Los autobuses barceloneses, siguiendo el ejemplo de los de otras capitales, lucen anuncios de propaganda atea
¡Menuda la han liado los ateos!
“No existe ningún Dios, probablemente:
luego disfrute usted, no se atormente,
y cumpla, cuanto pueda, sus deseos”
Va el mensaje por calles y paseos,
entre el escepticismo de la gente:
la gente, resabiada e indolente,
no está para esos rollos macabeos.
Se irrita, categórico, el teísta,
y en contrarréplica, afirma “Dios existe”.
Mas “existir”, en Dios, ¿en qué consiste?
¿Y qué importancia tiene, o no, que exista?
Yo ni afirmo ni niego. Solo insisto
que aquí no se arme la de Dios es Cristo.





