La hora de la verdad
Todo es redondo: el horizonte, el ruedo;
es redondo el azar y la fortuna,
y el tiempo en el reloj, el sol, la luna,
y la oración, el padrenuestro, el credo.
Redondo es el paisaje que andar puedo,
redonda es la verdad, sin duda alguna;
lo es la noche enigmática y moruna,
y la sombra, y la ráfaga, y el miedo.
Todo va y todo vuelve. En cierto modo,
visto desde lo alto, ahí está todo:
el pasado, el futuro y el presente.
Sólo la muerte es recta, inapelable,
sin vuelta atrás. Llega a punta de sable
al volapié, escondida y de repente.
Los autobuses barceloneses, siguiendo el ejemplo de los de otras capitales, lucen anuncios de propaganda atea
¡Menuda la han liado los ateos!
“No existe ningún Dios, probablemente:
luego disfrute usted, no se atormente,
y cumpla, cuanto pueda, sus deseos”
Va el mensaje por calles y paseos,
entre el escepticismo de la gente:
la gente, resabiada e indolente,
no está para esos rollos macabeos.
Se irrita, categórico, el teísta,
y en contrarréplica, afirma “Dios existe”.
Mas “existir”, en Dios, ¿en qué consiste?
¿Y qué importancia tiene, o no, que exista?
Yo ni afirmo ni niego. Solo insisto
que aquí no se arme la de Dios es Cristo.
Se presenta un libro sobre la vida trágica de “Soeur Sourire”, que superó a Elvis en las listas con su “Dominique nique nique”. No pudo digerir el éxito: huyó del convento con otra monja, se dio al alcohol y acabaron ambas suicidándose.
Era dulce la voz de Sor Sonrisa,
tintineante y nítida, de plata,
silencioso su andar de monja oblata,
clara su aura de ingenuidad sumisa.
Luego fue el hit-parade, el boom, la prisa,
y la que fuera angelical beata
cayó en el lodazal, se hizo drogata,
se arruinó y perdió hasta la camisa.
Harta, se suicidó con su pareja,
otra ex monja, ayer santa y hoy pendeja.
(¿Según qué es alguien ángel o demonio?
¿Según qué es algo apaño o matrimonio?)
Ella murió, mas su sonrisa vive,
pues con rayas torcidas Dios escribe.
Californication: manera, aire o guisa de entender las relaciones públicas en la costa Oeste. La capacidad creativa del idioma inglés es impresionante.
Denomínase “californicar”
a, en California, darse la gran vida,
no dejar hembra alguna mal servida
ni brecha ni agujero por tapar.
El californicante tiene un par
para darle a quien sea lo que pida,
y una flamante excalibur sin brida
con la que rompe y rasga sin parar.
Su vida es dura y de harto sacrificio,
pues no descansa en el californicio,
y allá donde él va, se arma la de Troya.
Don Juan Tenorio es, a su lado, un fraile,
que no hay concierto, party, fiesta o baile
que no dé carne trémula a su… alfange.
7.1.2009
La revolución cubana cumple 50 años
Al principio fue el sueño, fue la idea,
luego un complot, una revuelta, un grito;
y al fin, incendio cósmico, infinito,
que arrasa, destructor, y, fértil, crea.
Creímos que iba a ser la panacea:
nuestra credulidad agrandó el mito.
Fidel, Fidel, cantamos. Fue bonito,
pues no hay revolución que sea fea.
Y al apagarse los recoldos luego,
más frío el frío fue que antes el fuego,
y el desengaño nos heló la risa.
Hoy es esquiva y triste la tristeza.
Como resaca amarga, la cabeza
nos va a estallar. Hay que hacer algo. Aprisa.
2.1.2009





