UN EXPERIMENTO ARRIESGADO (y 2): La ascensión en globo de Glaisher y Coxwell.
(Por Alfred Rodríguez Picó)
Ayer explicábamos la ascensión en globo de Glaisher y Coxwell el 5 de septiembre de 1862. Eran las 13.52 horas y, debido al movimiento rotatorio del globo, la cuerda que conectaba con la válvula se enredó. La ceguera que sufría Glaisher le impedía encaramarse por encima de la barquilla hasta la base del globo para desenredarla. Coxwell tuvo que trepar y hacerlo con grandes dificultades. El estado de Glaisher empeoró: tenía paralizados brazos y piernas, y momentos después perdió el conocimiento.

El globo seguía ascendiendo y estaba a punto de alcanzar los 10.000 metros de altura. Coxwell, haciendo esfuerzos sobrehumanos para no desmayarse, intentó despertar a su compañero. Glaisher recobró el conocimiento un instante. Comprobaron que tenían las manos negras por un principio de congelación. Se las masajearon con aguardiente y empezaron a descender con rapidez. A las 14.30 horas recobraron fuerzas para ir arrojando las palomas desde diferentes alturas. Una había muerto y otra estaba a punto. La que arrojaron a 8.048 metros cayó como una piedra; la de los 6.437 metros pudo volar en remolinos hasta desaparecer; la de los 5.000 metros fue más lista y se posó en la parte superior del globo, bajando con el mismo.
Por fin, el aerostato y sus tripulantes tocaron suelo en una zona deshabitada. Tuvieron suficientes fuerzas como para caminar algo más de 10 kilómetros, hasta encontrar un carruaje que los llevó a la población más cercana. Hay que rendirse ante personas como éstas, que se jugaban la vida por la ciencia con unos medios realmente precarios.
(Publicado en la sección
"Meteomania" de
"El Periódico de Catalunya", 18 de octubre de 2007).