Mujeres que fuman
¿Por qué será que a la mujer le gusta,
con fruición evidente, echarse un pito?
¿Esconde tras el humo algún delito?
¿O pone marco a su elegancia augusta?
Con la mirada levemente adusta,
se apresta a celebrar solemne rito,
entrecierra el mirar dulce y maldito
y afila su perfil, Diana vetusta.
Fumar es un placer, que dijo Sara,
y es el humo otra forma de contacto
que los resortes del amor dispara.
Emborrona lo nítido y exacto,
como el pulpo que enturbia el agua clara;
nubla el humo la vista, aviva el tacto.





