Suelen argumentar los leguleyos que la “necessitas non habet legem"
Como el náufrago a quien la mar reclama,
viendo la playa que le salvaría,
saca fuerzas de donde ya no había
y halla, al fin, en la arena muelle cama,
así sufre mi amor por vos, mi dama,
en quien calma mi fuego encontraría,
bebiendo en vuestro pozo el agua fría,
tomando el fruto dulce en vuestra rama.
Igual que el que se cuela, sin papeles,
forzado por el hambre que le aprieta,
en la Europa de lujo y oropeles,
es audaz e imprudente mi bragueta
viendo vuestras delicias, vuestras mieles:
permitidme, señora, que os la meta.
12.11.2006





