Soneto a Eluana
Perdónanos, Eluana, donde estés,
por tus dieciséis años de agonía,
por irte inflando de aire noche y día,
detenida entre el antes y el después.
Presos de nuestros dogmas, sin porqués,
te entregamos a la doctrina fría,
a la ley muerta, a la moral vacía.
…Somos seres miedosos, ya lo ves.
No sé si hay un derecho o no a la muerte,
pero ¿cómo pudimos retenerte
suspendida en la nada, en el abismo?
¿Tiene derecho el río al ancho mar,
la noche al alba, el sueño al despertar,
y no a la paz Eluana? ¡Si es lo mismo!





