En París tenía lugar un juicio a cuatro etarras. Al enterarse del asesinato de Puelles, rompieron en aplausos.
“Por fin un atentado”
-dijo el etarra-
“reventó a un policía
de Arrigorriaga”.
Lo vitorea
porque es crimenadicto,
y el mono aprieta.
***
Un terrorista vive
para la muerte:
sólo la muerte ajena
le pone alegre.
Y es que el etarra,
menos matar, no sabe
hacer más nada.
***
Decimos los demócratas
que no hay motivos,
que nada justifica
ya el terrorismo.
Pero esas quejas
se las pasa el etarra
por la entrepierna.





