Montse Ventura se sentía feliz y sin problemas. Pero en un trayecto de autobús una mujer desconocida le recomendó hacerse unas pruebas médicas. Sin convicción, le hizo caso, y se salvó. Ahora busca a "su ángel de la guarda"
Quizá os parecerá leyenda urbana.
En autobús iba yo, Montse Ventura,
y me dijo una extraña criatura
dulce y sabia, cual dama feliniana:
"Lo que tú tienes, aunque te ves sana,
puede ser grave, pero tiene cura.
Hazte, en la analítica futura,
esto y esto. Y mejor hoy que mañana"
Pedí, algo mosqueada, no sé qué
hormona, y somatomedina-C,
según, en un papel, me escribió ella.
Y me libré de un cáncer asesino.
¿Quién cruzó con el mío tu destino?,
dime, ¿quién te envió, fugaz estrella?
José Tomás en la Monumental
La muerte es vertical en el albero,
alta como el pitón, como el ciprés,
puntual en los precisos volapiés
y fría como el filo del acero.
Anida en la mirada del torero,
y en la muleta, agazapada al bies,
y en el martillo del instante, pues
cada instante podría ser postrero.
Flotando, un ruin hedor de flor de nicho.
Nadie respira: sólo muge el bicho,
bárbara risa de un ajusticiado,
Y se desploma, con la tarde, el toro.
La ovación se levanta, polvo de oro,
hostia de luz del redondel sagrado.
Un padre manitas estaba construyendo un globo en el patio de sus casa, junto a su hijo de seis años. Entró en casa y al salir no había niño ni globo. Durante cinco horas América estuvo en vilo
"¡Mi niño va en el globo!", repetía
el padre, un inventor de Colorado.
"En un momento, un tris, me he descuidado.
¡Maldita distracción, maldito día!"
"La has hecho gorda", el crío se diría
en el desván de casa, acurrucado,
hasta ver si escampaba aquel nublado,
sin decir nada, ni esta boca es mía.
Vimos al niño con el Mago de Oz,
con Blancanieves y el Lobo Feroz
over the rainbow, cabalgando sueños.
Mientras, pedía el niño diminuto
ayuda al Micky Mouse, Popeye y Pluto...
(Algo así hicimos todos, de pequeños.)
El presidente Rodríguez Zapatero celebra como propio el premio Nóbel de Obama
José Luis Zapatero, socio listo,
fiel colega del presidente Obama,
cuando le dan el Nóbel, va y proclama
sin vergüenza: "Nos premian, luego existo.
Y aunque nos crucifiquen como a Cristo,
los dos pasando semejante drama,
el mismo ideal a ambos nos inflama:
un mundo en paz, plural, mestizo y mixto"
Zapatero confía sin rodeos
en darles media vuelta a los sondeos
que, agoreros, complican su futuro:
"Entre el Nóbel y el Gúrtel quizá evite
salvar la piel del formidable envite
de la crisis: Saldremos del apuro"
Maragall se echa al monte. En el Manifiesto de Juneda propone un "tancament de caixes": no pagar impuestos hasta que el Tribunal Constitucional avale el Estatut que él promovió.
En plan Tambor del Bruc salió Pascual
Maragall, añorado Presidente,
para decir "Ya basta", y que la gente
se plante en una rebelión fiscal.
"¡Desperta ferro!" le imagino cual
un bárbaro almogávar inclemente,
"¡Sant Jordi y Aragón!", "¡Macià, presente!"
"¡República de Iberia Federal!"
Y, ya metido, en pleno despelote,
dirá "Ya se acabó el chupar del bote:
en Madrid, que apoquinen con lo suyo.
Ni un euro catalán para el Gobierno.
Y el Constitucional, vaya al infierno,
que esto, más que un estado, es un chanchullo."
Si en la economía se aprecia lo rápido y expeditivo, porque "time is gold", en cambio en la mesa y en la cama se impone felizmente lo slow, la pausa y el sosiego.
Si "veni, vidi, vici" dijo aquel
que al mes quintil su nombre, Julio, diera,
y todos celebramos su manera
de hacer, expeditivo, un buen papel;
si a Franco criticamos, bobatel,
por su mostrenca práctica guerrera
de dilatar tres años lo que hubiera
debido ser un golpe de cuartel,
en el amor, en cambio, los precoces
que rematan en un pispás, veloces,
merecen la más áspera censura:
porque el amor no es cosa de un momento,
es plato que se cuece a fuego lento,
y durar debe lo que dura dura.





