Elogio de las raciones de comida de las compañías aéreas
En un ínfimo espacio ponen todo
pulcramente, en cuadrículas de nada,
minúsculas porciones para cada
comida, y al lilíputiense modo.
En tal condumio encuentran acomodo,
mas en microversión jibarizada,
tajada y guarnición, postre, ensalada,
medio cuarto de vino pal beodo...
Me enamora el menú de los aviones
con sus bolsitas, cajas, divisiones,
minimalista, exacto, japonés.
Como las infantiles cocinillas
para un banquete de mentirijillas,
un banquete virtual, gentil, cortés.
12.01.06
Un científico descifra la sonrisa de la Gioconda
Felicidad: ochenta y tres por ciento,
más nueve de desdén; de miedo, seis,
dos de ira. Juntáis y removéis
y os da, de resultado, el sentimiento
que embargó a la Gioconda en el momento
que pintó Leonardo. Ya lo veis:
con tan fácil receta la podréis
repetir una vez, dos, veinte, ciento.
Lo publicó un científico chiflado
en un estudio pormenorizado,
célebre y celebrado. Y digo yo:
¿No se carcajeara Mona Lisa
viendo así analizada su sonrisa?
Ya dijo el Guerra que “hay gente pa tó”.
12.01.06
La tramitación del Estatuto de Cataluña está resultando un auténtico Calvario para el Gobierno de Zapatero
(La idea y el último verso son de Francesc de Carreras)
¡En qué día, Señor me metí en esto!
-quizás esté diciendo Zapatero-
Maragall me sedujo, lisonjero
como un galán donoso y peripuesto.
En qué hora prometí aprobar el texto
que el Parlament votara, ¡oh desafuero!
El texto es de los de aquí te espero,
con más lecturas que hay en palimpsesto.
Este cáliz, apártalo de mí,
-dirá, en su personal Getsemaní-
cáliz de hiel, amargo, envenenado.
¡Qué Calvario me espera, Dios, qué cruz!
Voy a ser, en olor de multituz,
crucificado, muerto y sepultado.
4.1.2006
¡En qué día, Señor me metí en esto!
-quizás esté diciendo Zapatero-
Maragall me sedujo, lisonjero
como un galán donoso y peripuesto.
En qué hora prometí aprobar el texto
que el Parlament votara, ¡oh desafuero!
El texto es de los de aquí te espero,
con más lecturas que hay en palimpsesto.
Este cáliz, apártalo de mí,
-dirá, en su personal Getsemaní-
cáliz de hiel, amargo, envenenado.
¡Qué Calvario me espera, Dios, qué cruz!
Voy a ser, en olor de multituz,
crucificado, muerto y sepultado.
4.1.2006
Los americanos utilizan música a todo volumen para quebrar la moral de los presos islamistas
Se acabó la bañera o la picana,
se acabó el potro, el aspa y el tornillo,
se acabó hacer al reo picadillo
y en su cuerpo con dardos hacer diana.
La aguda inteligencia americana
ha encontrado un tormento más sencillo,
limpio, sin sangre, porra ni cuchillo,
ni electrodo, cal viva o droga insana:
música a toda caña es el tormento
ideal, por lo cruel y lo incruento,
que no hay integridad que lo resista.
Antes que soportar horas del Fari,
aunque estuviera en plácido safari,
¿quién no cantara “yo soy terrorista”?





