Pedía ayuda para sufragarse una delicada operación de corazón, pero una vez tuvo el dinero se largó con su amante a Brasil, de donde volvió muy mejorado.
“Estoy, señores, gravemente enfermo,
y sólo una costosa operación
me podría salvar el corazón.
La angustia me corroe, y ya ni duermo.”
Con una jeta tal que un paquidermo,
recaudó pasta gansa, y en avión
fue a Brasil, a la rúa, al mogollón,
pa que la marcha le quitara el muermo.
Un par de meses de desmadre y juerga
y de dar carne a su incansable verga
le curaron de tan grave dolencia.
“¿Qué terapia mejor”, digo, diría,
“para mi terminal cardiopatía
que una farra sin fin?” ¡Sabia sentencia!
04.10.2006





