:
En primer lugar lo del enorme conejo era verdad. Ahí estaba un cacho conejo gigantesco, más grande que una persona, o casi. Pero no estaba solo; la mujer mas guapa del mundo lo sujetaba con una especie de brida y tiraba de él, intentando arrastrarlo fuera de la empalizada. Por lo que parecía, la chica no solo le había llamado baboso, cosa que dolía y mucho, sino que además estaba tratando de robarle su mayor logro: El conejo tremendo.
Dim saltó por la ventana. Pero no aterrizó correctamente. Sus piernas fallaron y rodó por la tierra sobre su hombro derecho.
- ¡Deja en paz a mi conejo! -Gritó en cuanto pudo levantarse.
- ¡Vaya, si está aquí el señor baboso!
(Continuará)
- Que te pires, baboso, Me ha dicho, que te pires baboso.
El cura ortodoxo movido por la piedad intervino:
- Disculpe, yo creo que lo que ha dicho es: “Vente de rumba, marchoso”.
También el ciclista sediento era un hombre bueno
- A mi me parece que ha dicho: El atún a la plancha me sale correoso.
Pero Dimitris ya no estaba en el debate, en absoluto. Ahora buceaba en su ouzo ajeno a la situación. Pero para no ser menos, los parroquianos también dejaron a un lado los problemas de Dim, y se dedicaron en cuerpo y alma a debatir sobre lo que había dicho la mujer más bella del mundo. (yo creo que ha dicho: Voy a misa de diez, dijo el viejo marinero...)
Dim se levantó, se tambaleó lo justo para que nadie se molestara en ayudarle y salió en dirección a su casa, a su granja. El tiempo al beber pasa más deprisa. Y faltaba una hora para el amanecer.
Entonces Dim intentó abrir la puerta de su casa. Y la llave traidora resbaló. Y volvió a resbalar al segundo intento. Entonces desistió, quizá para no gastar los tres intentos de rigor, y dando la vuelta a su casa entró saltando la empalizada de los conejos. Guardando cuidado, eso si de no pisar a ninguno, pero sin poder estar seguro, porque la luna había huido y era una noche de esas que no se ve un pimiento. Extendió las manos para que si se pegaba un topetazo la nariz no hiciese de parachoques, y , casualmente tocó unas orejas de conejo. Al principio pensó que el conejo se había subido a un poyete o similar, pero siguió tocando y resulta que desde las orejas al suelo, todo era conejo.
- ¿Todo tu eres conejo?
Pero no se creyó mucho, porque iba merluza perdido, y entró en su cuarto, con la esperanza de que aquello fuese producto de su imaginación, y que dentro de una hora aquel enigma no tuviese sentido. Y fue de esos sueños a puerta cerrada, en los que la resaca que está ahí afuera está llamando todo el rato, y uno no quiere abrirle la puerta y cuando se levanta por fin a abrir, amanece. Y ya puede pasar sin llamar. Y pasa, desde luego.
Dimi vió sus propios párpados inundados de un refulgente naranja brillante. Y fue este naranja brillante el que le deslumbró aun teniendo los ojos cerrados. ¿Cómo ver sus propios párpados desde dentro, de otro modo? La luz era hiriente, pero el sabía que abrir los ojos era peor, estar colgado de un trapecio a cien metros de altura sobre rocas puntiagudas es malo, pero soltarse es peor. Inexorablemente Dim tenía que abrir los ojos. Decidió ahorrarse el sufrimiento de pensar en ello y los abrió de inmediato. Y sólo vió luz, y pensó en los folletos de las agencias de viaje con su insistente elogio de la luminosidad de los días en Grecia, y pensó que el prefería ahora mismo unas buenas brumas británicas, o una interminable noche de seis meses de las islas del norte. También pensó un poco que el ouzo (Ese brebaje parecido al anisette, típico de Grecia) era en realidad un saco que guardaba lo peor de cada resaca.
Abrió la ventana que daba al corral de los conejos, para sentir el aire medio fresco de la mañana. Y lo que vió no tenía ningún sentido:
En primer lugar lo del enorme conejo era verdad. Ahí estaba un cacho conejo gigantesco, más grande que una persona, o casi. Pero no estaba solo; la mujer mas guapa del mundo lo sujetaba con una especie de brida y tiraba de él, intentando arrastrarlo fuera de la empalizada. Por lo que parecía, la chica no solo le había llamado baboso, cosa que dolía y mucho, sino que además estaba tratando de robarle su mayor logro: El conejo tremendo.
Dim saltó por la ventana. Pero no aterrizó correctamente. Sus piernas fallaron y rodó por la tierra sobre su hombro derecho.
- ¡Deja en paz a mi conejo! -Gritó en cuanto pudo levantarse.
- ¡Vaya, si está aquí el señor baboso!
(Continuará)
Comentario:
yo también espero ansioso el final, pero... ¿Wolffiano?
Explíquese, explíquese.
Explíquese, explíquese.
Comentario:
Coneja: Sí. La mujer mas bella del mundo es una antipática. Aunque está muy buena, como se aprecia en la sutil descripción. ¿qué hacer entonces? Te lo digo ahora mismito en la continuación.
Mons: Ese final te sacará de dudas. En todo caso yo no controlo estas historias. Te rebaño, MOns, como de costumbre...
Mons: Ese final te sacará de dudas. En todo caso yo no controlo estas historias. Te rebaño, MOns, como de costumbre...
Comentario:
Vaya con la mujer mas bella del mundo, ya podía ser más amable. Qué mala resaca le ha dejado el ouzo (ese brebaje parecido al anisette típico de Grecia), por cierto que cuando vaya a Grecia lo tengo que probar a ver si es verdad ;-)
Espero intrigada la continuación, pero a mí me gusta que el chico se quede con la chica, no con el conejo, aunque si se quedan los tres juntos mejor... ya tienen para la paella!
Besossssssssssssssssss
Espero intrigada la continuación, pero a mí me gusta que el chico se quede con la chica, no con el conejo, aunque si se quedan los tres juntos mejor... ya tienen para la paella!
Besossssssssssssssssss
Comentario:
¡Me quiero quedar con Dimitris! ¡Qué me importa a mí la mujer más bella del mundo! ¡Si encima es una antipática!
Quintriga, qué hará conmigo el escritor?
Esto de ser personaje me recuerda a .... a la vida misma ahora que lo pienso, qué joda...
Ya mismo me hago más pagana de lo que soy.
Quintriga, qué hará conmigo el escritor?
Esto de ser personaje me recuerda a .... a la vida misma ahora que lo pienso, qué joda...
Ya mismo me hago más pagana de lo que soy.





