Después de vivir casi veinte años entre animales, una joven de 27 años vuelve a la casa de sus padres, en Camboya.
Rochom es una niña asilvestrada;
hace veinte años se la dio por muerta.
En la selva llevó una vida incierta.
¿Cómo vivía? No sabemos nada.
En alguna alquería retirada
adonde fue a comer, fue descubierta.
Todo para ella es nuevo: puerta,
ventana, techo, mesa, silla, almohada.
¿Por qué una niña Mowgli, me pregunto,
nos interpela tanto? Yo barrunto
que es un retrato de nosotros mismos:
de nuestra axial y edénica natura,
sin la intoxicación de la cultura,
sin “mío”, “tuyo”, luchas ni egoismos.
8.2.2007
Paul Wolfowitz, presidente del Banco Mundial, al descalzarse para pisar el suelo de una mezquita enseñó un par de tomates en los calcetines
Wolfowitz, el flamante presidente
del Banco Mundial, viste traje oscuro,
aparente corbata, cuello duro,
zapatos negros de betún fulgente.
Mas, descalzo, según debe el creyente
que osar pisar pretende un suelo puro,
mostró al hombre real, simple, inseguro,
uno más entre el resto de la gente.
Dos tomates lució en sus calcetines
como dos mofletudos querubines,
dos soles, o dos caras de sorpresa.
Será un preboste, mas preboste humano,
como el error, como el zurcido a mano,
como poner los pies sobre la mesa.
Para el doctor Ignacio Morgado, la vasopresina acabaría con la infidelidad de la pareja: y así con el resto de emociones, porque “todo es química”
Todo en el hombre es química: el amor,
el odio, la alegría, la tristeza,
la soledad, la duda, la certeza,
la desazón, el miedo y el dolor.
Lo es el arte, el poema, el esplendor
del cenit, y el temblor de lo que empieza,
lo es el heroísmo y la vileza,
y la virtud, y el precio y el valor.
Químicas son todas nuestras emociones:
todo está escrito en esas reacciones
de óxidos, bases, ácidos y sales
“Polvo seré, mas polvo enamorado”,
dijo Quevedo. Hoy diría, osado,
“sólo iones seré, mas inmortales”