Las modelos que desfilaron en la pasarela Cibeles aparecían cadavéricas, posiblemente anoréxicas, por obra de ayunos severísimos
Son un saco de huesos cimbreantes,
con menos chicha que una bicicleta,
sin muslamen, sin corva, culo o teta,
como ingrávidas ánimas errantes.
A nadie nos parecen elegantes,
a nadie nos animan la bragueta.
¡Hay que estar medio –o todo- majareta
para aplaudir a espectros ambulantes!
Debejos atajar esta locura
de las modelos de mirada oscura
que campan hoy por muchas pasarelas.
Visten, holgadas, tallas de chiquilla,
a base de hambre, báscula y pastilla.
¡Oh recias carnes de nuestras abuelas!
13.3.2006





