LLEGAR AL OTOÑO"(...) Los muertos del verano acostumbran a ser anónimos. Nunca conoces al operario que se desplomó en la obra, al vagabundo arrebujado en su abrigo que la policía recogió en un parque o a la mujer a la que le reventó el corazón en la playa. Pero el verano también aporta cadáveres con nombre y apellidos y, casi sin darme cuenta, siempre tengo un muerto favorito cuya desaparición me afecta un poco más que la de los que no conozco de nada.

Mi fiambre de este año es
Syd Barrett, el hombre que fundó
Pink Floyd, enloqueció por el abuso de drogas psicodélicas y se convirtió en una especie de muerto viviente que apenas si salía de la casa de su madre en Cambridge. Tenía 60 años, estaba gordo y calvo y nada tenía que ver con el jovenzuelo melenudo que a mediados de los años 60 escribió tantas y tan interesantes canciones. Por lo que respecta a la música, el pobre Syd llevaba muerto desde 1970, pero eso no ha impedido que su muerte real me afectara mínimamente. Tal vez porque durante estas dos últimas décadas, mientras volvía a la primera entrega de Pink Floyd o a esos tres discos que tuvo tiempo de grabar antes de zumbarse, solía pensar en la vida que llevaría el hombre en Cambridge y en las chaladuras que le pasarían por la cabeza, ajeno al frío y al calor, al invierno y al verano."
Ramón de España
(Suplemento dominical de "El Periódico de Catalunya, 30 de Julio de 2006)