En verano, las musas me abandonan
¿Por qué, si estoy, pregunto, en vacaciones,
no puedo, cual solía, hacer sonetos?
¿No frecuentan las musas los baretos?
¿no les gustan los trenes, los aviones?
¿Qué extrañas cerebrales conexiones,
qué enlaces bioquímicos secretos,
qué veneros de ocultos vericuetos
do los catorce versos y renglones
fluían, en invierno, a borbotones,
llega el verano y quedan obsoletos,
secos, yermos, inertes, muertos, quietos,
sin pulso, aletargados, remolones?
Es más simple, quizá. El estío empieza
y se impone la ley de la pereza.
5.7.2006