Paul Wolfowitz, presidente del Banco Mundial, al descalzarse para pisar el suelo de una mezquita enseñó un par de tomates en los calcetines
Wolfowitz, el flamante presidente
del Banco Mundial, viste traje oscuro,
aparente corbata, cuello duro,
zapatos negros de betún fulgente.
Mas, descalzo, según debe el creyente
que osar pisar pretende un suelo puro,
mostró al hombre real, simple, inseguro,
uno más entre el resto de la gente.
Dos tomates lució en sus calcetines
como dos mofletudos querubines,
dos soles, o dos caras de sorpresa.
Será un preboste, mas preboste humano,
como el error, como el zurcido a mano,
como poner los pies sobre la mesa.





