Los americanos utilizan música a todo volumen para quebrar la moral de los presos islamistas
Se acabó la bañera o la picana,
se acabó el potro, el aspa y el tornillo,
se acabó hacer al reo picadillo
y en su cuerpo con dardos hacer diana.
La aguda inteligencia americana
ha encontrado un tormento más sencillo,
limpio, sin sangre, porra ni cuchillo,
ni electrodo, cal viva o droga insana:
música a toda caña es el tormento
ideal, por lo cruel y lo incruento,
que no hay integridad que lo resista.
Antes que soportar horas del Fari,
aunque estuviera en plácido safari,
¿quién no cantara “yo soy terrorista”?





