El obispado permite el regreso a su parroquia al “padre Pistolas”, un polémico sacerdote mexicano que, como parte de su obra social, porta armas y graba discos
Mejor fuera un corrido que un soneto
para cantar al bravo padrecito,
y el coro de mariachis favorito
encomiara el valor de tal sujeto.
Es el “padre Pistolas”, indiscreto,
bravucón, lenguaraz, cura maldito:
puso patas arriba el chiringuito
caciquil, dominante mamotreto.
Lleva un cuarenta y cinco en su cintura,
y en tugurios predica el padre cura,
viste charro, dispara, bebe y canta.
Párroco fue bizarro en Guanajuato:
no se arruga, ni calla, ni es pacato.
De él debiera aprender la Iglesia Santa.
17.05.2006





