(XXIX) LA CONOCIDA HISTORIA DE ARN (Calentito te quedaste III)
Adito tenía una cosa buena. Era el que se presentaba el primero en la mañana, para abrir el bar. Y lo hacía muy bien. Media hora antes de que llegara Trini, la de los besos dulces, se plantaba en pie delante de la puerta, y a pesar del frío intensísimo, abría con la llave, sin que le temblara lo más mínimo la mano. Fue exactamente lo que hizo aquella mañana. Y, de ninguna manera, os vais a creer lo que vio:
Arn, dormía a ronquido suelto, todo extendido sobre la plancha. La plancha sobre la que se hacían los sanwiches mixtos y los bocatas de panceta. Adito sintió dolor. Dolor espiritual.
Ese pellizco doloroso fue el que le hizo exclamar:
- ¡Pero qué es esto! ¡Perro cabrón!
Las perros tienen el mágico poder de oír frecuencias que son inaudibles para el ser humano. Esto es muy bonito, por supuesto, pero, a cambio se asustan del mismo modo que los seres humanos. Pegando un brinco. Así que, Arn, al que no le era desconocida la voz de Adito, ni tampoco le era desconocido el hecho de que al dormir encima de la plancha, estaba haciendo algo punible.
O sea, que pegó un brinco. Y fue de tal calibre, que cayó patas arriba en el suelo. Y se hizo daño. Al mismo tiempo que se hacía daño, deseó con todas sus fuerzas que aquel conflicto acabara allí y no fuese más lejos. Pero el conflicto era de esos tan mamones que si sospechan que tu quieres que se acaben, subsisten y subsiten y subsiten, aunque se perjudiquen a ellos mismos.
Es decir que Adito se sentó en una silla y se tapó los ojos con las manos. Arn no hizo ni un solo movimiento, para no llamar la atención.
El aire se podía cortar con un cuchillo.
Pero nadie lo intentó.
Y, tampoco nadie intentó cortarlo con otra cosa que no fuera un cuchillo.
Con unos alicates, por ejemplo.
No.
Nadie.
El único que estaba ahí, de todos modos era Adito. Y no tenía ganas de experimentos.
Pero en eso llegó Trini, con su digna coleta bamboleante. Una coleta cachas, si queréis saberlo. También se trajo su voz (Trini tenía voz-suspiro, si me perdonáis).
- Buenos días.
- Si, claro-respondió Adito, quitándose las manos de los ojos.
Arn se sintió aliviado al ver, que por lo menos Adito no había roto a llorar. Le entró cierto alivio, sí. Pero al mismo tiempo le entró una nueva angustia. Era la hora de su fuerte desayuno...¿Cómo podía afectar a eso la situación? ¿Se quedaría sin café con pan? ¿Tendría que pasar el día en ayunas? ¿Tal vez el resto de su vida en ayunas?
Pronto salió de dudas el perro. Adito se dirigió a Trini.
- Ponle el desayuno al perro. Te tengo que contar.
Pero lo dijo en un tono tan frío que Arn se sintió hasta mal. Aliviado en lo hambruno, pero mal en lo psicológico. Y sin embargo el pecado no era de intención, sino de debilidad. Un pecado perdonable a todas luces. Después de todo era una noche fría, y el único lugar calentito a primera hora de la noche, era la plancha. Encima, con el susto se había depilado, porque al caerse de la plancha, había notado un tirón en sus pelillos amarillos de la tripa. Se ve que la grasa de la panceta, había hecho las labores de cera depilatoria.
- ¡Que es esto!
Eso fue lo que dijo Adito cuando vió una mata de pelos amarillos pegados en la plancha. Incluso soltó un cruel:
- ¡Por Dios, que asco!
Y esa exclamación, o lo que pudo oír Arn de ella mientras masticaba el pan con café del desayuno le dolió al perro en sus adentros. Fue entonces cuando pensó en irse de allí para siempre.
No era tan estúpido como para ignorar que la pelusa amarilla podía ser un asco. Pero...eran sus pelos. NO hacía falta decirlo. Y si Adito lo decía era para humillarle. Y si quería humillarle, es que no le tenía mucho aprecio. Y si no le tenía aprecio...¿Para qué continuar ahí?. Sólo Trini parecía quererle. Pero por un instante nada más, porque se unió rápidamente al Partido Escrupuloso:
- ¡Uf! Si. Es un asco, la verdad.
Todo se destruye cuando pasan estas cosas. De un día para otro crees que hay algo detrás de ti, y cuando te quieres dar cuenta, eres tu solo. Y tanto como quiso a Trini...
(La verdad, no sé que pasará ahora...¡Qué desazón!)
Arn, dormía a ronquido suelto, todo extendido sobre la plancha. La plancha sobre la que se hacían los sanwiches mixtos y los bocatas de panceta. Adito sintió dolor. Dolor espiritual.
Ese pellizco doloroso fue el que le hizo exclamar:
- ¡Pero qué es esto! ¡Perro cabrón!
Las perros tienen el mágico poder de oír frecuencias que son inaudibles para el ser humano. Esto es muy bonito, por supuesto, pero, a cambio se asustan del mismo modo que los seres humanos. Pegando un brinco. Así que, Arn, al que no le era desconocida la voz de Adito, ni tampoco le era desconocido el hecho de que al dormir encima de la plancha, estaba haciendo algo punible.
O sea, que pegó un brinco. Y fue de tal calibre, que cayó patas arriba en el suelo. Y se hizo daño. Al mismo tiempo que se hacía daño, deseó con todas sus fuerzas que aquel conflicto acabara allí y no fuese más lejos. Pero el conflicto era de esos tan mamones que si sospechan que tu quieres que se acaben, subsisten y subsiten y subsiten, aunque se perjudiquen a ellos mismos.
Es decir que Adito se sentó en una silla y se tapó los ojos con las manos. Arn no hizo ni un solo movimiento, para no llamar la atención.
El aire se podía cortar con un cuchillo.
Pero nadie lo intentó.
Y, tampoco nadie intentó cortarlo con otra cosa que no fuera un cuchillo.
Con unos alicates, por ejemplo.
No.
Nadie.
El único que estaba ahí, de todos modos era Adito. Y no tenía ganas de experimentos.
Pero en eso llegó Trini, con su digna coleta bamboleante. Una coleta cachas, si queréis saberlo. También se trajo su voz (Trini tenía voz-suspiro, si me perdonáis).
- Buenos días.
- Si, claro-respondió Adito, quitándose las manos de los ojos.
Arn se sintió aliviado al ver, que por lo menos Adito no había roto a llorar. Le entró cierto alivio, sí. Pero al mismo tiempo le entró una nueva angustia. Era la hora de su fuerte desayuno...¿Cómo podía afectar a eso la situación? ¿Se quedaría sin café con pan? ¿Tendría que pasar el día en ayunas? ¿Tal vez el resto de su vida en ayunas?
Pronto salió de dudas el perro. Adito se dirigió a Trini.
- Ponle el desayuno al perro. Te tengo que contar.
Pero lo dijo en un tono tan frío que Arn se sintió hasta mal. Aliviado en lo hambruno, pero mal en lo psicológico. Y sin embargo el pecado no era de intención, sino de debilidad. Un pecado perdonable a todas luces. Después de todo era una noche fría, y el único lugar calentito a primera hora de la noche, era la plancha. Encima, con el susto se había depilado, porque al caerse de la plancha, había notado un tirón en sus pelillos amarillos de la tripa. Se ve que la grasa de la panceta, había hecho las labores de cera depilatoria.
- ¡Que es esto!
Eso fue lo que dijo Adito cuando vió una mata de pelos amarillos pegados en la plancha. Incluso soltó un cruel:
- ¡Por Dios, que asco!
Y esa exclamación, o lo que pudo oír Arn de ella mientras masticaba el pan con café del desayuno le dolió al perro en sus adentros. Fue entonces cuando pensó en irse de allí para siempre.
No era tan estúpido como para ignorar que la pelusa amarilla podía ser un asco. Pero...eran sus pelos. NO hacía falta decirlo. Y si Adito lo decía era para humillarle. Y si quería humillarle, es que no le tenía mucho aprecio. Y si no le tenía aprecio...¿Para qué continuar ahí?. Sólo Trini parecía quererle. Pero por un instante nada más, porque se unió rápidamente al Partido Escrupuloso:
- ¡Uf! Si. Es un asco, la verdad.
Todo se destruye cuando pasan estas cosas. De un día para otro crees que hay algo detrás de ti, y cuando te quieres dar cuenta, eres tu solo. Y tanto como quiso a Trini...
(La verdad, no sé que pasará ahora...¡Qué desazón!)
Comentario:
pobre Arn, depilado a la grasa de panceta ahora que hay tantos adelantos...
No me parece bien la postura de Adito, porque seguro que las moscas pegadas en la plancha, que las habría seguro, no le daban tanto asco, y si lo piensas bien, son igual de asquerosas que los pelos de perro que por otro lado pueden precipitar una limpieza del utensilio, con lo cual los clientes perderán en matices de sabor pero ganarán en higiene.
No me parece bien la postura de Adito, porque seguro que las moscas pegadas en la plancha, que las habría seguro, no le daban tanto asco, y si lo piensas bien, son igual de asquerosas que los pelos de perro que por otro lado pueden precipitar una limpieza del utensilio, con lo cual los clientes perderán en matices de sabor pero ganarán en higiene.
Comentario:
merde, no sale el comentario...
Comentario:
¿Y?
Comentario:
Mari: No te preocupes, mis historias siempre acaban en dulce. (Salvo aquella vez con Gert, que le dolió tanto a Binche y a Mons, y aquella otra con Sato Grun....)
MOns: Te juro que es un gustazo escribir para ti. Eres más agradecida...Siempre te daré yo a ti las gracias por reírte, y te refañaré cuando sea necesario. La pasión está ahí, toda confusa...
Wolffo: Es que Arn es tímido. Y también es indeciso. Date cuenta de que no es realmente un pastor alemán. Y eso jode...
Binche: Claro. Pero ¿Adito quiere que se quede? Ahí está el problema. Amiga mía.Si me permites que te llame así.
MOns: Te juro que es un gustazo escribir para ti. Eres más agradecida...Siempre te daré yo a ti las gracias por reírte, y te refañaré cuando sea necesario. La pasión está ahí, toda confusa...
Wolffo: Es que Arn es tímido. Y también es indeciso. Date cuenta de que no es realmente un pastor alemán. Y eso jode...
Binche: Claro. Pero ¿Adito quiere que se quede? Ahí está el problema. Amiga mía.Si me permites que te llame así.
Comentario:
Yegh! ¡Pelos de Arn pegados a la plancha! Estoy con Adito y Trini, la de los besos dulces. ¡Vaya asco!
Pero a Arn le debería dar igual; ahí estaba calentito, y le daban de comer comida razonablemente aceptable. Yo que él, me tragaría mi orgullo perruno, y me quedaría en el bar.
Besos
Pero a Arn le debería dar igual; ahí estaba calentito, y le daban de comer comida razonablemente aceptable. Yo que él, me tragaría mi orgullo perruno, y me quedaría en el bar.
Besos
Comentario:
Joé, no sé qué coño espera Arn para darse el dos.
Yo me iba, te lo juro, y que le den por culo al bar.
O si no me iba, me quedaba.
pero tomaría una determinación, eso seguro.
Yo también estoy esperando la lujuria y lo sensual, lo sepas.
Yo me iba, te lo juro, y que le den por culo al bar.
O si no me iba, me quedaba.
pero tomaría una determinación, eso seguro.
Yo también estoy esperando la lujuria y lo sensual, lo sepas.
Comentario:
jaaaaaaaaaaajajjaaaaaa ¿desazón? jaaaaaaaaaaaajaaaaaaaaa menos mal que estoy sola en la oficina, las carcajadas leyendo son inevitables, me parto Buch.
Besos de risa y descojono (si me permites la palabra a estas horas intempestivas de lunes, lluvioso en Valencia y con un regusto a puente todavía en el cuerpo)
¿Y la lujuria? ¿ y los arrebatos de pasión? uhmmmm no te refaño porque me he reído mucho y ya sabes que estoy enganchada total.
Muassssssssss
Besos de risa y descojono (si me permites la palabra a estas horas intempestivas de lunes, lluvioso en Valencia y con un regusto a puente todavía en el cuerpo)
¿Y la lujuria? ¿ y los arrebatos de pasión? uhmmmm no te refaño porque me he reído mucho y ya sabes que estoy enganchada total.
Muassssssssss
Comentario:
Ey, yo había dejado un comentario!
Bueno, que me da mucha penita ARN. Y eso que no soy de sentir pena, eh? No me parece buena cosa...
Toy preocupada por ARN...
Bueno, que me da mucha penita ARN. Y eso que no soy de sentir pena, eh? No me parece buena cosa...
Toy preocupada por ARN...