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GRANDES DOCUMENTALES
Que frío, que desprovisto de visión parcial. Tan solo hechos.
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No diré nada más acerca de mi. No soy interesante.
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(XXVIII) IRREMISIBLEMENTE MULA V (Ajá. ¿O sea que...? )
Se cayó la tormenta en ese momento. Las gotas estaban frías de verdad. Pero frías. Es que igual no me explico bien. Hasta Sualteza, que tenía la piel gruesa como la piel de una mula, pegaba algún respingo con aquellos goterones.

Fría.

Pero...no íbamos por ahí, ¿verdad?

- Yo mismo ¡Ea!

Quien así habló fue Elyoni. De hecho era el único que parecía divertirse con el tema. A Cantudo le pareció normal que el culpable de todo palmase en el intento y no intentó persuadirle de nada, ni advertirle de los peligros que conllevaba la misión.

- Te voy a explicar lo que debes hacer
- No hace falta. Entrar y liquidar a los Patterson.
- Mira, abuelo, ni Patterson, ni mis cojones. Lo que hay que hacer es ir donde la puerta y cerrarla. Y antes de que empiecen a salir balas otra vez. ¿vale?
- No se preocupe.



Elyoni pegó un brinco, con desprecio de su vida. Saltó sobre las tinajas de la leche, que ya se mezclaba con el agua eléctrica de la tormenta, y aun le dio tiempo a volverse y decir:

- No se apure, sheriff, de los Patterson no va a quedar ni el nombre.

Cantudo se echó las manos a la cabeza, se las mojó con el agua de la lluvia que empapaba su pelo, y se las pasó por la cara y se temió lo peor. En efecto, Elyoni, en lugar de cerrar la puerta, se metió en la comisaría/cuartelillo a liquidar a los Patterson. Cuando ya estaba dentro, sonó como si un cajón lleno de balas ardiese, y las balas saliesen disparadas. Fue entonces cuando a Cantudo se le ocurrió que debía entrar a recuperar el cadáver agujereado de Elyoni.

- Pobre loco. Ha palmado. Creo que ha sido culpa mía. Iré a recuperar el cadáver.

Ni Genoveva ni Finolis eran dos decididos valientes. No señor. Pero también les daba un poco de vergüenza dejar solo a Cantudo en tal menester, de modo que se levantaron de detrás del carro, pasaron sobre la leche derramada que se había mezclado con el agua de la tormenta y el barro y había formado una pasta repugnante, y acompañaron a Cantudo al interior de la comisaría/cuartelillo, donde, por otro lado el agua de la tormenta había calmado la vivacidad de las llamas. (Por lo menos de las que se veían desde fuera). No se esperaban más disparos.

Entraron en orden alfabético, pero de manera casual (Cantudo, Finolis, Genoveva). Es decir que no se dijeron “¿Entramos por orden alfabético?” ni nada parecido. No sé si me explico. No es que entraran en orden alfabético y fueran vestidos de manera casual (ya sabéis, casual wear)., es que el hecho de entrar en orden alfabético fue debido a la casualidad...

Entraron de cualquier manera. Mucho humo.

Tosieron. Tosieron así:

- ¡Cof! ¡Cof!

Aunque Finolis, como fumaba un poco tosió más así:

- ¡Corg!, ¡Corg!

El que llevaba los ojos más abiertos era Genoveva, y fue el primero que se dio cuenta de que la oficina estaba en un estado lamentable, aunque ya no ardía, y de que:

- ¿Dónde está el viejo? Aquí no hay nadie.

Cantudo se percató de que no estaba aportando nada, se sintió un poco contertulio y eso no le gustó, así que dijo:

- ¡Rápido mirad debajo de las mesas!

En realidad todos se dieron cuenta de que aquello era una tontería, porque ya se veía que debajo de las mesas no había nada. Nada de nada. Pero miraron de todos modos. Cantudo, mientras, se debatió mentalmente ente llamar a los bomberos, y qué sentido tenía hacer eso cuando el fuego ya estaba apagado , y no hacerlo, habiendo existido un incendio. No terminó el debate, ni tomó ninguna decisión, simplemente observó como se le acercaba Genoveva con los ojos rojos por el humo, y (Por cierto, se dijo, nunca me había fijado en los ojos de sapo que tiene este tío, coño, que desagradable) le decía:

- Este tío se ha esfumado. Ni rastro de él.

- Estará en el baño, Geno, no va a haber desaparecido.

Entonces habló Finolis, por fin:

- Pues vamos a mirar al baño, a mi no me importa. Tengo que mear.

Cantudo que tenía el día pensativo encaminó la marcha hacia el baño, mientras pensaba (Como se vé que el Finolis no es un profesional, ahora que el otro ¡Vaya ojos de cabra!, no sé a quien prefiero. ¿Voy a estar toda la vida fijándome en esos ojos de sapo?, vaya espero que no. Y ahora que lo pienso, no sé si se trata exactamente de un sapo, una cabra o una iguana...). El baño se situaba al fondo, claro, y a la derecha, por supuesto. Consistia en un urinario de pared, bien limpio y bonito, una puerta blanca y detrás un retrete. Era evidente que en el urinario no había nadie. Ojos de cabr...esto Genoveva, abrió la puerta del retrete, y tampoco había nadie.

- Nada. O se ha consumido en el fuego, o ha hecho algún truco diabólico. Los chalados tienen poderes ¿no?
- No sé.
- ¿Y tú?
- Yo tampoco sé.
- ¿Dónde estará el viejo?
- ¿Tu siempre tienes los ojos así?
- ¿Así de rojos?
- Así de huevo...

(El desenlace lo hago pero ya. No se me desconecten)
 
Comentario:
Mari: Pero el 2 de Cotubre ya termino este bonito relato, lo juro. Besos.
Mons: Si es por genial, a ti también habría que entrecomillarte. ¡Ea! Te entecomillo.
 
Comentario:
jaaaaaaaaajajjaja me ha encantado, sí, me he reido muchísimo y entrecomillaría muchas frases para señalarte que son geniales, pero gano tiempo entrecomillando el texto entero que es fantástico y muy divertido. Como tú.
Besos y refaños
 
Comentario:
Ufa.
=P
Bueno, a seguir esperando.
No